Vidas Diferentes:




Salí del coche para ir a mi trabajo, el buffet de abogados más importante del país, estaba realmente satisfecha por todo lo que había conseguido desde el primer año de carrera; en ese despacho me escogieron como la mejor estudiante y, por tanto, me merecía ese puesto, de hecho, lo reservaron para mí. Todo eran gotas de felicidad, ya que, tenía a mi marido trabajando en lo que siempre había soñado, es decir, de periodista en una de las cadenas de televisión más importantes del país. Además, siempre estábamos impacientes por llegar a casa y encontrarnos a nuestros dos hijos gemelos esperándonos impacientes a que llegáramos y les hiciéramos la cena, después de un día agotador de trabajo. La niña se llamaba Zaira y el niño Collin, dos nombres preciosos para unos niños de diez años la primera y siete años el segundo, maravillosos.

Cada mañana era despertada por estos dos granujillas y por el desayuno que me llevaba mi marido a la cama, un hombre generoso, cariñoso, le encantaba compartir, era muy romántico y era increíblemente fiel, alguien en quien confío e imposible que deje de querer. Mi pelo ondulado y anaranjado, se posa sobre mis hombros con total soltura, una cabellera que jamás me da mucho trabajo, ya que, es muy fácil de hacer y, para los niños, de deshacer; mis ojos verdes suelen estar maquillados de un color anaranjado claro que combina con el color de mi cabello; mis labios finos siempre tienen un toque fino de carmín, el cual, a mi marido Jason le encanta; mi esbelto cuerpo suele estar adornado por ropa algo cara pero que me dura una eternidad, normalmente con algo elegante para ir al buffet, algo que tenga que ver con una camisa bien planchada y una falda que llegue más abajo de las rodillas. 

Tengo una vida que no dejaría a nadie, es increíble conseguir todo lo que he conseguido y tener todo lo que tengo, no me lo creo, pero está gracias al trabajo duro y a mi completa dedicación, nadie podría saber todo lo que he sacrificado para llegar hasta aquí, para tener una vida admirable y tener una vida que parece no ser real, que parece no tener sentido, ya que, nadie podría tener una vida tan perfecta como la mía y sin ningún tipo de problema. La cuestión es que tengo toda la razón, esa vida no es la mía y no es real, es como una invención de mi mente y un grave problema para los médicos que me tratan en el psiquiátrico, quieren quitarme esa loca vida perfecta de la cabeza pero no saben exactamente cómo hacerlo. Pero yo no quiero que lo hagan, creo que esa es una de las razones por las que la vida de la joven y perfecta abogada que soy en ese lugar no se va de mi cabeza, esa locura que me gustaría tener en mis manos, ese cabello que me gustaría tener y esos niños que debería tener de aquí unos años.

- Acabas de ver la vida de la joven abogada Sally, ¿verdad? - me preguntó el psiquiatra que tenía justo delante de mí, en la habitación completamente blanca y repleta de cuadros abstractos en la que nos encontrábamos. Yo estaba acostada en su sofá de experimentos, como lo suelo llamar -.

- Sally soy yo, en ese sueño lo soy - le dije con una voz relajada y casi susurrante a causa del calmante que me habían suministrado antes de ir a su consulta situada al final del pasillo de aquel solitario pero plagado de zombies que tenía como compañeros -.

- Esa no eres tú. Sally es alguien que vive en tu cabeza y la que tiene una vida perfecta, pero nadie tiene vidas perfectas, todos tenemos problemas y debemos vivir en la vida real - me dijo con tono condescendiente, como si yo fuera estúpida - Esa vida impide que vivas la tuya propia y la vida de la policía corrupta, hace que tengas unas taquicardias muy fuertes, así que, déjame ayudarte.

- Yo no quiero que esas vidas se vayan, las veo y son como una historia, son como algo que querría para mi vida, sobretodo la de la abogada - le dije, era la verdad pero no lo que él esperaba oír. Últimamente no me importaba lo más mínimo lo que ellos quisieran oír, quería decirles lo que yo realmente sentía, estaba atrapada allí - No quiero estar aquí, puedo controlar esas historias, puedo verlas y sentir que mi vida es... diferente pero, quiero que sigan siendo parte de mí.

