A nadie más le importa:





Estaba sentada en las escaleras del instituto escuchando música y mirando a mi alrededor, estaba cursando mi último año de bachillerato, solo quedaban esas semanas de agonía y ya podía lanzarme a aquello que más deseaba: el arte. Cuando levanté la mirada, allí estaba el nerd de Francis, un joven muy inteligente con gafas azules, finas y metálicas andando hacia mi posición pero, al haber gente a nuestro alrededor, prefería decirme un susurrante "vamos" para que le siguiera a la parte de atrás del instituto y así poder hablar mejor, sin que se avergonzara de tener de amiga a alguien que vestía siempre de negro, le gustaban las calaveras y decía siempre lo que pensaba. Francis era un joven muy reservado y necesitaba siempre la aprobación de los demás, hacía exactamente lo que ellos le pedían sin rechistar, estudiaría Derecho en vez de Informática porque sus padres querían y no podía ir conmigo delante de todo el mundo porque los demás podrían hablar mal de él y no quería que algo así pasase. No podía creer lo ingenua y falta de personalidad que puede tener la gente, no podía creer que alguien tan inteligente cayera tan bajo como caía mi querido amigo, aquel del cual, sentía algo más profundo y especial pero no podía decirlo hasta que él no estuviera listo para que nos viéramos en público, de cualquier otra manera, era totalmente imposible al menos, para mí.

- ¿Siempre tienes que hacer ésto? - le pregunté algo molesta. Tengo mucho aguante a lo que se refiere a personas cobardes que no afrontan sus miedos, pero estaba cansada de que me escondiera como si fuera una delincuente -.

- Ya sabes por qué no puedo dejar que nos vean por ahí juntos - respondió como si no pasara absolutamente nada con mis sentimientos. Estaba claro que no se enteraba de lo que ocurría allí, por descontado. Miró a su alrededor como un gatito asustado, por si estaba algún amigo gilipollas de los suyos y nos veía a plena luz -.

- ¿No ves que es absurdo? No soy nada del otro mundo, soy yo - le dije, dedicándole una media sonrisa por si eso le hacía cambiar de opinión de alguna forma. Nunca he creído que algo así funcionara con una mente tan cerrada como lo suya - Soy una persona como cualquier otra, no soy ninguna delincuente.

- Vas vestida así, todo el mundo te critica y tienes una forma de hablar con la que ofendes a las personas. Me caes muy bien pero no pueden verme contigo, me criticarían también - respondió como si aquello fuera la cosa más normal del mundo - Lo siento, no sé qué otra cosa puedo hacer.

- ¡Tratarme como a una persona, en primer lugar! - le grité, saliendo de aquel callejón donde solíamos juntarnos para hablar -.

Quizá había sido demasiado brusca pero no podía hacer otra cosa, no podía esperar mucho más para que él entendiera lo difícil que era seguir siempre lo que uno cree y no lo que entienden los demás, ser siempre uno mismo y no dejar que le pisotee nadie, ser un ser humano como ningún otro ha intentado ser y tener las agallas de afirmarlo, no todos se atreven con ello por mucho que lo deseen. Entiendo que Francis sea alguien retraído o vergonzoso pero tratar a alguien como si fuera un paria no es algo bueno para nuestra amistad. Durante todo el resto de la mañana estuve evitándole, yendo a mis clases e intentando huir de una posible conversación incómoda sobre mi personalidad y mi forma de vestir por enésima vez, no quería ofenderme pero lo hacía constantemente.

Al salir de clase de Economía a las dos de la tarde, una hora fatídica para dar esa asignatura, se acercó un compañero de clase, parecía retrasado debido a su forma de criticar a cualquier persona que fuera algo diferente a él. E aquí otro ser patético y falto de mínima conciencia, carente de cualquier tipo de respeto o moralidad hacia los demás, sin sentido común y sin nada que aportar al mundo, mejor que se quedara durmiendo en su casa en vez de estar molestando al resto con sus tonterías.

