Sentimiento Callejero:



Me desperté al sentir el aire frío rozando mis secas mejillas, tenía la boca seca debido a no haber bebido agua desde hacía algunas horas y tenía un frío horrible, a lo que, más tarde cuando conseguí incorporarme poco a poco, me di cuenta de que la manta que había conseguido en un contenedor de basura se había volado y estaba al otro lado de la calle, seguro que acababa resfriado y con una respiración fuerte y entrecortada, ya que, no dispongo ni de medicamentos ni de seguro médico; lo he perdido absolutamente todo. Me fijé en que había gente caminando por la calle a aquellas horas (no tenía nada, pero al menos, he podido quedarme con mi reloj de muñeca...) y ni si quiera se habían dignado a acercarme la manta, me miran de manera extraña debido a mi pelo negro y corto enmarañado, mis ojos grises algo abultados debido a no dormir bien por las noches por el frío, mis labios gruesos estaban bastante agrietados, por la suciedad de mis ropas, al hedor que desprende mi cuerpo debido a no haberme duchado desde hace mucho más de un año, casi ni recuerdo cómo es sentir el agua caliente recorrer todo tu cuerpo, quizá tibia, quizá hirviendo... ya no recuerdo la suavidad de las mantas en las que solía dormir o cómo era el salón de mi casa, aquel que el banco me arrebató por no poder pagar el alquiler a final de mes.

Quizá os preguntaréis por qué vivo en la calle, por qué he acabado durmiendo con unas simples mantas en el suelo cerca de cualquier portal o metiéndome en la entrada de un banco para, por lo menos, sentir algo de calor y que la piel no se me quede más agrietada por el frío de lo que ya está. Antes tenía un pisito en el centro, no era gran cosa pero para una persona estaba bien y, tan solo, tenía que dejar algo de hueco a mi hija cuando quisiera quedarse a dormir en mi casa, me servía bastante y estaba muy cómodo; el problema era que siempre he sido el típico trabajador currante que he perdido el culo por hacer todo y más de lo que me han pedido para no recibir una mierda, he sido el típico que ha hecho horas extras, nunca ha faltado al trabajo y he preferido no tener vacaciones. Yo trabajaba en una oficina de administrativo, llevaba unos tres años allí y ya me sentía como en casa, conocía a todo el mundo y me empezaba a sentir cómodo con con mi entorno laboral, esperando ascender algún día y a que me diesen un trabajo fijo por ser tan currante e interesado en mi trabajo, pero para mi sorpresa, nada fue así, sino todo lo contrario. 

La empresa quebró y el jefe se vio en la obligación de despedir a aquellos más nuevos entre los que estaba yo, por supuesto, y dejar a los pocos que estaban fijos y tenían más antigüedad en la empresa. El sueldo que tenía mientras trabajaba allí era suficiente para el alquiler, la comida y los servicios básicos que tenía que pagar cada mes, de hecho, lo tenía todo muy bien calculado y casi no me gastaba dinero en ropa y, mucho menos, en caprichos, esperaba ascender para conseguir tener algo más de dinero y estar fijo en la empresa para poder asegurarme un futuro a mí y a los estudios de mi hija en un futuro, pero acabé en la calle y sin poder pagar las facturas a final de mes. Traté de hablar con el banco, con mi familia, con varios amigos para que me prestaran dinero o para que me aplazaran algunos pagos porque era imposible pagar las facturas, ya que, debía elegir entre eso o comer, y no es que sea una decisión muy sencilla. El banco terminó echándome de mi propia casa, después de haber pagado tantos meses de alquiler, pero lo que menos entendía es que encima le debía dinero aunque me hubiera quitado la casa, se supone que mi deuda debería quedarse a cero porque ya no tengo la casa, pero no, me dejan en la calle y esperan que les pague la deuda que tengo con ellos, es absolutamente absurdo. Mi familia no pudo ayudarme, ya que, ellos tampoco estaban pasando un buen momento debido a la crisis económica que atravesábamos, así que, no querían tener otra boca más que alimentar.

