Amores de Papel:




Abrí mis ojos castaños, me rasqué la cabeza debido a la resaca que acontecía en mi cabeza en esos momentos y observé a la joven que estaba acostada al otro lado de la cama, completamente desnuda y durmiendo como un lirón. No la recordaba, ni siquiera sabía quién era y no sabía ni qué hice anoche, parece ser que salí hasta altas horas de la mañana y terminé acostándome con esta chica que empezaba a moverse hacia el otro lado. Me levanté rápidamente y me vestí, no quería hablar con personas de las que no recordaba ni el nombre, ni siquiera sé cómo fue esa noche de supuesto sexo, ya que, yo también me encontraba desnudo. Salí de aquel pequeño estudio del que era fácil encontrar la salida, era bonita pero no era mi estilo, demasiado pequeña para mí, un cuchitril con otros colores, no me gustaba para nada, ¿con quién se suponía que me había acostado? ¿Con Winnie de Poh?

Me pasaba los días yendo y viniendo de un lugar a otro, a veces, sin tener un rumbo fijo. No me apetecía mucho interactuar con otras personas, mas bien, éstas me veían como alguien egoísta y creído, algo egocéntrico y demasiado mujeriego como para contar todas las mujeres con las que me había acostado. Mis labios finos esbozaron una agradable sonrisa cuando me topé con mi vecina, con aquella joven de cabellos dorados, de ojos verdosos y de un cuerpo esbelto y parecía que se cuidaba; no sé por qué pero jamás me había fijado en ella y no sabía si ella había pensado lo mismo en cuanto a mí, nunca había prestado la atención suficiente.

- Llevas la misma ropa de ayer... ¿alguna chica? - me preguntó con una cara de pilla sin igual, siempre se alegraba de que le respondiera que sí -.

- Más bien una noche de borrachera unida a un pequeño desliz, levantándome en la cama de alguien que ni conocía - le respondí a carcajadas, era una vida algo desorganizada -.

- Claro, como siempre. Me alegro de que lo pasaras bien - me gustaba su sonrisa y sus ojos colapsaban mi mente, pero nunca había prestado atención a algo semejante - Bueno, he de irme a comer con una amiga, espero que lo pases bien esta noche.

Nos despedimos escuetamente, pero yo me había quedado allí plantado, como si fuera un estúpido. Decidí no prestar atención a todo ésto, ya que, nunca había sentido nada semejante y a estas alturas seguí sin pensar que existiera el llamado "amor" que todo el mundo creía conocer. Subí a mi casa para acostarme, estaba sumamente cansado y no creía que fuera por haber tenido una noche tan loca, aunque algunos moratones que tenía en el cuerpo daban a entender lo contrario. 

Algo hizo que abriera los ojos a las siete de la tarde, algo llamado teléfono táctil y que estaba molestando en gran parte a mis oídos por la estridente canción que estaba puesta como despertador. Era un número que ni conocía, así que, respondí con voz ronca y desganada, odiaba que me jodieran las siestas de ocho de la mañana a ocho de la noche, hasta que ésta volvía a empezar con una gran borrachera y una buena noche de sexo que, si fuera posible, me gusta no recordarlas, y no hablar con ellas de sus gustos, es una de las bendiciones que me trae la vida.

- ¿Diga? - mi desgana era la protagonista de la conversación -.

- ¡Hola! - su voz era irritante, casi tuve que separar el móvil de mi oído - Podríamos quedar esta noche, me encantaría invitarte a cenar.

- ¿Y tú eres...? - pregunté, no sabía si era la chica con la que me acosté anoche o era otra con la que me acosté hace un par de días, era difícil de concretar -.

- Melany, ¿no me recuerdas? - su voz chillona se convirtió en preocupación, parecía que en esos momentos de ebriedad le había dado algún tipo de esperanzas en el amor, la amistad y esas chorradas sentimentales en las que todas las mujeres suelen caer abriéndose de piernas de par en par al instante, era un truco infalible -.

- Pues no, no te recuerdo - le respondí enfadado. Me llamaba a buenas horas, me había molestado mis horas de sueño y ni siquiera quería nada con ella, estaba clarísimo - Ahora discúlpame, pero tengo cosas mejores que hacer - colgué y me volví a dormir -.

A las ocho y media de la tarde me desperté al oír los incesantes golpes en la puerta, parecía alguien que estaba impaciente de verme o de decirme algo. Me vi durmiendo del revés, con la cabeza casi en el suelo y cayéndome la baba, era casi asqueroso de ver. Abrí la puerta y no era alguien a quien esperaría que llamara, era mi vecina, con un par de bolsas en las que llevaba una suculenta cena cocinada por el chino que había al final de la calle. No sabía qué era lo que la había traído hasta mi puerta para cenar juntos, era la primera vez que hacíamos algo así.

Me miró con aquellos ojos verdosos, aquella estatura de un metro sesenta y aquel cabello que ondeaba a raíz del corriente de aire que permanecía en el pasillo de mi piso medianamente grande, al menos más que el de la chica con la que me había acostado la noche anterior.

- ¿Te apetece cenar algo? Estás demasiado delgado - me dijo con una agradable sonrisa. Le iba a decir que no, ya que, había quedado con unos amigos para salir de borrachera y volver a empezar con otra noche loca y olvidable, pero no pude hacerlo y todavía no entiendo por qué -.

- ¡Claro! ¿Por qué no? - la dejé pasar, expectante e ilusionado. No sé por qué pero me estaba dejando llevar por algo que ni yo conocía ni lo había hecho durante los treinta años que llevo en este planeta. Me quedé sorprendido por lo que estaba ocurriendo - Siéntate donde quieras.