- ¡Satánicaaaaa! - me gritó, como si fuera un animal al que estuvieran acuchillando. Era tan patético que daban ganas de... -.

Instintivamente, sin siquiera pensarlo, le cogí del cuello y lo estampé contra el suelo. Debido a la mañana que llevaba, no iba a tolerar ningún otro tipo de broma estúpida; no es culpa mía, yo tampoco esperaba reaccionar de esa manera. Cuando estuvo en el suelo le amenacé con ir a la Directora con un vídeo que tenía de él con una chica despampanante teniendo relaciones sexuales en el gimnasio del mismo instituto, cosa que estaba completamente prohibido si le contaba que le había empotrado contra el suelo. Él asintió con miedo, se levantó a duras penas y se fue corriendo, esperaba que le hubiera acobardado lo suficiente como para no ir a la Directora por vigésimo primera vez, ya que, si tenía otro aviso de este tipo no me dejarían ir a la Universidad.

Llegué a casa sobre las tres y cuarto de la tarde para comer y empezar con algunos trabajos pendientes que debía hacer antes de que mi padre se diera cuenta de que todavía no los había empezado.  Éste me vio entrar por la puerta, me dejó la comida preparada encima de la mesa y empezó a conversar conmigo a la vez que dejaba la suya enfrente de la silla donde iba a sentarse, seguidamente, siguió con la acción.

- Te veo como un poco ofuscada, ¿ha ocurrido algo con Francis? - me preguntó. Era de lo más astuto, no tenía ni la menor idea de cómo lo hacía, ni siquiera estaba ofuscada -.

- Sí, sigue con la misma historia - dejé la cuchara en el plato y bajé la mirada, no sabía qué me frustraba más si la poca delicadeza que tenía conmigo o que le avergonzaba - Se avergüenza de mí, lleva bastante tiempo escondiéndome de todo el mundo para que no me vean con él, es realmente agotador.

- Déjale espacio, quizá se sienta algo extraño, ya sabes cómo es de reservado - me dijo para tranquilizarme, pero yo no sabía qué pensar. Estaba segura que había mucho más que eso - La primera vez que le conocí no era capaz ni de mirarme a los ojos cuando le hablaba y siempre repetía lo mismo que decía yo para contentarme, necesita la aprobación de todo el mundo, ten algo de paciencia con él.

- Creo que ya he tenido demasiada - le respondí tajantemente. Sabía que él no tenía la culpa en absoluto pero solo hablar de él me daban ganas de vomitar - ¿Podemos hablar de otra cosa, por favor?

Mi padre siempre había sido un hombre divorciado que llevó a cabo todo el trabajo de una madre y de un padre al mismo tiempo, se encargaba de mi educación, la limpieza, de cocinar, de sacar la basura... es decir, todo lo que se refería a nuestro cuidado en casa y nuestras relaciones fuera de ella. Siempre ha intentado defenderme de todos los que en su día se metían conmigo, los que me traicionan, los que me fallan, e incluso, se ocupó de los que me hicieron bullyng, ya que, mi padre es abogado y sabía que no tenían derecho de tratarme como lo hacían, por lo que, consiguió que se llevaran una bonita demanda a sus casas y que les tocara pagarnos una abundante indemnización. 