- ¿Recuerdas que perdiste a tu marido y a toda tu familia por querer formar parte de esa vida, Sally? - sí que me acordaba, mis padres y mi marido me dijeron que necesitaba ayuda y me metieron en este lugar tan siniestro. Ahora él estaba con una rubia despampanante y mis padres estaban de vacaciones en Andorra - No me gustaría que lo perdieras todo otra vez, quiero que mejores, y esta, es la única forma de hacerlo.

- No sé si se ha dado cuenta, pero todo eso ya lo perdí. Mi marido está con otra mujer y mis padres hace un año y medio que no se pasean por estos lares, que yo tenga demasiada imaginación no creo que sea de gran importancia - le dije algo enfadada, estaba harta de que me trataran como si fuera una niña de cinco años y como si no tuviera sentimientos - Ellos se han ido, si me quita estas historias, ya no voy a tener nada... - le dije ahora llorando como nunca antes, me sentía realmente sola, con una carga enorme sobre mis hombros que no sabía cómo sobrellevar. Además, me sentía confusa -.

El Doctor Cornigan se acercó al sofá y me abrazó fuertemente, me susurró al oído que se imaginaba por lo que estaba pasando y que todo saldría bien, cosa que siempre te prometen pero que nunca sale como realmente planeas. Salí de su consulta después de contarle un par de cosas más sobre la joven Sally, aquella reina de la vida, aquella mujer increíble con un marido romántico y unos hijos geniales, una vida que yo envidiaba. Me fui a mi habitación, cerré la puerta y cogí un paquete de pañuelos para secarme las lágrimas, al girarme me miré en el espejo y me contemplé con los ojos algo caídos debido al sedante: los cabellos anaranjados que llevaba Sally eran sustituidos por unos cabellos castaños y largos hasta la mitad del cuello, sus preciosos ojos verdes han sido sustituidos por los míos del mismo color que mi cabello permaneciendo entreabiertos y seguían algo aguados debido a las lágrimas, los labios finos de Sally fueron sustituidos por unos finos en el labio superior y gruesos en el labio inferior, estando apretados debido a la seriedad y al dolor tan profundo que siento por tener que dejar ir toda esta historia; su cuerpo atlético y esbelto, es sustituido por un cuerpo cansado, tatuado en un hombro algunos movimientos que me recordaban al mar cada vez que los veía; en vez de los increíbles y caros vestidos de Sally, mi atuendo blanco era penoso y aburrido, por lo que, cuando estaba sola en mi habitación, solía ponerme una camiseta de tirantes negra y me fumaba un cigarrillo pegada a la ventana, no quería que Cornigan se volviera loco.

Antes de irme a la cama, me puse a leer un libro sobre zombies, me gustaba tanto que no podía parar de leerlo, cuando de repente mis ojos se quedaron abiertos de par en par y empezaba a ver a la policía parando a un coche de un tipo muy rico, ya que, era un BMW completamente nuevo.

- Salga del coche - le dijo con tono chulesco, la mujer de esa vida era bastante mandona, no sabría cómo poder controlarla. El hombre tendría unos cuarenta años, salió del coche y se puso delante de ella esperando a que le dijera cuál era el problema - Necesito que me enseñe su carnet de conducir y los papeles del vehículo, por favor.

- Me los he dejado en casa, ya sabe, suele pasar - le dijo algo pasota. La policía, también llamada Sally pensó que ese ricachón no tenía carnet de conducir y que ese coche no era suyo - Puedo ir a por todo esto y traérselo en unos quince minutos.

- Lo siento, le tengo que poner una denuncia. Usted no tiene carnet de conducir y este coche no es suyo, así que, espérese ahí a que le haga el papel para poder llevárselo - le respondió tajantemente -.

- Oiga, puede darle algo, lo que quiera. Tengo un buen trabajo y gano millones de dólares al año, puedo darle una gran suma de dinero si me deja irme y no me pone una multa - el tipo la sobornó sin remordimiento alguno y se lo dejó caer con total normalidad, era vergonzoso, pero el cambio en la cara de Sally me dejó sorprendida, sin duda iba a aceptar el soborno -.

- Muy bien, acepto - le dijo sonriendo y acercándose un poco más a él, utilizando una voz juguetona - Pero quiero algo más que dinero, ya sabes - le miró de arriba a abajo pasándose la lengua por los labios. A lo que él, también sonrió -.

