Mirada al Vacío:



Día tras día tenía ilusiones, momentos intensos, éxitos incontables en el trabajo y un montón de esperanzas por alcanzar nuevos puestos, incluso tenía unas relaciones fugaces muy fructíferas, al día siguiente, ya no estaban, aunque ni siquiera me acordaba de sus nombres. Tenía una facilidad para pasar el día a día con una sonrisa y terminar las noches con unos buenos polvos, los fines de semana de risas con las amigas bebiendo sin parar y llegando a casa a las siete de la mañana y un viaje cada mes al sitio que me gustara, siempre tenía un pico para gastar bastante alto, así que, no me importaba en absoluto cuánto gastar porque sabía que tenía dinero de sobra.

Una mañana de lo más soleada y que iba a ser inolvidable, con dos reuniones a primera hora y con el café haciendo su efecto, me dirigí a mi oficina en el centro de la ciudad, ilusionada y llena de energía, no sabía por qué pero, sabía que me esperaba una buena noticia detrás de este precioso día, siempre positiva y mirando hacia adelante, ¡mi día ya era fantástico! Los pajarillos cantaban, mis oídos estaban servidos de música que albergaba un buen ritmo para no perder la emoción, mis pensamientos flotaban y poco a poco, llegaba a mi destino. Lo que no esperaba era que, al hacerlo, la mayoría de las personas que estaban sentadas en sus escritorios se quedasen mirándome fijamente, que algunos bajasen las miradas y otros casi ni pudieran hacerlo, ¿qué ocurría allí? Iba a enterarme en breves, cuando me senté en mi sitio intentando olvidar lo que acababa de pasar y al oír que la directora me llamaba urgentemente a su despacho.

Durante todo el trayecto hasta allí, estuve barajando un arsenal de posibilidades por las que me llamaría a su despacho. Un agradecimiento o ascenso fue lo primero que se me vino a la cabeza, así que, seguí pensando que sería eso y entré con una sonrisa de oreja a oreja porque mi actitud fue intachable desde que empecé en esta empresa. La directora Hightways me pidió que me sentara en la silla delante de su escritorio con la mano y es justo lo que hice, esperando en todo momento aquella buena noticia que esperaba desde esta mañana al levantarme. No podía equivocarme más:

- Elle, lamento decirte que a pesar de tu esfuerzo y dedicación a esta empresa, debido a la reducción de plantilla que estamos implantando por nuestro estado económico que bien habrás apreciado, he decidido y lamentándolo mucho, que no sigas formando parte de nuestro equipo - no hice ni un movimiento. Ella tan solo me miraba fijamente para encontrar una respuesta a esa dura reflexión pero nada de eso pasó, me quedé como en shock por lo que me estaba diciendo, así que, la directora siguió con su disculpa - Lo siento mucho, pero no estamos en posición de hacer otra cosa. Los más antiguos...

- Ya, ya, lo he entendido - espeté, aunque fuese una mentira como una catedral. No quería que me viese afectada, por lo que, me levanté de la silla rápidamente e hice ademán de irme aguantándome las lágrimas - No pasa nada, lo entiendo, de verdad. Está pillado, así que, ya... ya nos veremos - sus ojos estaban un poco abiertos al ver cómo me había tomado mi despido, todavía estaba algo impresionada, asintió con la cabeza ante mis últimas palabras y salí por patas de su despacho con la cabeza gacha y con un disgusto que no me lo quitaría ni el Sálvame -.

Jamás había tenido un solo pensamiento negativo pero quizá, había sido porque no había vivido sola en un estudio precioso que se debía pagar cada mes, mis padres lo hacían cuando vivía con ellos y hacía muchos años que no teníamos contacto alguno, estaba totalmente alejada de lo que se llamaría "familia" porque nunca han sido muy normales. Recogí mis cosas del escritorio y, con todas aquellas miradas puestas en mí, me largué por la puerta del que había sido mi segundo hogar durante cuatro largos años de dura dedicación y trabajo duro para conseguir ascender y con la esperanza de que así lo haría. No había estado por la calle a esas horas de la mañana, era demasiado pronto para volver a casa y estaba demasiado deprimida como para encerrarme en mis pensamientos, así que, fui a casa a dejar mis cosas, cogí dinero y me fui de compras, como cualquier mujer joven debía hacer antes de ajustarse el cinturón hasta casi no poder respirar para sobrevivir ante las desavenencias de no tener trabajo pero, seguro que era algo temporal, tenía muy buena presencia, un cuerpazo y unos ojazos eclipsantes, seguro que me cogían en cualquier sitio, podía permitirme unos caprichitos de última hora.

