Obsesiva:



- Durante horas trataba de darle forma al trabajo que debía entregar al día siguiente, le daba vueltas y vueltas pero siempre terminaba ojeando las notificaciones del móvil, absorta en comentarios, "likes" y etiquetas, simplemente me distraía un poco, aunque sabía que debería ponerlo en silencio para no apartar mi mente de lo que estaba haciendo. Pero siempre había algo que me tenía enfrascada, me animaba contestando un chat privado con una amiga y terminaba acostada en la cama con trabajos por hacer, un millón de temas por estudiar para los próximos exámenes universitarios. Me daba la sensación de que no llegaba a todo, de que mi carrera estudiantil empezaba a estancarse.

"Desayunaba, comía, merendaba y cenaba con el móvil justo al lado, con los sonidos de las notificaciones en mi cabeza, totalmente abierta a cualquiera de ellos porque, llegaba un momento en el que los necesitaba, eran parte de mí. Desde casa de mis padres a la Universidad había un trayecto de media hora, el cual, se me hacía más entretenido teniendo los InstaStories de los demás en la mano con una sonrisa de oreja a oreja, mientras grababa mis momentos que deberían ser privados para que los demás viesen mis costumbres, para que supiesen que estudiaba y que mi principal objetivo en la vida era pasarme horas tumbada en la cama respondiendo emails absurdos de mis amigos con ganas de broma.

"Sentía soledad en mi entorno pero, todo esto cambiaba cuando subía alguna foto y veía comentarios y "likes" por todas partes, cuando les hablaba a los demás y comprobaba que a bastante gente le interesaba mi  rutina diaria, en esos momentos, no me sentía tan sola ni desplazada. Por las noches me escocían los ojos pero, siempre trataba de quedarme hasta altas horas de la mañana viendo vídeos en YouTube y compartiendo opiniones con otros usuarios en foros, sentía que las personas necesitaban mi opinión y también la abrazaban como yo lo hacía en mi interior. Con esto quiero decir que, apenas dormía, quería estar el máximo tiempo pendiente de mis últimas notificaciones, no permitía retrasarme en nada para no decepcionar a aquellos que estaban detrás de las pantallas, sería como fallarme a mí misma... ¿verdad?

"Dejé de salir con mis amigas, me apetecía refugiarme en casa con la puerta cerrada, centrándome en un capítulo interesante de alguna serie o viendo una película en el ordenador. Me lloraban los ojos pero, seguía pegada a la pantalla babeando como una niña pequeña, me fascinaba todo lo que tuviera que ver con el mundo virtual, aunque, según mi madre, esto no era tan solo fascinación, sino una obsesión a tratar que jamás consentí que dijera a mi padre porque sabía lo estricto y terco que era, seguía aguantando pero no sabía cuánto lo haría, demasiado preocupada por mí sin motivo estaba pero... empecé a suspender una asignatura tras otra, e aquí el primer signo de mi obsesión, aunque, no me daba demasiada cuenta de ello, ni siquiera escuchaba hablar a nadie a mi alrededor, permanecía enfocada en la pantalla de mi móvil y lo que tuviera que ofrecerme en redes sociales y páginas para adultos.

"Hice una simple prueba. Dejé el teléfono encima del escritorio mientras me dispuse a leer un libro en la cama, convenciéndome a mí misma de que no pasaría nada teniéndolo lejos y en silencio para que no me molestara, esto no era ninguna obsesión, por favor, yo era una chica muy cuerda y con la cabeza muy... Mis ojos miraban el móvil al mismo tiempo que trataba de leer, se desviaban sin aviso alguno, teniendo unas ganas enormes de centrarme en la historia tan maravillosa que me estaba contando el escritor del libro que estaba leyendo. Mis manos empezaron a temblar, trataba de permanecer acostada pero mi cuerpo se levantaba como si este no hiciera caso a lo que decía mi mente como si fuera solo llevado por la... obsesión. Las notificaciones sonaban en mi cabeza, la verdad, era como si las estuviera oyendo una y otra vez aunque estuviese segura de que había silenciado el teléfono, ¿qué estaba pasando?

