Ladrón:



Has sido el ladrón de mi alma, el ladrón de mis pensamientos, de todas mis verdades, provocando mi soledad una y otra vez, sin siquiera sentirte culpable o darte cuenta, caía en un torbellino de emociones y nadie era capaz de reavivar la llama de mi interior. Mis ojos permanecían apesadumbrados, con recuerdos permanentes, permitiendo mil y una humillaciones, sin quererme, sin apreciarme, sin valorarme... mientras tú, engordabas tu ego cada vez que podías. Tus palabras eran como cuchillas en mi espalda que penetraban cada vez más, como si mi pecho fuera a explotar en cualquier momento, intentando respirar sin éxito.

Mis opiniones nulas seguían gritando en mi mente, tratando de encontrar la forma de salir a través de mis palabras, esas acalladas por tus gritos, por tus continuos malentendidos, ni siquiera me conocías aunque creyeras hacerlo, ni siquiera sabías cuál era mi grupo favorito. Lo que decía eran tonterías y si pensaba por mí misma, habían influido en mí, sin preocuparte, sin agobiarte, todo de pura boca, sin saber más de lo debido. Sentía ojos mirándome, observándome... hiciste que tuviera que mirar por encima del hombro cada vez que iba sola por la calle, cada vez que quería dar una vuelta o comprar unas rosquilletas, ¿por qué tanta desconfianza?

No puedo confiar, no estoy hecha así pero, al menos, hay que forjar las relaciones, trabajárselas como tú no supiste. Cada noche, oía mi interior lamentarse, revolverse como nunca antes lo había hecho, trataba de ser quién era pero sin poder demostrarlo porque estaba segura de que nadie estaba dispuesto a respetarlo. Las lágrimas corrían por mis mejillas de una manera bastante sencilla, estaba demasiado vacía, rota como para evitarlo... mi dignidad se había evaporado, mi vida estaba repleta de suspiros sin significado, una desconfianza imposible de parar, momentos de soledad que prevalecían cada segundo.

¿Acaso comprendes? ¿Observas? ¿Sabes si quiera quién soy? El "no haces nada bien" explotaba en mi cerebro, se resistía al olvido, quería ser protagonista de cada uno de mis días, por puro placer o quizá, por obligación. No entendía las formas, las palabras que mi alrededor utilizaba para pasar por alto lo importante, el pasado, lo esencial cuando me negaba a cometer semejante acto. Se me revolvían las tripas al verte, al escucharte, al comprender que no saldría de esas paredes que me colapsaban, mis manos cogían mi cabeza con fuerza, gritando en silencio, observando mi vida y deseando no ser la protagonista.

Sentí la desdicha por cada poro de mi piel, cada una de tus mentiras, críticas que poco servían ya. Un abismo de desesperación tras otro donde podía verme en el espejo como única culpable de cada una de las situaciones vividas sin siquiera poder cambiarlas por mucho que quisiera, por un lado, hubiera querido volver al pasado y remendarlo todo, por otro, no cambiaría absolutamente nada porque este no sería mi presente y tú seguirías postrado ante mí acallando mis palabras, manteniendo la cabeza gacha mientras te complaciera y devolviéndote sumisión, seguiría tan perdida como lo estaba.

No entiendes la verdad, jamás quisiste escuchar, conocer a los demás, dabas la espalda a los sentimientos, la lógica por encima de las emociones. Nunca consideré que tuviera voz ni voto en una vida que carecía de momentos sinceros, de libertad y coherencia. Por ello, eres el ladrón de mis constantes caídas, de mis lágrimas, de mis pánicos, de mis pensamientos complejos, de mis esperanzas... Me lo robaste todo y no dejaste nada. Quizá mis recuerdos permanezcan siempre, sintiendo ese vacío que insertaste delicadamente en mi interior sin siquiera preguntar, responsable de mis dudas existenciales que suelen fluir al recordar...

Ya empiezas a evaporarte, a dejar de existir, a desaparecer de mis recuerdos. Mis ojos vuelven a brillar, a saber que ya no le debo sumisión a nadie y que el pasado puede transformarse en un presente diferente, con claridad, con sensatez y con sentimientos que pueden llegar a elevar la autoestima, la dignidad y la confianza en uno mismo. Voy a dejar que los ladrones de libertad y personalidad forman parte de lo antiguo, de algo que ya no vale la pena mi ensimismamiento ni mi energía. Quizá recuerdo, quizá recaiga en ciertas actitudes o errores comunes pero, ahora, puedo decir que nadie va a volver a robar mi corazón...

Comentarios

  1. Esto solo se pude escribir, no desde la imaginación, sino desde la proximidad de la experiencia, de modo que habría que estar alerta para no repetirla...

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    1. Sí, ha sido algo que he dejado fluir desde dentro, necesitaba desahogar sin darme cuenta.

      Estoy segura de que no se repetirá. ¡Gracias por comentar!

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  2. ¡Esto está escrito con resolución y el deseo de vivir, no meramente de existir! Puedo sentir que el fénix se está recuperando; ella es la fuerza creciente de sus cenizas.

    Escrito magistralmente, Laura. ¡Abrazos!

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegro de que te haya gustado. Poco a poco, uno renace de sus cenizas, tal como hacen los fénix, efectivamente.

      Gracias por comentar, como siempre.

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  3. La sumisión es rectificable y se corrige radicalmente sin ser sumiso y si esa persona te quiere, te respeta y sobre todo te valora como ser y persona que eres te seguirá a ti. Además todo fluirá como debe ser.
    Me ha encantado lo que has relato en absoluta poesía (prosa) es de lo que más me gusta, aunque fueran palabras duras, difíciles de aceptar o de darse cuenta. El momento ha llegado y comienza un nuevo Yo.

    Excelente relato.

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    1. Muchas gracias, me alegro de que te gustara. La verdad es que, cuando todo fluye, las palabras también lo hacen sin problema. La dureza describe la situación y creo que ha quedado claro que un nuevo Yo resurge, como bien dices, el verdadero, el ser como uno realmente es.

      ¡Gracias por comentar!

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