Ya Viene:



Empezaba a notar por todos los poros de mi piel esa negatividad fluir, esa energía destrozando cada vida conocida, observando anonadada esa oscuridad que se acercaba a mi posición con rapidez, sin siquiera dejarme respirar ante aquel instante de tensión, de desaliento, de absoluto temor al ver la muerte ante mis ojos. A esto, se añadieron unas sombras a mi alrededor, llenas de odio, resentimiento... mientras susurraban "ya viene". Mis ojos permanecían abiertos, sentía escalofríos recorrer mi espalda, como si los necesitara, como si fuera la última vez que los sintiera, tan presentes, tan superficiales en la piel, tan intensos...

Mis labios finos empezaron a temblar sin parar conforme se acercaba la oscuridad. Sabía qué era, sabía lo que podía hacerme y no quería arrodillarme ante las constantes negativas, ante ese cúmulo de energías que se acercaban a mí sin siquiera quererlo. Paró frente a mí, esa oscuridad tomaba forma poco a poco mostrando su verdadero rostro, alguien familiar, con grandes dotes de persuasión,  de control absoluto, mirándome con aquellos ojos negros llenos de ira y resentimiento. Desde hacía unos días que no le veía, que no sentía esas increíbles ganas de morir, de perecer en cualquier cuneta solitaria mientras cerraba los ojos en silencio, dejando atrás mi antigua vida pero, lo que no sabía era si podría hacerlo en paz con aquella mirada eclipsante apuntando hacia mí.

Movía la cabeza mientras me observaba, había un humo negro a su alrededor que trataba de derrumbar mis fuerzas, de hacer que dejara de insistir, de permanecer de pie pasara lo que pasase. Empezaba a dar vueltas alrededor de mí inspeccionando cada detalle, observando cada parte de mí que había cambiado, cada instante de soledad que me había embaucado, quería que volviera a ser la de antes pero ni siquiera me reconocía, ni siquiera me había conocido cuando habíamos vivido tanto tiempo juntos. Su cabello negro se mantenía bien peinado hacia atrás con gomina, podía notar su nariz respingona observarme desde su cara, veía su sonrisa malévola dejando entrever aquellos dientes tan blanquecinos, su cuerpo esbelto era justo como el que recordaba aunque, su vestimenta había cambiado, su gabardina negra hasta más abajo de las rodillas imponía más que su mirada.

Sus sucios súbditos todavía se mantenían a mi alrededor, transparentes pero con esa oscuridad rodeándoles, al igual que al hombre que tenía justo enfrente, impasible, todavía sonriendo, como si mi pánico le hiciese gracia. Podía oír sus voces en mi cabeza, podía notar cómo entraban dentro de mí, mi corazón palpitaba cada vez más rápido y todo mi cuerpo permanecía estático, como si mis pies estuvieran pegados al suelo y no pudiera moverme aunque quisiera. Habían hecho un círculo alrededor de nosotros pero cada vez se estrechaba más, se acercaban a mí con esas dos palabras golpeando las paredes de mi mente con fuerza... "Ya viene", "ya viene". Una única palabra de aquel hombre hizo que todo mi cuerpo reaccionara, tan solo hizo falta una para que dejara de estar paralizada, como si todo mi ser hubiese estado manipulado para no moverme:

- Corre - su voz era gruesa, atronadora, justo como la imaginaba. Su sonrisa seguía esperando a que me arrodillara en el suelo, a que sucumbiera a mi miedo pero para mí, no era una opción -.

No tuvo que repetirlo dos veces, corrí como si me fuera la vida en ello mientras me seguían sin cesar, temía cansarme antes que ellos y terminar en el suelo, absorbida por la oscuridad de la manipulación y el control, no quería volver a pertenecer a algo semejante, no quería ser así, unas marionetas manejadas por ese ser sin alma que pertenecía a la calaña del ego, satisfecho. Yo era una de las personas que habían sobrevivido al control desorbitado del machismo, de lo tradicional, de lo políticamente correcto, de las personas sociables, de lo superfluo y lo banal, muy poca gente lo había hecho.

Tropecé y caí al suelo, no podía salir de allí. Tenía claro que me habían atrapado, que él ya venía, estaba de camino a encontrarme, a lavarme el cerebro como a cualquier otro ciudadano de aquella población vacía de mentes abiertas, ahora sería otro zombie, otra alma perdida por mi ego. Algo sucedió cuando me agarró del cuello para absorber mi energía y volverme como ellos, algo salió de mi interior y les cegó completamente haciéndoles retroceder, muy poca gente había sucumbido a sus poderes con el arte de la humildad, la empatía, la positividad, el compartir... Éramos personas diferentes, la luz estaba en nosotros y nada podía hacer la oscuridad para quebrarnos, éramos únicos, podíamos resguardarnos de la fría mirada del ego y la envidia, la desesperación por ser superior a los demás, por encajar en grupos sociales y ser aceptados, la negatividad, los celos y los constantes miedos que nos embaucaban cada día.

Respiré profundamente al comprender que podía ver un nuevo amanecer, que podía combatir la oscuridad puesta en la sociedad, que podía decir "no" a las tradiciones absurdas y a las constantes presiones sociales a las que nos han obligado vivir, podía renacer de las cenizas de las mentiras y la traición, podía ser yo misma en un mundo repleto de hipocresía e historias complejas donde el resto del mundo pretendía gritar antes que arreglar las cosas hablando, había conseguido hacer frente al peor enemigo de cualquier persona, había conseguido mirar a los ojos a lo que siempre nos persigue, nos anima a defendernos, a huir de nuestros demonios... Quien me había atacado tan solo había sido mi ego y pude sonreír al recordar que, por fin, le había vencido, tras tantos intentos fallidos, momentos de rabia y lágrimas, tras momentos de desesperación... allí estaba, con ambos pies en el suelo y agradecida de estar viva un día más mientras todos ellos se disipaban en el aire asombrados por mi victoria.

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