Absorbente:



Estaba sentado en la repisa sin mostrar necesidad de escapar. No le podía ver la cara pero, estaba segura que tendría los ojos cerrados, dentro de mí entendía lo que le ocurría pero prefería no recordar esa faceta tan oscura de mi pasado. No quería que los demás del equipo de agentes de policía lo supieran, así que, pedí unos momentos asolas con el sospechoso número uno de las diez muertes acontecidas en el Valle Pantanoso hacía tan solo dos días. Él era el único que estaba allí, frente a sus víctimas, observando la catástrofe sin decir una palabra, aunque no sabría adivinar si su cara era de satisfacción o de tristeza al ver todos aquellos cuerpos sin vida a sus pies.

Nos había costado una eternidad encontrarle, pero allí estaba, sintiendo la brisa del mar en sus mejillas y en su tez pálida, provocaba que su cabello castaño y algo canoso ondeara con la pequeña brisa, que sus labios finos permanecieran apretados. Me fui acercando a él con cautela, intentando que no se espantara, pero se había percatado de mi presencia a pesar de tener los ojos cerrados, notaba mi energía. Guardé la pistola en la funda para no espantarle y me quedé a una distancia oportuna para no invadir su espacio personal.

- Puedo sentirte - dijo, con aquella voz pausada y algo gruesa, de las típicas que suelen hablarte en las meditaciones guiadas, muchas de las que necesitaba al llegar a casa del trabajo para relajarme - No entiendo cómo pero, puedo hacerlo.

- Oye, tan solo quiero hacerte algunas preguntas - traté de desviar la conversación sin mucho éxito -.

- Sabes algo sobre mí, ¿verdad? - tragué saliva. Ninguno de mis compañeros podía oírme pero, no quería decirlo en voz alta, fue demasiado doloroso - ¿Qué es?

- No sé de qué me está hablando, tan solo quiero...

- No maté a esas personas, es todo lo que sé - sus palabras fueron tajantes, dichas con absoluta seguridad -.

- ¿Recuerda algo más de ese momento?

- No - bajó la cabeza como queriendo olvidar algo, estaba confuso. Por una parte, creía que no podría haber matado a esas personas pero, por otra, no recordaba nada y, por tanto, sí podría haberlo hecho -.

Me acerqué un poco más, tratando de quedarme a su lado. Era otra especie casi extinguida, confusa, atrapada en un mundo que ni siquiera comprendía, sus poderes internos habían decidido explotar justo en esa época de su vida. Podía encajar las piezas de lo ocurrido, tenía claro que era el autor de los hechos, le vi absorber sus almas sin intención alguna, en cuanto se dio cuenta, esas diez personas inocentes que pasaban una tarde de domingo en aquel valle precioso, se habían caído al suelo, muertas. Ninguno de mis compañeros iba a entender semejante circunstancia, por ello, quería tener unas palabras con aquel ser, tan parecido a mí que terminaba doliéndome, haciéndome sentir parte de algo.

En cuanto me fijé en sus ojos, pude ver lágrimas recorrer sus mejillas, estaba empezando a recordar...

- En cuanto les miré, yo... - no podía explicárselo, era su primera vez - No sé cómo pasó...

- Les absorbió, Chad - le informé, era hora de asumirlo, él tenía derecho a saber lo que le estaba ocurriendo - Forma parte de una raza llamada Elder, están extintos por lo que he llegado a entender aunque no del todo, por lo que veo. Sus poderes acaban de expandirse en su cuerpo y tiene que aprender a controlarlos, puede absorber las almas de los demás y matarles al instante.

- ¿Les absorbo el alma? - se giró hacia mí con los ojos abiertos, sin darse cuenta - Oh, dios mío...

Pensó que caería muerta al instante, pero no fue así. También era una Elder, me di cuenta a mis doce años al matar a toda mi clase de artes al entrar en clase, sin ni siquiera quererlo, mis poderes estaban en auge y tenía que aprender a sobrellevarlo, no había otra manera de hacerlo. Chad me miró con aquellos ojos verde intenso, abiertos de par en par, incapaz de explicarse por qué no había muerto. Tuve la oportunidad de contarle mi historia, de ser totalmente sincera con otro ser de mi misma raza, sintiéndome cada vez menos sola y rara, tratando de ocultar mi pasado con tanto ímpetu.

En cuanto me di cuenta y sin previo aviso, entraron dos de mis compañeros intrigados por lo que estaba ocurriendo. Les repetí mil veces que se fueran, que se alejaran de allí para llegar a un entendimiento con Chad pero no me hicieron caso, le apuntaron con sus armas, lo que hizo sentirle frágil e inseguro, les miró sin querer, en un intento de defenderse. Murieron al instante, algo que Chad no pudo soportar, sus lágrimas brotaban de sus ojos, me miró por última vez y se tiró al abismo que había justo detrás de él. Cayó al agua, no tenía ni idea de si habría sobrevivido a la caída. 

Mi esperanza de pertenecer a algún lado se había desvanecido en el aire, la esperanza de un igual, de la mirada de otro Elder con el que trasformar la rabia de mi pasado, las carencias acontecidas tras descubrir mis poderes ante mis padres y al sentirme repudiada por ellos. Otra pérdida en mi vida, única en mi especie al caer por el abismo el bueno de Chad, no había sido su culpa, esos poderes eran muy especiales y peligrosos cuando empezaban, todos teníamos muertos que enterrar. ¿Estaría muerto? ¿Volvería a verle?

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