Perdido en la Carretera:



Mi tercer divorcio. Estaba desconcertado, confuso ante tanto fracaso en mis relaciones de pareja, quizá porque no era capaz de escuchar, porque prefería estar centrado en mi trabajo o porque, simplemente, me acomodaba en la relación hasta estar perdido y permitiendo temblores en las manos al firmar los papeles del divorcio de mutuo acuerdo porque así lo quería mi ex mujer, para no tener malos rollos. Me sentía como un fracasado, como si me hubiera defraudado a mí mismo, siempre me empeñaba en demostrarme que podía asentar la cabeza y siempre terminaba solo, hacía cosas que no estaban del todo claras pero no sabía si era en mi interior o en mis tres ex mujeres, nulas de sentimientos.

Salí de los Juzgados y empecé a caminar sin rumbo alguno. Me sentía como si la carretera fuera mi vida y yo anduviese sin sentido por ella, perdido entre la niebla, la oscuridad de mi mente y sin tener claro cómo seguir mi camino. No he tenido hijos, así que, creo que eso ha agilizado los procesos, cada una de ellas quiso tenerlos pero era yo quién intentaba evitar el tema, no quería comprometerme demasiado, no me gustaba la idea de alejarme de mi trabajo ni de mi pequeño espacio personal en el despacho que, muy pronto, sería de mi última ex mujer. 

Miraba a ambos lados de la calle. Podía ver a personas cogidas de la mano, riendo algún chiste malo, abrazos, intensas miradas... ¿era eso lo que quería una mujer? Nunca había sido un romántico, ni siquiera sabía cómo había conseguido casarme con tres mujeres si no había sido amable con ellas. Quizá no había sido el mejor marido...

Estaba acostumbrado a que me sirvieran la cena, a que se quejaran de mis horas de trabajo, a las continuas quejas de que no las llevaba a cenar o a hacer algo en pareja, que no me interesaba por sus intereses y necesidades, que no me apetecía mantener relaciones sexuales con ellas... Que estaba casado con mi trabajo. Ahora en casa tan solo había silencio y una cuenta atrás para que consiguera un piso de soltero, sencillo, útil para mis necesidades y lo suficientemente barato como para no quejarme de ello de forma constante. Al parecer, lo único que se me daba bien era escribir, andar entre mis pensamientos y creer en que, algún día, publicaría mi primer libro tras tanto trabajo y sacrificio, no era sencillo pero trataba de que lo fuera. Siempre había algo que no me gustaba, cosas que quería reemplazar o corregir y no me quedaba para nada satisfecho con lo que había escrito, me pasaba así los días y las noches, si se terciaba. 

Ya eran las tres de la tarde y ni siquiera había comido. No tenía hambre, tenía una bola en el estómago tras mirar a mi ex mujer a los ojos, tras ver cómo firmaba los papeles de divorcio con esa indiferencia y tranquilidad, como si no le afectaran ni lo más mínimo los cinco años que habíamos estado casados. Me olvidaba de los aniversarios, no me acordaba de regalar en los cumpleaños y, por si fuera poco, ni siquiera sabía cuándo era San Valentín, siempre me daba la sensación de que olvidaba una fecha cada semana. Para mí, estar con una mujer, era estar ante un torbellino de emociones inexplicables que no se terminaba nunca, haciéndome sentir culpable la mayor parte del tiempo porque ellas siempre se acordaban de lo importante, era yo quién fallaba.

Las hamburguesas resultaban apetecibles pero incluso, me parecía una comida de fracasado, ¿por qué no comer unas sabrosas chuletas? Era demasiado caro. Se me había quitado el hambre por completo. Cuando me di cuenta, ya había andado un par de kilómetros, pero seguía sin cansarme, sin pensar en parar, tratando de huir de mi propia vida, de mi propia existencia... 

Tras tres días sin poder dormir demasiado, me di cuenta de que la carretera seguía adelante a pesar de los inconvenientes, que la vida nunca se frena aunque estés perdido, todo fluye quieras o no. Abrí los ojos una vez más y dejé que el aire entrara en mis pulmones con fuerza pero no podía seguir caminando, era como si me faltaran muletas, arrastrando los pies, con los ojos en blanco, desorientado, extasiado, cansado de oír las mismas charlas motivacionales por la radio y lo peor era que no podía dejar de pensarlo. Mi carretera se iba estrechando, mis ojos castaños se nublaban y, por mucho que intentara esbozar una sonrisa, me resultaba imposible, mi alrededor se iba oscureciendo sin avisar, sin poder evitarlo y sin tener a nadie con quien apoyarme, iba pereciendo a pasos agigantados. 

Me sorprendí a mí mismo haciendo las maletas por tercera vez, tenía muy poco y no tenía un sitio en el que refugiarme. Caminaba por la carretera con una pequeña maleta en la mano con cuatro prendas de ropa, un neceser con lo necesario para la higiene personal y otro par de zapatos. Esperaba sobrevivir a aquella noche tan fría entre cartones, podía mirar la carretera pero no sabía con certeza si podía enfrentarme a ella, tampoco sabía si podría seguir caminando, de seguir creyendo en mí, de encontrar una forma de no verme caer de bruces contra el suelo... ¿conseguiría salir? 

Comentarios

  1. I think that the feeling immediately after signing divorce papers is difficult to describe regardless of who is the plaintiff. Both sides lose, one to a greater degree than the other. You have made a very credible effort to communicate it to the reader.

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    1. Thank you! I'm glad to like it. I love to empathize with the characters and the stories they tell. Thanks for comment like always.

      Kisses!

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