Hija Pródiga:



Jamás pensaron que lo conseguiría, tampoco que llegaría tan alto, lo que sí creían era que no volvería con las manos vacías, siempre llevaría equipaje de mano para volver a casa llorando tras un viaje tan largo a un futuro que quizá, no existía. Esa era la confianza y el apoyo que podía ofrecerme mi familia, ese afecto, consideración y respeto, la mayoría de veces no lo necesité pero, llegado el momento, estalla algo dentro de ti y piensas que estaría bien que alguien confiara en ti, para variar. Mis hermanos tenían una vida llena de caprichos, estaban familiarizados con esos empleos de empresario ladrón a los que solían ir cada mañana y mis padres les tenían en gran estima, no habían salido a su hermana, la loca que había emigrado a Alemania a encontrarse a sí misma, a darse una oportunidad en la vida, algo que ni siquiera se les pasó por la cabeza que podría llegar a conseguir. Así eran ellos, una familia envidiable, ¿verdad?

En cuanto crucé el umbral de la puerta de su casa con tan solo una maleta pequeña, sonrieron triunfantes, no porque se alegraran de verme, sino porque creían que volvía a casa tras haber fracasado en mi pequeño proyecto. Sus miradas lo decían todo pero no estaba dispuesta a entablar una discusión sin sentido, tampoco quería gritos ni faltas de respeto, tan solo necesitaba un sitio en el que quedarme hasta que diese lugar mi conferencia en la ciudad, los del trabajo creyeron que yo sería la indicada para abrir una conferencia que abriese mil mentes. Estaba increíblemente entusiasmada pero, debía lidiar con esta panda de salvajes hasta que volviese a la que sentía que era realmente mi casa.

- ¿Ya te has cansado de fracasar en Alemania? - mi madre siempre tenía un ácido sentido del humor, por decirlo de alguna manera, diría que algo más que socarrón y falto de cualquier tipo de tacto hacia otra persona, ni siquiera sabía lo que era la empatía. Había puesto un pie allí y ya quería largarme -.

- Tengo que dirigir una conferencia aquí, necesitaba un sitio donde quedarme - mis padres se giraron para mirarme con los ojos como platos -.

- Si verdaderamente trabajaras en una empresa, te habrían pagado el hotel - mi padre era un tipo que siempre lo sabía todo pero que, en realidad, no sabía una mierda. Daba las cosas tan por sentadas que se equivocaba en todo - Desgraciadamente, vuelves a casa.

- Cuando no sepas algo, mejor pregunta primero antes de cagarla - respondí, mientras cerraba la puerta de su casa y entraba a duras penas. Iba cargada con la maleta y ni siquiera se dignaron a ayudarme - La empresa quería pagarme el hotel, fui yo la que no quise. Hay otros gastos de los que hacerse cargo, así que, preferí que utilizaran ese dinero que iban a gastar en mí para la empresa y las acciones que ella misma emprende con otras empresas, personas e identidades. Digamos que, les he quitado un gasto.

- Muy considerada, hermanita - mi hermano mayor siempre había sido el matón de la familia, el abusón del colegio, el que amenazaba con pegarme si le contaba a alguien que, cuando íbamos al instituto violó a dos chicas jóvenes en el bosque - Deberías haber aceptado ese dinero, así no tendríamos que ver tu cara.

- Qué agradable bienvenida, gracias por el té y las pastas - les dije de forma cortante y sarcástica. Sin decir una palabra más, me fui a la que antes era mi habitación, no valía la pena seguir metiendo mierda donde ya había bastante -.

Mi habitación era la misma que antes, no habían tocado nada. Estaba vacía y con aquellos pósters de mis grupos favoritos colgados en la pared, sonreí tras cerrar la puerta y disfrutar de aquel silencio. Pude recordar los buenos momentos que pasé allí, este cuarto era como mi refugio, el lugar donde podía ser yo misma apartándome de mi familia, de sus constantes comentarios hirientes y sus bipolaridades, la verdad, nunca les he echado de menos. Quizá les he perdonado, he conseguido olvidarme de ellos, pero siempre trato de encontrar mi camino tras unos días de devastación, tras palabras que perforan mi alma, la verdad, ahora mismo no sé por qué no acepté que mi jefe me pagara el viaje y el hotel... Qué estúpida.

Tan solo tenía que quedarme un día allí, en aquel salvaje oeste donde la hipocresía tiene lugar en cada comida del día, las sonrisas son como cuchillas metiéndose en tu piel mientras sabes lo que están pensando, las miradas llegan a matar cuando te sirven un plato de comida, es como si te invitaran a pagarlo cuando terminaras, la crueldad podía olerse en el ambiente, también el machismo y la desconfianza, se daban por sentado cosas que ni siquiera lograban comprender. Tenía claro que, ya que, me había pagado el billete y había enviado a mi cuenta algo de dinero para gastos, iba a hacer las comidas importantes fuera, mientras organizaba el evento de la empresa con algunos compañeros que también vinieron conmigo en el vuelo.