La cena fue genial, la conversación era entretenida y ni siquiera había mirado la hora ni un momento, habían pasado las horas tan deprisa que no sabía cómo podían ser las tres de la mañana sin ni siquiera haber bebido o haber tenido la necesidad de acostarme con ella o con ninguna otra. No me conocía, ¿qué me estaba pasando? Estuvimos viendo una película de acción muy entretenida que trajo del videoclub, alguna que no estaba casi prestando atención, ya que, estaba más pendiente de sus ojos y de tocar su cabello, mientras tenía su cabeza apoyada sobre mis piernas.

Era como si nos conociéramos de toda la vida, como si nuestras vidas se hubieran cruzado en un momento determinado y era una persona a la que había respetado desde el primer momento en que la vi. Era como si algo me hubiera arrastrado allí, como si aquel momento fuera el más relevante e interesante de mi vida, la dejaba hacer cualquier cosa en mi casa cuando a ninguna mujer le había permitido entrar en la misma y, mucho menos dormirse en mis piernas y terminar durmiendo juntos sin hacer nada más en mi propio sofá. No sé qué estaba ocurriendo y, verdaderamente me estaba asustando.

- ¡Madre mía, qué tarde es! - me despertó la exclamación de aquella chica de la que sí recordaba su nombre: Clare -.

- ¿Tienes que ir a algún sitio? - le pregunté sorprendido de no sentirme con resaca, con cansancio incontrolado y con la típica mala leche que tenía cada mañana cuando me despertaba en una cama que no era la mía y, además no solía dormir en mi propia casa ninguna noche desde hacía varios años -.

- A trabajar - me respondió mientras cogía su bolso rápidamente y me daba un beso en la mejilla - Me lo he pasado muy bien, deberíamos repetirlo.

- Claro, cuando quieras - le sonreí, como si fuera un tonto de campeonato, totalmente embobado conforme me fundía más en sus ojos -.

Cuando cerré la puerta no dejaba de sonreír, era una sensación extraña pero que, a la vez, me gustaba. Recogí los restos de la cena de la noche anterior y no dejaba de pensar en cuándo quedaría con ella otra vez. Seguía sorprendido y no sabía qué camino estaba pisando, si uno de hierba verdosa, preciosa y blandita en la que no tienes ningún tipo de peligro al ser tú o una cama de pinchos que podían perforar cada punto de mi cuerpo haciéndome sangrar y llorar de dolor. Esperaba que fuera la primera opción...

Estuve más de dos semanas sin cruzarme con Clare, así que, dejé de prestar atención a aquello que sentí durante aquella noche que se quedó en mi casa a cenar y a dormir sin querer. Durante todo ese tiempo, me acosté con varias jóvenes con las que no tenía nada en común, a algunas les gustaban los ponis y a mí el fútbol, no teníamos nada que ver y era penoso. En muchas ocasiones, no dejaba de pensar en que con Clare tenía muchísimas cosas en común y siempre teníamos algo de lo que hablar, era penoso acostarme con otras mujeres y ni siquiera disfrutar del coito por estar pensando en otra persona que quizá, me había robado el corazón y gran parte de mi mente al estar pensando en ella constantemente, mi cabeza iba a explotar de un momento a otro.

Una noche decidí pasarme por su casa, llevando conmigo varias hamburguesas y patatas con queso para acompañar, me apetecía mucho volver a sentir lo mismo o más que dos semanas atrás, quería volver a tocarle el cabello y volver a mirar en la profundidad de sus ojos con total plenitud, haciéndome sentir completo compartiendo todos aquellos momentos que parecían tan inolvidables y que no podía sacar de mi cabeza.

- Dijiste que deberíamos repetirlo - le dije con una agradable sonrisa, mientras ella me devolvía la sonrisa y ambos compartíamos un momento profundo sin siquiera saberlo -.

Pasamos una noche de risas, compartiendo recuerdos de nuestras vidas, hablando de cosas que nos gustaban e incluso que pensábamos igual, cosas que queríamos en un futuro y lo que hacíamos diariamente, las cosas que nos gustaban, etc. La verdad, se me olvidó por completo que había quedado con mis amigos, e incluso, puse el móvil en silencio y no lo miré en ningún momento, tan solo me interesaba ella. 

Estuvimos viéndonos durante meses y no me vi en la necesidad de acostarme con ella hasta que no estuvimos ambos preparados, ya que, nuestros primeros besos fueron algo que no experimenté con ninguna otra chica, nos fundimos de una forma que ni yo esperaba, fue algo que me dejó sin respiración, totalmente impresionado. Mi esperanza de poder estar con alguien, compartir mi vida y formar parte de la de otra persona, se fueron esfumando poco a poco, cuando me di cuenta de que Clare solamente estaría dos meses más en aquel piso, ya que, volvía a Italia para terminar con sus estudios y trabajar en las tiendas de papelería que tenía su madre allí. Ésto no me lo esperaba y me sentía increíblemente frustrado por ello, debía habérmelo dicho y habría tenido más cuidado.

Clare se apartó de mí, se fue a aquel lugar que pensé que renunciaría por quedarse conmigo, estaba verdaderamente equivocado. Acabé solo, alejado de cualquier tipo de contacto humano, volviendo un tiempo después a acostarme con cualquiera, las borracheras, los amigos que se metían cualquier cosa por no vivir la oscura realidad que tenían a su alrededor y me dejé llevar por chicas que querían muchas cosas que no tenían que ver con lo llamado "amor", con aquello de lo que me volví a reír, aquello que se alejó de mí a mil kilómetros de distancia, dejándome atrás para siempre sin quererlo pero no teniendo ninguna opción a lo contrario...
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