Francis vino a mi casa sobre las seis y cuarto de la tarde para terminar un trabajo que teníamos que hacer juntos sobre Historia y para terminar de informarnos sobre algunas cosas que nos pedían las respectivas Universidades para entrar en ellas, de hecho, estábamos esperando a terminar un par de exámenes y presentar algunos trabajos para sacar nuestra nota y poder hacernos a la idea de a dónde tendríamos la oportunidad de ir y formarnos profesionalmente de aquello que realmente nos apasionaba. Francis ha tenido la mala suerte de ser como es, va a estudiar Derecho como sus padres quieren y va a ir y venir de la ciudad donde se encuentra la Universidad a su casa todos los días porque sus padres no quieren que su hijo se aleje mucho de ellos y quieren que vaya a esa Universidad exactamente, ya que, ahí es donde fueron todos los miembros de su familia. De verdad, todo esto era realmente agotador y no podía creerme cómo alguien podía ser la marioneta de tanta gente como lo era él; lo peor era que se daba cuenta pero no actuaba contra ello. Cuando llegó se sentó en mi cama, cerca de mi escritorio donde yo estaba sentada, intentando descifrar una de las cosas complicadas del tema que nos tocaría exponer más adelante pero había algo que no paraba de darme vueltas en la cabeza:

- ¿Por qué no estudias informática en la Universidad si es lo que realmente te gusta? Además tienes una nota perfecta para venirte a Stanford conmigo - le dije con voz algo apenada, no podía rendirme a que tirara todo su futuro por la borda tan solo por contentar a los pijos de sus padres - No puedes tirar todo lo que te apasiona por el retrete solo por no querer que se enfaden contigo o te critiquen.

- No puedo hacer informática, lo sabes - respondió, poniéndome aquellos ojos compasivos. Lo hacía cuando sabía que algo de lo que hacía no estaba bien pero que se veía en la necesidad de hacerlo -.

- ¿Por tus padres? - él asintió - Es tu vida, no la suya; estás intentando complacerles todo el tiempo para que no digan que su hijo es un rebelde o algo así, no pierdas el tiempo de esa manera. Tienes que hacer lo que tu desees hacer y lo que te llene, si es informática, solo díselo, lo entenderán y podrás ir a la Universidad que quieras.

- Estudiaré Derecho, es lo que quieren para mí. Estoy conforme - respondió con voz monótona, era como si le hubiera poseído el demonio de la clonación intentando hacer a otro exactamente igual que sus padres; le habían comido la cabeza seguro - Informática no es... importante.

- ¿Por eso no dejas de programar todos los días, intentando hacer programas que se adapten a las necesidades de las personas? - le pregunté de forma irónica. Él dejó el libro encima de la cama y me miró fijamente, estaba cansado de oírme - Solo estoy intentando ayudarte, creo que vas a tirar tu vida por la borda solo por dejarte llevar por gente que no debería tomar esa decisión por ti.

- ¿Por qué siempre te metes en mi vida? - su voz seguía siendo monótona, como la de un robot - No entiendo por qué te importa si quiera, es mi vida y no creo que debas inmiscuirte en mis asuntos personales. Creo que tan solo eres alguien que viste ridículamente y que no tiene ni idea de cómo tratar a la gente, pero tampoco te digo nada ni insisto en que cambies tu forma de ser, ¿verdad? Pues tampoco intentes cambiar la mía - volvió a coger el libro de Historia para ver si encontraba algo interesante que poner en nuestra presentación -.

- Qué casualidad, eso es lo mismo que dicen nuestros compañeros de clase sobre mí y a ti te ha dado por repetirlo. Nunca me contaste qué te pasó en tu infancia pero creo que te has vuelto sumiso absolutamente a todo, te dan una orden y la ejecutas, dicen algo y tú lo repites, ya no tienes nada de personalidad - bajé la mirada y miré mis zapatos, aquellos en los que escribimos nuestras iniciales al principio de bachillerato, un gran día -.

