Enganchado:




Le vi en un parque donde se podía hacer skate, habían varias pistas para practicar y, la verdad, a mí también me atraía desde hacía algún tiempo, me encantaba ir allí a verlos y, algún día sentir esa misma valentía para hacerlo yo. Un joven de pelo castaño adornado con rastas que le llegaban hasta un poco más abajo de los hombros, ojos del mismo color, labios gruesos y un cuerpo esbelto vestido con una camiseta blanca dos tallas o tres más grande de la talla normal que debería usar y unos pantalones tan anchos que no notabas dónde estaban las piernas, al igual que sus zapatos, se acercó donde yo me encontraba sentada en un banco justo en frente de las pistas de skate y se aventuró a sentarse a mi lado dejando su patinete en el suelo, justo debajo de donde él estaba sentado. Le miré y vi la ternura que desprendían sus ojos, me notaba segura estando adueñada por ellos, sentía una especie de momento glorioso, hasta que habló con aquella cálida voz, siempre la recordaré de esa manera:

- ¿Nunca has probado el skate? - me sonrió, mostrando aquellos dientes algo amarillentos, sería fumador, estaba segura -.

- Lo he probado un poco - le dije poniéndome roja como un tomate, siempre me pasaba cuando hablaba con algún tío, era desconcertante porque siempre se reían cuando me ocurría eso y me avergonzaba, no podía dejar de ruborizarme aunque quisiera - Suelo utilizar el de mi hermano mayor, aunque he de esperar a que no esté en casa para cogerlo y poder ir a dar una vuelta con él.

- Deberíamos quedar un día para hacer skate, ya sabes - seguía sonriendo, con aquella boca que inspiraba sensualidad -.

- Sí, podríamos si supiera mínimamente quién eres, no sé... - le dije algo desconfiada, simplemente no podía fiarme de cualquier tipo guapo que se me presentara e irme con él como si tal cosa -.

- Soy Eric - me dijo mirándome fijamente, inclinándose para darme dos besos - No serás alguien que quiere matarme, ¿verdad?

- Nah que va, solo soy una psicópata que te va a descuartizar y, cuando termine contigo vendré aquí a hacer skate, ¿qué te parece? - era una broma que esperaba que le hiciera reír y así fue - Soy Maggie, encantada.

Estuvimos prácticamente todo el resto de la tarde hablando sin parar, hablando de todas aquellas cosas que teníamos en común y todas aquellas cosas que nos hacían ser quiénes éramos, era alguien que me hizo sentir especial, supongo. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que un tío como ese no podía ser tan perfecto, debía haber algo mal en él porque chicos así no se ven en todas partes. Cuando oscureció, me acompañó a mi casa a pesar de mis quejas, ya que, seguía diciendo una y otra vez que no dejaría que fuese sola a mi casa a esas horas y que no quería que me pasara nada, ésto sí que era surrealista. Quedamos en vernos dentro de unos días, ya que, él tenía que ir a casa de su madre situada en una ciudad que estaba a un par de horas de allí, así que, tuve que esperar. No sabía hacia dónde iba todo aquello pero noté una conexión entre ambos o algo así, pero no diría que era amor ni nada por el estilo, era como una fuerza que nos unía a ambos de alguna manera, pero no sabría explicarla...

La situación en mi casa era desgraciadamente horrible, no podía seguir viviendo allí pero cada vez que lo pensaba, recordaba por todo lo que había pasado y no podía dejar a mi madre desamparada con aquel tipo que vivía de ella y se encargaba de maltratarme física y psicológicamente, estaba harta pero no podía permitirlo. Simplemente, sentía que necesitaba a alguien que me ayudara con todo ello, que estuviera conmigo y me hiciera sentir segura, que me hiciera irme a cualquier sitio lejos que no fuera mi casa. Durante esos dos días, hablé con Eric por teléfono y me dijo que vendría seguro, que lo tenía todo listo para volver y quedarse en un piso que estaba algo cerca de mi casa, así tendríamos ocasión de vernos y quedar más a menudo, la verdad, me encantó la idea. 

En realidad, todo pasó muy deprisa. Empezamos estando en el centro de Tenesse con el skate aprendiendo sobre la marcha y, de pronto, habían pasado un par de años y éramos casi inseparables. Solía llevarle algo para almorzar después del instituto o me pasaba por su piso a ver cómo estaba, todo parecía normal hasta aquel día soleado cuando quedé con él en el parque donde nos conocimos, estuvimos un par de semanas sin vernos porque según él tenía cosas de las que ocuparse pero jamás conseguía que me lo dijera, no sabía cómo después de tanto tiempo no podía confiar en mí. Lo comprendí perfectamente cuando llegó, ya que, estaba como ansioso, movía los ojos de forma algo extraña y sus movimientos eran algo frenéticos. Por un momento pensé que le había ocurrido algo y estaba nervioso pero qué va, un tipo como él no podía ser tan remotamente perfecto, ese fue el momento exacto en que lo comprendí.

