En las Profundidades de la Mente:



Abrí los ojos con dificultad, después de haber escuchado el despertador sonando durante un rato. Al girarme, vi a Seth todavía durmiendo, con esos ojos grandes y azulados ahora cerrados, con esos labios descansados que tanto deseaba besar, con ese cabello negro y brillante posado sobre la almohada. Me encantaba mirarle mientras dormía, me encantaba que me hubiera tratado tan bien desde lo que sucedió unos meses atrás, de que me hubiera soportado triste, de mal humor, llena de rabia, alegre... de todas las maneras imaginables, y ésto, no se puede decir de cualquier joven de treinta años, realmente se lo agradezco. Me levanté de la cama y me dirigí al lavabo, pasé al lado del espejo y vi la cara con la que me había levantado: demacrada y pálida, seguía asustada; tenía los ojos hinchados debido al insomnio y mis labios gruesos estaban agrietados, ya que, solía apretarlos mientras dormía, viendo una y otra vez a aquella persona a la que dejé hace unos meses morir en una casita de madera a las afueras de Portland. 

Definitivamente, necesitaba un café. Mi mejor amiga Alisha murió hace unos seis meses, murió después de celebrar una fiesta en su casa; ambas salimos de la misma para ir a comprar unas cervezas y algo de comer sobre las tres de la mañana, ya que, la bebida y la comida se estaba acabando, todos nuestros amigos eran unos glotones de cuidado y les encantaba beber como cosacos, a mí nunca me ha gustado pero siempre me he reído de sus tonterías de borrachos. Un hombre de unos treinta y cinco años se acercó a nosotras suavemente, con una agradable sonrisa:

- ¿Tenéis fuego? - nos preguntó, con aquella cautivadora mirada de ojos grises, con aquella melena castaña y ese cuerpo esbelto y musculoso; era el tipo de tíos que le gustaban a Alisha, así fue como nos captó, aunque yo prefería volver a su casa rápidamente, ya que, Seth nos estaría esperando y se preocuparía si tardábamos mucho. Alisha se acercó a él para encenderle el cigarrillo que tenía el extraño preparado en su boca - Gracias, necesitaba uno desde hace horas.

- ¿En serio? - preguntó Alisha, con aire soñador. Solía envolverle la superficialidad de los hombres, cuando veía a alguno que estaba bastante bien, se iba detrás de él como si no hubiera un mañana con el solo objetivo de llevárselo a la cama - Podrías venir a mi casa y hablar un rato, si estás solo.

- Realmente, podríamos ir a un lugar más apartado. Mi casa está a tan solo unos kilómetros de aquí, tengo cerveza - cogí del brazo a Alisha y le dije que de ninguna manera íbamos a irnos con un tipo que ni siquiera conocíamos, que lo que debíamos hacer era volver a su casa y dejar a ese tipo allí con sus cosas; no me dio muy buena espina cuando se acercó a nosotras, pero ella forcejeó conmigo para que la dejase en paz, ya que, ante todo, quería acostarse con ese tipo, era irrefrenable -.

- Por supuesto que iremos - respondió con una sonrisa pillina. Estaba claro que estaba totalmente absorta en la profundidad de aquellos ojos gatunos que la miraban con cierta sensualidad y no pensaba con claridad de ninguna manera por mucho que yo quisiera hacérselo ver -.

Tuve que aceptar, no quería que fuera sola con aquel tipo desconocido, me daba muy mala espina. Nos llevó a su casita de madera a las afueras de Portland con su coche, ambos hablaban como si se conocieran de toda la vida y yo seguía contrariada, todo aquello era un terrible error y ni si quiera sabíamos su nombre. Entramos en la casa, me entró un fuerte escalofrío y ahí comprendí que debíamos irnos de inmediato, pero todo ello se volvió más complicado que eso, de hecho, no debimos subirnos a ese coche con aquel tipo sensual y con ojos feroces.

- Podéis poneros cómodas, ahora vuelvo - nos dijo amablemente, mientras se quitaba la chaqueta y ponía el equipo de música sospechosamente alto, empecé a temblar pensando que aquello no había sido una buena idea pero Alisha seguía poniendo aquellos ojillos de corderito degollado, necesitada un buen polvo -.

- Sigo pensando que deberíamos irnos - le comenté a Alisha, como un último intento de que entrara en razón - Ésto no me da muy buena espina.

- Es muy sexy, ¿no crees? - me preguntó, impaciente por que volviera al salón donde nos encontrábamos; yo inquieta y ella tan tranquila que hasta me sorprendí - Tan solo por eso, ha valido la pena venir aquí, tú tan solo espérame mientras le doy un buen repaso - añadió a lo anterior con voz picarona -.

