Locura:




- Ya sabes que no deberías hacer caso de lo que dicen sobre ti, Max - me dijo la pequeña y sensual pelirroja que tenia desnuda a mi lado con aquella sonrisa cautivadora con dientes blancos y esa mirada escurridiza y audaz - No dicen más que tonterías, lo sabes.

- ¿Y si fuera verdad? - le pregunté asustado, a punto de que se cortara mi fatigosa respiración - No podría dejar que esa opción se esfumara de mi mente, es algo que puede ser u ocurrir, ¿no crees?

- Haces lo que te gusta, ¿qué problema hay? - preguntó Alicia con la misma sonrisa de antes, como quién no quiere la cosa -.

- Hago daño a otras personas que creo que no se lo merecen - respondí con cierto aire de remordimiento, no podía creer que pudiera estar pensando en mi locura como algo real y probable -.

Ella tan solo me respondió con un embriagador beso en la boca, sin cuestionar aquello que decía, sin recriminar mis palabras y dejando que su cuerpo volviera a fundirse con el mío. Mi psicóloga me diagnosticó una esquizofrenia severa, en la cual, me decía que la mera existencia de Alicia me desestabilizaba, hacía exactamente lo que ella quería, cuando ella quería y no debía permitir aquello, debía dejarla irse a otro lugar que no era mi mente, tenía que desaparecer pero no podía dejar de hablarle, se desnudaba ante mí y me dejaba sin habla con aquel cuerpo perfecto y aquellas pequeñas pecas marrones alrededor de sus mejillas. A parte de ella, también solía hablar con Peter, un amigo que me acompañó desde que era un niño, el cual, siempre había estado en los buenos y en los malos momentos y el que dio el aviso de que algo iba mal en mi cabeza, cuando se lo presenté a mis padres pero ellos no veían a nadie, no podían dar crédito a aquello que ocurría delante de sus narices, y por ello, lo de ir a mi psicóloga Melissa.

- ¿Qué pasa? - nos interrumpió Peter con su socarronería y después de haberse bebido varias copas de más en el bar que había justo debajo de mi piso -.

- Joder, tío. Llama antes de entrar - le grité expresando mi total descontento, ya que, Alicia y yo estábamos desnudos en la cama e íbamos a empezar otro de nuestros momentos hasta ser interrumpidos por esta rata que a veces, tenía cierto encanto. Nos tapamos con las mantas rápidamente, él ni se inmutó, mirándonos con total pasotismo y desdén - ¿Qué quieres?

- ¿Habéis pensado lo del incendio? - preguntó, sentándose en la punta de la cama, mirándonos con aquellos ojos que se le iluminaban cada vez que hablaba de algo que tuviera que ver con el fuego - Estoy impaciente.

- Creo que no deberíamos - respondí algo asustado, ya que, Melissa me había dicho que no hiciera caso de este tipo de invitaciones de Peter, podría meterme en un buen lío y quién lo pagaría bien caro sería yo, ya que, él solo es un producto más de mi mente hecha añicos - Me gusta la vida que llevo ahora mismo.

- ¿No te gustaría sentir esa adrenalina que sentiste aquella vez que incendiamos aquel bosque a las afueras de Boston? - me preguntó Alicia, con aquella brillantez en sus ojos y aquella tez pálida, con una incitación en la voz que me parecía demasiado sensual como para decir que no, era una mujer que engullía con sus palabras y con aquel cuerpo perfecto - A mí me excita y más si lo hago contigo.

- ¿Cuándo queréis hacerlo? - me excitó tanto la forma en que lo dijo que no pude evitar querer hacerlo, tan solo por sentir su cuerpo una vez más y aquellos labios sobre los míos, presionándome y mordiéndome hasta sacar una gotita de sangre, era una mujer realmente sensual -.

Lo que sucedió en Boston no debía volver a ocurrir, pero ni siquiera me importaba. Estaba fundiéndome con Alicia de tantas formas diferentes que ya había perdido la cuenta, con su embriaguez y desasosiego, sin poder salir de la cama porque estoy demasiado excitado para hacerlo, me mantiene en un éxtasis continuo del que no consigo escapar; ésto me llevó a pensar que debía acudir a Melissa lo antes posible. La esquizofrenia fue apagándome poco a poco, fue llevándome a lugares que no creía que existían, que estaban casi extintos, por un mar de locura, a través de palabras que podían inducir a peligro pero que ni siquiera creía que pudieran herir, arrastrándome a cosas que jamás hubiera pensado que haría, dándome a dos personas que jamás creí que llegaría a conocer tan a fondo como son Alicia y Peter. Ambos tan juguetones y parlanchines, siempre tengo sus voces en la cabeza aunque físicamente no estén a mi lado, siendo consciente de que son fruto de mi mente y que forman parte de un mundo inexistente, pero sin poder hacer nada para conseguir que desaparezcan para siempre de mi vida.

Salí por fin a la calle, con demasiadas dudas en la cabeza para pensar por cuál de ellas empezar. Una de ellas era si realmente debía complacer a Alicia para provocar el incendio que tantas ganas tenían de realizar, otra era si estaba realmente preparado para sufrir algo mucho peor que ver a gente que no existía en mi cabeza solo por complacer a alguien que ni siquiera existía en carne y hueso, y la más importante de todas: ¿quién era yo? 

