Desaparecer:



Se me había olvidado lo que era ser invisible, olvidada, permanecer en las sombras y tan solo importarle a las rosas de mi jardín sintiendo mi presencia, mientras les hablaba, les hacía creer que era buena con los demás y merecía, al menos, un poco de atención. Un paso detrás de otro, sin importar nada más que mi tristeza, que la pesadez de mis ojos por el terrible insomnio que sufría cada noche, que la necesidad de desaparecer del mundo sin mirar atrás, ni siquiera lo notarían, ni siquiera sería importante.

Ya no formaba parte de esas vidas que antes me acompañaban, que reían conmigo y parecían tan cercanas, tan dispuestas a formar parte de algo más grande de lo que podríamos creer. No entendía muy bien el significado exacto de esas palabras pero, lo que sí que podía asegurar era a qué sabía la traición. Fueron meses de mentiras, montones de ellas, circunstancias que me hicieron creer importante, lo suficiente como para formar parte de un grupo que creía era sano, confortable, amigable, e incluso, podría decir que tenía hermanas con las que contar y sentirme arropada, pero los intereses sociales eran mucho más grandes que la amistad.

Tras aquel verano inolvidable donde nos veíamos cada día para hablar de nuestros ligues y los chicos con los que nos liaríamos si tuviéramos la oportunidad, todo lo que creía pareció desaparecer, dejaron de hablarme, de tener en consideración mis opiniones, ni siquiera llamaban para quedar. Sus risas diabólicas me seguían por lo pasillos, trataba de no recordar aquellos momentos de intimidad en los que nos contábamos nuestros secretos mejor guardados para unificar la confianza que nos teníamos entre nosotras pero, esas circunstancias empezaban a prevalecer mucho más que las pasadas. Se comentaron mis intimidades entre clase y clase, las burlas formaban parte de mi día a día y ya no sabía cómo escapar de aquel tumulto de palabras hirientes. Empezaba a no gustarme el sabor de la hipocresía, la maldad y la suciedad que residía en esas palabras.

Cada instante quería que desapareciese, mi pasado debía ser borrado. ¿Algún día se olvidarían de ello o recordarían cada una de mis hazañas íntimas hasta haber cumplido los cuarenta? Sus constantes insultos empezaban a sonar en mi cabeza cada vez que llegaba a casa y cerraba la puerta de mi habitación, era como si su presencia estuviera allí. Mi mente gritaba, mi interior parecía querer explotar pero mis lágrimas salían aliviadas de mis ojos castaños, mientras me echaba mi cabello del mismo color hacia atrás, agobiada, sintiéndome humillada, vejada, usurpada... Por ello, lo que se me ocurrió pareció tan buena idea, lo mejor que se me había ocurrido tras aquel fantástico verano en la playa con todas nuestras risas bajo el sol y las fiestas de pijamas, mientras la maldad las poseía poco a poco.

Hacía un año, me habían recetado unos analgésicos al haberme fracturado el brazo derecho en las clases de karate, así que, los cogí del cajón, saqué varias pastillas y empecé a tragármelas poco a poco hasta que, conforme se iban terminando, me iba notando cada vez más mareada, más fuera de mí, como si nada importara, como si el dolor empezara a desaparecer, como si tuviera la oportunidad de dejar de existir, de presenciar la insólita maldad de aquellas que creía eran mis amigas, las fieles personas que pensaba conocer a la perfección, las que dejaron entrever a través de sus palabras mis traumas infantiles como si fueran chistes malos. Empezaba a no ser consciente de mi alrededor, así que, me senté en la cama y terminé acostada, no podía controlar mi cuerpo, por fin empezaba a sentir cómo mi espíritu salía de mi interior, lleno de júbilo por dejar atrás una vida tan llena de... Oscuridad. Ninguna preocupación, ningún sentimiento... como un fuerte apagón, una luz al final del túnel, esperándome...

Por fin, había desaparecido de sus vidas. Ni siquiera llorarían, no sabrían qué es la pena, qué es hacer duelo por alguien, tampoco se sentirían responsables de mi pérdida, ¿sabrían qué significa esta palabra, acaso? Desaparecer no había sido tan difícil, lo complejo sería olvidarlas, toda su maldad se resistiría a desaparecer, sus espíritus vagarían en la perdición de las malas actitudes y sus montones de "te quiero" dejarían de tener la mínima importancia porque, nada de lo que decían, era cierto. La superficialidad, sería su único camino, algo tan triste, tan vacío y falto de amor, eclipsaba cualquier matiz de respeto por lo ajeno y diferente. Me aliviaba pensar que desaparecía de una vida que no había pedido, de un alrededor incierto y falso que me marcaría el resto de mis días y no sabría cómo sobrellevar. ¿Acaso tú sabrías cómo hacerlo? 

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