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Todo empieza siendo una amistad, un momento en el que fluyen varias opiniones y acabas viendo que todo tiene sentido a tu alrededor, que no eres la única loca en el mundo. Supongo que eso fue lo que ocurrió el día en que conocí a Naira, una joven que con sus preciosos ojos grises sabía decirlo todo pero no decía nada, que con sus cabellos color dorado iluminaba la vida más oscura, con sus labios  carnosos decía cosas maravillosas e impactantes, llenas de expectativas y vivas con su cuerpo, esbelto y en el que compartía una gran atracción.

Me di cuenta de que me miraba con aire curioso, no fijamente ni con ganas de comerme viva como ocurre en algunas fiestas, era más bien una mirada de conexión, de completa complicidad entre ambas tan solo cruzando nuestros ojos y, quizá nuestros mentes sin darnos a penas cuenta. Seguí expectante, viendo cómo se acercaba donde estaba yo, seguía mirándome y empezó a ser un juego en el que solo estábamos ella y yo e intentábamos comprobar quién de las dos se cansaba de aguantar la mirada de la otra. Se apoyó en la barra de la taberna en la que nos encontrábamos, yo no esperaba a nadie, solamente deambulaba por ahí y decidí pasarme a tomar una cerveza; ella me siguió mirando a los ojos, esperando una reacción mía, pero en realidad, no sabía muy bien qué decir.

- Eres genial, ¿lo sabes? - aunque más que una pregunta, era una afirmación. No sabía cómo podía saber tal cosa si no me conocía en absoluto, quizá quería ligar conmigo - Tienes algo que atrae, algo que desprendes que hace sentir como que estás volando... ¿es tu perfume? - preguntó, acercándome para olerme - Además, hueles bien - sonrió socarronamente, con aquella sonrisa pícara que empecé a conocer más -.

- No sé qué decir - le respondí, totalmente sincera como mi interlocutora que estaba a punto de comerme con la mirada. Estaba observándome expectante, quizá por mi apariencia completamente normal (vaqueros y una camisa negra con encaje y una chaqueta de cuero encima), o quizá... ¿por mi perfume? -.

- No sabes qué decir porque piensas en qué decir - respondió, apartando su pelo largo hasta más abajo que las costillas, haciendo entrever su cuerpo esbelto y su mirada inquisidora - Tan solo siente lo que vas a decir, no pienses.

- Tienes una mirada increíble - dije sin pensar, haciendo caso a aquella desconocida que, de repente, empezaba a tenerle confianza. Sus ojos maquillados con un eyeliner negro y con aquellos labios pintados de un color rojo oscuro, me miraron y sonrió, aunque no se avergonzó, fue como algo coqueto -.

- ¿Lo ves? No es tan difícil - me guiñó el ojo derecho en señal de coqueteo, me puse roja y pensé en lo increíble que me parecía aquella chica en verdad, con aquellos pantalones negros desgarrados, las cadenas que llevaba colgando de los mismos, aquella camisa con encajes, las botas que le llegaban a las rodillas llenas de hebillas y la chaqueta de cuero que hacía entrever algunos grupos que le gustaban - Soy Naira.

- Yo soy Jannice - me dio un beso en la comisura derecha de la boca, completamente sensual y en la que me hizo dudar de si yo tan solo era heterosexual o aquella chica empezaba a cambiar mis gustos - Y no sé qué me está pasando, así que, casi que me acabo la cerveza y me largo.

Me volví para irme directamente hacia la puerta de salida de aquella taberna, después de beberme medio vaso de cerveza de un trago, pero fui interrumpida por el beso apasionado de aquella joven que me había iluminado y le había dado a mi vida sentido, tan solo poniendo sus labios sobre los míos. Fue suave, apasionado y dejando atrás todo tipo de cosas negativas, de pensamientos de si ésto estaba o no estaba bien, o de dudas existenciales sobre mi nueva orientación sexual. Todo el resto del mundo desapareció a mi alrededor y terminé fundiéndome con Naira, totalmente dada a compartir su cuerpo, a dejarme entrar en su mente y unir mis labios con los suyos.