Aquel joven volvió al salón con tres copas de lo más exóticas, pensaba que traería cerveza. Tuvimos una conversación de lo más superficial, pero llegué a pensar por la forma en la que hablaba que quizá no era un tipo tan peligroso como yo había pensado y me fui tranquilizando poco a poco, quizá eran imaginaciones mías... no podía estar más equivocada. Esa bebida llevaba algún tipo de somnífero que nos dejó totalmente inconscientes durante algunas horas y, cuando nos despertamos, estábamos muy bien atadas a unas sillas de madera, la habitación era muy oscura exceptuando la fuerte luz de la bombilla colgante del techo que nos daba en la cara, todo era realmente tétrico y extraño. Intenté encontrar mi teléfono con la mirada por alguna parte, pero nos había quitado cualquier cosa con la que comunicarnos y cualquier cosa punzante, no había forma de salir de allí. Lo primero que vino a mi mente es que estábamos muertas, seguro.

- ¿Kate? - susurró Alisha, al darse cuenta del sitio tan abrumador en el que se encontraba, aunque estaba realmente limpio, pulcro y sin ningún otro mueble, tan solo nosotras dos y las sillas - ¿Qué... qué ha pasado?

- Que gracias a tu gran idea, nos ha sedado con las bebidas que nos ha ofrecido y ahora estamos en algún tipo de sótano oscuro esperando a que venga ese loco depravado sin ningún tipo de medio para pedir ayuda - le respondí algo enfadada, me enfurecía que nunca me hiciera caso, y menos, cuando se trataba de hombres, tan solo tenía deseos de seducirlos, era como una especie de hobbie para ella, se divertía como nadie -.

- Lo siento, no imaginé que fuese a ocurrir algo así - me respondió arrepentida - No tenía ni idea que...

- ¿Que no tenías ni idea? ¡Siempre me haces lo mismo! - estaba enfurecida, tenía ganas de cantarle las cuarenta, pero alguien nos interrumpió con su voz sombría y sus ojos gatunos -.

- Espero no interrumpir nada, chicas - volvió con una sonrisa más radiante que el sol, mostrando sus blanquecinos dientes y las enormes ganas que tenía de mostrarnos lo que era sufrir de verdad - Si me disculpáis, vamos a pasárnoslo bien, vamos a jugar.

- Genial, pues desátanos - le repliqué, aunque sabía que eso no iba a ser posible - Podremos movernos mejor.

- Lo que no había dicho es que el que se lo va a pasar bien soy yo.

Llevo seis meses intentando no volver a aquel momento que vivimos después de esas palabras tan crudas y frías, tan dejadas de todo aprecio y de toda emoción. Lo que ocurrió después es lo que me mantiene despierta cada noche, lo que mis pesadillas me dicen, lo que hacen que empiece a temblar debajo de las sábanas de mi cama, que no se me ocurra salir a la calle habiendo pasado las ocho de las noche por miedo a que me vuelva a ocurrir y necesitar ir con Seth a todos los sitios sin excepción, necesito estar acompañada en todo momento. Aquel tipo trajo varios tipos de cuchillos, algunos eran para cortar huesos, otros eran para hacer heridas superficiales y... la motosierra era su favorita, esa la guardaba para lo último, para ver esparcidos todos los órganos de las personas que traía a aquel lugar para saborear el momento, para acariciar la sangre que quedaba esparcida por aquella habitación tenue y vacía, tan trepidante y con falta de luz.

Empezó con Alisha, sus gritos era tan penetrantes y angustiosos que no dejo de oírlos cada noche, siguen a mi lado y permanentes en mi mente, algo de lo que nunca podré escapar. Hizo que viera cómo mi mejor amiga volaba en pedazos, no lloré tanto en mi vida y mi pánico nunca había rozado la temible locura. Cuando cogió el cuchillo e iba a empezar conmigo, recibió una llamada y parecía urgente, ya que, tuvo que salir al jardín para hablar; conseguí romper las cuerdas, me dolían las muñecas y salió bastante sangre de ellas, todavía me duran las heridas pero conseguí deshacerme de aquellas cuerdas que me hacían tanto daño, con un poco de suerte, tendría una puerta trasera abierta, aquella por la que pude salir habiendo cogido un móvil de usar y tirar que tenía cerca de la puerta trasera, el que me ayudó para llamar a Seth y salir corriendo todo lo rápido que pude. 