Al llegar a casa después de unas cuatro horas de compras exhaustivas de todo tipo de prendas y zapatos y de haber llenado unas ocho bolsas, me di cuenta de que me sentía un poquito mejor pero que la humillación persistía y la tristeza me embaucaba como si no quisiera la cosa. Lo que más me gustaba era organizar todas mis cosas en mi precioso armario que ocupaba una habitación entera, tenía colecciones completas de muchas marcas de ropa y zapatos, llegaban más juguetes para que ocuparan más sitio y mi precioso cuerpo. Pero, ¿qué iba a hacer ahora? ¿Echar currículums por tiendas, cafeterías, oficinas? Sí, eso haría y, en menos que canta un gallo, me cogerían con absoluta seguridad y le demostraría a mi ex directora y antiguos compañeros que les gusta cómo trabajo y que vale la pena quedarse conmigo, ellos se lo pierden. Todo esto, fue mucho más difícil de lo que me había imaginado...

Durante varios meses, estuve buscando trabajo sin parar y en todas partes me rechazaban. Pude seguir viviendo en el estudio porque tenía ahorros en diferentes cuentas pero, más adelante, tuve que pedirle dinero prestado a mis amigos, a los cuales, fui perdiendo poco a poco porque no les devolvía lo que me habían dejado para pagar el alquiler y otros gastos y porque, evidentemente, iba a pedirles más. Cuando no pude hacer esto, llamé a los caseros para intentar llegar a una solución para mi problema pero, lo único que pude conseguir fue un mes de retraso, pagar los dos meses juntos al mes siguiente y si no lo tenía, me echaban. Mi estrés fue tal que no paraba de caérseme el pelo a cada dos por tres, tenía retortijones, me temblaban las manos... en estos momentos, empecé a conocer a la verdadera ansiedad, la que podía acosarte día tras día sin importar cómo te levantases. Me vi a mí misma saliendo de aquel piso de un momento a otro pero, una llamada interrumpió la negatividad que seguía teniendo y que todavía me parecía terreno desconocido recordando cómo había sido yo hasta aquellos dolorosos momentos donde ya no tenía a nadie. 

- ¿Diga? - respondí rápidamente, no solía recibir llamadas de nadie, así que, aquello era por algo importante, ¡lo sabía! -.

- La llamo porque ha sido seleccionada en el trabajo de limpieza al que se apuntó - en ese momento, estuve a punto de llorar pero, no de emoción, sino de pura tristeza, ese era el futuro que me esperaba... tenía que ser mío de todas formas - ¿Va a poder venir mañana a primera hora?

- Por supuesto, claro... allí estaré - al cabo de unos minutos de inútiles formalidades, colgué el teléfono y respiré profundamente, al menos, era algo... -.

Por un lado, podía estar contenta porque tenía un trabajo, no me daban de alta en la Seguridad Social pero, al menos, era mejor que no tener nada. Llevaba un mes sin poner la lavadora, se me estaba terminando toda la ropa que tenía en mi preciosa habitación llena de marcas preciosas por no gastar agua, casi no encendía las luces del piso, de hecho, estaba llena de velas por todas partes para no tener que gastar más de lo que tenía que era nada y menos. Empecé en ese trabajo donde pagaban mucho menos de lo que me imaginaba y estaba prácticamente todo el día trabajando arriba y abajo limpiando un enorme apartamento de ocho pisos, llegaba a casa deshecha y era la primera vez que odiaba mi vida. Dejé de salir de casa si no era para comprar algo de comida y pagar el alquiler que llegaba realmente justita y no tenía para maquillaje ni para utensilios de cocina o caprichos varios para adornar mi piso, era un desastre.

Empezaba a vivir como las personas humildes, por así decirlo, tenía que ahorrar hasta lo mínimo porque sabía que si no, no podría sobrevivir allí. Mientras tanto, seguía echando currículums hasta que me cansé y decidí seguir limpiando aquel apartamento que era lo único que me quedaba, pulcramente y haciendo todo lo que me decían en el tiempo exacto para que no me echaran y volviera otra vez a la pobreza más extrema. Dejé de burlarme de esa gente que tan solo podía comer tortillas y arroz porque no podían permitirse más, dado que, durante mucho tiempo, fue lo que yo misma comía y era muy triste, pasé noches y noches sin dormir y con lágrimas en los ojos. Dejé de permitirme lujos y empecé a vestirme normalita, vendiendo utensilios de decoración que podrían pagarme el mes de alquiler y algo más, mi casa estaba prácticamente vacía, no podía creer que hubiera estado en el absoluto éxito y ahora en el vacío más tórrido y horrible, jamás hubiera imaginado que la tristeza vendría a mí y que estuviera mirando al vacío día tras día, en cada hora, en cada minuto y segundo, sintiéndome tan desdichada y a la vez, tan agradecida por no ser como era, por poder reconocer lo que mucha gente padecía y por tener, al menos, varios platos algo copiosos cada día, un techo donde refugiarme y echar un vistazo a un pasado que jamás volverá y a un futuro triste y vacío...

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