Asesinato Macabro:




A las siete de la mañana sonó mi móvil, posado en la mesa de mi habitación, justo al lado de mi cama. Era el Sargento Thomas, llamaba para decirme que había habido otro asesinato y que debía ir inmediatamente; un sábado tan solo quieres echarte en el sofá a ver películas todo el día después de haber estado de servicio durante toda la semana e ir como loca, así que, por cosas como esta, odiaba ser policía. Llevo en este trabajo cinco años, han sido los más gratificantes, aunque parezca mentira, ya que, he podido dejar en paz a las familias de las víctimas descubriendo por qué mataron a sus familiares y quien fue el autor. Podréis pensar que no es del todo gratificante ver a un muerto delante de ti y, fríamente determinar la hora de su muerte, la causa e ir tanteando ideas sobre quién podría haber interrumpido la vida de la persona inerte que yace cerca de tus pies, pero es increíble descubrir qué hay en la mente del asesino, por qué hace lo que hace y qué le lleva a ello, es apasionante.

Me vestí rápidamente, ya que, mi Sargento era muy impaciente, le encantaba la puntualidad, sino, esperabas la mayor bronca que te hubiera echado nunca. Miré mi cara en el espejo del baño, mis ojos azules, todavía estaban medio abiertos, tengo un despertar algo peculiar, ya que, me encanta dormir y cuando me levanto es una tortura abrir los ojos; me pinto mis labios finos con un poco de carmín, ya que, no me gusta que se note demasiado, no quiero ser la policía putilla; me peino mi pelo negro, largo y liso, lo ato haciéndome una coleta y me hecho un poco de agua para que no se queden pelos levantados; el uniforme era tan elegante, de un color azulado oscuro y una placa en la parte superior izquierda, donde estaría el corazón, más o menos; el arma reglamentaria tenía el seguro puesto y pesaba una tonelada en el cinturón en el que también llevaba las esposas y la porra.

Salí a toda prisa de mi casa situada en las afueras de Nueva York, la casa que me iba a costar toda una vida pagar. Subí al coche y aceleré a fondo para llegar lo antes posible a la escena del crimen, me esperaba al típico cadáver inerte en el suelo esperando a que lo pusiéramos todo en orden, pero lo que vi cuando llegué no tenía nada que ver con eso, tenía que ver con la crueldad del autor, con el dolor que debió provocar a la víctima, con la rabia que tenía dentro al hacer lo que hizo, además, le gustó. Se trataba del cuerpo de un joven de unos veinticinco años colgado del techo por la parte de los pies y teniendo la cabeza hacia abajo, lleno de cortes profundos por todo su cuerpo, le había arrancado todos sus dientes dado el estado de su boca y la sangre que había caído de ella, sus dedos fueron arrancados con unos alicates, no tenía pelo, parecía que se lo hubiera afeitado parcialmente, ya que, en algunas capas de su cabeza no tenía pelo y en otras sí; no tenía ojos y su boca estaba completamente partida en dos, también le había arrancado el pene. Aquel escenario me causó un completo horror, mis ojos permanecían desorbitados y no sabía qué decir, no sabía cómo reaccionar o por dónde empezar, aquel joven estaba en la flor de la vida, a penas tenía veinticinco años y el culpable de ello lo había sentenciado a muerte. Lo peor de todo aquello era que no había dejado huellas, solo los dientes de la víctima en un cenicero posado en una mesa justo enfrente del chico y los alicates en la parte central de la misma.

El Sargento Thomas se acercó a mí cuando salimos de aquel lugar, sucedió en una fábrica de un polígono industrial, era el sitio perfecto.

- ¿Qué piensas? - me preguntó en alusión al cruel asesinato que había sucedido -.