Melissa me esperaba mirándome con sus ojos de un color castaño oscuro, con unos labios finos que siempre intentaban animarme con palabras dulces, con un cabello negro hasta los hombros con un olor a frutas increíble y con un perfume embriagador e inolvidable, con aquel cuerpo esbelto posado en la silla en la que analizaba a todos aquellos que solicitaban sus servicios.

- ¿Tenías que contarme algo, Max? - me preguntó algo ansiosa, normalmente no le pedía visitarla el mismo día y dentro de unas horas después de la llamada, así que, pensaba que algo iba mal o las visiones se habían puesto peor o eran algo más intensas -.

- No sabría por dónde empezar... - en ese momento, Alicia se sentó a mi lado en una silla invisible para Melissa y me cogió de la mano, enseñándome esos dientes blancos y perfectos en los que sobresalía una sonrisa perspicaz, al mirarla cambié de opinión y no tenía ni idea de qué hacía allí sentado traicionando a esa joven que me complacía cada día - Ni siquiera sé por qué estoy aquí, debería irme.

- No deberías, supongo que algo va mal y yo puedo ayudarte tan solo si me lo cuentas - me giré hacia Alicia para conseguir su aprobación, lo único que hizo fue negar con la cabeza a contarle a Melissa lo que planeábamos hacer mis amigos invisibles y yo - Sé que ahora mismo está una de esas personas que ves justo a tu lado, ¿verdad? - tan solo asentí, tampoco pensaba que Alicia se fuese a enfadar por ello - No tienes por qué hacer caso a alguien que no existe físicamente, haz lo que tu creas que debes hacer.

- Tengo que irme - le dije levantándome de la silla, totalmente agobiado y con cierto remordimiento debido a que, por un lado, quería contárselo pero por el otro, me parecía imposible y, de todas maneras, no creía que pudiera ayudarme -.

En todo el trayecto de vuelta a casa no abrí la boca, estaba pensativo y fuera de mí, no quería que volviera a ocurrir lo que pasó en Boston, que todo aquel fuego arrasara uno de los espacios más bellos nunca vistos y sin razón aparente, tan solo por dejarme llevar. Me he dado cuenta del control que tiene Alicia sobre mí y ni siquiera es un ser corporal, me he percatado de que todo ésto podría perjudicarme pero tan solo quiero perderme en la profundidad de sus ojos y en el color rojizo de su cabello lleno de frescura y ondas incontroladas.

Llegué a casa algo apesadumbrado, estaba hecho un lío y las cosas no estaban muy claras, tan solo quería saber qué camino debía escoger pero quizá, podría meterme en un pozo aún más profundo del que me encuentro ya. Alicia me esperaba sentada en la cama, con aquel camisón fino y de un color rojo sangre que llevaba encima de su cuerpo desnudo, mirándome con perspicacia, esperando algún tipo de reacción por mi parte, se percató de que dudaba sobre el plan que habían estado hablando ella y Peter durante las semanas anteriores y eso, no era bueno, al menos para ella.

- No entiendo por qué tienes dudas, sabes que podemos hacerlo - me dijo, con un tono algo más serio y con un deje de violencia - Debemos, somos libres.

- No creo que sea algo que tengamos que hacer, es algo que va a dañar a otras personas y no quiero sentirme responsable, así que, mi respuesta es no - le respondí rotundamente, convencido de que aquello les haría recapacitar de una vez por todas, de que sería posible que me hicieran caso por el bien de todos. Ella no respondió, contrariada ante mi respuesta -.

Me di la vuelta y me dirigí al salón sin decir una palabra más, mostrándome convencido de mi decisión. Sabía que Alicia no estaría conforme pero no pensé que llegaría a tal cosa por conseguir lo que quería, no me pude creer que fuera detrás de mí e intentara ahogarme con sus delicadas y finas manos. Intentaba respirar pero no podía, sus manos me apretaban más y más hasta que ella consiguió lo que quería, me desmayé y estuve inconsciente durante varias horas. Cuando desperté no había nadie, ni rastro de Alicia o Peter con su botella de bourbon tirado en el sofá mientras no podía aguantar la borrachera que llevaba, ni siquiera oía a los grillos ni a los pájaros cantar en el jardín de mi casa, todo estaba en silencio y, aunque no lo creáis, eso es un verdadero problema en mi alocada vida.

Me tambaleaba al levantarme, no estaba seguro de que mis piernas volvieran a aguantar mi peso, no pensaba que todo volviera a la normalidad, ya que, mis pequeños enemigos mentales intentaban convencerme de que fuera una mala persona. Durante muchos años he sido muy elocuente con todo ésto, he intentado mantener la calma y razonar pero esta enfermedad mental, ha sido como una tormenta que me ha llevado a un estado totalmente fuera de mí, en el que he estado viviendo en un mundo paralelo lleno de voces y decisiones que contrarian, donde no sabes diferenciar lo que es real de lo que no lo es.

