Inexistente:



Seguía con mi rutina. Me lavaba los dientes, me preparaba la comida en nuestra cocina, me peinaba, salía a dar un paseo... Lo que no conseguía era que Stuart me devolviese la mirada, que su tristeza se desvaneciera con una de mis sonrisas, que respondiera a mis palabras. No entendía demasiado bien qué sucedía, supuse que seguía enfadado por seguir con mi desorden personal a la par que psicológico, era algo que sabía que no soportaba de mí pero que todavía lo seguía haciendo y le pesaba sobre sus hombros. Pasaban los días y todo seguía igual, parecía no oírme, ni siquiera sentirme al tacto, estaba actuando demasiado raro, así que, también me enfadé, le grité para que entendiese que esta relación que estábamos manteniendo no era ningún juego para mí, era algo serio, algo real. 

No obtuve respuesta. Le miré con mayor atención, ni siquiera se arreglaba para salir a trabajar, antes al menos, se esforzaba por ir bien vestido preocupado por que le despidiesen en cualquier momento y no pudiésemos pagar el alquiler a final de mes y nos cortasen la luz en cuanto no pagásemos. Su cabello castaño permanecía enmarañado, salía de casa sin peinarse, algo bastante extraño en él, se lo cuidaba tanto que tardaba más que yo en arreglarse y salir de casa; sus ojos azules se mantenían cansados, con ojeras, parecía que no hubiese dormido en semanas; su tez estaba mucho más pálida que antaño, no se alimentaba demasiado bien, cuando estaba algo nervioso o disgustado se le cerraba el estómago; sus labios finos, apretados, llevaban mucho tiempo sin abrirse para hablar o para sonreír; cada vez estaba más delgado, no parecía cuidarse. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué no me pedía ayuda?

En una de las noches de insomnio que tenía Stuart de forma regular, se levantó cansado para tomarse un par de vasos de agua, estaba sediento. Se sentó en el sofá rodeado de oscuridad, tan solo encendió una pequeña lámpara que había en la mesita de al lado con una foto mía en un marco de madera que ambos elegimos para celebrar nuestro quinto aniversario. Lo miró con tristeza, por lo que, me senté a su lado para ver el momento cumbre en el que iba a disculparse por su comportamiento, aquel que había tenido durante toda la semana, ignorando mi presencia completamente pero, parecía que hablaba con la fotografía y no conmigo, pasó algo que me descolocó bastante:

- Quise decirte tantas cosas... - sus ojos se llenaron de lágrimas incontrolables - No sé qué hacer, Jess, te echo de menos, me estoy volviendo loco...

- Pero si estoy aquí - respondí desesperada, sin obtener ningún signo de entendimiento por su parte - ¡Háblame!

- Siento mucho lo que pasó, me hubiese gustado estar contigo en aquellos momentos - se limpió las lágrimas con las mangas del pijama, algo que nunca había podido corregir de él, fue una de las cosas que más me enternecieron en cuanto empezamos a vivir juntos - Me gustaría que estuvieses conmigo, que pudiese tocarte... Ya no puedo ni conciliar el sueño. ¿Recuerdas que dormía tan bien que no conseguías despertarme por las mañanas? Tras una semana, todo ha cambiado.

- Claro que me acuerdo, tonto, ¡pero si roncabas como un cerdito! - mis carcajadas fueron oídas por mí y por nadie más, como el resto de cosas que había dicho durante toda la semana. Dejé de reírme en cuanto vi su tristeza, susurré -: ¿Pero qué te ha pasado, cariño?

- ¿Sabes? Todavía creo que estás aquí, es como si te oyese cerca de mí... 

- ¿De verdad...? - pregunté esperanzada a una silueta que se alejaba a la cama otra vez, dejando la fotografía sobre la mesilla hacia abajo para no volver a verla -.