- Parece que el agresor se tomó un tiempo para todo esto. Quería que la víctima sufriera, dado que le ha arrancado los dientes, los ojos, le ha partido los labios, le ha hecho un montón de cortes por cada centímetro de su cuerpo y le ha dejado sin pene. Por la forma en la que ha situado la mesa, el tipo esperaba ver cómo poco a poco se desangraba y suplicaba, quería ver su cara de dolor, se sentaba justo enfrente y lo veía como un espectador mira una película en un cine - bajé la mirada algo más sosegada, quería tranquilizarme, nunca había visto algo así, pero debía continuar con el estado psicológico del asesino - Parece que el asesino quería vengarse de alguna forma, aunque no necesariamente tenía que conocerle, quizá se parecía a alguien que le hubiera traicionado y decidió que debía matarle; debido a esos cortes, es un tipo muy intenso. Puede que se convierta en un asesino en serie, ya que, ha disfrutado matando al chico, era como una necesidad, unas ganas intensas de hacerle daño.

- Además, parece que ha elegido el sitio perfecto para organizarlo todo, un lugar apartado, algo oscuro por las noches, ya que, por aquí no hay muchas farolas y es bastante solitario, no suele venir mucha gente por aquí. El cuerpo lleva un día y medio aquí, así que, el tipo es escurridizo y puede pasar desapercibido fácilmente - añadió a lo que yo dije, lo cual, de lo anterior estaba completamente de acuerdo con todo, estaba orgullosa de mi análisis, lo bordé - Necesito que cacemos a este maníaco porque no quiero que mate a más gente, así que, a trabajar.

- ¡Eh, Sargento! - le gritó el forense desde dentro de la fábrica. Venía hacia nosotros con un bote bastante grande con algo viscoso dentro, eran dos ojos - Hemos encontrado esto en una de las estanterías que había justo detrás de la mesa, creemos que son los ojos de la víctima.

- Bien, analizarlo todo - le ordenó el Sargento al joven. Cuando éste se fue corriendo a su pequeño lugar de trabajo, se giró y me miró fijamente poniéndome una mano en el hombro - Sé que te ha impactado pero, quiero que estés al cien por cien con el trabajo, lo estás haciendo muy bien.

- De acuerdo, señor. Gracias - le respondí con una media sonrisa -.

Durante los dos días que prosiguieron estuve inquieta, ya que, esperaba los análisis de los ojos que había encontrado el forense en una de las estanterías. Me encontraba analizando el caso, en la mesa que me habían asignado cuando accedí a mi puesto de agente de policía. Por el lugar donde puso los ojos, pensé que fue lo primero que le arrancó, ya que, en cierto modo, hay asesinos que no soportan ver la mirada de la víctima, les produce una especie de incomodidad o como si estuvieran siendo observados; lo que hacen es quitarle los ojos o cerrárselos, incluso hay otros que les cortan la cabeza y se quedan con el cuerpo. Todo esto, era apasionante, sobre todo, la mente del asesino, me encantaba escarbar en ella, en su modus operandi, en su forma de matar, e incluso de posicionar los objetos para sentirse más cómodo y en su posición de control, como en este caso sería la mesa frente al cuerpo. Siempre había querido aprender más sobre todo esto, me apasionaba tanto que no podía dejar de investigar, no era veterana pero sabía lo que me hacía y el Sargento me tenía un gran aprecio después de atrapar al jefe de la banda de los Yenkeens, unos narcotraficantes bastante perturbados.

- Rose, ya tengo los resultados - me dijo el forense después de hacer todas las pruebas pertinentes a los ojos y a todos los elementos que estaban en la escena -.

- Bien, ¿qué has encontrado? - el forense llamó a todos los que estábamos en el caso del joven colgado y nos lo explicó a todos -.

- Veréis, los ojos y los dientes son de la víctima, identificado como Jack Mitowski Rossiv. El líquido en el que estaban los ojos era agua. He analizado los alicates y el objeto de cristal en el que venían los ojos pero no he encontrado huella alguna, en ninguna parte de la habitación ni sobre el cuerpo de la víctima. He determinado la hora de la muerte, fue el miércoles a las tres de la mañana; los cortes están hechos con un bisturí, los dientes arrancados con unos alicates como ya sabemos, el corte de la boca fue realizado por un cuchillo fino muy afilado y he supuesto que llevaba guantes, dado que no hemos encontrado nada más - terminó rápidamente su explicación, ya que, resumiendo, no teníamos nada -.