- ¿Qué te ocurre? Te noto exaltado, no sé - le dije, todavía asombrada por cómo se movía. Lo curioso era que no podía estar quieto ni un minuto, no paraba de moverse, siendo que a él siempre lo había visto tranquilo, totalmente relajado -.

- ¡No pasa nada! - se encendió un cigarrillo y le temblaban preocupadamente las manos, creo que ya estaba pillando qué era lo que le pasaba. Durante el año pasado, me estuvo comentando que tenía unos amigos que le habían influido un poco en probar ciertas sustancias ilegales, en especial cocaína y algo de cristal, pero me dijo que él se negó; por como venía ese día, temí que me había mentido -.

- ¿Qué te has metido, venga? No soy estúpida - le dije algo más convencida de lo que había pensado - Siéntate, me estás poniendo de los nervios.

- No... no me he metido nada, joder. ¿Crees que soy imbécil? - se sentó a mi lado todavía inquieto, no podía creer que hubiera hecho algo así. Ahora tenía que encontrar una jodida manera de hacer que confesara - ¿No puedo estar un poco nervioso?

- ¿Un poco? Estás frenético, nunca te había visto de esta manera. Esto es algo poco típico de ti y creo que esos amigos tuyos te han llevado por un camino que no querrías pisar - le contesté algo más nerviosa y tensa, ya que, temía seriamente por su vida, alguien que se engancha a eso no sale fácilmente -.

- ¡Vete a la mierda, déjame en paz! - se levantó todavía nervioso y se alejó por el camino que llevaba hacia la salida del parque -.

Me frustraba no poder ayudarle, pero si no era capaz de contármelo no podría ayudarle. Me dolió en gran medida que se fuera de aquella manera, no quería que termináramos la conversación así, pero sentía unas tremendas ganas de ayudarle y necesitaba que volviera a estar a mi lado aunque solo fuera por un rato. No podía simplemente ceder a que él estuviera así y que los siguientes días los pasara haciendo lo mismo o peor, así que, decidí dejarle a su aire, no quería que se estresara más por mi culpa.

Esperé unos días justo al lado del teléfono, mientras leía o escribía sobre algo que me parecía interesante, no podía dejar de preocuparme por él pero sabía que no podía llamarle, aunque fuera por dignidad. Él era así, sabía que lo había hecho mal y tarde o temprano me llamaría, estaba segura de ello; no quería que cometiera ninguna... De repente, sonó mi móvil, era Eric, decía que me estaba esperando en la esquina cercana a mi casa, quería hablar conmigo de lo que sucedió días atrás, parecía que su voz era normal y estaba francamente arrepentido de lo ocurrido. Estuvimos callados durante todo el trayecto, parecía que quisiéramos ir al mismo sitio de siempre, al lugar donde nos conocimos sin siquiera darnos cuenta; al sentarnos en el banco que se encontraba justo en frente de las pistas, Eric me miró con aquellos ojos tiernos y profundos que siempre me hacían sentir segura, pero no sé si ahora podría sentirme así después de la última discusión que tuvimos, francamente parecíamos una pareja aunque nunca lo fuimos ni remotamente.

- Siento mucho lo del otro día, no estaba atravesando un buen momento... - se disculpó con aquella vocecilla de corderito degollado, como si yo fuera a hacerle algo por haberse comportado como un gilipollas -.

- ¿Entonces podrías decirme qué era aquel estado en el que te encontrabas? Porque verdaderamente estabas frenético, nervioso y te movías más que un consolador - le dije, algo molesta por todo lo ocurrido, me acordaba de aquello y me ponía enferma - Ni siquiera quisiste contarme lo que hiciste aquellas dos semanas, después de conocernos durante dos años parece que todavía no confías en mí.

- No es eso, simplemente salí de fiesta con unos amigos que hacía tiempo que no veía, estuvimos de juerga todo el tiempo y acababámos mal todos los días, fue algo muy loco - dijo sonriendo, parecía que recordara los buenos momentos que pasó con aquellos tipos que le influenciaron tanto. Cambió su semblante por uno más serio, debido a la tristeza que veía en mi cara - La verdad es que me pasé un poco, tomé cosas que jamás pensé que probaría y ahora estoy algo metido en un lío...

- Te has enganchado, eso es lo que te pasa - le respondí lenvantando algo más la voz. En ese momento, me di cuenta de que las personas no son lo que parecen - ¿Qué tomaste?

- Pues no sé, maría, coca, algo de crack, cristal y algo de speed, creo - me respondió con voz temblorosa. A veces, me sentía como su madre por pretender echarle un rapapolvo que ni siquiera yo tenía derecho a dárselo - Siento haberte puesto en esta situación, puedo apartarme un poco, ya sabes, para no...

