Sin Permiso:





- ¿Querías hablar? - le pregunté a aquella mujer sentada en el banco de aquel parque algo alejado de mi casa, pero precioso, era la mujer de la que me había divorciado desde hacía no sé cuánto tiempo, momentos en los que había perdido el norte. Su mirada era algo tensa y me analizaba de forma exagerada, mientras me sentaba a su lado en el banco -.

- Sí, te he pedido que vinieras porque necesito que te quedes con James, tengo una cita - me comentó con una media sonrisa mirando hacia abajo, algo que indicaba que esa persona con la que había quedado le gustaba bastante, a parte de que ella era tímida de por sí - Además, quería hablarte de James, está muy nervioso y se comporta de manera muy extraña, nunca lo había visto así...

- Podrías habérmelo dicho por teléfono... - le dije algo molesto. Nunca le había importado lo más mínimo la relación que tenía con nuestro hijo, aunque ahora parecía que estaba agobiada y necesitaba mi ayuda, ahora es cuando pensaba que yo sí que era su padre y también debía contribuir al bien de James - Lo recogeré a las siete.

- Me gustaría que hablases con él, me gustaría saber qué le pasa...

- Nos vemos a las siete, como he dicho - me levanté del banco y seguí caminando por la avenida yendo hacia mi casa -.

Lo que hacía esta mujer era increíble, yo era alguien al que cogía y hablaba cuando le interesaba. Es especialista en hacer daño a las personas, es tan superficial, rencorosa, orgullosa, vengativa y siempre me tira cualquier cosa en cara, a parte de la mujer que me engañó con mi hermano, persona a la que tampoco le dirijo la palabra. Serine es capaz de llamarme después de todo lo acontecido para decirme todas aquellas payasadas de nuestro hijo, el cual, tiene siete años y es una ricura, siempre nos hemos llevado bien y es un niño muy relajado y paciente, aunque si ella se preocupa de algo como es su hijo, cosa que no hace muy a menudo, voy a tener que hablar con él y ver qué es lo que le sucede.

Soy un psicólogo con bastante renombre en Filadelfia, por eso mi ex mujer quiere que hable con James, porque soy alguien que puede llegar al fondo de los problemas de la gente solo con mirarles a los ojos y ella, lo sabe, ya que, la conocí en su fase depresiva, la cual, pude hacer que desapareciera y no me dio ni las gracias. Normalmente, los clientes vienen a mi consulta aconsejados por otros más antiguos, lo cual, significa que principalmente, mi alta tasa de clientes se debe gracias al boca a boca. Cuando voy por la calle o hablo con alguien, tiendo a analizarlo y ver cómo de débil o fuerte es, si es feliz o no dependiendo de lo que digan sus ojos o qué es lo que espera en la vida. Son cosas que la gente como yo no puede evitar, es como un tic nervioso.

Al llegar a casa, un pequeño piso alejado del centro, dejé la chaqueta encima del sofá y empecé a prepararme para las dos citas con clientes que tenía esta tarde. Una con una mujer de cuarenta años que padece de estrés y ansiedad de forma regular y con un hombre de unos setenta años que está arrepentido de no haber hecho muchas de las cosas que quería en su juventud; así que, me preparé sus expedientes y analicé todos sus progresos para saber cómo seguir con la sesión de hoy. Seguidamente, cuando lo tenía todo preparado para ambas sesiones, oí dos mensajes en el contestador de los mismos clientes a los que iba a ver en una hora, confirmando el día y la hora de la cita de hoy, sonreí pensando que siempre lo hacían todo a última hora. El que no me hizo sonreír fue el tercero, el cual, era de Serine diciéndome lo que tenía y no tenía que decirle a James a lo largo del tiempo que estuviera con él, diciendo que nuestro hijo tenía telepatía y que no paraba de hablar de eso; llegaba un momento en que era una mujer agobiante y exasperante, con la que nunca veía un solo momento para evitarla. Al borrar los mensajes del contestador, me dirigí al horno para meter las tortitas de miel en el mismo para que no se enfriaran y poder comérmelas junto con James para cenar esa misma noche, ya que, era la comida que más le gustaba, pero siempre por la noche, nunca por la tarde como solemos hacer todos. Hasta para esto, era un chico muy especial.

Terminé con ambos clientes sobre las seis menos cuarto para poder llegar puntual a recoger a James, no quería que esperara mucho tiempo; mi perfeccionismo y puntualidad no era algo que todo el mundo adorara de mí, por no decir nadie. Así que, a las siete en punto me planté en la casa que anteriormente era mía, ya que, yo la pagué; Serine tuvo suerte de que su abogado fuera hermano del Juez Santina, el cual, no era una persona que fuera imparcial y neutra, sino que prefería hacer favores a personas cercanas antes de impartir justicia. Llamé al timbre y salió Serine con un vestido precioso de satén rojo, el mismo que le regalé por nuestro quince avo aniversario, el cual, iba a llevar a su cita; su cabello castaño estaba recogido en un moño, llevaba un collar de perlas muy caro que le regaló su abuela y sus ojos del mismo color que el cabello estaban increíblemente maquillados. 

