Ausente:



No he crecido con alguien a mi lado jamás, siempre he tenido que arreglármelas solo dado que mi padre murió a los dos años de nacer yo debido a un accidente de tráfico y que mi madre es una alcohólica, diría que mi familia está condenada y yo con ella. No he entendido la palabra "familia" en mi vida o ni siquiera "amor" aunque lo tenga dentro de mí, aunque sé que tengo sentimientos y recuerdos que me atrapan, que me ofuscan en mi más exasperante tristeza pensando que jamás podré cambiar eso. Las promesas de mi madre siempre se han ido al traste, promesas que tenían que ver con dejar de beber, de mezclarlo con pastillas para dormir y demás chorradas, las primeras veces la creí de verdad y era feliz, pero fui dándome cuenta de todas las mentiras que decía y decidí dejarla ir, abandonar la posibilidad de que ella saliera de su burbuja personal.

Estuve fuera todo el día, esperando encontrar consuelo en algún lugar en el que siempre he vivido. Como bien sabréis, fue algo que no pude conseguir, estaba fuera de mi alcance, recordaba a mi madre bebiendo al otro lado de la habitación, perdiendo totalmente su juicio mientras yo tan solo esperaba que alguien me contara un cuento para irme a la cama. Ese día nunca vio la luz, al igual que todos los demás hasta hoy, un día algo nublado y con pocas ganas de florecer, de intentar cambiar algo en nuestras vidas o tan siquiera intentar descubrir quién eres. Ni siquiera me di cuenta, pero alguien se sentó a mi lado, era una joven de cabello negro y largo hasta debajo de los hombros, liso y tremendamente bien cuidado, tenía una sonrisa que iluminaría una habitación entera y sus ojos verdosos eran una verdadera preciosidad, algo que no había tenido el placer de ver en ninguna otra persona años atrás, debido a mi karma con mi madre.

- Las flores son preciosas, ¿verdad? - preguntó, con aquella voz dulce y tranquila refiriéndose a aquellas que teníamos justo en frente -.

- Eso parece - respondí secamente a su pregunta, mi indiferencia por las mujeres me hizo levantarme del banco donde reposaba junto con mis tristes pensamientos - Te dejo a tu aire, lo siento.

- ¿Por qué te vas? - su curiosidad me hizo mirarla fijamente a los ojos y encontrar aquella profundidad que en ninguna otra persona había encontrado - Me he sentado a tu lado porque parecías triste.

Me di media vuelta y me fui sin más a otro lugar en el que poner en orden mis pensamientos, siempre iban muy deprisa y me hacían sentir desdichado constantemente. Unos cuantos pasos más hacia delante y la joven que se había sentado conmigo en el banco del parque, estaba justo detrás de mí. Miraba fijamente mi espalda e hizo que frenara mis pies después de decir tan solo una frase.

- Ambos estamos solos, tan solo quiero ser parte de ella con otra persona - me dijo con aquella voz delicada y grandilocuente. Jamás había escuchado unas palabras tan bonitas con un tono tan dulce - Me he visto reflejada en ti, en tu tristeza...

- ¿Por qué piensas que estoy triste? - pregunté sin darme la vuelta todavía, tenía miedo de que me hiciera quedarme, tenía miedo de hablar de ello con alguien más que conmigo mismo -.

- Se te ve en los ojos, es algo que no se puede esconder - ésto me hizo darme la vuelta, era raro que alguien quisiera tan solo conocerme, nadie lo había hecho anteriormente -.

- No estoy triste, estoy cansado. Tampoco tengo ganas de hablar con nadie sobre mis problemas y menos con una desconocida, lo siento - me fui de allí tan rápido como pude para evitar más preguntas absurdas sobre mi estado de ánimo -.

Aquella intromisión en mi vida privada me pareció innecesaria y desagradablemente sospechosa, no entendía cómo una chica de esa índole podía interesarse de aquella manera en mí y simplemente mirando a través de mis ojos, era imposible, algo debía haber detrás de todo aquello. Esperaba no volver a verla, sino empezaría a hacerle preguntas sobre su incesante intriga por mi vida privada y bastante desastrosa. Seguí andando hasta llegar a casa otra vez, no había tenido paz en aquel parque y tampoco la tendría cruzando esa puerta que me llevaba directo al infierno.

