Poder:




Estaba sentada en mi cama, esperando ansiosa a que mi madre me llamara para cenar, ya que, estaba realmente hambrienta. Cuando me di cuenta, algo fluía dentro de mí, un fervor, una energía casi imperceptible, una luz que reinaba en mi interior y que intentaba salir al exterior, impaciente y cautivador, inimaginable e incontrolable. Mi cuerpo empezó a temblar como si tuviera convulsiones, como si estuviera viviendo algo único que hacía que todo mi cuerpo se volviera loco, haciendo que una luz cegadora y penetrante saliera de mi pecho y de mis manos. Al cabo de unos minutos, mi dolor de espalda y esa pequeña herida que me hice con la bicicleta unas horas antes y que todavía estaba cicatrizando, desapareció totalmente. Verdaderamente, no sabía qué había ocurrido y estuve pensándolo constantemente durante los días que prosiguieron, sin encontrar respuesta alguna, así que, intenté pensar que quizá algún día llegaría a descubrirlo.

Una mañana soleada ocurrió algo que respondió a todas mis preguntas, me hizo ver hasta qué punto podría ayudar a la gente y cómo iba a empezar a manejarlo. Ahora sabréis cómo descubrí el potencial que había dentro de mí y cómo podía transmitirlo, cómo podía utilizarlo en el bien de los demás, ese poder que surgió de mí de la misma forma en la que curó mis propias heridas, ese poder que curó las heridas que tenía un niño en las rodillas al caerse de la bicicleta, estaba sangrando mucho, por lo que, cogí varios pañuelos y un poco de agua mientras llegaba su madre que, como él decía, estaba en una tienda y no tardaría mucho en salir. En el momento en que le puse la mano encima de la rodilla izquierda, una luz blanca, intensa y curadora pasó de mí a la piel de aquel niño que lloraba por el dolor del roce contra el asfalto; ese dolor desapareció, dejando de llorar al instante y desapareciéndole ambas heridas. Me miró sorprendido.

- ¿Eres una bruja? - me preguntó con toda la ignorancia de un niño de seis o siete años, más o menos. Sus ojos redondos me miraban eufórico, dándome las gracias de haberle calmado ese incesante dolor -.

- Pues ahora mismo... no sabría qué decir - mis ojos como platos le miraban fijamente, intentando encajar todo lo que había ocurrido durante esos pocos minutos, ese momento que podría decidir mi destino - Tengo que descubrirlo.

Su madre vino corriendo donde estaba con el niño agachada mirándolo fijamente con unos ojos de sapo que no podía aguantarlos. Me levanté poco a poco, atendiendo a las innumerables muestras de extrañeza de la mujer, que me miraba como si fuera un alien, como a alguien que provenía de otro planeta y que quería llevarse a su pequeño lo más lejos de mí totalmente. Me fui corriendo a casa y me encerré durante días, no sabía qué me estaba pasando y mi mente estaba colapsada, necesitaba que alguien me explicara qué era aquel poder... ¿sanador? 

Todo mi mundo estaba en pleno apogeo de dudas, mi cabeza iba a toda prisa, tan solo podía ir a clase durante unas horas y deseando que nadie se hiciera daño para no tener que incidir en curarle con aquella luz blanquecina que salía de mí de una forma inexplicable. Durante unos días, estuve huyendo de aquella responsabilidad que no sabía que tenía de curar a las personas, de sanar a cada ser viviente del planeta que estuviese enfermo, pero eso era lo único que sabía que podía hacer. Como he dicho escapaba de ésto constantemente, ya que, cuando alguien se hacía daño, yo huía lo más lejos posible para no tener que hacer nada para repararlo, dejaba que la persona se curara por sí misma aunque todo mi cuerpo me dijera que tenía que hacerlo, que tenía que sanarla, intentaba no escuchar esos instintos.

Una noche subí a mi habitación después de la cena, mirando obsesivamente a todos lados para que nadie se hiciera un corte, para que a nadie le cayera un vaso y se hiciera daño por alguna razón. Tenía suerte de estar en mi habitación, el único lugar solitario en el que podía mi pequeño secreto mantenerse quieto. Pero mi sentimiento de soledad, tan solo duró unos minutos, ya que, alguien apareció en el centro de mi habitación, un hombre totalmente viejo, afable y muy comprensivo, alguien que parecía un verdadero maestro a raíz de su vestimenta de un color rojo sangre con algunas zonas blanquecinas, aquella túnica que me habría gustado llevar. Mis ojos no podían creer lo que veían, ¿cómo podría ser que aquel hombre hubiese aparecido allí sin más? ¿Quién era?

- ¿Qué...? ¿Pero qué...? - intentaba no entrar en paro cardíaco, mis nervios estaban totalmente incontrolados y no podía creer lo que estaba viendo, lo que me estaba pasando durante todos aquellos días tan locos e increíbles -.