- Vengo a por James - le dije secamente, cada vez que miraba aquella cara me acordaba de su infidelidad, no podía remediarlo. Sería algo que me acompañaría siempre -.

- No está de más ser educado, ¿sabes? - me respondió déspotamente y de la misma forma maleducada que yo -.

- ¿Tú fuiste educada cuando te acostaste con mi hermano? - le pregunté. Siempre le atacaba con lo mismo al ser tan efectivo, sobretodo para que parase de hablar y decirme lo que tenía o no tenía que hacer -.

Serine se quedó callada por un momento y, sin decir ni una palabra más, entró en la que ahora era su casa a buscar a James para que yo pudiera llevármelo. Cuando salió le miré y sentí que tenía unas ganas enormes de verle, ya que, hacía una semana que no le había visto. James me cogió de la mano y lo llevé al coche sin ni siquiera despedirme de su madre, no hacía falta, que se fuera a su cita, era lo único que le interesaba. Lo metí en la sillita de atrás atado, ya que, la ley no permite que los niños pequeños vayan en el asiento del copiloto, así que, le di un beso y me subí al asiento del conductor para irnos a casa. James estaba algo callado durante el trayecto, así que, quise tener algo de conversación con él antes de llegar a casa, no me gusta en absoluto el silencio, me aborrece.

- Te he preparado una sorpresa - le dije bastante ilusionado y con una sonrisa. Siempre que veía las tortitas se le iluminaban los ojos y se las comía como si fuera a morirse mañana -.

- ¿Tortitas con miel? - me preguntó, a lo que yo me quedé pensativo. Ha debido de adivinarlo, ya que, siempre que le recogía le preparaba unas tortitas, así que, decido no darle más importancia al tema. James no tiene telepatía, es imposible, eso se ve en las películas, además de que no tiene ni idea de lo que es -.

- ¿Me lo estás preguntando o lo afirmas?

- Sé que me has preparado tortitas con miel, así que, lo afirmo. Además, el corazón te iba muy rápido - me dijo con aquella voz suave e inocente -.

Realmente, estaba impresionado y empezaba a pensar que su madre tenía razón por muchas ganas que yo tuviera de llevarle la contraria. ¿Cómo sabía lo que había pensado nada más llegar? ¿Y lo de las tortitas? ¿De dónde venía todo aquello? Necesitaba contestar a todas aquellas preguntas, así que, aceleré para llegar a casa lo antes posible y poder descubrirlo.

Al llegar a casa, dejamos las cosas de James en su habitación llena de pósteres de súperhéroes colgados de las paredes. Lo primero que hizo después de esto, fue sentarse en la silla del salón, ya que, sabía qué era lo que teníamos para cenar y parecía que tuviera mucha hambre. Serví ambos platos, me senté en frente de él y empecé a observarle algo más atentamente que de costumbre, pero no era capaz de ver nada más inusual en él. Seguía siendo bajito, con cabello castaño, ojos del mismo color que el cabello, vestido con una camiseta de batman azul y unos pantalones vaqueros cortos, calzado con unos zapatos negros y prevalecía aquella piel blanquecina y suave gracias a las cremas que le ponía su madre.

- James, quiero preguntarte algo - le dije, intentando utilizar todo el tacto posible para que no pensara que lo miraba de manera distinta, de hecho, sigue siendo mi hijo. James levantó la cabeza del plato para prestarme atención y mirarme con sus ojos grandes y castaños - ¿Cómo has podido saber lo que estaba pensando?

- Lo pensaste y simplemente vino a mi cabeza, no sé - respondió encogiéndose de hombros - Oigo a todo el mundo en mi cabeza, es muy molesto.

- ¿Qué quieres decir con que los oyes en tu cabeza? - le pregunté algo más interesado, estaba pareciendo la típica novela negra que te intriga hasta tal punto que te crea ansiedad por leerla -.

- Creo que es lo que piensan, porque no mueven la boca nunca - estaba contrariado y confuso, ya que, me miró y agachó la cabeza observando su plato, dejando el tenedor y el cuchillo en el mismo -.

- ¿Se lo has dicho a alguien? - le pregunté realmente preocupado -.

- En el colegio lo sabe todo el mundo, por eso siempre me miran mal y cuchichean. También lo sabe mamá, su novio y ahora tú - mis ojos se salían de las órbitas, si lo sabía tanta gente podía ser peligroso. Pero me seguía pareciendo imposible - No me crees... ¿verdad?

- Es algo muy extraño, no entiendo cómo puedes... - de repente, se me ocurrió una idea muy sencilla - Me gustaría jugar a un juego contigo y se llama "¿qué es lo que estoy pensando?" ¿Te apuntas? - James me dedicó una media sonrisa preocupado de que yo no me creyera lo que le estaba ocurriendo, así que, asintió para demostrármelo - Bien, en qué estoy pensando ahora?