- ¿Te he dicho yo que quiera que te apartes? Lo que pasa es que te has enganchado y ahora tienes que dejarlo, puedo ayudarte pero tienes que comprometerte completamente conmigo, no valen mentiras ni salidas a escondidas sin explicación, ¿estamos?

Aquello fue una conversación bastante productiva pero no sabía lo comprometido que iba a estar con aquella situación, ya que, cuando alguien está enganchado a algún tipo de droga siente una necesidad tan profunda que puede volverse loco, el mono podría hacer que quisiera consumir más y más y jugármela. Cuando nos vimos estaba demasiado relajado, señal de que había fumado marihuana antes de aparecer en la esquina cercana de mi casa, era una forma de mantener el mono de alguna manera; estuvimos un rato más en aquel banco hablando de su problema, pero tiempo después le acompañé a casa y aquello era una pocilga de lo más sucia y polvorienta, se notaba que era un tío, joder.

- ¿Te has dado cuenta de cómo está tu casa? - le pregunté con aquella sonrisa en mi cara de sorpresa, no sabía cómo una persona podía aguantar tanto sin limpiar - No sé cómo puedes vivir así...

- ¿Quieres comer algo o...? - me preguntó eludiendo la anterior pregunta, mientras me sentaba en el sofá situado en el salón -.

- No, me voy a ir enseguida - respondí, mientras caía en la cuenta de algo importante, la droga seguía en su piso pero él obviamente no iba a decirme nada, así que, me acerqué a la cocina donde estaba preparándose una tortilla y le recordé lo que tenía que hacer - Sabes que tienes que tirar toda la droga que tengas en este piso y debes hacerlo cuanto antes, incluida la marihuana.

- Lo sé. Podemos tirarlo hoy, ahora - puso la tortilla en su plato y echó la sartén dentro de la pica para limpiarla luego, seguidamente me miró muy cerca, casi podía sentir su respiración en mi cara - Sabes que lo haré, lo haré por ti aunque sea, necesito que me ayudes. Pero podemos ocuparnos de eso después de cenar, ¿vale? - yo asentí, no podía pronunciar otra palabra más, ya que, su boca estaba tan cerca de la mía que solo pensaba en una cosa y era en no besarla por nada del mundo, aunque mi tentación era todo lo contrario -.

Todos podríais pensar algo como: ¿por qué no lo hiciste? ¿por qué no acabasteis juntos? ¿por qué te frenabas cada vez que tenías esa tentación? Pues sencillamente, me sentía muy poco digna de una persona, no creía que nadie quisiera estar conmigo, era una completa inexperta y mi mente era un laberinto de problemas sin resolver y repleto de traumas infantiles, nadie querría soportar a alguien como yo, así que, lo que hacía únicamente era dejar llevar aquello y apartarme todo lo que pudiera, hacérselo fácil a la otra persona. En el amor no me sentía la persona más segura, ni siquiera algo experimentada en lo que al sexo se refiere, ni un poco enamorada del mundo, tenía una perspectiva muy distinta y cruel de lo que significaban las personas y lo que me rodeaba en aquel entonces, así que, no tuve otro remedio, aunque realmente quería a Eric, de una forma especial.

Durante un par de meses, pensaba que todo estaba bajo control, es decir, que Eric tenía su adicción controlada y que poco a poco estaba superando el síndrome de abstinencia, pero todo se rompió en mil pedazos cuando un miércoles por la tarde pasé por su casa a verle y para comprobar que todo seguía en orden, a veces, me sentía como una policía siempre controlándolo. Dio la casualidad de que no había rodado la llave de su casa y estaba abierta, así que, entré sin previo aviso y le vi en el sofá justo enfrente de aquella mesita que estaba siempre llena de palomitas; estaba inclinado hacia delante, con una especie de cilindro fino de cartón en uno de los agujeros de la nariz y se disponía a esnifarse una raya de cocaína, supongo.

- Esperaba encontrarte aquí, pero no haciendo esto - le dije, cruzando los brazos en mi pecho en señal de no estar de acuerdo con lo que estaba haciendo. Mi semblante serio hizo que dejara el cartón en la mesa y se girara hacia mí con cara de corderito degollado, suponía que ahora venían las disculpas para conseguir deshacerse de mí y seguir con su maniobra de escape de la realidad -.

- Lo siento mucho, no quería hacer esto pero la necesidad...

- ¿Sabes qué te digo? ¡Vete a tomar por culo! - salí de allí dando un portazo, no podía soportar todo aquello después de haber estado ayudándole durante algún tiempo, pero en realidad, estaba mintiéndome -.