Mi madre estaba sentada en el sofá, llevaba la mitad del vodka a las diez de la mañana y habían un par de pastillas encima de la mesa, era justo el momento en el que iba a mezclarlas con el alcohol. Me miró con aquellos ojos castaños al igual que los míos e intentó mostrar interés, no lo parecía mucho dado su cabello anaranjado debido al tinte y enmarañado. 

- Hola, cielo. ¿Ya has venido de hacer la compra? - su interés era inútil porque ni siquiera sabía lo que le decía, se olvidaba de cosas que habíamos nombrado antes y era una drogadicta de las confusiones y las mentiras, parecía que su cabeza estuviese en el limbo en vez de en la realidad desde hacía unos dieciocho años -.

- No he ido a hacer la compra, te lo he dicho dos veces - respondí, verdaderamente molesto, ya se lo había dicho y ni siquiera había prestado la menor atención -.

- ¿Y dónde has ido, cariño? - toda aquella forma de ser amable y cándida era mentira, lo único que quería era más vodka, tan solo le quedaba  la botella que se estaba bebiendo -.

- A ningún lado, me voy a mi cuarto - respondí sin miramientos, totalmente indiferente. Siempre la he conocida bebida, así que, jamás he tenido buena imagen de ella -.

- Hijo... - retrocedí sobre mis pies para saber qué más quería decirme, aunque me importaba poco - ¿Me traerías...?

- Ni hablar, tendrás que vestirte y salir tú a por ella - después de decir ésto con un enfado sin igual, me fui a mi cuarto y terminé tumbado en la cama pensando en lo que había ocurrido hacía unos minutos -.

Era de esperar que necesitara otra botella y que fingiera interés por mí para que saliera a comprarle más, parecía una yonqui de cuidado. Es más, salía de casa totalmente fuera de sí misma, ya no sabía cuál era la realidad y tan solo vivía con las ganas de más alcohol, ni siquiera necesitaba cafeína o a su propio hijo apoyándola para dejarlo, simplemente era incapaz y no quería poner todas sus fuerzas para permitirle conocerla mejor. Antes no podía encajar todo ésto, pero ahora es mi mejor baza para sentirme un poco mejor conmigo mismo, aunque la situación no me guste necesariamente, he dejado que mi madre haga lo que tenga que hacer mientras yo sigo otro camino, el de la soledad y la desesperación de una vida que jamás podré recuperar.

Después de comer, decidí volver a salir de casa, no soportaba ver a mi madre con aquella cara de grandeza y poder con cada sorbo que tomaba, era enfermizo. Normalmente salía a aquellas horas porque no quería estar con ella y me tiraba hasta altas horas de la noche rondando por ahí para no volver a verla hasta la mañana siguiente. Conforme caminaba más y más, notaba que me seguían incansablemente, sin necesidad de parar en algún momento, sin necesidad de bajar el ritmo por una u otra razón y era difícil no hacerlo, así que, me vi en la necesidad de parar en seco y los pasos que venían justo detrás de mí también lo hicieron.

- ¿Por qué me sigues? - me giré, sabiendo exactamente que me encontraría con la misma cara delicada y perfecta de aquella misma mañana -.

- Te dije que no quería estar sola - empezó a movérsele el ojo derecho, era un tic nervioso que no pude evitar ver, así que, sopesé la posibilidad de que estuviera mintiéndome -.

- Me estás mintiendo y lo haces sin dudarlo. Lo siento, no te creo - mi ceño se frunció y mis labios se apretaron mostrando mi total enfado hacia todo lo que estaba ocurriendo - Ahora me iré y me dejarás en paz, ¿está claro?

La joven no dijo nada, pero parecía indecisa. Me giré sin más y seguí andando, su voz fue la que volvió a frenarme, no podía creer que una chica preocupada me hiciera pararme en medio de la calle para decirme algo que ni siquiera me importaba. 

- ¡Espera! - vino hacia mí rápidamente y con paso firme, su cuerpo apareció delante del mío, escudriñando cada parte de mi ser con curiosidad - Te he mentido, es verdad.

