Otra Vida:



Gritaba, pero nadie podía oírme. Mi hijo de diez años me miraba con aquellos ojos verdosos heredados de mí, tan preciosos como su sonrisa, anonadado al verme, como si jamás hubiera visto a su madre mirándole de aquella forma. Mi marido hacía tiempo que no escuchaba nada de lo que le decía, se había vuelto alguien totalmente indiferente tanto a mí como a mis quejas sobre una enfermedad que difícilmente me dejaba levantarme de la cama. Era curioso el hecho de no poder decir aquello que pensaba con total confianza, tenía que medir mis palabras constantemente y, últimamente no me sentía yo misma; todavía no había resuelto ese acertijo de mi vida dado que me pasaba los días intentando complacer a alguien que ya no me amaba y con el que tenía discusiones constantes, al menos, cada día; agotarían hasta a la persona más fuerte del mundo.

No tenía intención de abrir la boca en aquellos momentos, tan solo quería observar cómo se comportaba mi familia a lo lejos, quería ver cómo mi hijo Marcus se lavaba los dientes después de cada comida, se ponía el pijama él solo y conseguía dormirse con la luz apagada, después de estar durante más de tres años atemorizado por dormir solo en su habitación con todas las luces apagadas, estaba empeñado con que los monstruos permanecían debajo de su cama y dentro del armario que había justo en frente de la misma; siempre me había fascinado esa imaginación tan intensa de los críos, jamás sabías qué se les podría estar pasando por la cabeza en aquellos momentos.

- Sabía que vendrías - cuchicheó Marcus nada más verme entrar en su habitación -.

- Claro que sí, pequeñín. Quería darte las buenas noches antes de que te durmieras como un hombre con todas las luces apagadas - ambos nos reímos. Decidí sentarme a su lado, hablar con él durante un rato hasta que se durmiera, sabía que no tardaría demasiado dado que había estado todo el día en el colegio correteando con sus amigos durante las horas de recreo -.

- ¿Verdad? Los monstruos ya no me dan miedo - me dijo aquel granujilla de tan solo diez años y que ya sabía tocar el piano como un verdadero maestro - No son más que miedos absurdos.

- ¿Pero sabes que puedes seguir teniendo? - Marcus me miró a los ojos realmente intrigado, quería saber exactamente qué tenía en mente para él - Imaginación. Es muy importante para poder desarrollar nuestros sentimientos y talentos.

- ¿Como el piano? - asentí, increíblemente orgullosa de él - Eso es un talento, ¿verdad?

- Por supuesto. Incluso tú mismo eres mi talento - me encantaba cuando sonreía de aquella manera tan tímida y, a la vez, tan especial cuando le decía cosas dulces o llamaba su atención de alguna manera similar a aquella -.

Finalmente, se durmió. Le miré, inspeccionando cada rastro de aquella cara perfecta que se había estado creando en mi vientre diez años atrás y que me hizo la mujer más feliz de todos los tiempos, aunque mi relación con Seth siguiera siendo un desastre, no había nada más bonito que aquello. Su cabello rubio y corto descansaba sobre la almohada blanda de "Pikachu", sus ojos verdosos yacían cerrados en un descanso profundo, sus labios finos permanecían unidos y totalmente relajados, su cuerpo esbelto era el de un pianista que terminaría comiéndose el mundo; estaba realmente orgullosa de él.

Salí de la habitación y me dirigí al salón, justo donde estaba Seth. Algo había cambiado pero no sabría describir el qué, era como si estuviésemos cada vez más distanciados, algo que no había notado con Marcus, había una barrera transparente que hacía que no pudiera tocarle ni tampoco oírme, era algo bastante extraño dado el hecho de que seguía estando allí con ellos, compartiendo nuestras vidas justo como antaño. Me senté en el sofá, justo a su lado y lo que estaba viendo en la televisión, me dio qué pensar: Los vídeos de nuestra boda. Se sentía apenado, podía notarlo por todos los poros de mi piel, estaba fuera de sí, hipnotizado y casi sin aliento, parecía estar respirando un aire distinto que le contaminaba por dentro, que le estaba dejando totalmente helado y solitario. No entendía por qué estaba de esa manera si estaba justo a su lado, el que decidió ignorarme en un primer momento fue él, así que, como no sacaba nada en claro con aquella cara impasible llena de sentimientos encontrados hacia mí, decidí echarme en la cama, me sentía cansada, como si no encontrara mi camino... un sentimiento algo extraño, ¿verdad?

Había fotos por todo el pasillo, ni siquiera recordaba haber puesto tantas. Habían marcos de diferentes colores y había dos anillos justo en la misma mesilla donde estaban las fotos: Los anillos de boda. Miré mis manos y no tenía ningún anillo en ellas, intenté cogerlo pero no pude, permanecía allí parada intentando tocar cosas que no podía tocar y creyendo que algún día podría volverme visible para Seth, dado que Marcus podía verme. No sabía qué había pasado con nuestra familia, hasta qué punto tan remotamente grave habíamos llegado para dejar de vernos, de hablarnos e incluso, de oírnos mutuamente, el hecho de haber creado una barrera fuerte y resistente entre nosotros para que no pudiera pasar nada por ella, ningún tipo de sentimiento. Seguí caminando hasta nuestra habitación. Me di cuenta a los pocos minutos que solo estaban las cosas de Seth, no estaba mi ropa en el armario ni mis perfumes sobre el empotrado, ¿dónde estaban mis cosas? Estaba increíblemente confusa, no entendía en absoluto qué estaba pasando en mi vida, no sabía cierto si Seth y yo habíamos dejado de vivir juntos y tan solo había pasado por allí para recoger algunas cosas que había dejado en esta casa, aunque no recordaba cuáles. Sonó el teléfono varias veces, Seth lo cogió antes que yo, pero quise averiguar qué estaba pasando, así que, cogí el otro teléfono fijo que teníamos en nuestra habitación y tapé los agujeros del mismo para que no se oyera mi respiración al otro lado.

- ¿Diga? - respondió Seth, con voz cansada y desalentadora. ¿Qué ocurría? -.

- Hola, Seth. Tan solo quería darte el pésame - me quedé helada, no estaba segura de qué estaba hablando pero suponía que la persona que había muerto era su madre dado el hecho de que estaba bastante mal del corazón y había tenido ya dos infartos - Siento mucho lo ocurrido, quiero darte mi apoyo en todo lo que necesites.

- Te lo agradezco, Holly - era una de nuestras íntimas amigas, parecía preocupada y bastante dolida por la pérdida. ¿En resumen? Seguía sin entender nada - Gracias por llamar, de verdad. Marcus y yo te lo agradecemos mucho.

- ¿Cómo lo está llevando? - preguntó, con una vez algo más esperanzada. Esperaba una respuesta positiva, aunque sabía muy por dentro que no lo era -.

- La pérdida le está costando, estaban muy unidos y ahora mismo está afectado, como es de esperar - las lágrimas brotaban de unos ojos negros y profundos como nunca las había visto brotar, dado que siempre había sido un hombre serio y sin razones de ser - Grace siempre estará con nosotros, nunca olvidaremos lo que significó para todos aunque nuestro matrimonio no estuviera en el mejor momento.

- La muerte crea un recuerdo, Seth. Recordémosla exactamente como era - Seth lloró a voz en grito y no podía parar, jamás le había visto de aquella manera -.

Me quedé terriblemente anonadada por el comentario de Holly. Debía permanecer en sus corazones y en el recuerdo, así que... ¿no estaba aquí realmente? ¿Por qué había dicho lo de la muerte? ¿Estoy muerta? Más preguntas borboteaban intensamente en mi cabeza sin darme tiempo a pararla, demasiado para asimilar. Dado que estaba claro que Seth no iba a mediar palabra, decidí mirar en su escritorio para ver si podía encontrar alguna cosa que me sirviera para comprender mejor lo que había ocurrido en aquel lugar que parecía no ser mi casa ya. Lo que me demostraría que no pertenecía al mundo de los humanos, era el papel de periódico posado justo en el centro de la mesa, Seth lo había dejado allí porque hacía unas horas lo había vuelto a leer para asimilar lo ocurrido conmigo. 

Estoy muerta y simplemente he ido vagando por aquí sin rumbo alguno porque no tengo ni idea de dónde está la paz exactamente. Mi extraña enfermedad no fue la que acabó conmigo dado que tan solo era un problema difícil de resolver con la cobertura de los nervios que me producían unas descargas eléctricas tan fuertes que llegaron a doblarme las piernas y a caerme varias veces de bruces contra el suelo; lo que me mató fue un accidente de coche donde Seth y Marcus se salvaron y yo salí despedida del asiento del copiloto dándome en la cabeza sobre el cemento de la carretera y terminando mi vida por completo en ese preciso instante. Seth siempre se empeñaba en que me pusiera el cinturón de seguridad pero yo siempre me excusaba con el hecho de que me resultaba demasiado incómodo para llevarlo, me empecinaba en lo incómodo que era más que en mi seguridad dejando a un niño de diez años sin madre y a un marido insatisfecho viudo. Todo ésto ocurrió hacía tan solo tres días, ya se había realizado el velatorio y yo yacía en un ataúd que, dentro de unos años más estaría viejo y mohoso, al igual que mi cuerpo físico que pasará a estar esquelético y sin un solo rasgo de que algún día hubo vida en él.

Miré a mi alrededor y tan solo vi tristeza, alguna de ella la había creado yo o tan solo mis discusiones con Seth, no nos dimos cuenta del daño que nos hacíamos mutuamente y el que repercutía en Marcus, quizá debimos dejar que nuestros caminos se separaran para que todo el dolor desapareciera de nuestras vidas y así, aprender que no éramos más que extraños en una casa donde el odio era el principal protagonista. Todavía no sabía por qué Marcus podía verme, pero necesitaba aferrarme a algo para poder seguir viéndolos, para poder conseguir estar a su lado en todos los logros de su vida. Aunque nada de eso fue tan sencillo cuando fue creciendo cada vez más y más y la imaginación que tenía de niño ya había madurado lo suficiente como para que la parte espiritual fuera desvaneciéndose como la sociedad necesitaba de las personas humanas, así que, me fui aislando cada vez más y más, decidí salir de allí antes que sufrir más viéndoles llorar mi pérdida constantemente, cada uno por su lado pero estaban mucho más unidos de lo que creían.

Después de estar durante años vagabundeando sin rumbo alguno, logré ser arrastrada hacia la energía de una mujer hermosa. No entendía por qué me atraía tanto pero la luz que irradiaba me estaba mostrando el camino a casa, el camino hacia la paz lejos de todo lo que me había ocurrido, pero antes quería contárselo. Mientras dormía, me metí en su mente y creé un sueño perfecto en el que nos encontrábamos en un precioso bosque, sentadas en un banco de madera y en el que esa mujer me tiraba las cartas y decidía ayudarme a irme hacía aquella luz que con tanto ahínco me animaba a ir.

- No quiero dejar a mi familia - le dije, sinceramente - Mi hijo lo es todo para mí y me necesita.

- Lo entiendo, pero si sigues aquí jamás encontrarás la verdadera paz - me dio otra oportunidad y me señaló aquella luz tan radiante y llena de color que estaba justo en frente de mí - Debes irte para empezar una nueva vida en otro lugar, con otro aspecto y con nuevas cosas que aprender. Sabes que puedes hacerlo.

- Gracias por escucharme, lo necesitaba - le sonreí, a lo que ella me devolvió la misma - Cuida de ellos - su asentimiento me dejó irme de aquel lugar que me mantuvo tanto tiempo atrapada entre sus redes -.

No sabría explicar el lugar en el que estoy ahora. Quizá sean mis nuevos ojos, quizá esta brisa cálida y perfecta que tanto necesitaba pero me hacía falta llegar a este punto, a un lugar donde nada me perturbara, donde ser consciente de que mi familia sufrirá mi pérdida durante un tiempo pero que hará que mi recuerdo valga la pena ser recordado y descubrir que hay personas que pueden reconducirte hacia una luz verdaderamente hermosa y llena de calidez.

Estas personas son las que de verdad valen la pena, con las que con un gesto te dan una vida, con las que con una mirada te iluminan la habitación más oscura y que con una sonrisa son capaces de cambiar tu mundo. Personas como esas son las que nos completan, son las que te traen regalos como éste y hacen que dejes el sufrimiento atrás, aprovechando los recuerdos y anulando aquello que atrapa. Siempre recordaré esa ayuda proporcionada, los ojos verdosos y profundos de Marcus al mirarme por primera vez después de días de haber muerto, a Seth recordando nuestra boda y a mí, una mujer con un cabello dorado e increíblemente ondulado, ojos verdosos e intensos, unos labios finos que mostraban unos dientes pulcros y bien cuidados y un cuerpo que pedía ropa cómoda y pocas cosas incómodas o elegantes, alguien que había sufrido demasiado y que necesitaba un poco de paz, algo que anhelaba en lo más profundo de su ser.

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