Durante el resto de la tarde y parte de la noche estuvimos haciendo el trabajo casi sin hablar, solo nos dábamos algunos detalles sobre lo que íbamos a poner en la presentación. Estaba tan cerca de mí que sentía su respiración y su corazón latir a tres cientos por hora sin saber por qué, olía el champú de limón que usaba para su pelo castaño y rizado, veía sus ojos castaños leer sin cesar todo lo que habíamos escrito en el ordenador, con sus labios algo gruesos y algo apretados debido a su continua concentración en lo que estábamos haciendo y ese cuerpo esbelto tan cercano a mí y de la misma estatura que la mía. Me miraba de forma incómoda, como si quisiera decirme algo, como si quisiera hacer algo pero que no se atreviera, así que, fui yo la que di el paso, como siempre. Estaba sentado a mi lado en la cama verificando que todo lo que habíamos puesto estaba bien, por lo que, cuando se giró hacia mí le besé para que sintiera que estaba a su lado, fue un acto reflejo, le conocía desde hacía tanto tiempo que ni eso hubiera significado algo. Bajó la cabeza y yo seguía esperando que dijera algo, pero lo único que hizo fue recoger sus libros e irse inmediatamente de allí; de ésto concluí que estaba realmente confuso. 

Durante las semanas siguientes, Francis seguía con sus compañeros de clase mirándome y riéndose con ellos de todas las tonterías que decían, criticándome sin cesar, dejándome siempre de lado y llevándome al callejón oscuro para hablar conmigo. Seguidamente, todo siguió como me esperaba: Yo fui a Stanford a estudiar arte y Francis fue a una Universidad de un pueblo cercano al nuestro que no tenía mucho prestigio y dejando de lado toda la inteligencia que poseía para ir a ese lugar donde fueron todos sus familiares. Seguíamos viéndonos por supuesto, pero ya no le veía tan de acuerdo en seguir con la carrera y parecía que quisiera cambiarse a lo que realmente quería dedicarse, le dije que podía seguir adelante con esa decisión y saber que era la correcta, no era la marioneta de nadie. Esa última noche que le vi, me sentí realmente orgullosa por aquello que me dijo, era la primera vez que compartía algo así conmigo.

- Estaba encerrado y todo lo que tenía dentro de mí era casi imposible sacarlo. He estado pensando en lo que dijiste y creo que es la decisión correcta que me dedique a lo que realmente quiero y no a lo que los demás esperan de mí, acabaré arrepentido de eso como lo estoy ahora a mitad de carrera. Tenías razón - me dio el primer y último beso que cruzamos más apasionado que jamás hubiera pensado recibir de él, estaba increíblemente impresionada - Mañana iré a verte a la Universidad, espérame.

Durante esa noche estuve pensando en todo lo que había cambiado en todo aquel tiempo, de forma totalmente radical, era impresionante. Jamás hubiera imaginado que Francis hubiera crecido tanto interiormente o que hubiera dado el paso de contradecir los ideales o las decisiones de su familia, parecía incapaz de creerlo pero parecía que iba a hacerles frente pasara lo que pasase. Empecé a cuestionar si verdaderamente podría tener una vida con la persona de la que siempre había sentido algo pero con la que nunca había podido expresarme de aquella manera, empecé a hacerme a la idea de que algo así podría ocurrir de verdad y que debía estar preparada para consolarle después de que hablara con sus padres. Aunque aquello no fue tan bien como yo esperaba...

Estuve esperando durante todo el día y los cuatro días que siguieron pero Francis no apareció. Quizá se echó hacia atrás por la negación de sus padres o quizá no tuvo tiempo de venir a verme a la Universidad, pero estas dudas fueron aclarándose cuando llegó el día en que habían pasado veinte años desde la última vez que nos vimos en el porche de mi casa y en el momento en que él me dijo todo aquello tan cautivador. En esos momentos estaba realmente inquieta porque quería saber qué le había pasado o si estaba bien, quería saber todo lo que ocurrió aquella noche cuando les dijo a sus padres que iba a dejar la carrera de Derecho, por lo que, fui a su casa directamente, ya que, llevaba días que no cogía el teléfono y parecía que se hubiera cambiado de número. De aquella casa salió una mujer que no conocía absolutamente de nada y, al preguntarle por la familia que vivía allí en su lugar, me dijeron que se habían mudado a San Francisco y que les dijeron que no iban a volver, pero que no sabían el motivo por el que lo hicieron. Definitivamente, yo sí lo sabía: debió decirles a sus padres lo que yo pensaba de todo el asunto de la Universidad y no debió gustarles, por lo que, decidieron alejarlo de mí para que no le influenciara de mala manera, según ellos. Así que, unos años después decidí seguir adelante, ya que, no podía estar siempre esperando a que dejara de estar manejado por los demás y mucho más por sus padres, era algo que yo no podía cambiar, así que, me centré en el arte e hice de ello mi mundo, mi pasión y mi profesión. Aunque él me hacía falta y lo echaba francamente de menos debido a que nos conocíamos desde que éramos niños, intentaba no pensar en ello y dejar pasar el tiempo, ya que, dicen que lo cura todo pero también parece ser mentira.