Tenía que saber qué estaba pasando. Busqué por toda la casa algún indicio, alguna prueba con la que pudiese hacerme una idea de lo que estaba minando de dolor a Stuart, lo conseguí. En uno de los cajones del salón, pude encontrar una libreta llena de recortables de periódico donde salía yo en todos ellos, los títulos me dejaron helada: "Una joven muere en un incendio a las afueras debido a un escape de gas", "Muerte de Jessica Biel a causa de un incendio"... De repente, todos los acontecimientos sucedidos vinieron a mí de manera repentina, sin siquiera quererlo, era demasiado doloroso... tal y como Stuart lo sentía...

Había ido a trabajar a la oficina, como cualquier otro día de la semana. Nos abrazamos y nos besamos después de una mañana llena de cariño en la cama, me había llevado un donut para comerme por el camino, dado que, llegaba tarde. Cogí el coche y me puse la música a tope, sintiéndome afortunada por la vida que tenía, llegando a la oficina con muchísima energía. Me llevé un café a mi mesa con tranquilidad y parsimonia, todos me llamaban "la lenta del curro" y lo era con creces. Lo siguiente que recuerdo fue a un montón de gente gritando, una explosión... El humo empezó a nublarnos, las llamas las sentíamos tan cerca que hasta quemaban, temí por mi vida tanto que al final, llegó mi hora dejando tras de mí a la persona más importante de mi existencia. ¿Cómo lo había olvidado?

Miré hacia abajo y no me veía los pies, algo bastante típico entre los muertos. Me aliviaba saber que Stuart no estaba enfadado conmigo, que seguía queriéndome a pesar de mis constantes defectos y que nuestro amor fue real. Le veía durmiendo y podía verme a su lado, mirándole mientras dormía, habiendo disfrutado de todos nuestros momentos juntos y ocupándonos de nuestros fallos, nos apoyábamos e intentábamos que cada día fuese especial. Ahora entendía que su vida hubiese dado un vuelco tan grande, con tan solo pensar una no vida alejada de él, me sentía sola, incapaz de encontrar el camino, no quería separarme de él... Fui hasta la cocina, cogí boli y papel y escribí en varias hojas algo que necesitaba decirle antes de irme, aquella luz me cegaba y me instaba a marcharme... Las dejé encima de mi almohada para que pudiera verlas en cuanto despertara.

- Adiós, Stuart - le susurré al oído, sabiendo que no me escucharía pero con necesidad de trasmitirlo - Te quiero.

E aquí mis palabras mientras caminaba hacia aquella luz preciosa: "Stuart, tras una semana de no entender muy bien qué sucedió, he podido comprender que he muerto. Comprendo tu dolor, pero necesito que vuelvas a ser el mismo de antes, que vuelvas a sonreír, que duermas como si no hubiese nada mejor en la vida porque así eres tú y no alguien que se ha dejado totalmente a sí mismo. Nos veremos en otra vida, te esperaré para culminar con nuestros sueños y contemplar las estrellas cada noche. Me gustaría estar contigo, mirarte mientras duermes no tiene precio... Adiós, Stuart. Te quiere, Jessica."

Recordaría su mirada, su sonrisa y su forma de observarme. Tendría presente cada aniversario, buen momento y pasaría de los malos porque de nada servían, me reiría de nuestras faltas de dinero, de comprensión social y de nuestras pocas ganas de relacionarnos con nadie más que no fuésemos nosotros. Recordaría nuestro hogar, nuestras primeras plantas y los primeros años de convivencia, tan increíbles, tan eternos... Esperaría a mirar las estrellas a su lado, a volver a escuchar su risa...

Comentarios

  1. Gracias por compartir esta conmovedora micro ti. Está hábilmente escrito y no se pierde un detalle. Me dice lo suficiente como para saber lo que sucedió, pero no hasta el momento adecuado, y como muchos dicen, el tiempo lo es todo. Abrazos, Laura


    Thank you for sharing this touching micro. It is skillfully written and does not miss a detail. It tells me enough to know what happened, but not until the right time, and as many say, timing is everything. Hugs, Laura

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    1. Me alegra que te haya gustado el relato y que te haya llegado de verdad. Cuando lo escribí, tenía clara la idea pero no pensaba que sería tan sentido como lo ha sido y tan romanticón, jeje.

      Gracias por comentar :)

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