Así que, aquí estoy. Vivo en la calle, viendo las horas pasar, los días y viendo que las cosas no cambian, nadie ayuda y tan solo miran por ellos mismos. Lo único que tengo a mi lado es a mi fiel compañero, el mejor amigo del hombre, Yoksi, un pastor alemán realmente fuerte y que se ha mantenido conmigo desde que lo encontré cerca de una carretera y tuve que cogerlo para que no cruzara y lo atropellaran; bueno, aparte de él, tengo mi reloj de muñeca, el cual, es de plástico pero me sirve para saber en qué dichoso momento del día me encuentro. Es muy duro tener que estar con una pequeña manta sobre tus hombros, con una tacita de plástico delante de ti que me he encontrado en la basura y que utilizo para que me echen monedas dentro y así, poder comprarme un diminuto trozo de pan o algo que me pueda dar una panadera por caridad, es difícil mirar hacia delante o hacia un futuro próximo si lo único que suena en ese momento son tus tripas por el hambre que estás pasando, cuando ni si quiera puedes olerte a ti mismo por el hedor que desprendes y cuando a lo único a lo que te aferras es a un perro que es el único que te va a dar cariño. 

Es difícil pensar en un mañana cuando no tengo un hoy, es difícil pensar en comida cuando no la tengo en mis manos y mi estómago no deja de rugir, es difícil no sentirse frágil cuando no has comido en más de ocho horas, es difícil esbozar una sonrisa cuando tienes los labios agrietados por el frío, es difícil sentir amparo cuando ni si quiera hay alguien que pueda ayudarte, es difícil vivir cada momento si éste no te acompaña, es difícil tener algo por lo que vivir cuando te lo han quitado todo y es difícil conseguir que te escuchen cuando estás sucio y con la ropa casi echa jirones debido a los gamberros que les gusta pegarte con fuerza o robarte las cosas mientras duermes. 

No sé cuando fue el momento en el que me entró más pánico: el día en que mi jefe me dijo con palabras delicadas y escogidas con total precisión para no ofenderme, que me iba a despedir o el día en que mi hija me vio en la calle y me preguntó qué estaba haciendo allí, como si yo pudiera explicárselo a caso. En el momento en que mi jefe me despidió, se me cayó el mundo encima, evidentemente, y mi cabeza lo único que hacía era maquinar la manera de poder pagar las facturas y sobretodo mantener un techo en el que vivir y en el que pudiera visitarme mi preciosa hija; pero no pude pensar qué decirle a Sussy en aquel mismo momento, cuando me miró a los ojos con curiosidad, cuando aquellas palabras salieron rápidamente de esa pequeña boca heredada de su padre y mientras su madre me miraba apenada, aquella mujer de la que me divorcié hacía tan solo un par de años, aquella que sentía mucho separarse de mí pero que decía que necesitaba hacerlo. ¿Cómo le iba a decir a una niña de siete años que su padre se había quedado en la calle por no tener trabajo y porque le habían quitado la casa? ¿Cómo era posible que salieran las palabras exactas de mi boca? Su madre intentó ayudarme a responder.

- Cariño, las cosas han cambiado para tu padre ahora - le dijo con voz delicada, arrodillada para mirarla mejor a los ojos y tener su misma estatura -.

- ¿Cuando podré ir a su casa, mami? - la niña seguía ilusionada por venir a casa, ya que, nos divertíamos haciendo pompas de agua en la bañera sin cesar, era algo que la hacía sonreír y le divertía como nada -.

- No creo que ahora mismo puedas ir a casa de tu padre, Sussy. Ahora mismo es un poco difícil, aunque puede llevarte al parque, ¿verdad? - giró la cabeza hacia mí, instándome a contestar a aquella niña que tenía tanta ilusión por estar conmigo. Su madre quería que la respuesta fuese afirmativa, al igual que la de Sussy, con aquella mirada expectante y con aquellos ojos grades y castaños que me miraban con atención, con aquel pelo del mismo color brillante -.