- ¿Y vas a decir la verdad o...? - señalé la calle por la que me iría si no lo hacía y decidió contarme qué era exactamente lo que estaba pasando -.

- Eres nuestro chivo expiatorio para poder condenar a tu madre por asesinato en primer grado - me soltó sin más, a lo cual, mis ojos empezaron a agrandarse más y más como los de un sapo - Soy policía.

- ¿Estabas intentando salir conmigo para que te dejara entrar en mi casa y poder vigilar a mi madre? - intuí de inmediato, a lo que ella simplemente asintió con tristeza - ¿Cómo podéis ser tan fríos y calculadores, aparte de mentirosos? ¡Se os va la olla o qué! - grité enfadado por la falta de calidez en la supuesta misión y por hacerme creer que estaba mínimamente interesada en alguien como yo -.

- No teníamos más pistas sólidas, así que, hacerlo de forma encubierta era el mejor modo de conseguirlo. Ganarme tu confianza y poder interrogar a tu madre de manera que pudiera confesarme lo que hizo - me explicó tranquilamente, no se daba cuenta de que yo todavía estaba anonadado -.

- ¿Qué hizo exactamente? - le pregunté, era evidente que no lo sabía y debería haber sido lo que me dijera en un principio, nada de mentiras o encubrimientos estúpidos -.

- Tu padre murió atropellado, no fue un accidente - mi cara de sorpresa mostró la necesidad de que continuara con su historia - Tu madre lo hizo y se dio a la fuga, te contó que fue un accidente para que no tuvieras que saberlo, lo ocultó todo de forma que nadie pudiera darse cuenta de lo que hizo.

- Oh... Dios - esas fueron las palabras más inteligentes que se me ocurrieron para todo aquel desastre y parecía no tener nada más que decir -.

Por alguna extraña razón, creía exactamente todo lo que me estaba diciendo aquella joven, lo que sus ojos me comunicaban y no fue porque era bastante atractiva, sino porque siempre pensé que mi madre, por extraño que pareciera, debía tener una sola razón por la que empezar a beber, ya que, todo el mundo tiene un móvil para motivarse a hacer algo y podría ser que quisiera olvidar la muerte de mi padre y cómo ocurrió mediante el alcohol. Tampoco me merecía una medalla de oro por averiguarlo, era bastante evidente pero quería ver los expedientes y las pruebas que corroboraban lo que los detectives me estaban diciendo. Parecía no haber duda alguna, debido a las marcas de neumáticos, testigos que vieron conducir a mi madre por la carretera y no a mi padre, él tan solo cruzaba la calle y ella quiso matarle.

Le di los documentos a la Detective Adersen y me dirigí a mi casa francamente enfadado, aunque era mi actitud más habitual, dadas las circunstancias. Llegué a casa y mi madre estaba mirando la televisión concienzudamente y algo hipnotizada, me atrevería a decir, como si nada más de su alrededor existiera; estaba totalmente borracha, evitando la realidad misma. Apagué la televisión y me senté en frente de ella, ignorando totalmente sus protestas, mientras los detectives vieron oportuno esperar fuera y dejar que hablase yo con ella, con una única condición: Que les informara de todo lo acontecido, aunque las respuestas fueran desagradables y mi madre tuviera su nombre en la celda de prisión.

- ¿Mataste a papá? - fui tremendamente directo, lo sé, pero no había otra forma de preguntar algo así - Necesito que me respondas.

- ¿A tu... padre? ¿De qué estás... hablando? - siseaba debido al alcohol y sus palabras se alargaban. Quería que consideraran aquello como un interrogatorio aunque ella estuviese bebida y yo no fuera un detective cualificado para hacer aquel tipo de preguntas, pero tuve un pase al no saber nada de todo aquello y haber sido estafado por una panda de mentirosos como los policías - ¿Te ha pasado algo?

- ¿Dónde estabas la noche del 31 de julio de 1998 entre la 01:00h y las 05:00h de la madrugada? - ahora sí que parecía un policía de verdad, con el ceño fruncido, mis ojos castaños profundizando en los de ella que se había quedado totalmente petrificada en la silla como si se le hubiera pasado la merla en un santiamén -.

- Estuve en... Dando un paseo - respondió, evitando totalmente la pregunta. Bajó la mirada al suelo, así que, era una señal de que me estaba mintiendo -.