- Tranquila, Mary - dijo con una voz suave y templada, sosegada y con algo que embriagaba la habitación, como si su tranquilidad se explayara, como si lo transmitiera a todos los demás con toda su plenitud - Soy el Maestro de los Sanadores y vengo porque has incumplido uno de los mayores objetivos de nuestra comunidad.Tengo que hablar contigo, joven.

- ¿De qué quiere hablar? - una tranquilidad embriagadora me envolvía como quién no quiere la cosa, algo bastante extraño pero que, de cierta manera, me gustó - No entiendo qué me está pasando, ¿sabe?

- Usted es una principiante de una comunidad enorme que trata de curar a aquellos que lo necesitan, que sirve para dar vida a aquellos que han perecido y para embriagar de tranquilidad a quién está nervioso - me explicó, mientras yo le escuchaba atentamente - Como he hecho en el momento en que he entrado en esta habitación.

- ¿Pero qué me está pasando? - le pregunté, todavía con total curiosidad -.

- Perteneces a la comunidad de Sanadores, eres alguien que cura - me dijo, a lo que yo sentí que algo así me pasaba, era extraño pero era como si mi interior me lo estuviera diciendo constantemente y era yo quién no quería escuchar - He venido porque has renunciado a tu destino, has dado la espalda a aquello por lo que estamos aquí, aquello que nos hace ser quiénes somos.

- Las personas no aceptan ésto, me miran de forma extraña. No sé cómo manejarlo - le dije totalmente desesperada, a mi supuesto salvador y el que iba a echarme la bronca por haber descuidado mi deber durante tanto tiempo, aunque de todas maneras quería que me dijera qué debía hacer -.

- Los humanos siempre te mirarán de forma extraña, nunca han sido agradecidos y menos con personas que vienen de otro lugar como nosotros - me dijo, sentándose a mi lado para tener más cercanía conmigo, con su nueva aprendiz, guiñándome el ojo izquierdo -.

- ¿Me está diciendo que venimos de otro planeta? - le pregunté increíblemente alucinada, ¿cómo podía ser? - No es posible... ¿cómo...?

- Nos introducen en el vientre de una mujer humana para poder hacer nuestro trabajo aquí, siendo esparcidos y cumpliendo nuestro deber de curación - me explicó seriamente, lo cual, empezaba a pensar que ésto no era ninguna broma de mal gusto - Perteneces a nuestro mundo, así que, actúa como tal.

Durante los siguientes días, empecé a pensar en todo lo que me dijo el maestro de nuestra raza, por así decirlo, incluso me resulta increíblemente difícil cuando lo pronuncio. Al principio no quería pensar en ello, además tenía miedo de curar a alguien, de sentir aquel calor que transmitían mis manos hacia la parte herida de la persona. Era chocante que no fuera de este planeta, aunque ahora me explico por qué nunca he tenido un resfriado y que mis heridas han cicatrizado en minutos y por qué nunca he tenido ningún problema en el cuerpo.

Cada vez que veía a alguien desamparado, ya sea, por un accidente, alguien que se ha roto una pierna o cuando alguien se ha caído al suelo, lo he curado sintiéndome sorprendentemente bien. Curando a las personas me sentía diferente, era algo que me agradecían o algo que hacía que me miraran con extrañeza pero, al menos, me iba a casa con una sonrisa en mis labios. Estuve intentando practicar con el Maestro de los Sanadores durante un tiempo para aprender a controlar mi poder, algo que conseguí con creces en varias semanas, un reto según él diciendo que era una joven comprometedora para la comunidad. No sabía por qué había esperado tanto para hacer ésto o el miedo que le tenía a realizar esta obra tan satisfactoria tanto para mí como el regalo que podía dar a esos enfermos que no tenían ninguna cura para su enfermedad. Me sentía realmente orgullosa e intensamente feliz de poder ayudar así a a las personas, con un montón de proyectos y teniendo a los miembros de mi comunidad totalmente contentos conmigo.

Pasaron unos años y cada vez controlaba más mi poder, cada vez me concentraba más para la curación y siempre conseguía canalizar todo aquel poder para no sobrexcederme, ya que, podía sangrarme la nariz y sentirme demasiado cansada. Todo desapareció antes de empezar, todo se desvaneció en el aire y mi poder empezó a estar verdaderamente comprometido, fue algo que no dependió de mí. Una mañana como cualquier otra, me levanté animada y con increíbles ganas de hacer cosas varias, me dirigí a casa de una joven que me llamaba con su mente, pidiéndome una ayuda constante para su intensa fibromialgia, la cual, le dolía todo su cuerpo de forma imparable. Quería ayudarla, así que, empecé a andar por la calle hasta llegar a su casa, pero alguien interrumpió mi pequeño y curador viaje: un hombre alto, vestido de negro, con ojos penetrantes y negros, al igual que su pelo liso y sedoso peinado hacia atrás pensando que quizá estaba muy sexy pero yo no lo creía así ni por asomo.

- Disculpe, ¿puede quitarse de en medio? - le pregunté, bastante molesta - Necesito pasar.