Cuando me di cuenta, nos estábamos yendo a su casa para compartir algo más que unos besos apasionados, dejándome llevar completamente y pensando que no me importaba en absoluto si habían cambiado mis gustos. La excitación aumentó conforme llegábamos a la cama de su habitación, no me pregunté si había alguien o no, tan solo quería fundirme con ella, quería compartir aquello que había perdido con otros y que quizá no lo perdiera con ella. Mi respiración iba haciéndose cada vez más intensa, mi corazón palpitaba con fuerza, esperando el momento de éxtasis mientras me daba besos y mordiscos por mi pecho, por mi barriga y llegando finalmente al punto G que todos sabemos que podemos llegar a completar nuestro placer. Lo que sucedió después sí fue verdadera pasión, llena de besos, amor y ternura constante, excitación y éxtasis total, dejándonos caer ambas en la cama al terminar con lo esperado desde el beso apasionado que me dio Naira en la taberna; dejamos nuestros cuerpos desnudos caer en su cama, mirando hacia el techo exasperadas, como si nunca hubiéramos experimentado nada igual, al menos yo.

- Nunca te habías acostado con una mujer, ¿verdad? - me preguntó Naira, adivinando totalmente que algo así jamás me había sucedido antes, quizá porque parecía algo parada durante todo el rato y quizá algo nerviosa - Estás roja - dijo sorprendida, a lo que yo no di mucha importancia, ya que, es algo normal en mi vida y en todas las ocasiones -.

- Nunca lo había hecho con una mujer - afirmé aquello que había dicho anteriormente, quizá con un deje de miedo, ya que, ésto era algo nuevo para mí y no para ella - Parece que tú ya lo has hecho antes.

- Lo he hecho varias veces, sí - algo apenada se incorporó, dejando ver su preciosa espalda de color blanquecino, ya que, parecía que no le gustaba mucho tomar el sol -.

- ¿Ocurre algo? - me preocupé, ya que, empezamos a hablar de ello y empezó a ser reservada, algo que durante aquel dulce acto que compartimos, no me lo dejó ver - ¿He dicho algo que te haya molestado?

- No, solamente que la última relación que tuve no salió muy bien. Me dejó sola - agachó la cabeza y creo que empezó a sentirse más mal cada minuto que pasaba -.

La abracé cada vez más fuerte para que se sintiera querida de alguna manera, aunque hubiera sido el polvo de una noche para olvidar a la antigua chica con la que estaba. Se quedó arropada a mi lado, abrazándonos ambas como si no hubiera un mañana, al menos, terminó de temblar. La vi acurrucada a mi lado con sus preciosos ojos grises cerrados, sin pensar en que yo estaba a su lado, por lo tanto, decidí apagar la luz para poder dormir juntas.

A partir de ese día, nos hicimos inseparables. Siempre íbamos juntas a cualquier lugar, empezamos a acostarnos una noche y seguimos haciéndolo los días que continuaron, también empezamos con besos de vez en cuando cada día a besarnos constantemente con ternura y pasión en cualquier lugar sin importarnos quién nos mirara o quién susurrara detrás de nosotras, empezamos a ser "pareja", por así decirlo, venía implícito porque nunca lo hablamos. Todo empezaba a tener sentido, empezaba a respirar algo más que mi alrededor, algo más que mi sentir, pude ver algo más de lo que yo pensaba, entendiendo mis sentimientos de otra forma, comprendiendo que la relación que había entablado era diferente y quería disfrutarla.

- Eres preciosa - me dijo tocándome los labios con el dedo índice de su mano derecha, con suavidad y un deje de sensualidad, para después besarme con ternura -.

- Tú tienes unos ojos que me encierran - le respondí, era algo que empezaba a sentir hacía unos meses antes de este momento. Era increíble lo que había empezado a sentir desde que estaba con ella, estaba siendo una experiencia inolvidable -.

