Largo Camino:




Dariel era una de las jóvenes más bellas de las zonas boscosas del poblado élfico. Su cabello rubio, liso y largo hasta las caderas ondeaba al viento y lo tenía recogido con dos ganchos en la parte de atrás de la cabeza para dejar ver esa cara de tez pálida pero siempre con ambas mejillas algo rojas, ya que, era muy tímida; dejaba ver aquellos ojos verdosos y brillantes que hacían que su madre nunca le dijera que no, sus labios carnosos siempre mostraban una agradable sonrisa con aquellos dientes completamente blanquecinos y bien cuidados; su piel suave dejaba ver su cuerpo esbelto y su peculiar forma de andar, algo infantil, se le había quedado desde que era niña. 

Pero, todas las jóvenes del poblado élfico, tenían una tradición y aquella era que una niña no podía ser cuidada solo por su madre, ya que, querían que los padres formaran parte del desarrollo del hijo/a con respecto a la caza, el manejo del arco, la espada, conocimiento sobre criaturas salvajes que surcaban los bosques y los tipos de curas que había en ellos por si alguna vez tenían alguna herida importante en el cuerpo después de haber estado en una batalla con cualquier ser salvaje de aquellos bosques. Dariel, no pudo tener la oportunidad de ser cuidada por un padre, solamente tuvo el respaldo de su madre, ya que, le contó que su padre las abandonó cuando ella aún era una niña. A partir de ese momento, ella empezó a desarrollar una especie de ambición, cabezonería o capricho de que quería aprender todo aquello que un padre debería enseñarle a un hijo, así que, aprendió poco a poco gracias a su tío, llamado Náfer, un buen entrenador, pero muy estricto; aprendió todo aquello que quiso aprender y lo explotó al máximo para poder salir a buscar a su padre y hacerle aquella pregunta que tanto temía.

Durante años había estado preguntando por su padre en el pueblo y la gente siempre le decía que no había dejado rastro pero, hacía unos días, un enano aliado de los elfos había vuelto de un largo viaje a las Montañas Nevadas, donde se hospedaban muchos de los que querían alejarse de los elfos para no ser devueltos y desterrados públicamente, y vio que en aquel pequeño poblado situado en aquellas montañas estaba su padre. El enano se fijó en que no llevaba maletas encima y que, al salir de aquella taberna repleta de borrachos, se fue a una casita a las afueras de las montañas sin salir durante todo el resto del día y de la noche, con lo cual, denotaba que su padre vivía allí desde que desapareció del mapa al menos, pero aquellas montañas estaban bastante lejos para una joven inexperta, así que, tendría que aliarse con gente durante el camino, con criaturas medianamente nobles que le ayudaran a buscar el camino para llegar a su padre. Hacía unos días que no paraba de darle vueltas, así que, se sentó en la silla de la pequeña cocina donde su madre estaba preparando unos vegetales para la cena y se lo dijo sin miramientos:

- Mañana partiré hacia las Montañas Nevadas - su voz firme denotaba decisión, pero su cara mostraba miedo por todo lo que podría encontrarse en el camino -.

- Dariel... - dejó lo que estaba haciendo y se sentó frente a su querida hija - ¿Esto es por lo que te dijo Therion? - refiriéndose al enano que había venido de las Montañas Nevadas hacía unos días -.

- Sí, bueno... sabes que tengo que ir. No puedo seguir esperando a que venga aquí a darme explicaciones, necesito hablar con él, desde muy pequeña que he tenido que apañármelas para desarrollar la parte que padre debió enseñarme, no es justo - contestó Dariel con voz temblorosa. Miró los verdosos ojos ahora llorosos de su madre y prosiguió - No te preocupes, sé cuidar de mí misma después de las exhaustivas sesiones con tío Náfer, sabes que le he impresionado.

- Pero eso no es suficiente para mí, Dariel. Sabes que pueden hacerte daño y eres mi única hija, no puedo permitir que vayas vagando por los bosques conociendo a gente desconocida y yendo a un lugar completamente gélido, el cual, podría crearte una fuerte pulmonía... - le respondió algo más contundente y enfadada - No creas que al llegar allí te va a recibir con los brazos abiertos, no seas tan ignorante...

- No espero que me reciba alegremente, pero has de comprender que necesito explicaciones, lo que hizo no es algo para tomárselo a la ligera. Es más, ha incumplido una ley élfica, ¿qué pasa, que eso no le importa a nadie? - le espetó Dariel a su madre más enfadada y levantando más la voz, no podía quedarse sentada mirando cómo pasaban los días y nadie hacía nada frente a aquella situación -.

- Pero tú no eres ninguna justiciera, no debes preocuparte por si tu padre ha cumplido o no una ley, debes centrarte en desarrollarte en tu educación y en crear una familia, como todos aquí, esa también es una tradición, Dariel...

- Ya, pero yo no soy los demás - terminó la frase de su madre de modo cortante y con voz firme prosiguió sin cambiar su decisión - Mañana partiré a las Montañas Nevadas, lo siento, tengo que hacer esto, me da igual si la familia no está de acuerdo.