En los primeros años que me dediqué a la pintura, no habían muchas exposiciones a las que asistir para vender mis cuadros pero mis profesores fueron recomendándome a todo tipo de pintores y llegué a tener muchos contactos. A mucha gente le empezó a interesar todo lo que pintaba y realmente querían verlo de cerca y que otros lo hicieran también, por lo que, me ofrecieron exponer cuadros en varias exposiciones. A partir de ese momento, yo iba creando cosas nuevas e iba a mi contacto para que me diera su opinión, si veía que eran buenas, llamaba a otro contacto internacional y me enviaba al país donde éste estaba para exponer mis cuadros allí; era genial, ya que, su contacto me permitía viajar por todo el mundo enseñando mis obras, era gratificante. Un jueves por la tarde, mi contacto internacional Jefferson, el cual, estaba planificando una exposición en San Francisco muy grande, me llamó para que participara en ésta, ya que, creía que mis últimas obras impactarían gratamente a su público. Acepté la oferta sin pensarlo, exponer en San Francisco es una gran oportunidad y hacía mucho tiempo que deseaba ir allí para visitarlo. Al llegar a ese precioso lugar, me instalé en un hotel que estaba cerca del sitio donde iba a dar lugar la exposición, pero como no era muy tarde, decidí ir a tomarme una copa cerca del hotel, quería relajarme, ya que, los viajes en avión me dejaban como muy mareada y con el estómago revuelto.

Decidí entrar en una pequeña taberna, no me pareció la mejor opción pero para tomarme una cerveza, no necesitaba mucho más. Al entrar, miré a mi alrededor para sentirme cómoda en el lugar y para elegir el sitio donde me iba a sentar; cuando estuve a punto de sentarme en uno, me fijé que en la parte del final estaba sentado un hombre que me era muy familiar. Al principio, no me di cuenta de quién era y estuve a punto de pasarlo por alto, pero después reconocí por completo a aquel hombre que parecía desolado con un bourbon en la mano y con cara de haberle atropellado un camión: era Francis. No tuve ninguna duda en acercarme a su posición, ni siquiera sabía si me reconocería debido a mi cambio de look, ya que, mi pelo negro y rizado ahora estaba más corto, mis ojos castaños no llevaban tanto maquillaje, mis labios antes pintados de negro ahora ni siquiera lo estaban y vestía con una falda larga y una americana de color gris, era una ropa más profesional. Cuando levantó la mirada se sintió contrariado, ya que, no encajaba muy bien el que la amiga de su infancia estuviera en ese mismo momento enfrente de él sentándose en la silla.

- ¿Erika? - preguntó algo dubitativo, estaba claro que no esperaba algo así. Puso una cara de sorpresa cuando asentí con la cabeza, bajó la mirada, por lo que, deduje que se sentía culpable por no haber venido aquel día a la Universidad cuando me lo dijo - ¿Qué haces aquí?

