En Algún Otro Lugar:




Desperté en un lugar diferente, en un lugar en el que no había estado antes, mirando a mi alrededor asombrada, estaba en un mundo que no podría describir. Miré hacia arriba y observé que el cielo tenía un color anaranjado y algo rojizo, parecía estar en un bosque, ya que, estaba repleto de árboles demasiado altos como para escalarlos y yo estaba justo encima de un montón de hojas secas que habían caído de los mismos. Me levanté poco a poco y dudé de que este lugar fuese la Tierra, era un lugar que no era posible que existiera, así que, me guié por aquel río que vi en la distancia, dirigiéndome hacia allí con curiosidad y un deje de nerviosismo.

El agua que siseaba en aquel precioso río era tan clara que me sorprendió, en el lugar de donde vengo la contaminación está muy presente y las aguas no están limpias debido a que a los jóvenes les gusta tirar basura a las mismas. De repente, vi a alguien entre los árboles que corría fugazmente, alguien que me observaba desde hacía largo rato, alguien que esperaba que tuviese miedo, alguien que creía que yo era una intrusa. Me quedé quieta, sentía que el vello de todo mi cuerpo se erizaba para dar paso a una respiración entrecortada, intentando permanecer con los pies en aquella tierra húmeda plagada de hojas. Alguien estaba detrás de mí, prácticamente oliéndome, con su nariz en mi nuca, ni siquiera sabía qué decir o qué hacer pero ese alguien sí lo sabía porque tenía muy claro el tipo de raza que era yo en la distancia.

- Eres humana - dijo aquel ser que estaba a mi espalda, con total convicción como si lo hubiera descubierto tan solo por mi olor, quizá por mi perfume a fresas - ¿Cómo has llegado aquí? - siguió preguntando con una curiosidad que jamás había oído -.

- Estaba durmiendo y he llegado aquí, tan solo es un sueño, así que no te preocupes - respondí, moviéndome poco a poco para poder ver a mi interlocutor de frente - ¿Puedo mirarte? No voy a hacerte daño.

Aquel ser que intentaba ocultarse de cualquier cosa era algo que tan solo había visto en las películas, era realmente precioso con aquella tez pálida y aquellas orejas puntiagudas, sus cabellos castaños completamente lisos, con una vestimenta estilizada de color verdoso oscuro y llevando un arco del mismo color que su pelo en la mano derecha. Miré aquellos ojos grises que me hipnotizaron al momento y vi a un ser totalmente a la defensiva ante cualquier interrupción de otro tipo de criaturas. Lo que tenía justo enfrente de mí era un elfo, algo que había pensado que jamás existiría en la vida real aunque con lo que dijo después empecé a dudar de si ésto verdaderamente era un sueño o una realidad creada por mi subconsciente.

- Vienes de un sueño, ¿verdad? - me dijo, analizando cada parte de mi cuerpo como si se le fuera el mundo, como si ese enigma tuviera que solucionarlo. Yo no tuve otra opción que asentir -.

- Recuerdo que estaba dormida y aparecí justo en aquellos bosques - le señalé amablemente el lugar de donde llegué a aquel río de agua clara y a aquella sorprendente situación -.

- ¿Cuántas veces te ha ocurrido ésto? - me preguntó con cierta preocupación -.

- Cuatro veces - su cara cambió de repente, algo más seria e incomprensible -.

- Si sigues viniendo tu cuerpo acabará atrapado en este lugar, si no quieres que algo así ocurra, no vuelvas por aquí - me respondió tajantemente -.

Aquella criatura de la naturaleza se volvió para adentrarse en el bosque, dejándome atrás sin pensárselo dos veces, sin ningún tipo de remordimiento queriéndome dejar totalmente sola en aquel lugar desolado, demasiado grande para saber hacia dónde ir, cómo volver a la realidad y si en ese mundo habría alguien más con quién hablar, así que, decidí ir tras él rápidamente para no perderle de vista e intentar convencerle para que me ayudara.

- ¿Sigues aquí? - me preguntó con desgana - Deberías irte.

- No sé cómo hacerlo, si puedieras ayudarme... - le dije, haciendo que parara el ritmo y se irguiera enfrente de mí - Por favor, explícame qué es lo que ocurre - le imploré, finalmente -.