- Claro, papá puede llevarte al parque cuando quieras - Sussy me abrazó con fuerza, mostrando aquella agradable sonrisa de total complicidad, aquella que será difícil mantener debido a mi situación actual -.

Después de esta emotiva charla, tuve una conversación con mi ex mujer. Viví mucho tiempo con ella y la conocía a la perfección, sabía lo que le gustaba y lo que no, qué era lo que quería oír cada mañana al despertar y qué era lo que no soportaba que hiciera, y ahora mismo sabía lo que decían sus ojos, sabía lo que estaba sintiendo: verdadera pena por aquel hombre del que se divorció, pena de verlo como un despojo en la calle, durmiendo en el suelo y que su hija tuviera que verlo. Apartó a la niña hacia un lado, dejándola jugar con la muñeca que le había acabado de comprar, mientras hablaba conmigo en voz baja, no quería que Sussy se sintiera mal por su padre.

- No puedo verte así, Zack - me dijo con aquellos ojos de color canela y con aquellas palabras vibrantes y llenas de compasión que salían de su boca con aquellos labios finos y sobresaliendo aquellos dientes blanquecinos y tan bien cuidados - Puedes venir a casa con nosotras, no será igual que antes pero puedes estar con tu hija y ver si puedes encontrar trabajo, puedo ayudarte.

- No quiero ser una molestia para ti, Taira - respondí con voz entrecortada, ya estaba viendo venir el resfriado - No es justo haceros ésto, sería una carga demasiado grande.

- Puedes ayudarme en casa y con la niña, estarías todo el tiempo con ella. Yo trabajo mucho y no puedo ocuparme de Sussy las veinticuatro horas, serías de gran ayuda en casa, de verdad - terminó la frase a duras penas, ya que, sus lágrimas empezaban a rozar por sus mejillas y sabía que no soportaba verme así, era obvio que había caído demasiado bajo - No seas tozudo y ven a casa, por favor. La niña te necesita.

- ¿Si voy dejarás de llorar? - le pregunté, quitándole las lágrimas con aquellos temblorosos dedos, debido al frío. Me cogió la mano y me dio un beso en la mejilla, sabía que necesitaba algo así. Asintió complacida al escuchar mi pregunta y me ayudó a recoger las cosas que tenía esparcidas por la calle, pero se quedó parada al ver a Yoksi detrás de mí, acostado mirándonos fijamente, a lo que, me di cuenta - Es Yoksi, le conocí hace poco menos de un año, me ha acompañado durante todo este tiempo.

- No nos lo vamos a llevar, ¿verdad? - me preguntó asustada y con los ojos abiertos de par en par. Ésto sí que iba a ser un problema... - Sabes que mantener a un perro...

- Lo sé, pero ha sido como mi compañero todo este tiempo y creo que es mi deber llevarlo, no puedo dejarlo abandonado, le harían cualquier cosa por la calle - le dije apesadumbrado al ver cómo me miraba, con aquellos ojos redondos que decían "llévame contigo" - Por favor, déjame llevarlo, yo me ocuparé de él, te lo prometo.

Taira aceptó a duras penas que llevara a Yoksi con nosotros, sabía que le costaría tomar la decisión pero si quería que fuera yo, también debía aceptar a mi perro, ya no iba a estar más en la calle, o eso esperaba... La casa en la que vivíamos cuando estábamos casados, no estaba tan cambiada como había pensado, tenía los mismos muebles, la misma decoración y las habitaciones eran exactamente iguales a como las dejé, me sorprendió bastante, e incluso, pensé que habría vivido con alguien allí. Dejó que me instalara en el sofá, puso toda mi ropa en la lavadora y me dio alguna que me había dejado aquí, obligándome a ir a comprar al día siguiente por la mañana, no tuve otra opción que decir que sí. Casi había olvidado lo que era darse una buena ducha, así que, me quedé dentro durante media hora, no tenía ganas de salir y era como ver el sol brillar en todas sus formas; también tuve que bañar al perro, ya que, estaba demasiado sucio como para que viviera domésticamente en una casa y lo dejaría todo perdido de suciedad traída de la calle, así que, me esmeré en que quedara bien limpio, al igual que yo, no quería ser una molestia para aquella mujer que había dejado que me quedara en su casa después de haber tenido una historia tan larga conmigo.