Su sonrisa iluminó la habitación como si nada más existiera, como si no hubiera nada que pudiera estropear aquello en lo que se había convertido nuestra relación. Pero yo estaba francamente equivocada, sí que hubo algo que estropeó aquello tan magnífico y puro que teníamos: le ofrecieron un buen trabajo en el extranjero, le pagaban muy bien y ella deseaba ser una gran profesional, con lo cual, yo siempre la he apoyado. Lo curioso no fue eso, sino que no me propuso que me fuera con ella, aceptó todos los términos del contrato y lo supe una semana antes de irse, es como si te enteras de que un familiar tuyo se muere unos días antes, fue como si me dieran una patada en el hígado. 

- ¿Por qué haces esa cara? - me preguntó sorprendida, a lo que, yo no comprendí. ¿Cómo era posible que me preguntara algo así? ¿Qué cara se suponía que iba a hacer? - Sabías que algún día ocurriría.

- Por supuesto, pero pensaba que me ofrecerías ir contigo - le dije, algo enfadada pero más que todo, desilusionada - Pensaba que significaba algo para ti.

- Jannice, no saques las cosas de quicio - respondió, con total indiferencia al explicarle lo que verdaderamente me importaba - Puedes seguir con tu vida.

- ¿¡Cómo?! - mis ojos estaban abiertos de par en par al ver el poco interés que tenía por nuestra relación, empecé a pensar que quizá no le dio tanta importancia como yo a aquello que habíamos construido unos años antes - ¿Piensas que después de una relación de dos años voy a seguir con mi vida como si nada y tratar ésto con total indiferencia como haces tú?

- Mujer, ha sido algo sin importancia - se me cayó el alma a los pies, verdaderamente pensé que significaba algo para ella. Quizá fui una tonta por pensar algo semejante -.

Respondí a ésto saliendo como una exalación de su casa y cerrando la puerta tras de mí, no podía creer que ésto no hubiera significado nada para ella, no creía que fuera a dejarme de esta manera, pero entonces, caí en la cuenta. Una chica llamada Serly, dejó a Naira hacía unos tres años y se fue al extranjero sin decirle absolutamente nada, tratando la relación como si no hubiera ocurrido y dejándola completamente sola en aquel pequeño piso alquilado en el que vivía Naira ahora y en el que me invitaba a quedarme todas las noches para poder dormir juntas. ¿Estaba haciendo lo mismo conmigo?

Estuve en mi casa durante unos días reflexionando sobre lo que podría estar pasando realmente, si Naira verdaderamente estaba apartando nuestra relación y no le daba la menor importancia o si yo tan solo había sido un juguete durante un tiempo. Me cansé de pensar y esperar a que llamara y me dirigí a su casa rápidamente, no quería que se fuera sin haberme despedido, no me lo perdonaría jamás. Cuando llegué, había recogido todas sus cosas del piso y no había señal alguna de ella, tampoco estaban las maletas, así que, debió de haber salido antes al aeropuerto para facturar algunas maletas adicionales que iba a llevarse. Cogí la Harley que había dejado aparcada enfrente de su casa y aceleré como si el mundo fuera a acabarse en cualquier momento, era curioso que, a pesar de todo, tan solo quisiera verla por última vez antes de irse, tan solo volver a besarla o tocarla como hicimos unos días antes.

Cuando llegué tuve que comprar un billete para entrar dentro, ya que, me di cuenta de que los pasajeros que iban a Bélgica ya estaban embarcando. Mi corazón palpitaba cada vez más deprisa, no podría perdonarme jamás el hecho de no haberme despedido de ella y no volverla a ver más. La vislumbré en la distancia y corría hacia ella como si me fuera la vida en ello y, de un empujón, la aparté de las escaleras donde iba a subir al avión. Su mirada fue de total sorpresa, parecía que tuviera claro que no iba a aparecer, pero aquella mirada me decía que lo sentía y que debió de haberme invitado a ir con ella.

