Pasión en Palabras:



Había terminado completamente mi historia, jamás había creído que fuese capaz de ello, siempre había estado dando tumbos de aquí para allá sin sentido y, cuando me decidía a hacer algo interesante, siempre me aburría o terminaba por cagarla. Mi libro estaba terminado por fin, como he dicho, después de mi increíble esfuerzo, de noches enteras de inspiración que no quería desaprovechar en vela, momentos de intensa frustración porque no sabía cómo seguir con la historia hasta que una idea fantástica venía a mi mente triunfante y conseguía terminar el capítulo y después de sacrificar muchas salidas por esto, por un sueño que siempre esperé que se hiciese realidad.

Tenía muchas opciones con las que ponerme a trabajar, en mi ciudad había tantas editoriales que era muy posible perderse, así que, ya las tenía preparadas en mi libreta de notas para poder ir enviando mi interés por enviarles mi manuscrito con orgullo por lo que había creado con imaginación y pasión. Cada día, se iban frustrando más mis ilusiones inocentes por progresar como escritora, por formar parte de un mundo más que mágico pero, a la vez, oscuro y difícil de acceder, nadie sabía lo buena que era y parecía que no quisieran averiguarlo. Los emails que me llegaban eran de rechazo y, la verdad, ya no sabía qué hacer con aquella historia terminada que ya nadie quería, mis deseos parecían tener poca importancia y la pasión que había invertido en ellos, no hacía que a la gente le interesara.

Decidí salir una noche a tomar el aire, no sabía cuánto hacía que no daba un paseo como dios manda desde que empecé a tomarme en serio el libro. El viento fresco rozaba mis mejillas rojas debido al frío pero también al haber activado la circulación al volver a hacer ejercicio, el mundo no gira en torno a estar sentada en el ordenador constantemente, el cuerpo también tiene necesidades, ni siquiera recuerdo la última vez que hice el amor, ¿fue hace dos meses?, ¿tres?, ¿quizá cinco? Oh, lo mío ya empieza a ser grave, nunca pensé que me volvería responsable... La música resonaba en mis oídos, de una forma cálida, abrazaba cada uno de mis sentimientos frustrados y los convertía en esperanzas que no sabía muy bien hacia dónde irían pero prefería que persistieran, la oscuridad de la calle hacía que mis ojos negros pusieran más atención en mi alrededor para no ser atacada o violada por vete tú a saber... aunque, con el tiempo que llevaba sin sexo... dios, estaba para encerrar.

No había nadie en aquel parque, parecía tan relajante que me senté en uno de los bancos que me llamaba para descansar las piernas, tanto tiempo sentada era matador incluso para la espalda. Noté que mis labios se cortaban debido al frío, así que, decidí ponerme un poco de cacao pero... no me había acostumbrado a coger el bolso, por lo que, había salido de mi casa tan campante tan solo con las llaves de casa, con este despiste doy gracias de haberme acordado de ponerme un abrigo... Cerré los ojos para relajarme, no soportaba tanta torpeza en un solo día y mucho menos si provenía de mí pero, al sentir mi cabello castaño oscuro ondear al viento, me empecé a sentir tan en paz que empezaban a olvidárseme todos mis problemas, hasta que una voz dulce y suave, interrumpió mis pensamientos:

- La frustración no lleva a ninguna parte - afirmó la joven que se había sentado justo a mi lado. Tenía el pelo de un rojo intenso, unos ojos verdes tan inocentes y cautivadores que no podía creer que algo tan bello pudiese existir en este universo, su tez pálida daba lugar a unas pecas debajo de los ojos a penas perceptibles pero que la hacían parecer una niña, sus labios finos estaban pintados de un color carmín suave en combinación con su cabello y su cuerpo delgado dejaba entrever a una joven inocente, dulce y feliz, vestida con unos vaqueros azul oscuro, una camiseta de color cían y una chaqueta negra muy caliente y con pieles en la capucha -.

- ¿Disculpa? - había estado tan pendiente de su aspecto que había olvidado por completo su afirmación, algo de lo que parecía estar muy segura desde que había llegado, como si me conociese -.

- Es evidente que estás frustrada por algo - me cautivaba lo espabilada que estaba, aunque no tenía ni idea de qué edad tenía pero, era intuitiva, sin duda. Desvié la mirada intentando no parecer tan transparente ante una desconocida - Tan solo te va a servir para que te sientas peor y no avances.

- No... no estoy frustrada - tartamudeé con torpeza, estaba claro que me había pillado pero, ¿quién era ella para analizarme? -.

