Inoportuno:



Había terminado de hacer algunas compras, Jeff me esperaba en casa. Había tenido unos días muy malos, sufría de depresión pero parecía estar en equilibrio, además el psiquiatra creyó que no había peligro de suicidio, yo era su única familia y se aferraba a mí con todas sus fuerzas, fue algo que verdaderamente me alivió porque no quería tener que llorar su pérdida antes de que ocurriera. No le había dejado solo desde hacía meses, antes de salir de casa me había dicho que estaba perfectamente y que podía soportar el que yo no estuviera, me ha parecido una mejora bastante buena, hasta llegar a sonreír como hacía meses que no hacía.

Mi familia me decía que me volcaba mucho en Jeff, en su enfermedad, terminaba sentada a su lado en el sofá para hacerle compañía, entendía lo que sufría pero nadie más lo hacía, creían que estaba quitándome mi vida poco a poco pero no era así como yo lo veía. Había pasado un par de años horribles tras la muerte de su hijo y era evidente que le había afectado mucho más que a la alcohólica de su ex mujer que no tenía sangre en las venas, pensó que lo soportaría mientras hacía deportes de riesgo pero eso, lo único que provocó fue la conocida depresión y el incesante estrés, se hundía cada vez más en un hoyo en el que no veía salida. Parecía estar mejor, así que, lo celebré mientras estaba en el supermercado, quise darme el gusto de animarme, de motivarme un poco, lo que no podía negar es que ciertos ánimos de Jeff se me pegaban a mí, hacía meses que necesitaba aire fresco y un rayo de positividad, aunque fuese ínfima.

Subí al coche y bajé las ventanillas, aunque hiciese frío, necesitaba respirar, lo había echado de menos. Estos últimos meses, he tenido que hacer las compras por internet por muy estúpidas o innecesarias que fueran o por muy cerca que estuvieran, Jeff se sentía indefenso, inseguro y tembloroso, así que, debía quedarme en casa para que pudiera arroparse a mí. Arranqué el coche y pensé en algo bastante coherente que no había pensado antes y era que quizá, le había mimado demasiado, debía dejarle su espacio, su momento de reflexión, de paz, darle la oportunidad de encontrarse a sí mismo, estaba claro que se había acostumbrado demasiado a mí, aunque hoy lo había hecho bien, había sido valiente al dejarme salir a comprar sin necesidad de un ordenador o un repartidor que nos trajera la comida. Puse la radio, era un momento de total libertad, por fin sentía un atisbo de esperanza en toda aquella oscuridad que pensaba que no iba a terminarse nunca, los dolores de Jeff eran infundados por su mente y tratar de aminorar su hipocondría era un trabajo duro, cada día era una lucha, incluso sus ataques de pánico eran delicados, podía estresarse por cualquier cosa, por cualquier detalle... de hecho, nadie podía entrar en casa, se ponía muy nervioso y empezaba a sudar bastante, situaciones intensas que ahora podía paliar con las canciones más populares del mes.

Di un pequeño rodeo para disfrutar un poco más del paseo, era la única vez tras todo este tiempo que me había sentido tranquila, con mi propio espacio, sin tensión acumulada. La calle estaba repleta de gente al ser las seis de la tarde de pleno sábado, todo el mundo salía a comprar, grupos de chicas alegres con la ropa que habían adquirido en aquellas tiendas de lujo, mujeres hablando en la cafetería, un hombre que salía de trabajar... cómo añoraba aquella vida, cómo echaba de menos tener una vida normal o, al menos, tener una. Estaba claro que vivía para Jeff, me sentía a gusto sirviéndole y ayudándole en este complicado proceso pero, a veces, llegaba a pesarme, a hacerme sentir demasiado imprescindible, en cuanto se le caía algo al suelo y se rompía, era capaz de romper a llorar, no soportaba verle así pero el médico me decía que era totalmente normal en su estado de salud mental, hasta que no aceptara la muerte de su hijo no podía seguir adelante. Cada noche, rezo para que lo haga, para que pase página, para que ambos lo hagamos, para que volvamos a tener una vida...

¿Era tan malo el que no quisiera subir a casa? Aparqué el coche poco a poco y me quedé allí sentada, mirando a la gente pasar por mi lado, sonriendo, pasándolo bien con sus amigos o familiares, tenían sus vidas ocupadas pero eran felices, ¿a caso lo era yo? ¿Había dejado de serlo y no me había dado cuenta? A veces, me miraba al espejo y parecía irreconocible, mis ojos caídos representaban el cansancio y la tristeza que sentía por todo lo que estaba pasando mi marido, mis labios finos no tenían oportunidad de sonreír y mi cuerpo cada vez más esbelto seguía falto de hambre, se me cerraba el estómago sin previo aviso. Salí del coche con las bolsas de la compra, estaban llenas y sentía que no saldría de casa hasta pasado otro mes, pensar en ello hizo que me diera un pinchazo en el estómago pero no podía hacer nada para evitarlo. Abrí la puerta de casa con un fuerte suspiro, volviendo a mi vida habitual tras aquel lapsus de libertad...

- ¡Jeff, ya estoy en casa! - dejé las bolsas encima de la encimera de la cocina, empecé a ordenarlas pero no obtuve respuesta, así que, llegué al salón y se me cayó el alma a los pies - Oh, dios mío...

Me tapé la boca con ambas manos al ver a mi marido colgado de una de las vigas del techo, lo tenía decidido por eso quería que me fuese a comprar cuando nunca antes había sido capaz de hacerlo. Con lágrimas en los ojos, me di cuenta de que había dejado una nota encima de la mesa para mí donde expresaba sus sentimientos hacia todo lo que compartimos, agradeciéndome cada cosa que había hecho por él, por nosotros, por haber sido tan paciente... No podía más, esto había podido con el hombre más risueño que había conocido y, hacía tan solo unos minutos estaba esperando abajo no queriendo subir a casa, me culpaba por ese pensamiento estúpido. 

En cuanto se llevaron el cuerpo de Jeff, me quedé sola en aquella casa vacía, en silencio, repleta del desorden del que hacía unas horas había yacido muerto, en completa oscuridad, sin un ápice de esperanza. Por alguna razón, ya no creía en sí mismo, había dejado de saber quién era, no tenía objetivos y tampoco había intentado reconstruirlos. Ahora era yo quién debía pasar página, ¿podré hacerlo con aquel caos presente, con aquellos recuerdos inundando mi mente?

Comentarios

  1. Doloroso, triste. Sea un relato real o de ficción, es intensamente doloroso. Mi admiración por el valor demostrado al escribirlo. Saludos, Leonardo

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    1. Me alegro de que te gustara. No es real, me vino algo así a la mente y he disfrutado mucho escribiéndolo, quería transmitir lo difícil que puede ser para alguien que cuida de una persona que no está mentalmente sana.

      ¡Muchas gracias por comentar! Saludos.

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  2. Thank you for sharing a slice of reality. That is how it can be. That is how it frequently turns out. Great story. Kisses!

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    1. Thank you for your comment, always appreciate it. This is a reality hide in the shadows but always be the reality...

      Kisses!

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