- Pero... ¿qué estás haciendo aquí? - me preguntó, mirando a su alrededor totalmente anonadada - Pensaba que...

- Lo siento, quería despedirme - le dije, rodeando su cintura con los brazos. No podía creer que se fuera para siempre - Solo quería decirte: Adiós.

- ¿Por qué? - me preguntó, todavía con los ojos como platos - No tenías por qué venir, tenías razones para estar enfadada, te entiendo...

- Sé lo que pasó con Serly y sé que has dejado de valorarte como persona, por eso crees que nuestra relación no ha significado nada, pero sí que lo ha significado, al menos para mí. Siempre he sido la típica chica reprimida y vergonzosa que ve un muro cada vez que cambian las cosas, pero tú me hiciste ver que éstas podían llegar a ser maravillosas y que teníamos una oportunidad de ser algo más, de tenerlo todo en nuestras manos, sin horizontes ni límites - le dije, mientras veía cómo le brillaban los ojos y todos los pasajeros del avión empezaban a mirarnos anonadados pensando que esa era la mejor declaración nunca vista - Tú fuiste quién me cambió la vida, con tu sonrisa, tu forma de hablar, cuando te ensucias la nariz de nata cada vez que te tomas el café o cuando me miras con esos preciosos ojos cada mañana al levantarte... fuiste tú y nadie más.

Las lágrimas rozaron sus mejillas como torrentes de agua que no se rendían nunca y su abrazo fue tan fuerte que casi no me dejó respirar. Estuvimos así durante un buen rato, los pasajeros estaban tan atentos que hicieron bajar al piloto y el copiloto para que vieran que lo que estaba pasando era algo precioso, así que, también se unieron a aquel teatro que parecía que habíamos montado. Al cabo de unos minutos, se despegó de mí para mirarme a los ojos, para sentirme otra vez en su interior sin siquiera tocarme, nos lo decíamos todo sin hablar; sus labios mostraron sus blanquecinos dientes combinados con algunas lágrimas de emoción, supongo, no sabía qué decir pero al final, tuvo que ser así.

- Me gustaría que vinieras conmigo - decidió al fin, con aquella sonrisa tan llena de pasión y ternura, con tanto amor que era incapaz de expresarlo de una sola vez - Si quieres...

- Por favor... ya me he comprado el billete para llegar hasta aquí - todos rieron y ahí es cuando me di cuenta de la gente que nos estaba observando, había actuado como si allí no hubiera nadie más que nosotras -.

- ¿Y tus cosas? - preguntó Naira preocupada, ya que, no llevaba ni ropa pero era la primera vez que me daba absolutamente igual todo - ¿Y tu trabajo?

- Ya lo arreglaremos, ahora quiero irme contigo a donde sea - le dije totalmente decidida, pensando que mi madre me habría matado si hubiera oído que algo semejante salía de mi boca, de hecho, cuando llegara a Bélgica, ésta no se lo creería y trataría el tema como un acto de inconsciencia -.

Los siguientes días fueron tan bonitos como la primera vez que sus labios se posaron sobre los míos, con aquella delicadeza, aquella sonrisa y sus ojos grises mirándome con ternura. Su cuerpo volvía a estar unido al mío, e incluso, descubría cada vez más cosas de ella, más similitudes conmigo y muchas cosas curiosas que no ves hasta que no vives con alguien de verdad. No pensé que rompería las reglas por alguien en mi vida, estaba sorprendida de haberme ido de mi tierra natal hasta un lugar que no conocía por una mujer, enamorándome de ella como jamás me he enamorado de ningún otro hombre con el que hubiera estado.

Cuando verdaderamente quieres a alguien, sabes qué decisión debes tomar. Siempre seguirás un camino unido al suyo y querrás sentir su piel atada a tu cuerpo, teniéndola tan solo para ti, para un cuerpo antes solitario y lleno de dudas existencias y, del que ahora sabe qué es lo que quiere: es la vida, Naira lo es.


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