- No me mientas y sé mi madre por una vez en tu vida. Cuéntame qué ocurrió realmente esa noche - le dije, poniendo todo el sentimiento en cada palabra, aquello tenía que salir bien porque necesitaba saberlo -.

- Vale, de acuerdo. Estuve conduciendo hasta altas horas - sus ojos se llenaron de lágrimas, era como si todo el alcohol que surcaba por sus venas se hubiera esfumado con tan solo nombrar los acontecimientos de aquella noche - No sabía quién era el que se puso delante del coche, no se apartaba y yo estaba algo mareada. Bajé rápidamente y vi que era tu padre.

- Osea que le atropellaste y no te quedaste para socorrerle - afirmé, verdaderamente ofendido como si yo hubiera sido el atropellado. Ella negó con la cabeza, todavía con lágrimas en aquellos ojos que nunca conocí - Supongo que fue por las luces y no porque fueras bebida porque en esos tiempos tú no...

- Bebí demasiado aquella noche, así que, no quería que me pillaran por ello. Le dejé allí por esa razón, no hay ninguna otra - terminó suspirando, supongo que por todo el dolor que le suponía decirlo -.

Me levanté de la silla totalmente defraudado. Mi madre no tenía ningún motivo sólido por el que empezara a beber, lo había hecho toda su vida sin ningún tipo de sentido. La muerte de mi padre fue otro de los muchos errores que cometió y yo tuve que crecer sin mi padre y sin amor, ¡cojonudo!. Salí de mi casa devastado, con la cabeza gacha y la mirada perdida, dirigiéndome a la Detective Adersen para entregarle la grabación que había realizado mientras interrogaba a mi madre, ya que, era lo único que necesitaba para procesarla. La voz se oía perfectamente en la grabación y había dejado de sisear, así que, aunque su estado no era el adecuado para responder a las preguntas, les mentí pagándoles con la misma moneda que ellos a mí y les dije que estaba en plenas facultades para responder a las preguntas. Necesitaba que la condenaran por lo que había hecho.

No tenía claro qué haría a partir de ahora, pero era libre. El problema de todo aquello era que jamás lo había sido, había estado anclado a mi madre durante toda mi vida y ahora estaba vacío tal y como lo estaba antes, sin saber qué rumbo tomar. Mi padre fue una gran persona y fue atropellado por alguien a quién amó, por alguien que se volvió adicta a algo más que al alcohol: A la necesidad de vivir en una burbuja todo el tiempo. Ésto la fue consumiendo más y más, mi padre no fue capaz de manejar el asunto e intentó ayudarla, no le sirvió de mucho porque la adicción de mi madre le llevó a la muerte sin poder conocer a su hijo de verdad. Todo ésto me hizo sentirme desdichado, he sido muy independiente porque me he visto obligado a ello y ni siquiera era el momento de sentirme tan solo como me he sentido y me siento en estos duros momentos en los que se han llevado a mi madre para sentenciarla a saber cuántos años, ni siquiera iré a presenciar el juicio, ya que, ella tampoco ha estado en ninguno de mis cumpleaños y ni siquiera se ha acordado del día exacto en el que nací.

La Detective Adersen me juró que me ayudaría en todo lo que me hiciera falta pero no pude evitar cerrarle la puerta en las narices. Primeramente, por la traición que supuso atraerme hacia ella para sonsacarme información; en segundo lugar, estaba acostumbrado a estar solo y no veía otra manera en la que pasar por ésto, no sabía cómo estar con otra persona o convivir con ella, cómo hablar o comunicarme, era imposible. Otra oportunidad desechada gracias a mi madre, por supuesto, esa que me dejó atrás con tan solo dos años, a la deriva y me cambió por un montón de botellas de vodka que corrían por sus venas día a día, viendo cómo me consumía por la tristeza tras cada mentira. Jamás entenderé mi vida, pero lo que sí sé es que debo seguir mi camino solo y sin ayuda.
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Comentarios

  1. Lindos relatos los de su blog
    Me atraen .
    Saludos

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    Respuestas
    1. Me alegro de que te hayan gustado, esa era mi intención.

      Gracias por tu comentario. Saludos.

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