- En una manzana dentro de un triángulo - me dijo tan solo mirándome. Decidí probar con otra cosa -.

- ¿Y ahora?

- En una frutería donde hay una mujer con un carrito de la compra mirándote fijamente - tragué saliva, esto ya empezaba a ser algo impresionante - Ahora estás pensando en que quizá lo que estoy diciendo no es nada raro, también has pensado que era algo imposible y cuando nos hemos marchado has pensado que mamá es una golfa.

Se levantó de la silla, se fue corriendo a su habitación y se encerró allí durante lo que me parecieron horas. Yo tenía que procesar todo aquello, no tenía ni idea de cómo había podido adquirir tal conocimiento, cómo ha podido extraer pensamientos de otras personas a su mente. Y que me escuchara todas aquellas cosas de su madre no era nada bueno, era más bien contraproducente, ya que, ella seguía siendo su madre. Yo seguía sentado en la silla del salón delante de los dos platos de tortitas inacabados intentando procesar la información, cuando algo empezó a fluir en el suelo de mi casa cerca de mí, como un polvo que iba girando sobre sí mismo con un color dorado. Se oyó una pequeña explosión que me tiró al suelo, a lo que, cuando medio abrí los ojos, había una mujer con una cabellera rubia y lisa que le llegaba casi hasta el suelo, unos ojos verdosos impresionantes y un vestido algo transparente que le hacía el cuerpo más esbelto y curvo. Me ofreció la mano para levantarme, pero yo seguía tirado en el suelo mirándola fijamente sin poder mover la boca.

- ¿Quién... quién... e... eres? - le pregunté a la joven bastante sorprendido -.

- Soy Adaniel, hija de las estrellas, amada de los telépatas y vengo del planeta del Silencio donde todos los hombres y mujeres hablan utilizando la mente - me dijo sin mover los labios, todo procedía de su mente -.

- ¿A qué has venido aquí? No entiendo nada... - me levanté despacio sin coger la mano que me había ofrecido, ya que, había entrado en mi casa como si tal cosa y no me fiaba en absoluto de nadie que irrumpiera así en mi casa -.

- Tu hijo es el príncipe Norwell en nuestro mundo, él es un telépata como nosotros. Seguro que lo has notado, ya que, he oído tus pensamientos a miles de quilómetros de aquí. Y los de él, que no son precisamente de alegría... - me respondió con calma, no parecía alguien que quisiera hacernos daño, pero no podía creer lo que estaba oyendo -.

- ¿Has venido aquí a por mi hijo?

- Exacto. Nos pertenece realmente, pertenece a nuestra raza, es uno de los nuestros. El rey ha pedido verle, no puedo contrariarle, también es mi padre - sonrió complacida -.

- ¿Así que James es tu hermano y su padre es el rey de ese planeta vuestro? - mis ojos se salían de mis órbitas, estaba en un estado completamente fuera de mí -.

- Muy resumido, sí.

- ¡Pero es mi hijo! No podéis quitármelo solo porque sea el príncipe de no sé dónde, el se ha criado en la Tierra, ha estado en el vientre de su madre y yo lo he criado durante siete años - le repliqué, no pensaba dejar que me lo quitaran así sin más, sin luchar por ello -.

- Su padre solo necesita verle, es necesario. Debe enseñarle a cómo controlar sus poderes y a cómo gobernar cuando él se vaya, son nuestras reglas...

- Y no respetáis las nuestras, ¿verdad? ¡Yo soy su padre! No puedo esperar a que gente que le ha abandonado en el vientre de otras personas que le han cogido tanto cariño, ahora vengan a quitárnoslo, cuando se les antoja, somos nosotros los que le hemos criado, yo...

De repente, una luz cegadora inundó mi mente y me dejó paralizado, una luz que era preciosa y me hacía dormir. Estuve inconsciente durante horas, ya que, cuando me desperté eran las once de la mañana, y todo lo de ayer fue como si no hubiera ocurrido. Pero... oh dios mío, ¡James! Salí corriendo a la habitación del chico, pero allí no estaba, busqué por toda la casa y no había ni rastro, aquella mujer se lo había llevado a aquel planeta extraño y me había dejado aquí solo quitándome lo que más quería en este mundo y lo único que me quedaba en él. Me lo quitaron sin mi permiso y sin el permiso de un niño de siete años que apenas estaba aprendiendo cosas del mundo, ¿qué iba a hacer en otro planeta solo, alejado de sus padres y con tantas preguntas? A penas podía sobrellevar su problema con la... telepatía.

Las lágrimas rozaban mis mejillas y un intenso sentimiento de abandono ahogaba mi ser doliéndome el pecho fuertemente. Me dejé caer en el suelo enrollado y muy preocupado por el niño al que había criado desde que era un bebé, a aquel niño que había enseñado a hablar, a caminar e incluso le traspasé mi pasión por los superhéroes, los cómics y la música rock. Yo tan solo era un hombre flacucho, con ojos grises y cabello negro, en un mundo donde no encajaba, en un lugar donde no era nadie sin mi pequeño...

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