A la mañana siguiente, bajé a la cocina para beberme un vaso de agua antes de salir a desayunar. No podía perder el tiempo, ya había gente arreglando la zona donde íbamos a hacer la conferencia de motivación que mi jefe tanto me animó a hacer diciendo que era la persona idónea para ello. Cogí una manzana y me dispuse a salir de casa, no hice ningún ruido para tratar de evitar a mi familia pero, mi padre apareció como por arte de magia, se había vuelto más silencioso de lo habitual, ya nadie podía salir de puntillas.

- ¿A dónde vas? - me miró el traje de arriba a abajo, con asco, no esperaba que lo del evento fuese real y jamás me había visto con pintas de mujer de negocios, tampoco lo concebía, para él, las mujeres teníamos que estar en la cocina y limpiando la casa -.

- Me voy al evento, lo dije ayer nada más llegar - le recordé, notaba que estaba a punto de acercarse una tormenta pero, en vez de huir, esperé paciente, a ver qué pasaba - Y tengo algo de prisa, así que...

- Reconócelo, no tienes ningún evento, has vuelto a casa porque no te ha salido bien - se burló una vez más, dio por sentado otra cosa de la que no tenía ni idea y estaba a punto de perder la paciencia, así que, esperé al momento perfecto para demostrarlo -.

- Mira, me importa una mierda lo que penséis, estoy aquí por trabajo y mi marido y mi hija me esperan en casa, así que, no voy a perder el tiempo con ninguno de vosotros, ¡¿está claro?! - estaba harta de que me trataran como a una basura - No podéis tener ni un momento para ser amables, ¿verdad? 

- ¿Te has casado y has tenido una hija? - se rió a carcajada limpia, así que, no perdí ni un minuto de mi tiempo, dejé la tarjeta del evento que iba a liderar yo y cerré la puerta con fuerza, no tenía ni idea de si irían o no pero, podía estar segura de que querrían pruebas de que trabajaba para una gran empresa alemana -.

El evento tuvo lugar en una zona bastante transitada, un salón de actos enorme que se había llenado hasta los topes, me conocían de haber hablado sobre el mismo tema en otros países y habían venido aquí a escucharme y, al parecer, mis padres también. Se sentaron al fondo, en unos asientos reservados para ellos, ni siquiera sé cómo se me pudo ocurrir tal tontería pero oye, había que ser humilde y respetuosa como ellos no lo habían sido conmigo en su momento. Tenía el discurso entre mis manos, unos cartones que había escrito en el avión y que describían muy bien el transcurso de mi vida, así que, simplemente, los leí tratando de que mi voz llegase a las personas allí presentes:

- Viví con una familia que destrozó mi vida, una familia que solo se preocupaba por mis hermanos, los que tanto disfrutaban haciéndome daño y se alegraban de mis fracasos en la vida. Pero tenía un objetivo firme que era salir de allí cuanto antes, tenía una motivación en mi mente que me hacía seguir adelante, que cada persona puede llevar a su vida en situaciones difíciles. Decidí irme a Alemania donde me dijeron que habían increíbles oportunidades para mí, era como si mi deseo se hubiera hecho realidad, aunque mi familia pensara en mi fracaso constantemente y creyeran que no iba a triunfar. Ahora, soy una de las coordinadoras de eventos sociales en mi empresa, me encanta mi trabajo, me he casado con un hombre maravilloso y tengo una niña de seis años, qué más puedo pedir tras desear con todas mis fuerzas que todo esto llegara a mí, dejando atrás a las personas que no supieron valorar quién era. Ahora podéis hacerlo vosotros, podéis pensar en una nueva vida, en un futuro distinto, aunque os cueste y estéis rodeados de personas que jamás os van a apoyar. Simplemente, haced lo que sintáis y haced realidad vuestros sueños más profundos por vosotros y nadie más...

El aplauso fue increíble, me sentí viva y me sentí bien, ahora podía defender lo que creía y la empresa en la que estaba me había dado las herramientas para llevarlo a cabo. Mis padres se levantaron y se fueron del evento en cuanto terminé de hablar sin decir una palabra, entre puntillas... quizá avergonzados, quizá enfadados, pero lo confirmé cuando llegué a casa y vi las maletas en la puerta. Aquel fue el fin de una relación familiar que solo me trajo problemas, había dicho la verdad en la conferencia y no quisieron aceptarla, el orgullo era más grande que el amor por una hija, no me esperaba gran cosa, así que, simplemente, comí con mis compañeros de trabajo y volvimos a Alemania aquella misma tarde. Me quedé con algo muy importante de aquel viaje y era que jamás iba a comportarme con mi familia como se habían comportado conmigo, no quería ser tan miserable, tan vacía y tan llena de ira y rencor, envidia y resentimiento. 

Tras haber dejado todo esto atrás, puedo mirar al frente cerrando las puertas de un pasado que ha dejado de afectarme, de entrar dentro de mí y hacerme llorar, mi hija había sido un cielo desde que nació y así iba a seguir siendo, mi marido nos tenía como dos reinas y era de gran utilidad en mi empresa. ¿Qué más podía pedir?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aparición:

Sin Palabras:

TAG Series: