Descubriendo al Asesino:



Después de mucho tiempo sin ver a mi madre, lo había decidido. Quería saber por qué jamás me quiso y por qué tuvo que dejarme en casa de mi padre, el cual, no deja de vigilar cada movimiento que hago para cerciorarse de que hago las cosas perfectamente, de forma pulcra y sin realizar ningún error. Necesitaba saber por qué no pude vivir con ella, siendo que cuando era niña nos divertíamos de lo lindo y éramos muy felices teniéndonos a las dos y sin importar nadie más.

Me miré al espejo. La misma mirada perdida con aquellos ojos negros que ensombrecían cualquier habitación en la que me encontrara; la sonrisa se me había desdibujado de mis labios gruesos y pintados con un sencillo color rosado; mi cabello negro caía liso y perfectamente peinado más abajo de los hombros y haciendo que mis ojos resplandecieran; mi cuerpo siempre había sido esbelto, dado que la estricta dieta de mi padre se ha alargado hasta mí dado que no le gusta hacer varias comidas tan solo para dos personas. Bajé a desayunar las acostumbradas tortitas y un vaso de leche que solía hacer mi padre, el cual, estaba en una llamada telefónica que sonaba bastante urgente pero que no quería que escuchara dado que colgó nada más bajar y me miró con cara de sospechoso habitual.

- Si te estás viendo con alguien, está bien - le dije, para relajar su tensión. Su sonrisa incómoda me lo decía todo. Me senté en la silla cerca de aquellas tortitas que me miraban con cara de pocos amigos, ésta vez, las había hecho corriendo, parecía que a su amiga le urgía demasiado ver a mi padre a primera hora de la mañana -.

- Te has levantado más temprano de lo habitual - observó, cambiando totalmente de conversación, le dio un giro de noventa grados. Nunca hablaba de sus ligues, así que, le seguí la corriente con ésto sin invadir su intimidad -.

- Sí, voy a ver a mamá. Creo que es hora de hablar con ella - la palidez de su cara era de lo más evidente, solía ser moreno con matices rosados en las mejillas y todo ésto había desaparecido por el simple hecho de informarle de que iba a ver a mi madre. Cualquiera hubiera sospechado, yo pensé que necesitaba comer más dulce - Se nota que todavía no has comido, te has puesto pálido. Venga, come algo.

- No creo que sea buena idea que vayas a ver a tu madre - me espetó de repente, parecía preocupado y angustiado. No sé a qué venían tantas manías pero no iba a permitir que cambiara de opinión -.

Seguimos desayunando como si lo que acabara de decir no hubiera salido de su boca, como si esas palabras absurdas de que no debería ver a la madre que me parió y me dejó tirada sin siquiera un "adiós" sincero y honesto, sin tener en cuenta que su hija tiene ciertos gastos y necesidades que cubrir y que su padre no puede cargar con todas ellas. Me levanté de la silla rápidamente, iba a hacer lo que tenía pensado, así que, me dirigí a la puerta sin ningún tipo de preocupación, a lo que mi padre me cogió del brazo y me estiró hacia sí, incluso haciéndome sentir algo de dolor en el mismo.

- Tu madre está de viaje - su mirada no me daba confianza en absoluto. No había visto esos ojos fieros en mi vida, esa cara de enfado y, a la vez, de preocupación -.

- Me haces daño - le dije, mirándole con verdadero miedo. Jamás se había comportado de aquella manera tan extraña -.

Decidí quedarme para que dejara de darme la tabarra y se relajara un poco, después de lo que estaba haciendo, empecé a pensar que algo había detrás de todo aquello y pensaba descubrirlo de cualquier manera posible. Cuando llegó la hora de ir al instituto, salí tranquilamente para que no pensara que iba a ver a mi madre, pero iba a saltarme las dos primeras horas para ir a su casa y hablar con ella, nadie me iba a prohibir encontrar esa explicación que me debe y, mucho menos, mi padre.

Lo que encontré en casa de mi madre no me lo esperaba. Empecé a pensar que mi padre tenía razón con el hecho de que se había ido dado que no había nadie por allí, ni rastro de ella en ninguna parte. Estaba a punto de salir por donde había venido, por la parte de atrás de su increíble mansión, pero recordé que me había dejado algunas prendas de ropa en el armario que utilicé hace unos años y quería recuperarlos, ya que, tenían un valor sentimental. Al subir las escaleras, olí algo raro, era una especie de esencia extraña que permanecía en el aire, algo que se había quedado por los rincones de la casa y no era para nada visible. Decidí no hacer mucho caso a ese hecho y buscar mis pertenencias, otro día hablaría con mi madre más encarecidamente de lo que me preocupaba, aunque me urgía de verdad el tema pero no podía hacer nada si se había ido de viaje con cualquiera que fuera su ligue esta semana. Abrí las puertas del armario y lo que vi, me dejó totalmente perpleja... esperaba que no estuviera ella, pero no una gota de sangre tan grande que salía por todos los lugares recónditos del mismo, me asusté tanto que lo primero que pensé fue que a mi madre le había pasado algo y que tenía que ver con que mi padre estuviese tan raro cuando le dije que vendría a verla.

Dejé de pensar en las prendas y llamé inmediatamente a la policía para que hicieran su trabajo y para que me ayudaran a encontrar a mi madre, tan solo quería saber si estaba bien y poder volver a la normalidad, necesitaba que me dijeran lo que yo quería oír y no que estaba muerta, cosa que me daba demasiado miedo como para pronunciarlo en voz alta. Después de declarar en la comisaria a la que me llevó la policía horas después de encontrar la sangre, volví al instituto como si nada de eso hubiera ocurrido aunque francamente, parecía que estuviera en una nube más que saliendo de la clase de Química. Neal salió detrás de mí e intentó que diera unos pasos hacia atrás, hacía unos tres meses que lo habíamos dejado y todavía estaba totalmente obsesionado conmigo, me acosaba de tantas formas posibles que sería difícil pronunciarlas todas.

- Necesito que hablemos, en serio - me decía, poniendo aquellos ojos verdosos algo más abiertos de lo normal como si se estuviese metiendo algo, mientras le miraba aquel cabello castaño con tonos rubios increíblemente enmarañado como si se acabara de levantar y ni se lo hubiera peinado, aquella sonrisa siniestra que me estaba mostrando que daba miedo y su cuerpo preocupantemente más delgado -.

- ¿Te has metido algo? - le pregunté, una primera razón por los ojos tan grandes que me traía y otra porque estaba tan nervioso que me lo pegaba. Pero no se apartaba, estaba justo delante de mí con toda aquella palabrería que poco me importaba -.

- Solo quiero que vuelvas conmigo, por favor - seguía moviéndose como una campana, me ponía francamente nerviosa y me estaba cansando de sus bobadas, e incluso, era capaz de arrodillarse como la vez que le dejé. Qué patético era todo aquello, de verdad -.

- Mira, te lo voy a decir con palabras que entiendas: Déjame en paz - pasé justo por su lado, ignorando que me seguía e intentando ir lo más rápido que podía hasta llegar al final del pasillo y girar a la derecha, justo donde estaban las escaleras para ir a la clase de Historia -.

A penas pude concentrarme con todo lo que estaba ocurriendo con el tema de mi madre, me la imaginaba incluso tirada en una cuneta o muerta en el maletero del coche de algún psicópata, era una sensación horrible. Tan solo pensaba en averiguar algo más sobre el tema, quería saber por qué mi padre me dijo que mi madre se había ido de viaje, por qué estaba tan nervioso aquella mañana y cómo sabía que ella no estaba en la mansión. No lo tenía claro, pero me apostaba cualquier cosa a que mi padre estaba implicado en todo aquello, no quería si quiera pensarlo pero algo me olía mal con todo el asunto en el que accidentalmente me había metido.

Al llegar a casa, decidí ser directa con aquel hombre que estaba de pie en la cocina haciendo un puré de patatas que, daba la casualidad de que estaba maravillosamente bueno. No quería ser brusca y tampoco demasiado evidente, pero tenía que saber la verdad como fuera, necesitaba saber si mi padre tuvo algo que ver con todo aquello o si tan solo se había levantado con el pie izquierdo aquella misma mañana.

- ¿Has ido a ver a mamá estos últimos días o semanas? - lo pregunté con una voz dulce como quién no quiere la cosa, pero pareció exaltarle -.

- ¿No te dije que no fueras a verla porque estaba de viaje? - su enfado me dio a entender que no quería que fuera porque tenía algo que esconder, así que, decidí sentarme en la silla esperando la comida y seguí con mis preguntas indecorosas para él, parece ser -.

- ¿Te parece estar de viaje cuando hay varias manchas enormes de sangre en el armario donde anteriormente tenía mis cosas? - se giró para mirarme con fijeza, sus ojos me dieron a entender que había tocado justo el punto sensible - Parece que sabes más de lo que dices... - confirmé con una sonrisa perspicaz, dándole a entender que le había pillado -.

- ¿Me estás interrogando? - su voz empezó a aumentar cada vez más, se acercaba con aquel cuchillo en la mano que, la verdad, daba miedo pero intenté mantener la calma - Porque eso mismo es lo que parece.