Durante las siguientes semanas, no tuve noticias suyas y la verdad, no las esperaba. Estuve aguantando toda la mierda que soportaba en mi casa, no pudiendo dejar de pensar en lo último que ocurrió en su piso, seguramente cuando me fui se terminó lo que tenía encima de su mesita... no podía creer que me hubiera hecho algo así. Empecé a preocuparme cuando pasaron unas tres semanas y yo continuaba sin saber nada de él, así que, le llamé varias veces pero no contestaba al teléfono; intenté llamar a su mejor amigo pero tampoco contestaba, así que, tuve que ir al parque donde varios de sus amigos hacían skate para ver si podían decirme dónde narices se había metido Eric. Por supuesto, estaban todos allí pero no estaban practicando skate sino que estaban sentados en una de las pistas, me acerqué a ellos y me senté al lado del que más le conocía.

- ¿Sabéis dónde está Eric? Hace semanas que no sé nada de él y me estoy inquietando - les dije a esos amigos que nunca le influyeron malamente -.

- ¿No te has enterado? - me dijo el que más le conocía - Está en el hospital, sufrió un infarto o algo así, su madre a penas quería decirnos nada...

- Nos dijo que nosotros le habíamos hecho todo eso y que no teníamos derecho a estar allí, no nos podemos creer lo que está pasando...

Esa era una buena razón para no saber nada de él durante estas últimas semanas, así que, aparté todas las diferencias que había tenido con Eric antes de aquello y me aventuré a ir al hospital de inmediato, quería saber cómo estaba y darle mi completo apoyo para que se recuperara. Todo ésto os parecerá precioso, pero la realidad fue exactamente como la tuvieron sus amigos de las pistas de skate, es decir, su madre no me dejó entrar en la habitación donde se encontraba aquel chico al que mandé a la mierda antes de que ocurriera todo ésto y estaba verdaderamente preocupada por él, pero si su madre me prohibía la entrada, no podía entrar por la fuerza. Pensé en esperar abajo a que la arpía de su madre se fuera a casa para conseguir entrar en la habitación, pero no sé si eso fue lo mejor o fue un error, ya que, cada vez que cierro los ojos recuerdo ese mismo escenario una y otra vez: sus ojos castaños estaban cerrados, parecía que dormía plácidamente pero realmente estaba inconsciente; estaba intubado y una máquina le ayudaba a respirar, sus pulsaciones parecían estables pero no me imaginaba un mundo sin estar segura entre sus ojos, no sabía cómo íbamos a salir de ésta.

De repente, se abrió la puerta de la habitación y la arpía se encaró conmigo, era obvio que no me tenía un gran aprecio...

- ¿Qué haces tú aquí? - me preguntó mirándome con cara de asco, parecía que yo tuviera un virus que provocara la muerte a alguien -.

- He venido a ver a mi amigo - era obvio, no sabía ni por qué se le había ocurrido preguntarlo - No puede...

Pero sí que pudo finalmente, ya que, llamó a las enfermeras y les dijo que yo estaba molestando a su hijo y que no me conocían para nada, temía que fuera a hacerle daño a Eric, así que, por mi propio bien tuve que marcharme de allí a toda prisa, tampoco quería provocar una escena innecesaria y que viniera la policía a sacarme, ya que, habría sido lo que a ella le hubiese gustado.

Eric murió un par de meses después, me lo comunicaron sus amigos de las pistas de skate; después de lo ocurrido ya no volvieron por allí más. No pude decirle cuánto le echaba de menos ni que sentía aquella discusión que tuvimos en el piso, de hecho, se fue sin siquiera poder despedirme; no quisieron decirme qué fue lo que le ocurrió, ni siquiera su madre quiso mantener ninguna conversación conmigo acerca de cuál fue el motivo de su muerte, así que, tuve que aceptarlo y seguir mi vida aguantando esa carga que hacía que cada día me sintiera más y más cualpable y que me alejara más y más de todo cuánto se movía. Durante los años siguientes, no dejaba de recordarle cuando comía, cuando me acostaba, cuando escuchaba música, cuando hablaba con alguien parecido en apariencia, cuando pasaba por su antiguo piso... le recordaba como si siempre estuviera justo a mi lado, cogiéndome la mano y diciéndome que esperaba que las cosas me fueran bien, lo malo es que todo ello, formaba parte de mi imaginación porque él ya no estaba allí conmigo como yo habría querido. 

Ahora, con ochenta años y acercándome a mi momento de despedirme del mundo, recuerdo aquellos momentos como si fueran ayer y recuerdo su cálida voz, su sonrisa perspicaz y sus carnosos labios justo en frente de los míos, esperando allí a que yo los besara. Hubiera querido que todo hubiera sido distinto, que las cosas no hubieran sido tan complicadas para los dos y, quizá él no hubiera recurrido a la droga para sentir algo vivo dentro de él. Eric es aquella ilusión lejana que siempre permanecerá en mi recuerdo hasta que muera...





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