Transición:



A mi alrededor no veía otra cosa que oscuridad y terror, un montón de cuerpos putrefactos alzándose hacia mí en busca de carne fresca, de alimentarse de algo más que de los animales que podrían encontrar en el bosque. Siempre iba armada y he sido muy desconfiada, jamás me he atrevido a salir sin tener protección alguna como las jóvenes de la fábrica que, han salido a solas en un mar de ocasiones, sin supervisión ni armas, ¡es de locos! Detesto que la única persona que vea el peligro sea yo, no soporto que mire a nuestro líder y que, el muy inútil jamás tenga un plan viable para salir a por comida, bebida o cualquier cosa que nos llegue a hacer falta, ya sean medicamentos o ropa. No se toman esta situación en serio, los zombies que habitan las ciudades del mundo parecen juguetitos para ellos, es como si no tuviesen que ver con ello, como si la supervivencia fuese un modo de vida adquirido y para nada aprendido. No soportaba esa ignorancia absurda que tenían y toda esa modernidad clavada en las pequeñas habitaciones que se habían formado en los diferentes espacios de la fábrica en la que vivíamos, como si nadie fuese a morir o para tener la ilusión de decorar un matojo de tonterías en las paredes como si tuviesen alguna oportunidad de sobrevivir.

Volví de un pueblo que estaba a unos cuatro kilómetros de dónde vivíamos para recoger toda la comida posible, para mí, sí era un verdadero problema a pesar de los rezos de la señora Gloria al ver la falta de esta en nuestra despensa, pensaba que rezando iba a caer del cielo. Dejé a los zombies atrás y me encaminé junto con mi escopeta a la fábrica donde conseguimos una pequeña cabida en toda esta barbarie que se había producido entre nosotros. Al entrar, todos me miraron fijamente, dado que, llevaba una bolsa llena de comida cargada al hombro; la dejé en el suelo delante de nuestro supuesto líder porque, no tenía ni idea de cómo hacerlo:

- Aquí tienes. Toda esta comida nos durará al menos un mes - le miré a los ojos y no pude evitar añadir -: Dado que no se ha atrevido nadie a ir a buscarla, he salido de buena mañana al pueblo que hay a cuatro kilómetros de aquí para que podamos llevarnos algo a la boca.

- Hemos rezado tanto porque esto ocurriese... - todos reían como si estuviesen locos e intentaron abrazarme un par de veces como si fuese una iluminada o algo por el estilo pero, les aparté de mí de un empujón - Y, al fin, ¡ha ocurrido!

- ¡Seamos realistas! Ha ocurrido porque yo os lo he proporcionado, he arriesgado mi vida para traer comida porque nadie mueve un dedo por ello, todos sois una panda de pánfilos que solo rezáis para que os vengan las cosas - sus ojos se posaron en mí, ofendidos, sabía lo que debía hacer -: Me voy a mi cuarto.

Quizá no lo hacían a propósito pero me molestaba bastante que nadie moviese un dedo por ellos mismos y que creyesen que rezar era suficiente para sobrevivir en un mundo como este. Mi pequeña habitación de cortinas negras, estaba al final del segundo piso de la fábrica; al entrar, había una cama individual, una mesilla de noche de madera llena de todas las joyas que solía llevar y que apreciaba tanto, además de un pequeño armarito donde poner toda mi ropa que, a decir verdad, eran cinco pantalones y seis sudaderas negras que abrigaban mucho, dado que, siempre llevaba la misma chaqueta verde militar que me llegaba hasta las rodillas. 

Me miré en el pequeño espejo que me había dejado esa mañana sobre la cama recién hecha, estaba cansada. Mi cabello castaño estaba desaliñado y electrizado por el viento que hacía fuera, mis ojos del mismo color permanecían caídos y algo hinchados debido a las noches sin dormir que, a no confiar en ninguna persona que había aquí, prefería hacer guardias todas las noches para mantener esa seguridad en mí misma, al menos, para poder sobrevivir; mis labios finos estaban secos y cortados, hacía bastante frío y por las noches helaba aún más, así que, el cacao me duraba un par de horas y luego volvía a su estado habitual; mi cuerpo esbelto permanecía agotado, trataba de no desnutrirse, a decir verdad, sabía que no comía bien desde que todo esto ocurrió tres años atrás siendo nutricionista, no podía encontrar un solo aguacate, todo era comida enlatada.

