La Santa Muerte:



Al abrir los ojos, me encontraba descalza sobre hojas caídas de los árboles cercanos, no tenía ni idea de a dónde habían ido a parar mis zapatillas de andar por casa... Se respiraba un ambiente de total quietud, era un lugar donde parecía que no hubiera pasado nadie en años, con la única luz de unas cuantas farolas viejas pero bastante estilizadas que tenían un toque tétrico que, a decir verdad, era hasta morboso. Vestía unos vaqueros de media pierna y una blusa azul cían, increíblemente bonita para no tener ni un solo estampado en ella, con los botones blancos; que yo recordara... esa no era la ropa con la que me había metido en la cama, supuse que era un sueño del que despertaría en unas horas, así que, no le di más importancia.

Miré a mi alrededor encontrando un camino al que dirigirme pero, en cuanto me decidí, vi a alguien a lo lejos. Llevaba una túnica negra con el margen blanco, preciosa y dándole unos aires de poder que, lo mismo, eran inexistentes pero, imponían. Andaba con paso firme pero era incapaz de verle la cara, la capucha la hacía invisible a ojos de los demás, ni siquiera podía ver sus manos a simple vista, ni sus pies, le cubría todo el cuerpo, ¿es que tenía vergüenza de que la viesen? Era alguien que me intrigaba, me tenía asombrada y un poco inquieta, no sabía qué iba a depararme mi mente en este sueño tan tétrico y oscurecido por algo más que la niebla. Conforme se acercaba, empezaba a notar un cosquilleo en el estómago y un hormigueo sorprendente en las manos, incluso, llegué a asustarme, nunca había sentido algo semejante y menos en un sueño, ¿estaba ocurriendo de verdad? Estaba empezando a sentirme confusa con todas aquellas emociones a flor de piel y más cuando aquella extraña criatura (dado que no podía confirmar todavía si era humana) se acercaba cada vez más.

Cuando estuvo justo frente a mí, levantó el brazo derecho y pude ver que su mano era esquelética, al igual que su cara. Me di cuenta de que no era una persona, no era alguien que habla normalmente ni tampoco que se queja como cualquier otra ser humano del planeta, era como la Santa Muerte, más tarde confirmé que así era. No tenía ojos, tan solo dos cuencas oscuras que dejó entrever poco a poco cuando se convenció de que era la joven a la que estaba buscando y decidió quitarse la capucha de la túnica que llevaba encima de su esqueleto. Me acarició el cabello con la mano y, sin abrir la boca, me dijo: "Tranquila, todo saldrá bien. No te preocupes, estoy a tu lado". No sabía cómo sus palabras habían llegado a mi mente, no tenía ni idea de cómo había aprendido a transmitir lo que quería a través de los pensamientos, tampoco cómo yo los recibía, ¿era así de automático siempre? Seguía sorprendida y confusa pero, mi cuerpo se relajó en cuanto terminó de decirme que me relajara y que no me preocupara por nada, lo había conseguido tan solo con esto, así que, conseguí guardar la calma y seguir con la conversación más extraña que había tenido jamás.

- ¿Quién... quién eres? - tartamudeé. Esperaba no parecer asustada, pero no me salió demasiado bien - ¿Por qué no...? - le hice señas al lugar donde se suponía que debían estar sus ojos pero, luego me di cuenta de que había sido algo grosera -.

- Soy la Santa Muerte y tu protectora - ladeó un poco la cabeza para dar firmeza a su afirmación, a lo que añadió algo en lo que no había caído - Lo de los ojos... simplemente, soy yo.

- ¿Esto es un sueño? - era una pregunta muy recurrente en mi mente -.

- En tu mente se plasma así pero esto es real, utilizo lo que ves para comunicarme contigo y así seguirá siendo, cuando me necesites, aquí me tendrás - su voz sonaba muy firme y algo gruesa, como llena de sabiduría - Es nuestra primera conversación, he esperado durante años a que estuvieras preparada.

- ¿Preparada? ¿Para qué? - estaba anonadada, era como si me dijese que necesitaba algún tipo de práctica para tener una conversación con un esqueleto de lo más culto y con bastante sentido del humor -.

- Has despertado tu parte espiritual, algo que celebro y que me ha dado el visto bueno para empezar a conocernos - una persona normal habría sonreído tras esa información pero, no podía, ni siquiera tenía labios -.

Su voz seguía siendo sincera, me complacía, me relajaba y me sentía realmente protegida aunque fuera un esqueleto y pareciera una loca en medio de la poca oscuridad de aquel lugar tan lejano y solitario hablando prácticamente sola. Me cogió ambas manos con las suyas y me transmitió su energía, aunque suene algo extraño, sentía una sensación tan poderosa y fuerte dentro de mí que me quedé sorprendida, mis ojos castaños se abrieron como platos. Soltó mis manos, se puso la capucha sin decir una palabra más y volvió sobre sus pasos justo por donde había venido hacia mí con anterioridad.

Todavía estaba confusa y un poco intrigada, no sabía cómo había ocurrido aquello pero decidí creerlo, a fin de cuentas, desperté con todos los recuerdos de lo ocurrido al despertar. Al abrir los ojos, sentí toda esa energía que me había transmitido mi protectora, aquella que iba a ayudarme siempre, de hecho, unos meses después, pude servirme de ella cuando volvió la economía a mi vida después de mucho tiempo de escasez, después de muchos lloros y momentos duros, después de firmeza constante para no derrumbarme, creyendo que aquello terminaría pronto con la ayuda de la Santa Muerte, una mujer sanadora y fuerte, ¿o era un hombre?

A través de otro supuesto sueño donde ella volvió a visitarme, me confesó que le encantaba el ron, por lo que, como reconocimiento por su apoyo en mi situación, le puse un chupito justo al lado de una figurita que había comprado de ella para tenerla siempre cerca y tuve la sorpresa de que no había dejado ni una sola gota. Desde este momento, decidí creer en lo que no podía ver, decidí seguir con mi crecimiento personal y espiritual que me llevaría más allá de lo que tenía delante de las narices y poder confiar más en la vida sabiendo que ella siempre estaría ayudándome, que velaría por mí cada día y noche y que cada sueño sería una aventura y tendría una conversación constructiva diferente. Aunque no tenía ojos, ni labios ni carne, me había transmitido mucho más que si hubiese sido una persona, su energía me había llenado de vida, me había convencido de que era alguien que me valoraría siempre y que me conocía más que ninguna otra persona me conocería jamás, mi confidente de otro mundo...

Comentarios

  1. ¿Le gusta el ron? A mí no tanto, pero por la Santa Muerte podría hacer una excepción, una reflexiva plática entre copa y copa. Me ha gustado mucho el relato. Qué bueno ha sido encontrar tu blog.

    Saludos.

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    1. Me alegro que te guste tanto mi blog como este relato. Sí, he estado buscando información y le gusta el ron, digamos que es lo que más le atrae, aunque se puede probar también con cualquier tipo de bebida alcohólica.

      Gracias por comentar :) Saludos.

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