- Tienes cara de no haber dormido en varias noches seguidas, los ojos cansados y con ojeras, clara sensación de que has estado trabajando mucho durante un tiempo y no has salido ni siquiera para despejarte, a juzgar por la curvatura de tu espalda al sentarte y por la queja susurrante que has producido al sentarte proveniente de tu parte lumbar. Has cerrado los ojos fuertemente al creerte torpe, es algo que no soportas y, al parecer, has estado desconectada del mundo porque no hay ni una persona joven que salga de casa sin su estúpido smartphone - sonrió de oreja a oreja después de haberme calado por completo, me había quedado más helada que la temperatura que hacía en el parque - Eres como un libro abierto.

- ¿Tanto se nota? - la simpática desconocida, asintió de forma decidida - Pues no era mi intención hacerlo notar, hasta para eso soy un desastre.

- No hace falta que tires más piedras sobre tu tejado, creo que eres una persona muy interesante y te has esforzado día tras día en ese proyecto tan bonito que tienes entre manos, te mereces que alguien lo muestre al mundo - no podía ser tan transparente, era imposible que supiese que había escrito un libro si ni siquiera había hablado conmigo, no nos conocíamos lo más mínimo y se había sentado conmigo en un momento bajo de mi vida -.

- ¿Y cómo sabes todo esto, emmm...? - le hice una señal para que me dijera su nombre, ni siquiera se lo había preguntado porque, en cierto modo, era como si su forma de hablar me resultara familiar, aunque todavía no había descifrado de qué -.

- Aurea, ese es mi nombre - sonrió como una niña pequeña inocente y con muchas ganas de conocer mundo -.

- Es un nombre muy bonito, yo soy Kath - en el momento en el que nos dimos la mano, fue como si un mar de estrellas y palabras de lo más puras giraran en torno a nosotros provenientes de ella -.

Quise acompañarla a casa debido a la edad que suponía que creía que tenía, pero no quiso, dijo que quería un poco más de la pasión de las palabras. No entendí para nada lo que acababa de decirme, por lo que, tan solo me metí en casa e intenté seguir con la búsqueda de editoriales que quisieran darme una oportunidad. Intentaba creer en las palabras de Aurea, quería firmemente sentirme tan interesante y entregada como ella me había descrito pero cuando estaba sola ante tanto rechazo, no era capaz de centrarme demasiado en ser positiva y en sus entrañables palabras.

No salí durante unos cuatro o cinco días, la verdad es que temía haber perdido la cuenta de los días en los que no había salido, poniendo todo mi empeño en encontrar a alguien que publicitara mi pasión hecha palabras. Decidí volver a salir de noche y Aurea estaba en el mismo banco en el que nos conocimos, parecía que estuviera esperándome, como si hubiésemos quedado o algo por el estilo, era como si me leyera el pensamiento.

- ¿Más rechazos? - preguntó Aurea, nada más sentarme a su lado con pesadez. Asentí con la cabeza -.

- Ya no sé qué más hacer, con quién más contactar... prácticamente he enviado mi petición a un montón de editoriales y estoy harta de que me rechacen con la excusa de que ahora mismo no están buscando nuevos autores para su equipo y que tampoco les interesa mi historia de momento - le dije, ya subiendo un poco la voz pero su mano en mi hombro, consiguió que mi cuerpo se relajara como por arte de magia -.

- Tengo un regalo para ti - mi extrañeza la hizo sonreír de una forma inocente. Sacó de su bolsillo un papel y me lo dio con el nombre de una dirección - Quiero que vayas a hablar con este editor, se interesará por tu historia y la publicará.

- ¿Cómo?, ¿le conoces? - estaba totalmente anonadada con aquel papel en la mano y con su letra tan estilizada y perfecta -.

- Tan solo ve allí, te dará la oportunidad que estás buscando - me dio un beso desinteresando en la mejilla y se levantó para marcharse pero le cogí del brazo rápidamente para que no lo hiciera, quería seguir hablando con ella -.

- ¿Por qué haces todo esto? - era la primera pregunta que se me había ocurrido desde que la había conocido días atrás. Ella se encogió de hombros y, con una mirada dulce y profunda, respondió -:

- Porque estoy aquí, como cada palabra que escribes y creo en ti - me puso la mano en el lugar donde está el corazón susurrando aquello con cariño y pasión, como si nos conociésemos de toda la vida. Estaba impresionada con todo lo que estaba pasando -.

Sin perder más tiempo, al día siguiente, me dirigí a la dirección que me había dado Aurea. Esperaba que todo aquello no fuese una broma porque tenía una extraña sensación pero tan buena y reconfortante que prefería confiar en ella que no retenerla en el lugar infernal de mi mente donde acababa todo el que me molestaba. El editor vivía en un loft precioso a las afueras de la ciudad, pintado todo de blanco por fuera y, dentro de unos minutos, vería que también tenía el mismo color en su interior. Tendría unos cincuenta y cinco años, cabello canoso con unas gafas de pasta estilizadas que le quedaban perfectas al rostro, sus ojos azul oscuro tenían una profundidad eclipsante, los labios finos y apretados, se veía un hombre serio y pulcro, a juzgar por cómo iba vestido, con traje y corbata de color gris oscuro.