La niña estaba contentísima de tenerme allí, saltaba a mi alrededor y no dejaba de pedirme que jugara con ella a todo, terminé totalmente agotado. Durante unos meses todo fue perfecto, tanto con Taira como con Sussy, se les notaba felices de que yo me encontrara allí con ellas, de hecho mi ex mujer sentía un mayor apego hacia mí, era de lo más extraño. Yo cuidaba de la niña mientras ella se iba a trabajar, no tenía ningún problema, hacía la comida y la cena, llevaba a Sussy al parque y hacía pompas con ella en la bañera, era realmente divertido pasar todo el día a su lado. Taira se acercó a mí aquella noche, se acercó a mi lado en el sofá a la luz de la única lámpara encendida del salón y sus palabras sonaron tan dulces como el mismísimo chocolate con leche.

- Me alegro de que estés aquí con nosotras - me dedicó una agradable sonrisa, mostrando una mirada complaciente y llena de gratitud -.

- Yo también me alegro de estar aquí, de estar con las dos - le respondí entusiasmado, no sabía de qué iba aquella conversación, pero quería averiguarlo -.

- Puedes dormir conmigo, si quieres - ante este ofrecimiento, me quedé anonadado y no supe qué decir - No te asustes, si no muerdo - se rió a carcajadas, a lo que yo seguí sin piedad -.

- ¿Por qué quieres que duerma contigo? Soy tu ex marido - añadí con curiosidad, de buen rollo y sin ninguna intención de tirarle nada en cara - Tan solo pregunto, no sé.

- He pasado mucho tiempo sola, eso es todo - añadió, levantándose del sofá - Me gustaría recordar aquello que tuvimos hace unos años. Cuando quieras dormir, puedes venir, yo me voy a la cama.

Asentí todavía con aquella curiosidad en cada poro de mi piel, notaba a Taira francamente tranquila, de buen humor y verdaderamente amigable conmigo, exactamente como estábamos antes de nuestro divorcio, todo era cariño y complacencia. Todavía no sé por qué quiso el divorcio, nos llevábamos bien, hasta que, una mañana me dijo que las cosas no podían continuar así y que necesitaba que desapareciera de su vida, podía ver a mi hija cuando quisiera pero que prefería que no fuera a verla a ella, no quería ningún tipo de agradecimiento ni de queja, de hecho, me dijo que no quería hablar del tema y que lo único que quería es que firmara los papeles del divorcio y que me fuera de aquella casa en la que ahora mismo me encontraba.

Me acosté a su lado en la cama, tal y como ella me dijo, saboreando la suavidad de aquellas mantas sobre la piel desnuda, eran increíblemente calentitas y hacía tiempo que las echaba francamente de menos. Permanecí quieto para no despertarla, pero daba la casualidad de que seguía despierta, esperándome.

- Has tardado - afirmó en voz baja para no despertar a Sussy, era muy difícil conseguir que se durmiera, ni los cuentos de dinosaurios hacían que conciliara el sueño con facilidad -.

- La verdad es que la petición ha sido un poco extraña - le respondí con toda sinceridad, añadiendo para que no me echara de la cama - Y no digo que no me guste estar aquí calentito a tu lado.

- Tan solo he echado de menos todo ésto, ¿sabes? Éramos felices antes de divorciarnos y quedarme sola con la niña ha sido un golpe duro para mí, tan solo quiero a mi familia de vuelta, ¿es eso tan malo? - se giró hacia mi lado de la cama y me abrazó con ternura acurrucándose a mi lado, pudiendo sentir su respiración - Sé que tú también has estado pasándolo mal, así que, creo que te merecías algo así.