- Has eludido la pregunta - respondí lo que era obvio - Podrías responder y...

- ¡No tengo nada que decir! - tiró el plato de comida al suelo, menudo desperdicio de puré... -.

Aquella salida precipitada me dio qué pensar y no de la mejor forma. Tenía que averiguar qué estaba pasando y por qué, dado que mi padre no iba a decírmelo, lo descubriría por mí misma. Me fui a mi habitación sin importarme dónde estuviera mi padre en aquellos momentos, pero lo que me llamó la atención es que hablaba con alguien y parecía importante porque susurraba; cogí el teléfono que tenía en la mesilla de mi cuarto y me tapé la boca para que no se dieran cuenta ambos interlocutores de que les estaba escuchando dado que eran tan tontos que hablaron de  cosas delicadas en casa.

No esperaba lo que escuché, como que tampoco que hubiera otra persona implicada en todo aquel tinglado donde terminé enterándome de cosas en las que una adolescente no debía estar involucrada.

- ¿Cómo se ha enterado? - preguntaba el tipo que estaba al otro lado del teléfono refiriéndose a mí, susurraba pero algo podía oírsele - Lo dejé todo limpio, no puede ser que...

- ¿Limpio? Te dejaste sangre en su armario, Bill - mi padre parecía enfadado, todo aquello parecía más bien un encargo que otra cosa. El otro hombre era el que había montado toda la escenita -.

- No puede ser, tío - insistía el muy imbécil, lo que no sabía es que estaba grabando la conversación y necesitaba más información del paradero de mi madre -.

- Sí que lo es, así que, ¡arréglalo! - de repente, se cortó. Colgué el teléfono en seguida e hice como si no hubiera escuchado nada -.

Mi boca seguía abierta en señal de sorpresa, no podía creerme lo que había oído. No habían dado el paradero de mi madre pero todo aquello no pintaba nada bien ni para ella ni para aquel tipo llamado Bill ni tampoco para mi padre que parecía ser cómplice de algo más que de servir unas tortitas y un puré de patatas increíble. Me quedé allí sentada en la cama de mi habitación todavía más preocupada por lo que le podría estar ocurriendo a mi madre o por lo que le podría haber ocurrido ya dada la forma en la que hablaban por teléfono. La verdad, no conocía muy bien a mi padre y todo aquel asunto me lo demostró de la mejor forma porque jamás pensé que fuera capaz de lo que hizo.

No tenía prácticamente nada con aquella conversación, así que, cuando mi padre se fue de casa a comprar y a saber a qué más porque evitó decírmelo, escarbé entre sus cosas en todo su cuarto sin éxito. Miré por toda la casa en busca de alguna señal de que me estaba mintiendo o el lugar donde podía estar mi madre pero no había manera de encontrar nada útil para dar a la policía. Parecerá que estoy de lo más contenta con todo ésto, tan solo por la forma en que lo cuento pero no es verdad para nada, es la adrenalina que hace que me sienta algo mejor pero nada más, tampoco me estoy dando cuenta de lo que está pasando, todo es rápido y borroso debido a los nervios de todo lo ocurrido.

Pasaron unos días y mi padre no me dirigía la palabra, lo cual, respeté y seguí con mi vida normalmente para que no sospechara nada en absoluto de que le estaba vigilando. Lo único que me quedaba era ir tras él durante una de sus salidas nocturnas a correr, como bien decía el muy pillo, pero que lo que realmente hacía era quedar con el tal Bill. Era un tipo alto, fornido, pelo negro y corto, unicejo, bastante feo y parecía un verdadero armario, no me gustó su mirada y tampoco la indiferencia que le daba al asunto, como si no fuera a pasar nada y que lo que le pasara a mi madre era una tontería. Antes de salir, le dejé una pequeña grabadora dentro de su chaqueta para poder oír lo que decían desde el coche de Logan, el tío con el que estaba saliendo últimamente y el que tenía justo a mi lado preocupándose demasiado por mi culo.

- Deberías dejar de hacer ésto, te estás arriesgando mucho - hablaba por los codos cuando estaba nervioso, aunque yo seguía mirando el punto exacto donde estaba esperando mi padre a ese tal Bill - ¿Me estás escuchando?

- Sí, pesado - le dije, mientras quitaba los auriculares del móvil donde me iba a llegar la transmisión de la grabadora, al fin lo conseguí bajándome una aplicación a posta para todo este circo que tenían montado - Déjalo ya.

- No, ¿sabes que podría pasar? - él seguía mirándome ansioso con su loca historia - Si tu padre y ese tipo son asesinos y sospechan que lo sabes, podrían matarte, ¿entiendes?