- Por supuesto, cariño. Aquí tienes mi tarjeta, con mi dirección y mi teléfono, cuando quieras pásate - ella sonrió dejando que se fuera y guardándose la tarjeta en el bolsillo del pantalón -.

Cuando terminó su turno, fue rápidamente a casa de aquel hombre llamado Manel Soniere, el hombre de cuarenta años, atractivo y disponible que le había sobornado con dinero y sexo, algo que ella no podía dejar pasar por alto. Llamó al timbre y Manel salió con un albornoz, algo empapado, acababa de salir de la ducha. Sally no pudo dejar de sonreír, la dejó pasar y estuvieron todo el día entre las sábanas; obviamente ella no quería nada más que sexo, así que, cuando Manel se quedó dormido debido al cansancio, ella aprovechó para vestirse, comprobar si había alguna prueba de que ella hubiera estado allí, rompió el número de teléfono que le había dado a él para que creyera que podrían tener otra noche como esa, borró su número del móvil del tipo y salió por la puerta, yéndose a su casa, situada a las afueras; tan solo quería tirarse en el sofá y disfrutar del dinero que había ganado solo por evitar ponerle una multa a un tío tan bueno como ese, dado que no parecía ni tener esa edad y era muy bueno en la cama. Miró la tarjeta que le dio después de sobornarla y la rompió tirando el resto de papeles por la ventanilla del coche, ya no le interesaba lo más mínimo, ya le había usado para lo que ella quería.

Mis ojos dejaron de parecer los de un búho en plena noche y volvieron a la normalidad. Aquello había sido muy intenso, sobretodo el sexo que había tenido con aquel hombre, de hecho, en la vida real me había excitado un poco, lo cual, me provocaba repelús pero era normal, dado que no había tenido ningún tipo de relación sexual desde hacía más de dos años que llevaba en aquel antro, sobrevivía como podía. Y esa policía loca lo único que hacía era hacérmelo pasar completamente mal, ya que, si no podía mantener ninguna relación sexual y me excitaba ver todo aquello pues simplemente que me haga un favor y deje de ser tan enormemente zorra. Decidí acostarme en la cama e intentar dormir agarrada a lo único que me hacía levantarme cada mañana, la necesidad de hacer creer a los médicos que estaba mejorando, no quería pasar ni un solo día más en este estúpido sitio, era insoportable; así que, lo único que tenía que hacer era fingir, mentir y encontrar la manera de no volverme loca cada vez que tuviera una visión de cualquiera de las dos vidas paralelas, por así decirlo, ya que, parecía que fuera a darme un ataque con los ojos desorbitados, la boca abierta y la respiración entrecortada; si lograba tener eso bajo control, nadie notaría que continúo teniendo esas visiones y podría convivir con ellas como convivir con mis padres.

- ¿Has tenido alguna otra visión desde que nos vimos la semana pasada? - la verdad es que, como diez veces, pero no debía decirlo, tenía que descubrir cómo controlar mis impulsos para que no se notara -.

- No, de momento ninguna - le dije manteniendo la mirada en los ojos del Doctor Cornigan. Yo seguía sentada en aquel cómodo sofá después de una semana desde nuestra última sesión -.

- ¿De verdad? No me puedo creer que hayan desaparecido - respondió algo extrañado. Quizá lo notó un poco pero, tenía que hacerlo de forma que todo pudiera encajar, de manera que, tenía que mentir de la forma más inteligente posible - ¿Me estás mintiendo?

- No, la verdad es que no. He estado ocupada haciendo algunas pinturas para la señorita Morgestern, para un concurso; creo que la razón por la que no vuelvo a ver visiones es porque me mantengo ocupada - le respondí de forma contundente. Esperaba que con esto no sospechara y me dejara en paz de una vez -.

- Creo que eso es un buen punto de partida. Voy a decirle a la señorita Morgestern que siga manteniéndote ocupada, así podemos avanzar en tu recuperación. De esta forma, creo que puedes desarrollar tu parte creativa a la vez que vas haciendo desaparecer esas vidas que te roban de alguna forma la mente - me sonrió esperanzado. Seguía algo extrañado por el cambio tan brusco de no querer perder esas visiones con haberlas perdido de repente, pero si jugaba bien mis cartas, quizá podría salir de allí en menos de un año, necesitaba ver la luz del sol de manera distinta - ¿Las echas de menos?

