Llamadas:



Te oía al otro lado del teléfono y no podía más que sonreír a pesar de las circunstancias que rondaban a mi alrededor, era como aire fresco para mi tez pálida. Necesitaba un respiro, un desahogo, alguien con quién hablar, una persona que comprendiera cada una de mis situaciones, emociones y sentimientos, sabía que nadie más iba a entenderlo, estaban como fuera de mi órbita pero tú, entendías cada palabra. Era curioso y triste a la vez que, la única persona que empatizaba conmigo estuviera a bastantes kilómetros de distancia, era duro el necesitar un abrazo y no poder recibirlo, incluso, pensaba que siempre viviríamos así, llamada tras llamada, mensaje tras mensaje.

Oír esa voz pausada, tranquila y esas palabras mezcladas con total simpleza, con soluciones que sonaban tan fáciles, haciéndome sentir mejor. Me conocías tanto que sabías qué decirme en cada momento, cómo tranquilizarme, cómo hacerme reflexionar sobre mi situación. Estaba perdida y en cada llamada hacías que me encontrara a mí misma, un lugar al que pertenecer, una voz a la que acudir con mis innumerables problemas, con esa paciencia para escuchar y esa rabia cuando me hacían daño. Era curioso cómo recordaba la primera vez que nos habíamos visto, era como si te viera mientras me hablabas al teléfono, como si estuviera justo delante de ti pero sin estarlo.

Me reconfortaba que alguien creyera en mí y no pensara constantemente que estaba loca o que no actuaba de acuerdo a lo que pensaba. Entendías por qué estaba en esa situación, me dabas tu opinión y me dejabas hacer, con respeto, algo que no conocía con demasiada facilidad en el ambiente en el que me encontraba. No presionabas, tan solo querías hacerme reír en cada llamada, en cada grabación de voz, en nuestras horas muertas en las que nos apetecía hablar y no había ninguna otra persona con la que nos gustase más hacerlo, necesitaba algo así en mi vida, algo bueno en medio de toda la basura que había que reciclar por aquellos tiempos.

Recuerdo las bromas, las palabras de alivio, las intensas ganas de abrazarte, teniendo en mente la única esperanza de volver a verte. Mi autoestima estaba por los suelos pero conseguías subirla, desbordarme de alegrías que, en aquellos momentos, tan solo podría soñar. La confianza en mí misma había desaparecido pero, conseguiste que confiara en ti, en nuestros planes futuros, en las muchas horas que compartimos al teléfono cuando confesamos lo que evitábamos durante tanto tiempo por sentirnos seguros o por evitar los rechazos. Hablamos de lo que nos gustaba en grandes ámbitos, pasábamos tantos momentos juntos a distancia que no podría contarlos.

Mientras andaba, podía sentirte, oírte, tenerte al otro lado sin pensar en nada más, conseguía desconectar del mundo, riendo y haciendo caso omiso a mi alrededor aunque, cuando colgaba, tan solo te echaba de menos. En cuanto nos dimos cuenta, empezamos a vernos más a menudo, pero las llamadas me torturaban, no soportaba las relaciones a distancia, necesitaba más, no tenía ni idea de cuán lejos estaba nuestro momento, cuando los besos empezaran a ser rutinarios, que formaran parte de nuestro día a día. No dejaba de pensar en ti y en nuestra relación, recordaba cada cosa que me decías, las palabras alentadoras, aguantando nuestra espera antes de lanzarme a convivir con una persona tan tierna y comprensiva, no pensaba que nuestras vidas cambiaran tan radicalmente gracias a unas llamadas, a unos mensajes, gracias a insistir en nosotros para, finalmente, recibir la recompensa esperada.

Comentarios

  1. Hasta en los peores momentos se encuentran cosas por las que sentirse agradecido. Tu encontraste mucho en esas llamadas, amistad, apoyo y amor. Tener a alguien capaz de apoyarte así en las malas épocas es una bendición, me alegra que lo sigas teniendo en tu vida.
    Mucha suerte.
    Un beso

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus palabras y por comentar. Encontré tantas cosas que ni siquiera podía creérmelo, compartí muchísimo una llamada tras otra aunque no me diese cuenta de ello. Me siento muy agradecida de tenerle.

      Un besillo.

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