- Bueno, he venido a exponer mis cuadros en el museo que está a dos calles más abajo. Hacía tiempo que quería venir aquí a mostrar mi trabajo, estoy realmente orgullosa de lo que he logrado con ello - le respondí con aquella voz tranquila y plácida que solía utilizar para todas mis exposiciones públicas, me sentía como si estuviera en una de ellas -.

- Te veo muy... cambiada - su voz se quebraba, su aliento olía a alcohol fuerte, sus labios apretados me seguían diciendo que no se sentía muy bien, sus ojos estaban acuosos y su cuerpo totalmente enmarañado y rebelde, señal de que vivía cerca y no se había peinado -.

- ¿Qué te ha pasado? - le pregunté completamente extrañada de verle en ese aspecto - Intuyo que tuvo que pasar algo realmente fuerte para que estés en este lugar tan borracho y solo.

- Sí, bueno... Te dije la verdad la última noche que te vi, estaba totalmente encerrado, todos me habían llevado a hacer lo que estaba haciendo y no era aquello que deseaba, me recordó tanto a lo que tú decías... y te quería tanto porque me abriste lo ojos que no podría expresarlo, pero todo cambió cuando esa misma noche llegué a casa y comuniqué a mis padres que iba a dejar la carrera de Derecho. Esa pequeña decisión me costó la paliza de mi padre y que mi madre me escupiera en la cara por no ser aquel hijo que deseaban, dijeron que eras una mala influencia y me iban a apartar de ti lo más lejos que pudieran sin yo poder hacer nada, me negué a dejarte ir pero ellos siguieron dándome palizas hasta que accedí a venir a San Francisco - volvió a bajar la mirada, mientras yo me rompía por dentro escuchando todas aquellas palabras de aquel dolor profundo que mi amigo más cercano había experimentado, mis lágrimas cruzaban mis mejillas - Me trasladé a la Universidad de San Francisco y terminé los dos años que me quedaban, todas mis notas fueron excelentes, por lo que, conseguí un puesto en uno de los mejores Juzgados. Durante diez años ejercí de abogado como cualquier otro pero cuando se presentó el caso de un niño que había sido abusado sexualmente por su padrastro y perdí el caso porque nadie creía que eso era posible porque no habían pruebas y solo lo que decía el niño, tuve que renunciar, no pude seguir con aquello. Mis padres hacía unos años que habían muerto, así que, conseguí un empleo en una frutería, ya que, de algo tenía que comer, ganándome el salario mínimo. Y ahora resulta que están a punto de embargarme mi casa, me voy a quedar en la calle porque tengo algunas deudas que pagar...

- Vaya... lo siento muchísimo - no sabía qué otra cosa decirle, toda aquella historia era horrible, nunca imaginé que su vida se hubiera complicado tanto - Podrías venir al hotel en el que me hospedo y venirte conmigo a Chicago y volver a empezar, nos irá bien y yo te ayudaré en todo lo que pueda.

- Lo siento, tengo... tengo que irme - se disculpó, mientras se levantaba de la silla a duras penas. Estaba destrozado y ni siquiera en ese momento tan duro de su vida quería que le ayudara, nunca me dejó hacerlo -.

Asistí a mi exposición con una agradable sonrisa y expresando en todo momento lo que significaban mis obras, la profundidad que había en ellas. Vi que Francis asistió aunque él pensara que estaba bien escondido, pude ver sus maravillosos ojos mirando cómo había llegado tan alto con aquello que me apasionaba y le dedicaba todo mi amor. Solo estuvo una hora, supuse que me estaría esperando en el hotel, quizá cambió de opinión... Se cayó todo mi mundo cuando al día siguiente leí en el periódico que Francis se había suicidado, se había tirado por el puente Golden Gage y que se había encontrado su cuerpo. No había llorado tanto en mi vida, era como si se hubiera muerto una parte de mí, alguien realmente importante con el que viví muchas experiencias y sentía innumerables cosas. Fui al funeral pero tan solo había tres personas, eran clientes antiguos de Francis, decían que él les había ayudado muchísimo y que cuando se enteraron de lo sucedido les apenó desagradablemente.