- Sí, mucho. Ha habido días que he deseado que volvieran, ¿sabe? - le respondí mirándome fijamente los pies, quería que viera que me sentía realmente triste por ello - Pero por mucho que las llamaba no querían volver, no querían ser parte de mí otra vez. Así que, bueno... me he sentido algo sola desde que se han ido.

- Estoy seguro de que debían irse, por tu bien y el de tu mente. Algún día remoto volverán y tendrás que decir "no" a verlas, ya que, son como alguien que te persigue, alguien que quiere comerte y formar parte de algo más grande que tú haciendo que lo necesites, como un drogadicto que necesita su droga - me comentó aún esperanzado - Me gustaría que me dijeras cómo sigues con ello la semana que viene, si va bien creo que podremos dejar de vernos y podré enviar un informe para hablar sobre tu mejora.

- Muchas gracias, doctor - le respondí algo sorprendida, no podía creer que todo el proceso fuera tan rápido, utilizando solamente un informe de psiquiatra para que una persona saliera de aquel nido de zombies, era realmente raro -.

Creía que quizá podría salir de allí portándome bien, no haciendo notar mis visiones y hablando con total normalidad con mi psiquiatra, pero eso solo era el primer escalón. Iban a necesitar que me presentara a una reunión con algunos de sus superiores para ver si realmente estaba "curada", necesitaban saber si era seguro que yo saliera de aquel psiquiátrico y, para eso, tenían que hacerme varias preguntas. La cita la tenía en un par de días y mis nervios iban volviéndose cada vez más locos, junto con una cantidad de visiones bastante grande; ahora sí que tenía pánico.

Entre otras cosas, la policía corrupta de mis visiones estaba más loca que nunca, ya que, había acabado en la cama con una mujer muy adinerada a cambio de que no dijera nada respecto a un asesinato. Le ofreció una cantidad tan grande de dinero que ni yo fui capaz de asimilar. Durante muchas de mis visiones, esta mujer también llamada Sally, estaba desvariando de una forma increíble, ya que, había pasado de realizar prácticas sexuales para encubrir asesinatos y multas que muchos no querían pagar, a consumir cocaína, heroína y marihuana, estaba completamente fuera de sí, ojalá pudiera decírselo, pero yo solo podía verlo. Por otra parte, la joven abogada Sally, seguía teniendo una vida impresionante, había salido con sus hijos al parque y a comerse un helado, nada en su vida funcionaba mal, todo seguía como siempre. En cambio, la mía estaba a punto de volverse increíblemente intensa. Pero, al tener a cuatro de los mejores psiquiatras delante de mí ante una mesa larga y marrón mirándome fijamente, debía controlarme y nada podía interponerse entre yo y mi libertad.

- Bueno, nos ha dicho el Doctor Cornigan que has mejorado sorprendentemente en la última semana, es decir, de un día para otro, ¿es eso cierto? - me preguntó para pillarme, estaba claro que sabía lo que pasaba o que era posible que mi recuperación fuera cierta pero todos los psiquiatras tenían que ser desconfiados, por lo menos, para hacerlo difícil. Lo único que hice fue asentir con la cabeza, no había mucho más que decir, ya que, ocurrió simplemente así - ¿Con qué frecuencia tenía usted visiones?

- Unas tres veces al día, más o menos - le respondí con total seguridad -.

- Y han desaparecido totalmente, ¿así sin más? - la mujer preguntona seguía extrañada, pero conseguí pasar la franja de confianza en el momento en el que asintió con la cabeza algo más segura - ¿Cómo cree que lo ha conseguido?

- Creo que ha sido el hecho de estar ocupada todo el día - me empecé a sentir algo mareada, estaba a punto de aparecer cualquiera de las dos Sally's para joderme la entrevista, esperaba que fuera la joven abogada. Decidí continuar pese a la incomodidad que sentía en ese momento - Me presenté a un concurso de pintura y la señorita Morgestern nos dijo que realizáramos varios trabajos, así que, prácticamente ni pensé en mis visiones ni se me aparecieron. Casi ni me dí cuenta, así que...