- No puedo dejar que otra constructora de la sanación cure a otra persona cuando este poder ha sido nuestro desde hace años, antes de ser desterrados de nuestro mundo - parecía un cliente enfadado con nuestra comunidad de Sanadores, pero la cuestión es que no era mi problema -.

- Ese no es mi problema, ¿me deja pasar? - le pregunté ya bastante enfadada - Hay alguien que necesita mi ayuda y creo que ese no es usted.

Puso una mano en mi pecho sin decir una palabra más y sentí cómo absorbía todo mi poder sin yo ni siquiera permitirlo. Intenté apartarme de él concienzudamente pero no dejaba de apretarme el pecho sin poder quitármelo de encima, sintiéndome completamente inútil. Nuestro Maestro apareció justo detrás de nosotros y le empujó desde la distancia, era un hombre con muchos recursos y poderes a su alcance que le dieron los dioses que creyeron verdaderamente en él para guiar a sus aprendices para que fueran cada vez mejores. Fue una pelea concienzuda pero el Maestro consiguió que ese extraño se fuera por donde hubiera venido, que dejara de absorber mi poder sin paro alguno y en contra de mi voluntad. Me ayudó a levantarme, estaba demasiado débil para ello, pero me cogió en brazos y me metió en la cama de mi habitación.

- ¿Te encuentras mejor? - me preguntó, después de haber puesto sus manos sobre mi cuerpo y haberme hecho sentir tan fuerte como antes -.

- Sí, me siento mucho mejor. Gracias - le respondí, todavía algo contrariada - ¿Quién era ese?

- Los desterrados de los Sanadores. Fueron expulsados por conductas extremas que llevaban a las personas a volverse totalmente locas, a mover sus mentes a otro plano y provocarles sensaciones de pánico y ansiedad constantes. Les quitaron sus poderes como castigo - me explicó mirando hacia abajo, viendo en sus ojos castaños que realmente le hizo daño esta conducta tan mezquina - Fue algo muy cruel y, cuando en la comunidad hay alguien que incurre en este tipo de conductas, son desterrados.

- ¿Y qué se supone que me han hecho? - le pregunté, mirando sus ojos de pura tristeza. Sabía que era bastante grave, que le entristecía profundamente - Dímelo, por favor.

- Te ha extraído casi todo tu poder, te queda muy poco por eso sigues viva - mis ojos se inundaron de lágrimas, sabía qué significaba aquello - No podrás utilizarlo más, tan solo para autocurarte tú misma cuando te hagas daño con cualquier cosa y si no son heridas graves.

- Si le encuentro, ¿no puedo hacer que me lo devuelva? No sé, absorber mi propio poder...

- Nosotros no tenemos el poder de absorción, ellos se han transformado en algo más debido a su oscuridad, a su mezquindad y crueldad. No te aconsejo que traspases ese límite - me dijo seriamente, lo cual, me creó una tristeza incomparable -.

- Ya no volveremos a vernos, ¿verdad? - le pregunté, intentando saber si ellos seguirían formando parte de mí, si seguirían protegiéndome a pesar de no tener mi poder -.

- Somos tu familia, seguiremos protegiéndote ante todo - me dijo el Maestro que me enseñó tantas cosas, que me ayudó a comprender mi poder y a saber canalizarlo poco a poco - Nos veremos pronto.

Me dio un beso en la frente, un símbolo de protección. Mi tristeza volvió a mí como una ola incontrolable, ya que, no podría seguir curando a aquellos que lo necesitaran, a aquellos que querían ayuda para sus enfermedades o quizá para sus heridas exteriores. Cada vez que veía a alguien herido, volvía a casa llorando, intentando comprender por qué me habían hecho ésto los desterrados de nuestra comunidad, quizá por venganza. Con todas mis fuerzas quería que me devolvieran mi poder, quería sentir esa satisfacción después de ayudar a alguien que lo necesitara. Ahora tenía que conformarme con ayudar a aquellos que me pidieran que les explicara los problemas de matemáticas o los que necesitaban mis consejos, pero no había comparación con el regalo que le entregabas a alguien que salvabas, viendo sus caras de agradecimiento y su constante cariño al hacerlo.

Nunca pensé que aquello que creía que era una maldición, consiguió hacerme feliz, consiguiendo una familia bastante numerosa y que sabía que siempre estarían protegiéndome pasara lo que pasase. Siempre pensé que iba a hacer algo para transformarme en una buena persona, para dar un paso más en mi vida emocional, a progresar y canalizar mis poderes, sabiendo en todo momento quién soy yo y en qué me había convertido, el poder que podía transmitir y a quién podía ayudar. Sabía exactamente todo lo que podía hacer y todo estaba en mi mano, era algo que siempre recordaría, aquellos sentimientos y a aquellas personas a las que había ayudado, aquello los desterrados serían incapaces de absorberlo, de quitármelo de mí.



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Comentarios

  1. Me ha encantado y mucho tus lineas y he entrado a tu blog porque me ha llamado la atencion

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    1. Muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te haya gustado Ana Maria.

      Saludos.

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