- Y dime, ¿por qué querías el divorcio con tantas ansias? Es algo que me llevo preguntando durante dos años, nunca lo entendí, pero no te lo pregunto a malas - le susurré al oído y dándole un beso en la frente, a lo que ella sonrió complacida -.

- Me encontraba en una situación difícil, bastante atacada por todo el trabajo que tenía, por las cosas que teníamos que pagar, cuidando de Sussy, haciendo las cosas de casa... no sé, la monotonía. Las cosas no cambiaban, no seguían su curso y me estaba agobiando, pero nunca fue porque no te quisiera - levantó la cabeza y volví a probar aquellos labios finos que sabían a canela y a flores, era como tener aquello que había anelado desde hacía dos años - Lo siento mucho.

- Vale, ahora sí creo que estoy soñando - ambos reímos a carcajadas, despacio para que la niña no se despertara en la habitación contigua -.

Acabamos hablando durante casi toda la noche y me contó muchas cosas, desde las locuras que decía Sussy en muchas ocasiones a cómo fueron las cosas desde que me fui. Verdaderamente, había pasado por la muerte de sus padres y tuvo que ocuparse de la niña durante todo ese tiempo, sabía que podía contar conmigo pero después de pedirme el divorcio no sabía si yo iba a estar dispuesto a hacerme cargo de ella a tiempo casi completo. Pensé que su vida sería algo más fácil, debido a que me dijo que eso era lo que quería, pero no dejo de pensar que quizá, ante tanto presión, estaba realmente confusa.

Durante varios días dormimos juntos, empecé a sentirme en mi hogar y estaba con aquellas personas a las que amaba y no me costaba nada demostrarlo. Disfruté de estar con mi hija en todo momento, mientras hacía los deberes, mientras se comía su bocadillo de chocolate ensuciándose toda la boca a la hora de merendar, cuando jugaba con el balón pero nunca lo tiraba como quería... era verdaderamente graciosa, no dejaba de hacerme reír y sus abrazos eran cálidos, como los de su madre. Taira empezó a acercarse mucho más a mí, sus besos empezaron a ser más apasionados y notaba que me necesitaba a su lado aunque no quisiera decirme el motivo, era el mejor momento que estaba pasando en mi vida y se lo agradecía con creces. Todo cambió aquella última noche, cuando estaba conectando tan bien con Sussy y la relación con Taira empezaba a volverse algo más sólida, exactamente donde la dejamos antes de que me fuera de casa, todo se volvió oscuro para mí, solitario y sombrío, no pude creer lo que veían mis ojos.

Aquella noche fue una de las más románticas que tuve con Taira, tuvo el detalle de pedirse el día libre y estar con nosotros todo el día, nos preparó una cena increíble con velas aromáticas, como le gustaba a Sussy, estuvo bailando conmigo durante un rato nuestra canción y terminamos haciendo el amor apasionádamente en nuestra cama, fue la mejor noche de mi vida, en realidad, Taira sabía cómo hacerme feliz, hasta Sussy se durmió enseguida, sin rechistar y era la que más contenta estaba. A la mañana siguiente, abrí los ojos bastante descansado, desnudo y abrazado a Taira, eran las once de la mañana y nadie se había levantado, quizá ambas estaban cansadas. Le di un beso en la mejilla a aquella mujer con ojos increíblemente castaños y dulces, con aquel cabello color canela y aquellos labios finos y con aquel cuerpo tan deliciosamente perfecto, con aquella piel tan suave y sensual, adoraba sus manos.

- Taira, creo que ya es hora de levantarnos, la niña tendrá hambre - ésta no respondía, no daba señales de querer levantarse de ninguna manera. Sonreí y le di algunos mordiscos suaves en el cuello para que reaccionara pero tampoco se movía, era extraño... - Venga, dormilona, debemos levantarnos.