- Te encuentras en un mundo elfo, en esta parte donde has llegado tan solo estamos nosotros, más al sur se encuentran los enanos con los que no nos llevamos francamente bien, ya que, son bastante rabiosos - puso mala cara al nombrarlos, parecía que ambas razas no acababan de cuajar del todo - Un poco más allá de los enanos también se encuentran los lobos, por eso, no puedes salir de noche porque tienen permitido pasar por aquí durante la noche para poder cazar. También están las hadas que, aunque te parezcan preciosas son muy malas, pueden llegar a matarte. Por último, tenemos por aquí a los Guardianes de los Dragones, no puedes acercarte a sus fortalezas si no quieres morir bajo las patas de sus mascotas - añadió con desdén, después de dejarme con la boca abierta al ver todo aquel mundo que ahora mismo estaba formando parte de mi mente -.

- ¿Y qué se supone que estoy haciendo aquí? - le pregunté con curiosidad - Soy humana.

- Estás soñando, efectivamente. Pero ésto es una realidad, no te lo estás imaginando ni nada por el estilo; ésto es tan real como tu vida misma, aunque algo más peligrosa - me sorprendió todo aquello que decía y me parecía de lo más interesante a la vez - Lo verás muy bonito, con lares preciosos, cascadas inimaginables, criaturas interesantes e incluso, peligrosas pero cada vez que vengas aquí un pedazo de tu cuerpo se quedará materialmente en este lugar y llegará un momento que te quedarás atrapada aquí para siempre.

- ¿Y eso por qué? Me gustaría estar en ambos lugares - le dije con cierta nostalgia, aquel lugar era precioso -.

- Simplemente porque los humanos no estáis acostumbrados a estos ambientes, éstos te atrapan, te arrastran cada vez más sin previo aviso - respondió a mi pregunta con cierta tristeza - Te quedarás aquí y no volverás a ver a tu familia jamás, después te convertirás en una de las criaturas que se encuentran aquí, te transformarás en alguien que quizá te guste o quizá no... - bajó la mirada, así que, deducí que algo así debió pasarle -.

- Te ocurrió a ti, ¿verdad? - él afirmó pero parecía que no quería hablar del tema, quería evitarlo a toda costa, por lo que, decidí cambiar de tema - ¿Cómo te llamas?

- Eloneris, proveniente de la Tierra y transformado en elfo - respondió, avanzando hacia el bosque - Sé que te llamas Peyton y que te enloquece la fotografía, que vives con tu familia y que estás pasando por un momento traumático, por ello, tu mente te trae aquí casi regularmente. 

Todo ésto me dejó perpleja, ya que, no recordaba nada después de haberme despertado en ese bosque, ni siquiera sabía el por qué. Intenté recordar en ese momento justo en el que me dieron la noticia de que mis padres acababan de morir en un accidente de tráfico y, automáticamente me desmayé. Después de lo que a mí me pareció una eternidad, desperté en una cama mullida, de lo más cómoda y hecha de terciopelo azulado intenso, parecía que aún seguía en aquel mundo mágico lleno de criaturas fantásticas. Las paredes de la habitación en la que me encontraba eran de piedra, tenía varios espejos con tamaño lo suficientemente grandes para ver toda la silueta de una persona, había un armario enorme para meter la ropa y la cama era preciosa. 

Me levanté poco a poco y me dirigí hacia la puerta, intentaba no recordar aquello que anuló mi mente dejándome inconsciente, parecía estar en un momento en el que no podía avanzar, en el que no quería asumir lo que había ocurrido. En cierto modo, prefería estar en aquel lugar lleno de fantasía y dejar de lado la vida que tenía y que ya no soñaba tener, dejarlo todo atrás para convertirme en una criatura de la naturaleza, parecía que ya lo tenía decidido. Salí de aquella habitación y atravesé aquellos largos pasillos hasta llegar a la entrada de la enorme casa de piedra, hasta llegar a la puerta principal y salir al enorme jardín que debía pertenecer a alguien con mucho dinero. Estaba lleno de flores silvestres, habían niños corriendo a través de aquel verdoso ambiente, con aquellas orejas puntiagudas y sus cabellos lisos y lacios; en la distancia observé que Eloneris estaba sentado en un banco de piedra mirando el río que había justo al lado de aquella enorme casa, así que, me acerqué y me senté a su lado.

- ¿Has descansado? - me preguntó, mientras seguía mirando el agua ensimismado, como si algo allí dentro fuese a decirle algo sorprendente en cualquier momento -.

