A Través del Espejo:



A través del espejo pude verle, notar esa sensación de odio incontenible y completa ignorancia hacia lo que es la empatía, no podía verme pero yo sí podía hacerlo, de hecho, podía sentirle, no me preguntéis por qué, no tengo ni la menor idea. Su mirada calculadora observaba el lugar que iba a ocupar el detective Meers que se sentaría en la silla que había delante de él unos minutos más tarde. Su cabello completamente negro y sin una sola cana, permanecía peinado hacia atrás, sin un solo pelo fuera de su lugar, era impresionante el perfeccionismo que le envolvía; su sonrisa era de pura satisfacción, de una complejidad que ninguna mente captaría, unos labios cautivados por la tragedia de otros, enamorados de la muerte; su piel estaba algo pálida, indicio de que no salía demasiado y no le daba el sol, pero parecía muy fina y sin una sola costra por sequedad; su cuerpo esbelto permanecía erguido sobre la silla de metal sin mostrar ademán de moverse hasta que no apareciera el interrogador que más tarde se iría con las manos vacías.

El detective Meers entró por la puerta decidido. Se sentó en la silla que antes miraba aquel hombre que hacía florecer el miedo en cualquiera que le mirase, una sensación de oscuridad. Abrió el expediente y cruzó las manos en señal de seguridad, el interrogado permanecía en la misma posición, parecía ignorar todo lo que tuviera que ver con emociones o sentimientos, ni siquiera una sola mueca, tampoco respiraba el miedo de acabar en la cárcel o en la desesperación por sus familiares, absolutamente nada...

- ¿Puede decirme qué hacía entre las dos y las tres de la madrugada del veintiocho de octubre? - el detective miró al hombre que tenía justo delante, con fijeza y seguridad -.

- ¿Y usted? - su voz era algo gruesa pero con una entonación perfecta, sin temblores de ningún tipo y con ignorancia hacia el miedo -.

- El que está sentado en esa silla no soy yo - respondió el detective Meers con autoridad y sin miramiento alguno - ¿Puede responder a la pregunta, por favor?

- Matando a su mujer - sus profundos ojos se clavaron en Meers, no logré ver su mirada, pero juraría que no estaba pasando por un buen momento -.

- ¿Reconoce haber matado a la señora Dona Guppengieu? - su voz no cambió en absoluto, pero apostaría lo que fuera porque estaría deseando salir de allí para poder respirar y procurar no matar al hijo de puta que estaba reconociendo haber matado a su mujer. Aquel hombre con oscuridad en la mirada asintió con la cabeza - ¿Por qué?

- Usted nunca me cayó bien, así que, después de semanas de obsevaros, conseguí sacarle de su casa para entrar y secuestrarla, una gran mujer en la cama, a decir verdad... - el detective se mordió los labios en señal de mantener la calma como fuera posible -.

- Mi hija, ¿dónde está? - le preguntó de forma severa -.

Silencio. Estaba claro que aquel hombre no pensaba colaborar, así que, el detective Meers decidió levantarse, apagar la cámara de seguridad de la sala y darle palizas hasta hacerle reaccionar. Así lo hizo. Su nariz empezó a sangrar, al igual que su labio cortado y otro corte que le dejó en la ceja, pero aquel hombre no dejaba de reír, sus carcajadas resonaban en mi cabeza, en aquellas paredes de hormigón en las que no me oía nadie, en las que permanecía en mi más absoluta soledad después de una gran pérdida.

Aquel hombre tan solo dijo cinco palabras de lo más enigmáticas, algo que conseguí entender unas horas más tarde, al mismo tiempo que el detective Meers:

- Mire a través del espejo - siguió sonriendo. Las preguntas del detective dejaron de tener importancia, las carcajadas de aquel enigmático psicópata no le dejaban hablar más, tampoco iba a colaborar, así que, directo al calabozo -.

Durante toda la tarde estuve viendo interrogatorios sin sentido, ya había terminado la diversión. Tan solo tenía una cama en aquella habitación amplia, un váter al fondo para higiene variada y una mesita en la que tenía un libro. Llevaba dos meses en aquel lugar, alguien me mantenía cautiva pero tan solo podía ver sus manos, dado que, me pasaba la comida por debajo de la puerta y jamás hablaba conmigo, supongo que no era demasiado inteligente para él/ella. A decir verdad, llevaba un par de horas de retraso en traerme la comida... ¿qué le había pasado?

Me fijé en que, de repente, el detective Meers y otra mujer de su mismo equipo, entraban en la sala de interrogatorios. Al parecer, hablaban sobre la niña secuestrada y el psicópata que horas atrás había estado sentado en esa silla tan ruidosa:

- ¿A través del espejo? - preguntó la detective - ¿Tienes idea de qué puede significar?

- A Gracy le encanta ese libro. Va de que una niña está atrapada al otro lado de una pared, ella puede ver a través de un espejo pero los demás no pueden verla a ella... - de repente, se giró hacia la pared poco a poco, se había dado cuenta de algo - ¿Podría ser que...? - empezó a tocarla desesperado como dándose cuenta de que su hija podía estar al otro lado como el libro que leía -.

Al principio, pensé que era un hombre perdido, que quería tanto a su hija que ya no sabía qué inventar para ayudarla y volver a verla pero empecé a ver sus manos a través de mi espejo, justo como ocurría en el cuento que tenía encima de la mesita de noche. Mis ojos se abrieron de par en par, yo era la niña que aquel psicópata había apartado de él, yo era Gracy, ¿por qué lo había olvidado? Cogí sus manos y, de repente, me vi desorientada en la sala de interrogatorios, justo encima de mi padre.

Durante semanas permanecí en una incógnita constante en mi mente, no entendía por qué ya no me sentía en mi hogar. ¿Por qué no podía olvidarme de aquella habitación de hormigón, de aquella soledad y la tranquilidad que me embriagaba? Desde que cogí sus manos y me sacó de aquel espejo, ya no era la misma, no me sentía como una persona normal ni como alguien que tuviese emoción alguna, aquel lugar me había cambiado completamente, mientras mi padre se sentía lleno teniéndome a su lado y llorando la pérdida de mi madre, aquella mujer a la que ya no echaba de menos... ¿por qué?


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