No vino la visión tranquila y feliz de Sally la joven abogada, sino la policía corrupta, la que me solía provocar fuertes taquicardias. Confiaba en que pudiera soportarlo pero, no fue el caso, ya que, empecé a tener fuertes convulsiones y acabé cayéndome de la silla en la que me encontraba. Las cuatro personas que estaban haciéndome la entrevista se levantaron de inmediato y vinieron a socorrerme, no tardaron mucho en comprender que era otra de mis visiones y ojalá hubiera podido matar a esa policía en ese momento, ya que, me jodió la entrevista y tuve que volver a mi habitación. Las palabras exactas, después de que me llevaran al hospital fueron: "Revisaremos tu caso a fondo y dependiendo de los cambios que veamos ya decidiremos. Cuando lo tengamos claro, te llamaremos". Pero no llamaron; me quedaba todos los días mirando el teléfono para ver si podía tener la posibilidad de conseguir salir de allí, pero no había ninguna, Sally hizo que ese día me hundieran, que volviera a aquella celda y que tuviera que ver al Doctor Cornigan tres veces por semana, no soportaba aquel tono condescendiente y ahora tenía que aguantarlo tres veces, era insoportable. Esto no me podía estar pasando, no podía...

- ¿Te sientes mejor después de tu último ataque? - su cara de preocupación tan solo me daba ganas de vomitar, no quería ver nunca más aquella cara estúpida -.

- Mucho mejor, gracias - le respondí secamente -.

- ¿De cuál de las dos fue la visión? - siempre preguntándolo todo con un tonito cómico, como si todo aquello tuviera puta gracia, sentía toda aquella rabia fluir sin poder a penas controlarla y él estaba sentado en su mesa mirándome tan tranquilo, no me lo podía creer... -.

- Sally, la policía corrupta - le dije mirándome los pies - De verdad esperaba que fuera la abogada, hubiera querido salir de aquí con una buena entrevista y una bonita visión de alguien que lo tiene todo y tiene un maravilloso futuro, pero parece que no pudo ser...

- Quisiste engañarnos, pero tu mente te engañó primero - respondió con una sonrisa, adivinando exactamente lo que yo llevaba días rumiando - No debiste ignorar todo esto solo por salir de aquí, ahora te tocará quedarte dos años más de castigo, te lo has ganado tú sola.

- Sí claro, como si fuera una puta cría - le respondí bruscamente y de mala gana, no iba a permitir que me hablara de aquella manera y menos de forma chulesca, era deprimente y me ofendía tantísimo que no podía mirarle a la cara, así que, me acerqué a la puerta y terminé con la conversación - Muy bien, por mí como si son diez años, no me importa. Sé que estas visiones o vidas o lo que sean, van a formar parte de mi vida siempre y no se van a poder ir de mi lado sin más por mucho que me den pastillas, pierden el tiempo. Y no me importa porque al otro lado de la puerta principal de esta cárcel, no me espera nadie, ¿o espera usted que mi queridísima familia y mi marido estén esperando fuera? Por favor, no sea ignorante, simplemente soy una puta loca que ha venido a un psiquiátrico y que les ha venido a todos de lujo, ya que, mi ex marido se ha ido con una fulana rubia, tetona y culona, y mis padres han podido irse de vacaciones desde que yo estoy aquí, así que, discúlpeme si prefiero quedarme aquí y que mis visiones no desaparezcan. ¿Sabe por qué? Porque la ficción es mejor que la realidad.

- Sally... - se levantó e intentó acercarse a mí, realmente le sabía mal verme así, lo veía en sus pequeños ojos castaños, pero tenía que terminar con aquella tortura -.

- No, lo siento. No quiero asistir a ninguna de sus consultas aquí, por ahora; no me siento identificada con nada de lo que dice y estoy en completo desacuerdo, así que, de poco le va a servir hablarme. ¡Esto se acabó! - seguidamente, cerré la puerta de un portazo -.

Dentro de mí sabía que cada palabra pronunciada era cierta y dolía tantísimo que temía que a la mañana siguiente no fuera capaz de levantarme de la cama. Las visiones se quedarían conmigo, al igual que yo me quedaría para siempre en aquel lugar renunciando a salir fuera. Allí no tenía a nadie ni nada que me moviera o me motivara a cambiar, no tenía por qué hacerlo, todo el mundo me había decepcionado, ¿qué más podía hacer? Seguir con la ficción, quería saber cómo eran las vidas de las dos personas que compartían una vida conmigo sin pensarlo, dos personas que parecían el ying y el yang y que algo podría aprender de ellas, solo tenía que sosegarme y mirar, de hecho, tengo mucho tiempo por delante...

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