- Sí, eso parece - le respondí, encogiéndome de hombros. Pero no quería tonterías, quería saber más - ¿De quién es esta casa tan grande?

- Del fundador de todo ésto. Ha construido todo lo que ves aquí - se giró para mostrar todo el paisaje que teníamos justo detrás - Me acogió desde el primer momento en el que llamé a su puerta.

- Parece que estáis muy unidos - terminé afirmando lo que él decía, lo cual, asintió -.

- Deberías empezar a aceptar lo que te ha ocurrido, sino no podrás volver al lugar del que provienes - me aconsejó mirando fijamente mi perfil -.

Simplemente me quedé callada, ni siquiera sabía si iba a volver, ni si quería hacerlo. Las cosas no eran tan fáciles como suenan cuando las pronuncias, se te cae el mundo encima y, por mucho que te aconsejen algo, nadie puede superarlo por ti, nadie puede ayudarte más. La soledad que me invadía era tan grande que necesitaba estar conectada a algún lugar, a algún sitio del que pudiera pertenecer hasta los últimos días de mi vida. Eloneris se fijó en este hecho, el estar en silencio le dio ciertas ideas para adivinar por dónde iba mi decisión, cuál iba a ser la culminación de la situación.

- No quieres volver, ¿verdad? - asentí con la cabeza sin excusarme con nada más - Tienes que hacerlo, tienes que seguir adelante para poder completarte a ti misma, para volver a ser parte de algo...

- Quiero ser parte de ésto, quiero dormirme y seguir estando aquí. Nadie puede impedírmelo - respondí, mirándole fijamente a los ojos -.

- No sabes el error que estás cometiendo - dijo tajantemente, tapándose los ojos en señal de preocupación - Mira lo que me ocurrió a mí, no seas estúpida.

- Lo que te ocurrió a ti no es tan malo, eres una criatura de la naturaleza que se va a los bosques a cazar y que ha sido "adoptado" por un señor rico que también es de la misma raza y tienes un montón de ríos y flores preciosas de las que disfrutar, no entiendo a qué viene tanta queja...

No dijo nada más, se limitó a levantarse del banco algo taciturno y entró en aquella casa preciosa. Pensé que toda la vida de Eloneris cambió por completo, creo que anhelaba ser humano y que nadie le explicó los riesgos de quedar atrapado aquí, descubriéndolo él solo y sin ningún tipo de ayuda. Supongo que un día despertó en este mundo en forma de elfo y se dio cuenta de que ya no podía volver, de que el sueño en el que estaba se volvió realidad y que el cuerpo físico de la Tierra se desvaneció por completo hasta no quedar nada, haciéndole sentir vacío. Quizá he decidido ser otra persona, quizá quiero cambiar de vida, de circunstancias, aparte de la rutina estúpida de "estoy bien" y realmente estoy destrozada, quizá quiero convertirme en alguien mucho más grande, en alguien que quiere formar parte de la naturaleza, de la vida misma... sin restricciones.

Parecía que me hubiera desmayado en el mundo elfo, ya que, desperté rodeada de mi familia, mirándome mientras dormía. Mis abuelos y mis tíos no dejaban de observarme y también había un médico que controlaba mis funciones vitales. Me quedé totalmente perpleja al ver a tanta gente alrededor de mi cama y que aquel mundo mágico se hubiese desvanecido de repente.

- Lise, ¿cómo te encuentras? - se acercó el médico para tomarme la temperatura, mirarme los ojos y abrirme la boca de par en par por si había pillado algo -.

- Genial... supongo - respondí aún perpleja. En realidad, me notaba extraña como si mi cuerpo hubiera dejado de pertenecer a este lado para ser parte del otro, como si las células de mi cuerpo estuviesen cambiando, pero preferí mentir debido a las risas que provocaría si la gente llegara a oír mi fantástica historia de criaturas de la naturaleza misma - ¿Qué pasa? ¿Por qué estáis todos aquí?

- Te quedaste dormida y no te has despertado en tres días - me explicó mi tía Sussy, de lo más contrariada y con una mirada de preocupación - No sabíamos qué te ocurría.

- ¿Tres... días? - pregunté anonadada, más bien para mí misma pero se escuchó en voz alta. Me parecía extraño, ya que, en el mundo elfo tan solo habían pasado unas horas, eran a penas las cuatro de la tarde y aquí habían pasado tres largos días. Mi perplejidad no desapareció, pero preferí disimular - Vaya, sí que estaba cansada...

