Ojos Negros:



Veía tus penetrantes ojos negros mirarme mientras corrías unos pasos más adelante que yo, no sé de qué escapabas pero no parecía que te diera miedo, era casi como si sonrieras, como si tu inocencia fuera pura, como si todavía no hubiese llegado tu hora de llorar, como si no supieras qué era el dolor. Todavía eras joven pero no tendría ni idea de cuántos años podrían formar a esa personita de pelo negro y corto por medio cuello con una pequeña coleta que cogía algo de él pero dejando el resto suelto, moviéndose a la misma velocidad que tus penetrantes ojos, esos que me tenían cautiva conforme te seguía sin darme cuenta de que mis pies verdaderamente querían pararse pero que mi curiosidad no les dejaba, que mis ganas de hablarte no podían con ello y necesitaran tan solo decirte "hola", preguntarte por qué corrías a través de los bosques como si algo quisiera hacerte daño, ¿era de mí de quién huías?

La falda azul cielo que llevabas y tus medias blancas que te llegaban a media pierna, me tenían intrigada, ¿habías salido del colegio? Era como una visión de mí misma que no conseguía desmigar, era como estar hablando con mi subconsciente pero sin poder hacerlo con normalidad porque te marchabas y, por mucho que lo intentara, no conseguía alcanzarte, te resistías demasiado a tu dosis de ser adulta, de centrarte en lo que de verdad importaba, en la seriedad que aporta la vida, al mundo en el que vivimos y que muchos jamás comprenderemos. Pasaste un umbral de piedra y pensaste que no pararía pero mis pies frenaron en seco al verte hacerlo también, tu media sonrisa me dejó algo inquieta, pero prefería mirar delante de nosotras el precioso parque que residía en aquel bosque apartado de todo, incluso de mi memoria... ¿de qué me sonaba aquel lugar?

Cogiste mi mano antes de darme cuenta, sin decir una sola palabra y me arrastraste hasta el banco que había justo delante de los columpios, ni siquiera querías que te balanceara, lo que ansiabas era que te observase. Miré a mi alrededor e intenté buscar a tus padres desesperadamente, ¿cómo tenían esa cara de dejar sola a su hija por este lugar tan solitario? A decir verdad, tiene algún paralelismo con la vida que tuve de niña, era como una especie de reflejo... Seguías sonriendo y no entendía por qué motivo, no había nadie a tu lado, me encontraste a mí, a un par de columpios y ya eras feliz, ¿eras estúpida o simplemente ignorante? Había cierta empatía en mi interior que me embriagaba, que me hacía sentir unida a ti, a esa tristeza interior que quizá, no te dejaba sonreír, esa tristeza que escondías entre las sábanas cada noche entre sollozos, entre momentos de absoluta soledad.

Metí ambas manos en los bolsillos encogiéndome de hombros y encontré un papel en uno de ellos. Era una fotografía de cuando era niña, era... exactamente igual que tú, me había olvidado de mi niñez, de lo que se sentía al volar entre la imaginación, de sentir la inocencia en cada poro de mi ser sin siquiera quererlo, de ser tan inocente como nadie me permitió ser. Alcé la vista, te habías levantado del columpio, no sabía por qué motivo, te sentías muy feliz intentando parecer normal y sabiendo en tu interior que nunca lo serías teniendo una vida como la que habías evitado tener siempre, tan sola y despreocupada de un adulto. ¿No había tenido infancia? ¿Cómo había podido olvidarlo? Saliste del parque, así que, te seguí intentando no perderte la pista y, mucho menos, de vista, era la única que tenía un ojo puesto en ti porque tus padres parecía que no habían estado pendientes de tu enseñanza o forma de vida, fuiste un cactus dejado en una ventana durante todo aquel tiempo, aprendiendo de los libros y alejándote de malas compañías. ¿Cómo podía saber tanto de ti?

En cuanto crucé el umbral de piedra, había una habitación a mi alrededor de un color rosa claro, con un escritorio de madera, algunos libros sobre tu mesita de noche y una cama pequeña en la que podía verte perfectamente disfrutando de la vida de ese personaje que te seguía a todas partes, en sueños, en cada situación diaria, en cada momento desesperado. Estabas tirada sobre la cama con aquel libro entre las manos, así que, me acerqué a ti y me puse de cuclillas para observarte con mayor atención, saqué la fotografía del bolsillo y pude confirmar el parecido... De repente, dejaste de leer y pusiste tus enormes ojos negros sobre mí como un felino, como si te dejase de importar el resto del mundo y yo hubiese sido el centro de atención en ese preciso instante en el que tan solo estábamos tú en un montón de lugares que dejé de recordar y simplemente, tu cuerpo empezó a fundirse con el mío como si de una fuerza inmensa se tratara y volvimos a ser una, mi infancia había vuelto a mí, los recuerdos, las vivencias que quise olvidar, la soledad que no dejaba de aparentar felicidad y el montón de momentos acostada en la cama entre variedad de palabras. 

Desperté. Estaba en el hospital, sola. Me dolía todo y parecía que no iba a salir de allí muy pronto, ¿había estado en coma? Al parecer sí, todas las enfermeras empezaron a agobiarme pero tan solo tenía esos ojos grandes y negros que habían huido de mí en el más allá, fijos a través de la ventana. Estaba nevando... las pequeñas cosas provocaban recuerdos que querían borrarlos, las canciones podían hacernos brillar, las palabras ser cautivos de ellas y la memoria... pequeños momentos que, a veces, olvidamos por ser tan testarudos, serios, aburridos y cascarrabias, ¿no deberíamos vivir más nuestro día a día? ¿Ser infantiles, que nuestras carcajadas sean las partícipes entre tumultos de gente que te observa como si estuvieses como una regadera? ¿A caso eso no era ser una adulta con momentos de niña feliz e inocente? ¿A caso no seguías siendo una persona? ¿A caso quieres ser normal como cualquier otro? Tómate tu tiempo... Solo piénsalo. 

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