- Esto explica que el asesino es muy cuidadoso y organizado, dado que no hemos encontrado huellas por ningún lado - expliqué, ya que, todos los presentes se habían quedado decepcionados al oír que, en pocas palabras, no teníamos nada en absoluto - El tipo es pulcro y muy perfeccionista, dado que los alicates los colocó justo en el centro de la mesa, ni un milímetro más ni uno menos; su estilo es algo desordenado a la hora de realizar los cortes pero intenso y transmitiendo mucho dolor.

- Ese tío es un perturbado - añadió un compañero por detrás de la fila, siempre añadía comentarios sin absoluto sentido - ¿Y ahora qué hacemos, si no tenemos nada?

- Vamos a encontrar la conexión, si la hubiera, entre la víctima y su agresor. Buscad enemigos, gente a la que debía dinero, si estaba metido en alguna banda, cosas que tengan que ver con drogas, prostitución, etc. Buscad datos médicos, bancarios... cualquier cosa, ¡pero quiero algo antes de mañana! - ordenó el Sargento, yéndose a su despacho -.

Estaba claro que el Sargento Thomas estaba algo estresado y desesperado por no encontrar algo convincente, siempre pasaba lo mismo. Me tuve que dirigir a su familia, la cual, estaba totalmente destrozada, su abuela apenas podía hablar, pero necesitaba que me dijera si tenía algún tipo de enemigo o estaba metido en algo turbio y, como era de esperar, su madre me dijo que no. Su abuela me dijo que tenía un muy buen amigo y que siempre iba con él a todos lados, se llamaba Arthur, así que, me dirigí a su casa para ver qué sabía, y sabía bastante. Jack Mitowski, estaba metido en una banda algo turbia llamada Los Cervantes, para él eran una familia hasta que dejaron de serlo, ya que, él no se sentía cómodo cuando tenían que cumplir con el trabajo y, siempre querían que Jack realizara el trabajo sucio.

Esa banda se reunía en una taberna algo alejada del centro, con sus motos fuera imponentes. En ese momento, supe que debía haber traído a un compañero, temía que aquello no saliera bien, de hecho, al entrar con uniforme y con aquella placa reluciente posada al lado izquierdo de mi pecho, todos se quedaron en silencio y me miraban como una intrusa. Un tipo grande con cara de pocos amigos, vestido con un chaleco lleno de pinchos y con nombres de bandas estadounidenses por todo él, se acercó a mí poco a poco, haciéndome esperar una eternidad.

- ¿Qué es lo que quiere? - me preguntó con aquella voz ronca y fuerte, se le oía por todo el local -.

- ¿Conocen a Jack Mitowski? Creo que era miembro de su banda, le asesinaron el pasado miércoles, lo encontramos en muy... malas condiciones - les dije a todos, pero seguía mirando al grandullón, no podía dejar de hacerlo, ya que, temía que pudiera echarme a patadas de allí sin darme ningún tipo de explicación y yo, necesitaba una, al menos -.

- No venía por aquí desde hacía unas semanas, su amigo nos dijo que no iba a venir más por aquí - dijo el grandullón - No queremos problemas, así que, lárguese.

- Yo tampoco los quiero, me gustaría hablar de forma civilizada. Siguiendo con el tema... ¿por qué no quería venir más? ¿A alguien le debía dinero, alguien quería vengarse por algo que hizo...? ¿Algo?