Cuando volví a Chicago donde estaba mi casa, el lugar en que nací y el lugar en el que crecí junto a Francis, me di cuenta de que aquella noche en la taberna era su última copa, la última vez que me veía y apareció en la exposición porque quería ver lo lejos que había llegado con mi vida personal y profesional y quería despedirse, creo que con una hora de presentación tuvo suficiente. Cuando hablé con él estaba realmente desaliñado, su vida no valía nada y él lo creía de verdad, no era feliz, se sentía como un fracasado, era pasto de los gusanos y se sentía mal por no haber seguido mis consejos, sus ojos me mostraron todo eso. Cuando me contó lo que pasó con aquel niño que fue acosado sexualmente por su padrastro, até cabos y comprendí lo que le sucedió de pequeño: fue abusado sexualmente por su padre, por ello, dejó de ejercer de abogado, era incapaz de ver a ese niño seguir sufriendo como sufrió él con su familia. Ésto era a lo que había llegado Francis por seguir todo lo que los demás querían, por importarle las críticas, por no ser quién realmente era sino quién querían los padres y sus amigos que fuera, no se había esforzado en luchar por nada importante porque eso era lo que les resultaba importante a los demás, había ido creciendo, haciendo cosas que no le importaban y no le llenaban ni personal ni profesionalmente, tenía una inteligencia increíble y su familia no dejó que lo aprovechara al máximo, fue maltratado por sus padres y él seguía allí haciéndoles caso y siendo su marioneta; todo ésto ocurrió porque no fue él mismo, no interpuso sus intereses y sus pasiones a los demás, sino que quiso contentarlos y se alimentaba del miedo hacia sus padres, eso es lo que le llevó a la muerte.

Por ello, puedo decir que es difícil ser uno mismo y seguir un camino que tú mismo te has creado habiéndolo decidido, sintiendo que es algo que te apasiona verdaderamente. No se debe seguir a nadie, ni seguir las órdenes de nadie, las personas no deberíamos ser los objetos o marionetas de nadie, cada uno debe tener la libertad de elegir quién quiere ser e incluso, de descubrirlo. Hay personas que se sienten cohibidas por la forma en la que se expresan, su forma de vestir, de interpretar las cosas o de hablar, les importa ser juzgados pero no debería, una persona es como es y se debe mostrar tal cual, nadie debería juzgar lo que no sabe o lo que ni entiende. Todos somos personas, nadie es más que otro, nadie debería mirar por encima del hombro a otros que no tienen las mismas posibilidades, todos deberíamos mirar por los intereses comunes y no burlarnos de aquellos que son diferentes a nosotros. Debemos luchar por aquello en lo que creemos de verdad aunque la gente nos dé la espalda, debemos ser quiénes somos ante todo, aunque se burlen de nosotros o nos humillen, si no les gusta que se busquen a otro, ya que, hay algunos que tenemos que ser fuertes por nosotros mismos y no le debemos nada a nadie, ni siquiera una explicación.

Comentarios

  1. Excelente historia. Me conmovió profundamente.

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  2. Excelente historia. Me conmovió profundamente.

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  3. Muchas gracias, me alegra que te haya gustado. Quería expresar lo importante que es ser uno mismo y no lo que los demás quieren que seas.
    Lo he escrito con todo el cariño :)

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  4. Hola, es un placer encontrarme con este tipo de blogs, me he quedado maravillado con tu manera de escribir y describir cada uno de los detalles de tu historia. Voy a seguir a detalle tu blog, muchas felicidades.

    Aarón Mdz.

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    1. Muchas gracias,Aarón. Me alegro de que te haya gustado, me encanta detallar todos mis relatos para que el lector pueda hacerse una idea precisa de qué es lo que estoy hablando.

      ¡Gracias por tu comentario!

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