- ¿Al fin me quieres contar lo que te pasa? - Melissa me miraba fijamente, esperando ansiosa mi respuesta, queriendo saber de verdad lo que me había estado ocurriendo durante estas últimas semanas -.

- Alicia, Peter y yo llevamos planeando incendiar una casa a las afueras para acallar las muchas injusticias que hay en esta ciudad desde hace algún tiempo - bajé la mirada avergonzado, pensando que quizá era yo quién estaba equivocado, no era ninguna injusticia ser negro e intentar formar parte de un país que está mucho más desarrollado que el suyo propio, no es una injusticia intentar mejorar y trabajar para alimentar a tus hijos - Creo que es un error.

- Pero a veces tienes dudas, ¿verdad? - asentí con la cabeza apesadumbrado a su pregunta curiosa - No deberías, sabes que lo que vas a hacer es verdaderamente injusto, dejar a una familia negra a la intemperie por el simple hecho de despreciar su raza. Estás haciendo lo correcto, Max. Deja a un lado las dudas y mira hacia adelante, haciendo caso omiso a los enemigos de tu mente.

- ¿Y cómo se supone que puedo hacer eso? - le pregunté dudoso de que eso pudiera ocurrir, de que pudiera conseguirlo y sobretodo de que por fin consiguiera la libertad que ansío con tantas fuerzas desde hace tanto tiempo -.

- No les prestes atención, tan solo ignóralos y continúa con tu rutina, aunque te parezca raro y complicado sin ellos - respondió, dándome una solución que dudaba que pudiera llevarse a cabo sin ningún tipo de problema, dado que la última vez que ignoré a Alicia acabé ahogándome entre una manos delicadas y decididas a matarme por no conseguir lo que quería - Esa es la mejor solución.

Salí de su consulta con una única cosa clara: no iba a permitir que me arrastraran a matar a esa gente inocente que tan solo estaban en mi ciudad por intentar conseguir un trabajo y poder tener una vida mejor, poder prosperar y darles alimento a sus hijos, no podía creer que hubiera pensado en incendiarles sin ningún tipo de remordimiento. Alicia y Peter revoloteaban a mi alrededor, mirándome con odio, con sorna e incluso, con una mirada de auténtico desprecio; sabía que ella nunca me perdonaría, cuando se empeñaba en algo tenía que conseguirlo como fuera y, la única manera de hacerlo era utilizando la violencia conmigo para que hiciera lo que me pedía.

Cada día que pasaba, era un nuevo infierno, me cernía sobre una nube de oscuridad, sobre un montón de palabras sin sentido y llenas de odio hacia mí, frases que dolían tanto como una espada en mi pecho, insultos que acababan perforándome la mente y partiéndola en dos. Lo peor es que me lo creo, lo peor es que me dejan sin respiración, sin poder liberarme de este peso tan superficial y transparente que no controlo y que se va de mis manos, un conjunto de cosas que empiezan a afectarme tanto que no soy capaz de ver la luz al final del túnel por mucho que diga Melissa. Todo han sido un cúmulo de decisiones desordenadas, algunas de las cuales, fueron decididas sin ningún tipo de control, otras muy bien pensadas pero que se deslizaban por mis brazos hasta caer al suelo porque no servían de nada. 

Aunque no os lo creáis, me dejé llevar hasta tal punto que decidí terminar con todo por mis propios medios y de una manera épica o, al menos, así me lo pareció. Compré varias garrafas de gasolina en una gasolinera cercana a mi casa, conducí hasta a una casa abandonada a las afueras de la ciudad para permanecer en la penumbra durante varias horas y disfrutar del silencio y la tranquilidad y decidí sentarme en una silla en medio de aquel salón polvoriento y lleno de grasa, reflexionando sobre todos aquellos momentos de mi vida en los que me había arrepentido de lo que había hecho por culpa de Peter y seguidamente de Alicia. Todo mi mundo había sido un control continuo, seguido por aquello que querían mis visiones, haciendo caso omiso a mi mente y a mi corazón, dejando atrás todo género de duda y tan solo centrándome en ellos, dejándome llevar por lo que ellos querían de mí sabiendo que no tenían físico sino que tan solo eran producto de una mente resquebrajada. 

Ahora era el momento, era el momento de florecer, de seguir adelante sin mi físico, sin ser producto de visiones sin sentido, dejándome llevar por una muerte asegurada, dejando atrás todas las penas que corrompen mi corazón, enfriando mi cuerpo  hasta dejarlo helado y dentro de un ataúd y ardiendo hasta desaparecer. La casa abandonada ardió como yo pensaba, conmigo dentro respirando aquel humo que me ahogaba, dejándome llevar hasta quedarme inconsciente, acabando con mi vida y mis visiones, haciendo que desaparecieran conmigo y no decidieran sobre ningún otro aspecto de mi vida nunca más, dejando a mi familia con toda tranquilidad y sin preocupaciones, desapareciendo de una vida que ya no era la mía y acabando junto con la casa abandonada hecho cenizas, esparcidas por la ciudad gracias a las ráfagas de aire que se cernían sobre la ciudad a primera hora de la mañana, haciéndome por fin libre.
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