No obtuve respuesta, así que, acerqué mis dedos a su cuello para comprobar si tenía pulso, no lo tenía. No me había fijado pero estaba intensamente blanca y estaba totalmente estirada en la cama, inerte y yo sin poder creérmelo a su lado, con la boca abierta. Cuando pude reaccionar, llamé a la ambulancia para que viniera de inmediato aunque creía que ya no se podría hacer nada. Le preparé el desayuno a Sussy con las pocas fuerzas que me quedaban en las piernas y se lo llevé a la cama, para que no tuviese que ver aquel panorama tan desagradable que estaba ocurriendo al otro lado de la habitación, no era apropiado que viera cómo se llevaban a su madre... fallecida.

- ¿Y mamá? - sí, los niños son increíblemente curiosos. Taira sabía cómo abordar estos temas, yo siempre me quedaba sin palabras, era una niña demasiado inteligente - ¿Se ha despertado? Quiero ir al parque.

- No, cariño. Mamá ha tenido que salir, podemos ir nosotros al parque, ¿te apetece? - le dije con una sonrisa, a lo que ella asintió complacida - ¿Vendrá Yoksi?

- Por supuesto, cariño - acepté dándole un beso en la frente -.

Retiré todo su desayuno de la cama y le dije que se vistiera si quería tener tiempo para jugar, ella no se lo pensó ni dos veces. Estuve fregando los platos todavía en shock, con lágrimas en los ojos y sin poder creerme lo que acababa de ocurrir: estaba a mi lado y, de repente, ya no estaba, se la habían llevado en una camilla de su propia casa. Volví a la habitación para cambiarme de ropa y poder llevar a Sussy al parque, era un día terriblemente triste y no sabría qué hacer sin ella, no quería volver a echarla de menos con lo que me había costado acercarla a mí y no quería que Sussy creciera sin su madre.

Al coger el teléfono que había dejado en la mesita de noche ya estando cambiado y preparado para salir, vi que habían dos sobres blancos encima de los cajones donde Taira solía poner su ropa interior, uno con el nombre de "Zack" y otro con el nombre de "Sussy". Los abrí rápidamente, ya que, era la letra de Taira, quería leer qué era lo que me había... dios mío. Aquello era una completa locura:
  • Me había transmitido todo su patrimonio, es decir, la casa, la casa de verano y toda la herencia que había recibido de sus padres.
  • Tenía una enfermedad terminal y sabía que hoy iba a morir, por ello, nos preparó toda aquella sorpresa anoche y se acostó conmigo.
  • Me había encontrado un trabajo fijo donde pagaban muy bien, había convencido al jefe que era un muy buen amigo suyo para que no nos faltara de nada.
  • Tenía el coche nuevo que se había comprado hacía tan solo un par de semanas a mi total disposición para llevar a la niña al colegio y para ir a trabajar, empezaba el lunes.
  • Explicaba que nuestro matrimonio había sido pleno, justo como lo estaba siendo estos días y que nuestro divorcio fue un golpe que tuvo que pasar sola y que lo sentía muchísimo.
  • Me decía que a Sussy le encantaba ir todos los veranos a pasarlos en la casa de verano (totalmente pagada y sin preocupación de pagar el alquiler, solamente los servicios que se gastaran, al igual que la casa donde nos encontrábamos) y me pedía que la llevase y que había un lago precioso.
  • Había transferido todo el dinero a mi cuenta y que su abogado estaba totalmente enterado, se encargaría de todo sin ningún problema. Decía que tenía suficiente para comida, para ropa y para pedir pizza si queríamos.
  • Me explicaba que me había visto otras veces pidiendo en la calle y pensó durante un mes detenidamente el hecho de que volviera a casa para cuidar de Sussy, ya que, iba a morir de un momento a otro, ¿y quién mejor que su padre para cuidarla?
  • Quería que le prometiera que cuidaría de Sussy como fuera, que mantendría nuestra casa y que jamás volvería a vivir en la calle.
  • Además, había pagado la deuda que tenía con el banco referente al piso en el centro.
  • Por último, me dijo que el otro sobre contenía muchas de las explicaciones que tenía que darle a Sussy, pero no podía dárselo hasta que no cumpliera los veinte años.
  • Al final de la carta decía: "Os quiero mucho a ambos y espero que tengáis un futuro dichoso, sé que adoras a la niña y harás lo que esté en tu mano para cuidarla y hacerla feliz. Un beso".