- Hola, buenos días. Soy Kath, vengo de parte de una amiga... se llama Aurea - el editor no parecía tener mucho interés en mis palabras, de hecho, parecía creer que tan solo venía a darle propaganda estúpida de alguna compañía de teléfonos -.

- No me suena, estoy ocupado, así que... - fue a cerrar la puerta pero, siendo la única oportunidad que tenía para triunfar en aquello que me apasionaba, interrumpí aquel momento poniendo la mano en la puerta para evitar que cerrara - Disculpe, señorita...

- Oiga, esto es muy importante para mí, usted es mi última oportunidad para seguir con lo que más me apasiona - por fin tenía su absoluta atención, sus ojos centrados en mí por completo, aunque he de reconocer que me imponían de lo lindo. Me empoderé como pude para seguir con aquello - He estado escribiendo un libro desde hace un año y medio, se trata de una joven que trata de luchar contra los demonios interiores que la atormentan, lo mismo no tiene interés ahora pero debería leerlo y darme su opinión... por favor.

- ¿Tiene una copia? - asentí rápidamente y se la dí - Leeré su libro, en una semana tendrá una respuesta, la llamaré.

Me fui tan contenta a casa que no cabía en mí de orgullo, satisfacción y nervios por todas partes. Me daba igual de dónde hubiese sacado Aurea la información de este editor, pero había acertado, parecía ser honesto aunque bastante serio y seco, esperaba que esto cambiara con el tiempo... Al entrar por la puerta, no pude creer lo que veían mis ojos, Aurea estaba sentada en la silla de mi escritorio, frente al libro que había escrito, no había cosa que más me irritara que alguien se sentara en ese lugar específico donde creaba puro arte aunque nadie se hubiera esforzado por apreciarlo lo más mínimo.

- ¿Qué haces aquí?, ¿cómo has entrado? - las preguntas se agolpaban en mi mente, sobretodo si seguía sonriendo como si no pasara nada y como si el hecho de existir una ley que prohíbe entrar en casas ajenas no le afectara -.

- ¿Qué tal te ha ido con el editor? - tampoco me explicaba cómo sabía dónde estaba en todo momento, ahora sí que aumentaban mis ganas de averiguar quién era en realidad mi amiguita misteriosa -.

- Tenemos que hablar - le dije seriamente, mirándola con fijeza y seriedad, se habían terminado los jueguecitos infantiles e inocentes - No sé cómo apareciste así de repente en mi vida como si leyeses mi mente o algo, me dieras una dirección de un editor que ni siquiera sabe quién eres y que entres aquí sin haber forzado la puerta de la entrada ni por la ventana - analicé lo más pulcramente que pude, como ella hizo cinco días antes - Explícamelo.

- Vale... pero no alucines - en ese momento, empecé a ver que toda ella se volvía de un color amarillo acompañado de estrellas potentes, fue desapareciendo y metiéndose en el libro que yo misma había escrito. Pasó lo mismo cuando pasó un minuto exactamente y Aurea salió de él como si viviera en su interior. Mis ojos se abrieron de par en par, al igual que mi boca, me había quedado en shock - Soy el espíritu de tu libro, por eso sabía más cosas de las que debía saber sobre ti y sobre dónde debías ir para que te diesen la oportunidad que tanto estás esperando.

- Pero, ¿cómo...? - Aurea me contó que todos los libros están escritos con la pasión de los mismos autores que se dedican a ellos en cuerpo y alma, así es como cada uno de ellos empieza a existir dentro de los libros, son la pasión misma de los libros - Vale, he alucinado, tenías razón.

El editor me llamó una semana después dándome las buenas noticias de que iba a publicar mi libro, que era muy ingenioso y que estaba impaciente por tener una charla conmigo sobre ello. Sabía que la pasión que tenía dentro había florecido y se había hecho realidad para formar parte de mi vida y, muy pronto, de la vida de los que lo leyeran. Tenía nuevos proyectos en mente, Aurea me dio una lección importante y era simplemente que luchar es lo que lleva a los escritores a triunfar y no la frustración por unos cuantos rechazos absurdos que pierden más que ganan, que las palabras son mucho más que juntar letras y quién se interesa por tu historia es la persona por la que vale la pena expresar lo que sientes en futuras obras.

Después de una publicación de mi libro tan exitosa, siguieron las firmas de libros, las entrevistas, el dinero y la nueva vida... Aurea me siguió en cada uno de mis momentos, los nuevos proyectos se forjaban en mi mente y las nuevas palabras fluían día tras día con cariño y poniendo pasión en las palabras, las que muchos llegarían a entender en un futuro...

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Me alegra de que te guste. ¿Ah, sí? ¿Y cómo fue?

      Muchas gracias por comentar. Un beso.

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