Muñeco de Trapo:



Tan solo y desesperado permanecía en mí, encerrado en unos sueños que no podía cumplir y ante unas miradas que no soportaba encontrar cada día. Mi corazón se ha parado, ha dejado de creer en los demás, en aquellos que decían que les interesaba lo más mínimo. Me mantenía hipnotizado, con los ojos puestos en la nada, observando las sonrisas de cualquiera y los labios de ninguna, intentando completarme con positivismo aunque, a veces, el realismo ha sido el protagonista de esta dramática historia.

Mi cuerpo está a merced de quienes quieren hacer daño a otros, les oigo gritando en mi mente, así es como sé que el dolor ha llegado hasta ellos. Las agujas se meten en la profundidad de mis entrañas y no sé qué es peor, no poder gritar o que mi corazón esté roto por saber que estoy ayudando a otros a hacer daño. El hambre se ha disipado, adoraba las hamburguesas vegetales y las frituras de verduras pero, incluso ese delicioso sabor ya se ha ido.

Adoraba mis tardes en el jardín, sintiendo el aire en la cara, recordando los buenos momentos que formaban mi vida hasta que fui encerrado en trapo, moviéndome de aquí para allá sin comprender cuál era exactamente mi valor. Añoro las cervezas de cada noche y las jóvenes que cruzaban por mi cama cada día, disfrutaba de esos momentos como si fuesen los últimos, dejando que mi cuerpo fuese poseído por sus labios, me encantaba que me desnudasen con la mirada e intentaran cautivarme con aquella lencería que me dejaba fuera de sí cada vez que las miraba con perspicacia y fiereza. Me pregunto si todas esas circunstancias me han llevado a esto, si esta pequeña cárcel personalizada ha sido mi castigo por todos mis pecados.

Unos ojos oscuros que mostraban el mayor enfado que jamás había visto, se posaron sobre mí con tal odio y rabia que pensé que iba a deshacerme entre sus manos, pero la joven consiguió mantenerme en ellas sin caer. Conseguí verme a mí mismo en una fotografía que tenía sobre la mesa, al parecer... era mi tipo, ¿había estado conmigo? Ese era mi problema, jamás recordaba con quién me acostaba... Empezó a susurrar cosas ininteligibles debido a que no tenía orejas, tan solo podía leer sus labios, así que, traté de encontrar alguna otra pista para saber quién era. Logré ver en su camiseta azul claro su nombre bordado en verde y toda mi mente dio un golpe, era Muriel, una de las pocas chicas que me habían llamado la atención hacía tiempo y una de las muchas a las que engañé, era demasiado inmaduro para permanecer en una relación seria y prefería moverme de flor en flor para ocultar mis verdaderos sentimientos.

Noté pinchazos en el corazón debido a las agujas y cómo se me rompía poco a poco. Era como si me hubiera explotado mi interior, cómo su odio me despedazaba y cómo sus ojos seguían clavándose en mí con ira hasta que me deslicé entre sus manos y caí al suelo con fuerza. No podía respirar, mi cuerpo se estaba evaporando, empezaba a ver borroso hasta que expiré con intensidad, recuerdo que fue una muerte muy lenta, incómoda y asfixiante, era un muñeco de trapo roto y desechado, tal y como hacía con ellas, me lo merecía...

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