"Cada asignatura caía sola, como por arte de magia, como si todo mi alrededor quisiera derrumbarse por algún motivo. Miré mi móvil con recelo, ¿era esto lo que me estaba impidiendo estudiar, llegar a aquello que quería conseguir? Debía dejarlo pero, ¿y si recibía una llamada, un mensaje...? Tenía un montón de trabajos pendientes que había ido dejando poco a poco para el final y terminaron por no hacerse, ni siquiera sentía ese ánimo, prefería sentarme con el móvil a contestar comentarios o hacerme selfies cerca de la ventana para que la foto quedara más visual, incluso, podía pasarme horas editando las fotos con una aplicación totalmente nueva y monetizada, lo cual no me importaba porque no pagaba yo las facturas, con la que podía dejar mis fotos perfectas, mientras sonreía de oreja a oreja satisfecha de haber cumplido mi compromiso con los demás, aunque no supiera realmente quiénes eran... ¿me preocupaba de ser responsable con desconocidos?

"Estaba confusa, realmente intoxicada por todo lo que conformaba internet. Algo que ocurrió me hizo perder el control, pude ver cómo el móvil se rompía en el suelo en pedazos, cómo intenté que volviera a funcionar pero la pantalla seguía rota, no respondía, era como si un enorme vacío creciera dentro de mí, ¿ya no iba a poder estar al tanto de lo que subían los demás? ¿No podía descargarme series para verlas de camino a la Universidad? ¿No podía contestar comentarios y contar cosas sobre mi vida diaria en los InstaStories? ¿Es que todo esto se iba a acabar? ¿Por qué mi madre me había hecho esto? Sí, se me olvidó comentarlo, ella fue la que me rompió el teléfono harta de mi obsesión constante, de que no la escuchara y no comiera como era debido, que suspendiera y que no durmiera lo suficiente, ahora es cuando veo la razón que tenía... después de haberlo estropeado todo..."

- ¿Cómo respondiste en aquel momento, Lily? - me preguntó aquel psiquiatra sentado detrás del escritorio, mirándome con curiosidad y aceptación, abriéndose totalmente a mi problema obsesivo. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero conseguí responder con un hilo de voz casi imperceptible pero lo suficiente como para que él me oyera -.

- Empecé a ver mucha sangre a mi alrededor, por todas partes, no entendía qué había pasado, por qué estaba llena de ese color rojo tan intenso por todo... era... era... - todo aquello era demasiado para mí, estaba claro que todavía no podía hablar de ello, ¿cómo había podido cometer tal atrocidad? -.

Aquel hombre tan gentil y afable, consiguió volverme a la realidad con unas dosis bastante altas de tranquilizantes, era una especie de cóctel que te dejaba dormido durante unas horas y, daba la casualidad de que hacía efecto. Al cabo de tres horas, pude despertar en aquella habitación cuadrada sin ventanas, con las paredes totalmente blancas, con una bata casi del mismo color y totalmente drograda. Lo que recordaba era mi absoluto estado de pánico al rememorar cómo maté a mi madre después de un estado de enajenación mental muy fuerte debido a mi obsesión por la tecnología, digamos que llegué a un extremo bastante fuerte al ver que había roto lo que hacía que dejara de sentirme sola y perdida, por romper lo único que le daba sentido a mi vida.

Ahora, estaba en un psiquiátrico atestado de personas con problemas similares o, incluso, mucho peores. Puedo escuchar sus gritos por los pasillos, sus momentos de debilidad en los baños cuando no consiguen realizar una acción tan sencilla como bajarse los calzoncillos, me he envuelto de personas que, quizá, no saben demasiado bien lo que hacen. He sido presa de una obsesión absurda, llevo tres meses de tratamiento y sin un solo móvil cerca de mi persona, me trajo mi padre después de aquel apuñalamiento gratuito, desde el momento en el que me dejó en esta clínica que no he vuelto a verle, la verdad, no le culpo. Aquí puedo controlar mis impulsos, en casa tan solo podría empeorar las cosas, faltaba mucho para curarme, faltaba mucho para que dejara de estar absorta y dejara de oír esos sonidos y ecos en mi cabeza, quedaba mucho para sanar mientras conseguía perdonarme a mí misma por las acciones cometidas...

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