- Calla, ya está ahí ese tal Bill - le dije, dándole un manotazo para que se estuviera quieto para poder oír toda la conversación -.

Estaban saludándose en aquel parque de lo más alejado de mi casa, supongo que esa era la intención para que yo no me enterara. Lo que llegué a saber aquella noche me hizo entrar en una especie de espiral infinito del que no pude salir muy bien parada, algo que me creó una especie de estrés postraumático que no podía controlar demasiado bien, sobretodo por la frialdad en la que hablaban del asunto, como si ya lo hubieran hecho antes con alguien distinto, como si deshacerse de alguien fuera el trabajo mejor pagado y legal del mundo.

- ¿Has traído el dinero? - le preguntó Bill a mi padre, parecía que habían quedado tan solo para realizar el pago pero también para hablar sobre la limpieza en la mansión de mi madre. Mi padre asintió, disimularon dándose la mano para poder dárselo sin que ningún fisgón se diera cuenta y mucho menos la policía - He vuelto para limpiar, pero ya se lo habían llevado todo y habían hecho sus pruebas de poli.

- Te dije que te aseguraras, nos pueden pillar por este descuido tuyo - respondió enfadado, ésto parecía que lo habían hecho muchas más veces - Te has despistado, jamás te ha ocurrido antes.

- Sabes que estoy mal de dinero, tío. Me distraigo, joder - mi padre pareció comprenderle y le puso la mano en el hombro para consolarle - Por el cuerpo no te preocupes, la he quemado en el horno que tiene mi hermano en su sótano, jamás podrán saber cómo murió ni podrán encontrarla.

- Bien, ahora no nos veremos en unos cuatro años. Mantén las apariencias y tu y yo no nos conocemos, ¿entendido? - Bill asintió sin problemas, no le importaba no ver a su amigo en tanto tiempo - Nos vemos.

Me quedé parada, respirando entrecortadamente y sin dejar de mirar a aquella pareja de desconocidos que no tenían perdón. Sabía qué tenía que hacer con aquella grabación pero estaba dolida por la muerte de mi madre, a la cual, ya no podría preguntarle nada que tenía pendiente con ella porque mi padre y otro psicópata se ocuparon de que estuviese muerta antes de que yo pudiera hacerlo. Logan intentó calmarme sin éxito alguno, sabía que aquello sería una explosión en mi cabeza y conocía perfectamente lo que ocurriría si me pasaba: Me enfadaría tanto que terminaría matando a alguien.

Logan tuvo que conducir para llevarnos a la comisaría donde habían hecho las pruebas a la sangre y demás cosas varias, les dimos la grabación y la dieron por válida, por supuesto. Cogieron a mi padre y a Bill, culpándoles no solo de la muerte de mi madre, sino también de la de doce víctimas más con la consiguiente cadena perpetua, cosa que se merecían con creces. Se sorprendieron gratamente al ver que una joven de tan solo dieciséis años había tenido tanta expectativa en la resolución de un caso de asesinato, ansiosa por encontrar la solución a todo aquello que estaba pasando a su alrededor y sin que interfirieran los sentimientos del hombre al que investigaba que resultó ser su psicótico padre. A mí también me pareció increíble pero antes de celebrar una mierda, tenía que pasar por terapia dado todo lo que encontré en casa y el hecho de que supe por una grabación que mi madre estaba muerta, una en la que las dos personas que hablaban lo hacían fríamente y sin importarles nada, eso era un golpe bastante fuerte para una mente algo frágil como la mía.

- ¿Te sientes mejor? - preguntó Logan, después de seis meses de terapia y de despotricar sobre mi padre y ese estúpido Bill que le hacía el trabajo sucio. Estábamos sentados enfrente de una heladería, en el banco de un parque grande y hermoso, pero seguía sin importarme -.

- Todavía no creo que haya sido mi padre - respondí, con una voz perdida y casi cálida, sin lágrimas ni palabras forzadas, estaba algo cansada de luchar por aquellos sentimientos que me empujaban a pensar en suicidarme de un momento a otro -.

- Me tienes a mí - respondió, cogiéndome por detrás de los hombros y acercándome a él para que pudiera apoyar mi cabeza en su hombro derecho - Sabes que siempre estaré a tu lado.

- Hasta que hagas algo que me decepcione - esas palabras resonaron en mi cabeza como verdaderas, como si esperara que alguien volviera a hacerme daño, como si quisiera que me lo hicieran para estar sola en un mundo descontento y cruel, para alguien a quién no le importaba ya su vida -. 
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