Se quedaron mirándome fijamente, alucinados de que yo tratara el tema con tanta tranquilidad y de que no le diera absoluta importancia. Me levanté como si nada, con las piernas algo entumecidas debido a no haber caminado durante tres días y por la tensión que estaba teniendo durante el tiempo que estuve acostada en mi cama. Estaba hambrienta, así que, me dirigí a la nevera de la casa de mis padres y me preparé una tostada con nutella, estaba deliciosa, como las hacía mi madre... Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas, no quería pensar en ello pero venía a mi mente como una ráfaga de aire, como algo que no quería ver pero que se manifestaba por necesidad; no quería recordar, no quería tener nada que ver con esos sentimientos y quería pasar por ello a mi manera, así que, tenía que encontrar la forma de volver a aquel precioso mundo y no volver jamás.

Sabía que Eloneris no querría que hiciera aquello, estaría totalmente en desacuerdo y no querría que pasara por algo así, pero era mi decisión. Pensado y hecho, me acosté en mi cama cómodamente, después de haber cenado para tener el estómago lleno y cerrando los ojos para centrarme en aquello que quería, en el otro lugar al que quería ir y pertenecer, llamando a una fuerza interior para hacerme desaparecer en la Tierra para poder formar parte de la naturaleza por fin. Volví a despertarme en aquel banco de piedra en el que me había desmayado y acabé encontrándome como era yo misma, como si todas mis células estuviesen de acuerdo de que yo estuviese allí. Eloneris estaba justo a mi lado, esperando a que despertara porque de alguna manera, sabía que volvería.

- ¿Te encuentras bien? - me preguntó, analizándome con aquellos ojos grises y penetrantes -.

- Es curioso, he oído esa pregunta dos veces - respondí irónicamente, haciendo referencia a mi familia cuando desperté en la Tierra. Debido a su mirada inquisidora después del sarcasmo, decidí volver a hablar de la mejor manera de la que sabía - Sí, estoy bien.

- Has decidido quedarte - afirmó, tan solo mirándome a los ojos como si tuviera algún tipo de poder mental -.

- Sí, ya lo he decidido - respondí tajantemente -.

Lo que pasó los días que prosiguieron en aquel lugar fueron extraños, ya que, notaba que todos mis huesos se estaban retorciendo, como si todo mi cuerpo estuviese cambiando poco a poco para dejar de ser humana y transformarme en alguna criatura de este lugar. Eloneris me ayudó mucho en todo este proceso y deseaba que fuese una elfa como él pero no tuve tanta suerte, mis ojos verdosos se volvieron feroces, mis cabellos castaños se volvieron más cortos y cubrieron todo mi cuerpo, mis brazos y piernas empezaron a ser unas patas que corrían a una velocidad inimaginable... me había convertido en una mujer lobo, algo que no les gustaba nada a los elfos, lo cuales, estaban totalmente apartados de ellos porque eran muy peligrosos.

Tan solo veía a Eloneris algunas mañanas en las que me despertaba en algún lugar del bosque después de correr por todos ellos y cazar para mi nueva manada, para aquella que ahora era mi familia y en la que nos protegeríamos unos a otros. Veía a Eloneris de vez en cuando pero de forma totalmente privada, para que nadie viera nuestra relación amistosa, debíamos escondernos para que la familia a la que pertenecía no le juzgara por relacionarse con una mujer lobo y yo debía esconderme por la misma razón, ya que, ambas razas no solían relacionarse.

Mi vida en la Tierra desapareció, supongo que físicamente desaparecí y llegarían a pensar que me marché de casa de mis padres para empezar una nueva vida en otro lugar, en algún sitio donde me sintiera feliz y donde dejara de pensar, de echar de menos a aquellas personas que durante toda la vida habían formado parte de ella, aquellas que me habían criado desde que nací... era algo que no quería volver a pensar, ni recordar... el ser lobo me ha cambiado radicalmente, pienso en otras cosas pero nunca en mi pasado, esa ferocidad que siento dentro de mí no me deja. Aunque no es fácil vivir de esta manera, mis esperanzas han florecido, mis recuerdos se han marchitado, todos aquellos momentos de tristeza se alejaron para no volver y la familia volvió a mí en forma de manada, de compañerismo y amistad; todo era un  montón de emociones, de transformación y de un amor incondicional que nunca había sentido antes.


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