Las lágrimas corrían por mis mejillas sin parar, estaba verdaderamente agradecido y me acababa de demostrar que nos había querido siempre y que lo había hecho todo por nosotros. Llamé al número del abogado que dejó dentro del sobre, me dijo que trajera la nota para corroborar todo lo que yo estaba diciendo, que no me preocupara y que él se ocuparía de todo, en unas semanas todo estaría arreglado y a mi disposición. Me dijo que ella había dejado el testamento pero quería comprobar algunas cosas de la carta que me había dejado, supuestamente me lo había dejado todo a mí pero era necesario echarle un vistazo, no me negué, que hiciera lo que tuviera que hacer. 

Aquella carta la guardé como si fuera un tesoro, en el interior de una cajita al fondo de la mesilla de noche y, cada vez que quería recordar sus dulces y delicadas palabras, la abría y volvía a leerla con cuidado. La carta para Sussy la guardé en el fondo de los cajones donde la encontré, para que la niña no la encontrara antes de la edad exigida por su madre. Tuve que explicarle a Sussy eligiendo las palabras precisas que su madre había muerto y que nos quedábamos solos en casa, a lo que, sus respuestas me dejaban sin aliento para responder.

- ¿Qué hace en el cielo? ¿Por qué no está con nosotros? - sus ojos se llenaron de lágrimas, la abracé e intenté que se durmiera, pero las preguntas se agolpaban en su mente, estaba algo enfadada, se sentía abandonada o algo así - ¿Y nos ha dejado aquí, por qué? ¿Ya no nos quiere?

- Sussy, son cosas que uno no elige. Tu mamá estaba enfermita y tuvo que irse al cielo, le fue difícil separase de nosotros, pero tuvo que hacerlo - no podía contener las lágrimas por más tiempo, era muy duro para ambos, de hecho no dejó de llorar durante un rato hasta que por fin, se quedó dormida -.

Gracias a Taira pude aportarle a Sussy todo lo que necesitaba, e incluso, Sussy tenía un fondo para su Universidad, su madre lo tenía todo pensado. Pude comprarle ropa, material para el colegio, libros, una guitarra eléctrica (ya que, empezó a gustarle y quería ir a clases para aprender), gasolina para llevarla y traerla, algunas veces cenábamos comida de fuera y siempre cuando ella quería, también dediqué dinero a hacerle fiestas de cumpleaños con todos sus amigos... sabía que Taira quería ese dinero para ella, que no se preocupara por nada y que yo no me preocupara por el dinero. Como a Sussy le gustaba, íbamos todos los veranos a la casa de verano, en el lago y con aquel ambiente a hogar que se respiraba, ambos la echábamos de menos pero nos teníamos el uno al otro, intentaba sobrevivir por ella y ella lo hacía por mí, me mantenía con la sonrisa en la boca, dormía conmigo para que no me sintiera solo y me quitaba las lágrimas de los ojos cuando notaba que estaba demasiado triste como para levantarme.

Como padres, siempre supimos que ella sería grande y especial, mi niña era alguien increíble, inquieta y bastante ocurrente, nunca le corté las alas, era igual de espabilada que su madre. La vida seguía y los recuerdos permanecían, Sussy crecía y las cosas le afectaban más, se acordaba tanto de su madre como lo hacía yo, estábamos más unidos pero siempre se sintió abandonada por su madre. La unión es lo que ha hecho esta fortaleza como familia, vivir en la calle me ha hecho valorar aún más lo que tengo y Sussy me ha enseñado que, aunque esté triste, tengo que levantarme de la cama para hacer el desayuno y para que no se manche toda la boca. Realmente divertida.
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