Toda esta horrible experiencia me volvió más débil y frágil, sentía como si fuera a resquebrajarme de un momento a otro, fue como una agonía perpetua que me fue alcanzando poco a poco, que disfrutaba de tenerme envuelta y se alimentaba de mí. Seth no se ha movido de mi lado desde el momento en que me recogió cerca de aquella casa sombría y desolada de humanidad, él tuvo tanto miedo cuando me vio así que me abrazó con fuerza temeroso de perderme y dando gracias de no haberlo hecho, lloraba como un niño pequeño, a lo que, yo no pude evitar unirme. Todo lo que ocurrió después fue duro, todo lo que tuve que recordar mientras me interrogaban sobre el homicidio de Alisha y el intento que tuvo hacia mí; no saben quién es debido a que el tipo debió limpiar absolutamente toda la casa de arriba a abajo y la dejó tan impoluta que los agentes no encontraron absolutamente nada, ni en las bases de datos de la policía encontraron antecedentes enlazados a la descripción que yo les había aportado; lo peor fue cuando empezaron a sospechar que yo me lo había imaginado, que estaba loca y que quizá todo lo que yo había contado era mentira. Salí de allí por patas, no quería que todo ésto lo registraran y me ofrecieran ir a un centro psiquiátrico o algo por el estilo, me negaba a ello; ese trato hacia mí me indignó, se notaba que me sentía muy mal y que estaba totalmente afectada por lo ocurrido, se notaba en mi cara, en mis temblores, en lo frágil que me sentía e incluso, en todo lo que había adelgazado, pero si no había cuerpo, no había crimen, así que, caso cerrado.

- ¡Kate! ¡Kate! - me desperté en el baño, justo al lado del lavabo. Me había dormido por todo el cansancio acumulado, miré a los ojos a Seth algo atontada - ¿Estás bien? ¿Qué haces en el suelo?

- Sí, sí, lo siento. Había venido a lavarme la cara y he acabado aquí dormida o algo, perdóname no quería...

- Tranquila, no tienes que disculparte - me dijo Seth, ayudándome a levantarme del suelo - Creo que necesitas una buena taza de café, hace días que no duermes muy bien.

- Sí, yo también lo creo... - noté mis ojos húmedos, debido a las lágrimas de todos aquellos recuerdos que intentaba olvidar y que quería que dejaran de dolerme tanto -.

- Has vuelto a recordarlo, ¿verdad? - mejor que preguntarlo, lo afirmaba, me había pasado otras veces, por lo que, asentí - Tienes que mantener fuera tu estado de ansiedad, te voy a preparar un café, ¿de acuerdo?

Me dio un beso en la frente y se dirigió a la cocina. Era el único que había creído mi historia, era tan atento y se preocupaba tanto por mí que pensé que no me merecía a ese joven en mi vida, me cuidaba con todo el cariño del mundo y me tenía totalmente protegida. Muchas veces, he pensado que quizá estoy siendo una carga para él, para su vida en su totalidad, pero él no quiere creer nada de eso, dice que tan solo se preocupa por mí y que eso es lo que se hace por una persona a la que se ha querido tanto durante mucho tiempo como nos hemos querido nosotros.

Me lavé la cara con cuidado, tenía los ojos hinchados y en el espejo me veía totalmente horrible, miré mi reloj y eran las ocho de la mañana, había pasado un par de horas durmiendo en el baño, cualquiera se hubiera largado de aquí con el enorme panorama que se le había aparecido en su vida: la desastrosa de mí con traumas psicológicos, ¿cómo podía lidiar con ello? Mi cabello estaba totalmente enmarañado, así que, lo peiné con cuidado y me hice una coleta, arreglándome el cabello ya parecía otra persona, de la otra forma, tan solo parecía una loca que necesitaba tratamiento psiquiátrico, ¿lo necesito? Bajé a desayunar con Seth, el cual, ya me había preparado el café y estaba haciendo unas tostadas con mantequilla y mermelada, era tan adorable... debería hacer un esfuerzo por él, ¿verdad?

- Creo que deberías dejarme - le comenté, mientras daba el primer sorbo de café - Estás viviendo mi locura y no estás viviendo la vida.

- No voy a dejarte - me respondió tajantemente, parecía muy seguro de sí mismo - Creo que necesitas a alguien que te ayude y ese alguien soy yo, no tienes a nadie más...

- Pero no puedo permitir que vivas... ésto, es una locura - le repliqué, señalado la desordenada cocina que le había prometido ordenar hacía un par de días, pero que ni si quiera había tenido las ganas ni las fuerzas de hacer - Deja que viva mi desastre sola, creo que te estoy perjudicando.

- No te preocupes por el desorden, iba a hacerlo yo en un rato - su media sonrisa me dijo que no estaba del todo contento de tener que hacerlo él, acababa cansadísimo a las diez de la noche y, a parte de mí, también trabajaba y se ocupaba de sus padres que ya empezaban a ser mayores y tenían también ciertas dificultades - Tú no eres una carga, ya te lo dije.

- Seth... por favor - intenté convencerle -.