Al verme en aquel espejo de esa manera, me di cuenta de que estaba cansada de ser el pilar de los demás, de hacer todo lo que ellos no iban a hacer por sí mismos, así que, decidí marcharme de la fábrica para empezar a vivir en solitario. Cogí un poco de ropa y un par de latas que tenía guardadas debajo del colchón de la cama, cuatro botellas de litro de agua para no deshidratarme y todas las armas que tenía guardadas en el armario debajo de la poca ropa que tenía. Me puse la mochila sobre los hombros y bajé al lugar donde estaban todos rezando y dando las gracias por aquello que tenían que, a decir verdad, si no hubiese sido por mí, ya haría tiempo que habrían muerto. Varios de ellos lo hicieron días antes, salieron a por algunos jabones y medicamentos y no volvió nadie más que yo y no me extraña, no han dedicado ni una sola hora a entrenar para saber cómo enfrentarse a los no muertos. 

En cuanto el líder vio que iba a salir por la puerta donde minutos antes había entrado para proporcionarles lo que más necesitaban en aquellos momentos, corrió hacia mí y me acercó hacia sí, preocupado:

- ¿Vas a salir sola?

- Justo como esta mañana, la diferencia es que ya no voy a volver - todos los presentes levantaron la mirada hacia mí y empezaron a lastimarse rezando para que no me fuera porque sabían que era su única baza para protegerse y alimentarse pero ya me había cansado de hacerlo, era paciente pero no imbécil - Que os vaya muy bien, de verdad.

-¡No puedes dejarnos ahora! - exclamó una joven a la que aprecié siempre pero a la que también tenía que dejar atrás por mi propio bien - Nosotras...

- Nosotras ya hemos acabado, tengo que irme - respondí con sequedad y olvidándome de aquellos preciosos ojos verdes que siempre me cautivaron -.

Salí de allí algo apesadumbrada por Susan, pero sabía que si le pedía que viniese conmigo, jamás habría accedido, estaba demasiado unida a todos aquellos charlatanes y a los materiales que les conseguían para adornar sus habitaciones, ellos eran su familia. Conforme empezaba a andar, todo a mi alrededor dejaba de ser tan tenebroso para pasar a deleitarme cada vez más, los zombies se extinguían y las personas que alguna vez quise, desaparecieron también, al igual que antiguos hábitos y momentos de soledad. El sol empezaba a brillar tanto que deslumbraba, sentía que todo mi cuerpo se calentaba con sus rayos y que siempre había necesitado algo así, al menos, desde hacía tres años, justo el momento en que todo cambió para mal.

Los zombies iban deshaciéndose a mi alrededor sin siquiera hacerles nada, no sabía si por mi energía personal o porque realmente todo estaba volviendo a la normalidad sin haberme dado cuenta antes. Caminé unos cuarenta kilómetros con aquella luz impresionante y me topé con un edificio precioso, el cual, me sorprendió ver, durante todo este tiempo, tan solo quedaban edificios abandonados y destruidos, ya nadie los reformaba pero, había gente allí dentro, había estudiantes... ¿cómo podía ser?, ¿es que no sabían que era el fin del mundo y debían protegerse de los no muertos? Aunque parecía que por aquí no había ni uno solo... ¿cómo era eso posible?