Como era de esperar, nadie me respondió a nada de eso. Iba a irme con una sonrisa incómoda pero, vi a un tipo que se levantaba de una mesa situada en la esquina del local, era un hombre algo extraño y con una mirada perturbadora. Decidí despedirme de aquellos moteros con cara de pocos amigos y seguir a aquel hombre que había salido sin terminarse a penas la copa, parecía que se había cagado de miedo en el momento en el que hablé de Jack Mitowski. Era un tipo alto, bastante fuerte, con un semblante serio y los dientes apretados, pelo negro, ojos marrones e intensos y parecía un tipo bastante escurridizo, parecía nuestro hombre. Lo seguí por la calle hasta un callejón oscuro, con muy pocas farolas, parecía que me estuviera atrayendo hacia allí, así que, avisé por radio para que me enviaran refuerzos, no podía enfrentarme a esto sola, estaba temblando y sentía un escalofrío en mi cuerpo. 

Llegó un momento en que le perdí, no tenía ni idea de dónde se había metido después de seguirle durante quince minutos, así que, tuve que desistir, dándome la vuelta y encontrándome con aquellos ojos castaños y penetrantes llenos de furia, tristeza y odio por todo lo que le rodeaba, veía su mirada y me provocaba un pánico terrible, así es como se sintió Jack, aquel joven con veinticinco años que...

Estuve inconsciente durante lo que parecieron días pero, ahora me encontraba colgada del techo completamente desnuda y sin arma, con la cabeza boca abajo. Me había pinchado una sustancia en aquel callejón, para que me durmiera; el asesino se disponía a arrancarme mis preciosos ojos azules, se estaba preparando para ello, así que, ya que iba a morir, quería saber qué era lo que le llevó a hacer todo esto.

- En cuanto le vi en aquella taberna de mala muerte, lo supe. Será un psicópata pero no puede disimular sus micro expresiones, nadie las puede evadir; usted mató a Jack Mitowski salvajemente, aunque todavía no sé qué razón tiene para matar a semejante joven que estaba en la flor de la vida - el tipo se giró hacia mí mirándome fijamente mientras limpiaba el bisturí que tenía en la mano, parecía que a parte de pulcro y perfeccionista, era muy limpio con sus juguetes -.

- Soy James Mitowski, señorita - mis ojos se abrieron más, sorprendido de que una persona pudiera hacer eso a otro miembro de su familia, de su sangre. Era de estar completamente fuera de sí - No puedo controlarme, no soy una persona normal, nadie espera cosas maravillosas de mí, tan solo de mi hermano; en la banda era un héroe y en mi casa era el hombre de la familia. Me lo quitó todo desde que era un niño, mi familia empezó a verme como un monstruo y ahora una mujer policía quiere quitarme mi libertad... va muy mal encaminada, porque eso, no va a suceder.

- ¿Mató a su hermano por envidia? ¿En serio? - me empecé a reír tan fuerte que supuse que si alguien estuviera fuera de aquel lugar mugriento y apartado, me hubiera oído - Cuénteme otro chiste, así esto, puede funcionar.

- No le tiene miedo a la muerte, ¿verdad? - me preguntó acercando su cara a la mía, parecía un reptil moviendo su cabeza conforme seguía mirándome - Ha visto tantas veces la muerte de otros que no le tiene miedo... realmente, sorprendente.

- No, no le tengo miedo, así que, busque miles de cosas para hacerme que me revuelva en mi dolor, porque las heridas profundas, son las que realmente duelen... - le respondí, pensando en todas aquellas personas a las que perdí, aquellas personas que nunca más volverían a mi vida... -.

Las siguientes horas fueron las peores de mi vida, me sangraba todo el cuerpo, sentía cómo iba desvaneciendo, cómo iba muriendo... deseando que, algún día, el Sargento Thomas, fuera capaz de cazar a ese hijo de puta que tenía enfrente de mí en una silla mirando cómo la vida se deslizaba entre mis dedos, cómo aquel hombre había cazado a su presa. Mi vida había sido complicada y, a veces, completamente fuera de lugar, pasando frente a mis ojos, aquellos que ya no tenía. Mi padre se habría sentido tan... orgulloso, sonreí hasta que mi último aliento salió de mi boca cortada en dos, fui otro Jack Mitowski...

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