- Te he dicho que no voy a dejarte y punto, no vamos a hablar más del tema - me espetó con enfado, saliendo de la cocina y sin haberse comido ni una tortita de las que había preparado, me dolió mucho que arruinara su vida, ya no sabía qué hacer -.

Seth trabajaba toda la tarde, por lo que, noté mucho su ausencia después de haberse marchado con aquel desaire esa misma mañana. Volví a la cocina para fregar los platos que había dejado pero ya no había nada y toda ésta estaba de lo más ordenada y organizada, limpia y hacía un olor a limpieza sin igual, tal y como yo lo hacía anteriormente, pero él no tenía por qué hacerlo...

Por la tarde, estuve leyendo durante horas. Durante esos duros seis meses, no había estado tan a gusto haciendo algo que me gustara, parecía que las cosas tan solo tenían que seguir su curso. De repente, aquel grito penetrante en mi cabeza otra vez, los gritos de Alisha cuando aquel hombre le cortaba cada pedazo de su precioso cuerpo, recordando cómo se apagaban aquellos preciosos ojos azules, desapareciendo aquella humilde sonrisa y quedando medio inerte aquel cabello rubio liso y largo que tanto se cuidaba cada mañana... Entre esos gritos, oía que me decía que yo no debería estar viva, que debí morir yo antes que ella, soy inservible y molesto a Seth, soy una carga para él y ya no tengo un motivo sustancial por el que vivir, tenía que ir con ella, con aquella alma tan solitaria que dejé morir, aquella con la que tuve una conversación bastante dura antes de su momento final, antes que fuera eliminada del planeta y de mi vida...

Todo me daba vueltas, el salón no paraba de girar... recordaba cada momento una y otra vez con flashes ininterrumpidos que flotaban en mi cabeza, con Alisha llamándome enfadada y deseando que la escuchara. Me quedé sin respiración, debido a que no dejaba de hiperventilar, necesitaba ayuda pero ni siquiera podía gritar... La oscuridad me embriagó de repente, con su dulce tentación, con su abominable deseo de que formes parte de sus filas, deseosa de que dejes de respirar y que te unas a un sueño permanente; entre todo ello, Alisha tendía su mano hacia mí, con aquella sonrisa humilde e innegablemente sensual, sus ojos me decían que fuera con ella sin dudarlo y que ella me cuidaría... dios, necesitaba tanto su abrazo, sentir que ya no estaba enfadada conmigo, de que oyera mi perdón por haberla dejado en aquel lugar y sin derecho a tener un entierro decente... Mi mano cogió la suya y esa luz terminó apagándose y Alisha desapareciendo, acabé en las profundidades de mi mente, terminé completamente loca o algo así, consiguieron reanimarme pero terminé anclada a aquel trauma que me dejó tan tocada.

- Quiero que sepas que siempre estaré contigo - aseguró Seth con lágrimas en los ojos, mirándome mientras las enfermeras del psiquiátrico al que nos aconsejaron llevarme me preparaban para entrar y empezar con mi tratamiento - Vendré a verte cada semana, te lo prometo.

- Nunca me olvides... por favor - logré responderle con dificultad -.

Seth besó mis labios con suavidad, todavía con los ojos humedecidos, se sentía culpable de haberme dejado sola aquella tarde y mucho más por haberse enfadado conmigo. Venía a verme todas las semanas, pero ésto se convirtió en dos veces al mes y, más tarde se convirtió en nada, dejó de venir, dejó de querer tenerme presente en su vida. No necesitaba una explicación, cualquier persona se hubiera cansado de llevar una relación como esa, me había vuelto un desastre y ya no era la joven de la que se había enamorado, estaba en las profundidades de algo tan oscuro que hasta yo intentaba entender pero que no podía alejar de mí, me traspasaba el corazón. 

Supongo que empezó una nueva vida, quizá en otro lugar, quizá con otra mujer, quizá se cansó de venir a verme y puede que le haga demasiado daño el hecho de verme aquí, el hecho de no poder vivir sin las pastillas que me administran, el verme tan débil y tan ida muchas de las veces que ha venido a verme, quizá no soporte verme así. He terminado en un abismo del que es difícil de escapar, en el que me he quedado completamente sola, un abismo lleno de oscuridad, ira, sensación de vacío y de culpa, una increíble carga que no sé si seré capaz de soportar algún día y poder seguir adelante o me quedaré aquí encerrada para siempre, dentro de unas puertas inquebrantables, dentro de unos límites inimaginables y con el corazón completamente roto y desolado, mirando por la ventana y esperando que algún día aquellos ojos azulados y aquel cabello negro de Seth vuelva a aparecer y vuelva a prometerme que siempre estará conmigo, es la única ilusión que me mantiene con vida, a pesar de estar en las profundidades de un mar de lágrimas.
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