Decidí traspasar aquella enorme Universidad donde los estudiantes pasaban a mi alrededor totalmente ajetreados y mirando las pintas de superviviente que llevaba pero siguiendo cada uno con sus horarios. Todos ellos estaban vivos, sonreían... pero si en el mundo estaba muriendo gente, no comprendía cómo eran capaces de albergar tanta felicidad y compartirla con los de su alrededor, podrían entrar zombies y... Pero, al salir de aquel lugar evitando a cualquiera que intentara inscribirne en las diferentes especialidades que daban allí debido a mis malos recuerdos sobre ella, no dejé de maravillarme de la ciudad que se había construido allí, ¡era increíble y surrealista! ¿Cómo y cuándo había ocurrido esto? Pregunté desesperadamente a muchos de los ciudadanos que paseaban por las calles pero me miraban con extrañeza y no tenían ni idea de qué les estaba hablando, ¡zombies, qué tontería...! Con todo lo que luchamos para sobrevivir y tener un techo y una cama calentita donde dormir... ¿esto era algún tipo de broma barata? Llegué a pensarlo.

Caminé durante horas, ni siquiera sé cuántas y, al final de toda aquella arboleda que veía a lo lejos, había una ciudad inmensa. Pero no eran construcciones nuevas, eran de hacía muchísimo tiempo. Decidí sentarme en uno de los bancos que había en aquel acogedor bosque cerca de la civilización que me estaba esperando pero, ¿y si me había acostumbrado demasiado a...? De repente, algo interrumpió mis pensamientos. Una joven exactamente igual que yo, se acercaba cada vez más a mí pero estaba vestida justo como solía vestirme, mucho más joven, inocente y con una sonrisa de oreja a oreja. Mi sorpresa fue para ponerla en un cuadro, lo primero que se me ocurrió decir fue:

- ¿Qué es lo que está pasando? - debido a todo lo que pasé antes y después de la fábrica, mi voz sonaba algo más fuerte, intensa y tajante, al contrario de mi... ¿gemela? -.

- Todo por lo que has pasado está allí, toda la catástrofe, tus miedos, preocupaciones... es lo que tienes que olvidar para pasar a tu futuro que, cada vez ha ido mejorando, ¿verdad? - mi cara de extrañeza era un mapa - Vengo de tu pasado y sé lo que has sufrido, los zombies eran tus miedos y preocupaciones y aquella brillantez en el sol era una nueva vida que estaba esperándote - tenía una sonrisa de oreja a oreja incapaz de evitar, me daba repelús, sinceramente -.

- ¿Me estás diciendo que esos tres años no han existido, sino que ha sido una especie de lección de vete tú a saber quién que quería darme a mí? - asintió con la cabeza - Pues menuda chorrada...

- Puedes verlo aquí - me dio un teléfono móvil con un vídeo que se veía realmente bien - Yo tengo que irme, espero que encuentres todo lo que has estado buscando - me dio un beso en la mejilla y, dejándome anonadada, desapareció por el camino por donde yo había venido minutos antes -.

El vídeo me enseñaba todas mis experiencias pasadas, lo que ocurrió durante ese periodo de tres años, fue todo lo que sufrí con mi alrededor, mis amistades, pareja, familia... los zombies habían sido una especie de espejismo que querían hacerme ver mis miedos y preocupaciones, tal y como me había comentado mi "yo antigua". También, me enseñó todo lo que había mejorado desde hacía tres años y estaba realmente sorprendida de que lo hubiese olvidado... así que, este era mi nuevo momento, esta ciudad que tenía en frente de mí era mi futuro, estaba esperando mi llegada. 

Me levanté del banco y di un paso al frente, un pie delante del otro, caminando poco a poco, reconociendo el terreno, justo como solíamos hacer en aquellos tiempos oscuros donde los miedos eran los protagonistas de mis espejismos. Me adentré en mi nueva vida, empecé a tener sueños, esperanzas y la felicidad hizo que pudiera olvidar el camino de vuelta, el camino hacia mi pasado hueco y sin sentido, el que siempre había querido pasar por alto pero que me tenía eclipsada. Mis nuevos objetivos me miraban de frente, los sentía cerca y me llamaban, sus energías me envolvían y la ciudad trató de hacerme sentir cómoda. Esto era lo mío, lo que había estado esperando con tanto ahínco, al final, la esperanza se hace tan real como la vida misma, el sueño anterior ha terminado para poder ver con unos nuevos ojos y una realidad distinta.

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