Al día siguiente, Dariel valientemente empezó su largo viaje a las Montañas Nevadas subida al caballo que había criado desde que era pequeña, ya que, cada elfo desde pequeño criaba al suyo para desarrollar el sentido de la responsabilidad. Llevaba su arco verdoso con sus flechas y su espada colgada del cinturón que llevaba en la cintura, el cual, separaba el vestido también del mismo color que su arco en dos partes, lo dejaba ver algo más elegante. Violeta galopaba tan rápido como el viento, Dariel quería llegar cuánto antes al primer pueblo llamado La Ciudad del Norte, indicando por su nombre que estaba al norte del pueblo élfico, quería llegar antes de que se hiciera de noche. Su tío Náfer había insistido en que le acompañaran varios de sus hombres para escoltarla, pero ella se negó rotundamente, ya que, no era una princesa en apuros y si sucedía algo en el transcurso del viaje no quería que sus hombres se viesen involucrados.

Todo transcurrió de forma llevadera hasta que llegó a la entrada de La Ciudad del Norte. Para poder pasar, debía robar unos trajes de soldado para poder pasar desapercibida y poder introducirse en aquel poblado, era gente muy desconfiada. Así que, bajó del caballo, dejándolo en un lugar donde no lo viesen, se hizo un corte poco profundo en el brazo y se ensució un poco la cara con aquella sangre para parecer que estaba herida y poder hacer que los dos guardias que custodiaban la puerta se acercaran. Todo prosiguió como estaba establecido y los custodiadores de las puertas del poblado del norte, se acercaron donde ella se encontraba tirada en el suelo y gritando para que la oyeran:

- ¿Está usted bien, señorita? - dijo el más joven, cautivado por aquellos ojos verdosos y brillantes de Dariel -.

- ¿Qué hace usted por aquí? Proviene del pueblo élfico, ¿verdad? - le preguntó el otro, algo más mayor. No pasaba nada si respondía a aquellas preguntas, pero necesitaba ir algo más rápido, no había tiempo para cordialidades -.

Sin decir una palabra, se levantó con fuerza del suelo y con un movimiento circular les separó a ambos dándoles una patada a cada uno. Fue bastante impresionante, nunca hubiera pensado que podría hacerlo... Pero el joven se levantó de inmediato y sacó la espada, lo cual, Dariel hizo lo mismo, aquello empezaba a ponerse interesante cuando Dariel luchaba contra él espada contra espada con movimientos rápidos, hasta encontrar el error, en el que todo humano erra, "el ataque empuñado con ambas manos de arriba hacia abajo", recordando lo que decía su tío, le propinó un golpe bastante profundo en diagonal justo en el estómago, haciendo que su sangre saliera a borbotones y más tarde cayendo al suelo. Al girarse, vio que el otro guardia se había desmayado hacía ya un buen rato, después de la patada que le propinó mucho antes. 

- Sí, soy del pueblo élfico, para vuestra información - les susurró con sorna y bastante satisfecha por aquel primer asalto, para estar un poco más cerca de su objetivo -.

Desnudó al chico más joven, ya que, lo más probable era que tuvieran la misma talla, se quitó la suya detrás de un árbol para no ser vista. Cuando ya estuvo lista y sintiéndose algo extraña con aquello puesto, subió a su caballo y se encaminó hacia La Ciudad del Norte, ahora sin ningún guardia, pero al ser casi de noche, no se preguntarían qué les había pasado hasta el día siguiente, en el cual, ella ya se habría encaminado hacia el pueblo de Las Mil Cascadas, llamado así porque a cada diez kilómetros hay una cascada preciosa, según decían las leyendas.

Después de pasar una agradable noche en La Ciudad del Norte, siendo bastante reforzada por varios guardias en todos los lugares de la ciudad, pudo embarcarse otra vez en su travesía, ahora vestida con otro vestido de un color azulado; esta todavía más larga, ya que, podría tardar varios días en llegar al pueblo de Las Mil Cascadas. Durante esa travesía podría encontrar grandes cosas, pero también grandes peligros, ya que, abundaban los hombres lobo, así que, había que andarse con ojo. Dariel pensaba en su madre todo el tiempo, no podía dejar de pensar en lo disgustada que podría estar y preocupada por ella, ya que, era su única hija, verdaderamente entendía su postura pero no podía dejar pasar todo lo ocurrido. Cuando llevaba más de cuatro horas a galope de Violeta, vio a un enano cogiendo varias flores de colores vistosos, cerca de un lago precioso, parecía inofensivo, así que, Dariel se acercó con el caballo y bajó de ella, para acercarse todavía más al enano:

- ¿Para quién son esas flores? - le preguntó Dariel. Cuando el enano se giró, ella pudo ver su nariz grande, sus ojos azulados y saltones y su pelo rojizo muy corto, siendo casi calvo, con aquellos dedos de las manos y los pies bastante gordos y aquella barriga voluminosa, era algo gracioso mirarlo, así que, Dariel no pudo evitar sonreirle -.

- Es para una princesa - me dijo con una voz bastante suave y con sus mejillas rojas a causa de la vergüenza - Quiero pedirle que se case conmigo, pero es demasiado bella para mí, es hermosa, ¿sabe? - sonrió con aire soñador -.

- Pues seguro que le encantan - le respondió ella entusiasmada por haber encontrado a un enano tan romántico como aquel, nunca se habría imaginado a Therion recogiendo flores para su mujer -.

- ¿Hacia dónde va usted? - le preguntó con curiosidad y con algo de extrañeza -.

- Voy hacia el pueblo de Las Mil Cascadas, necesito atravesarla para llegar hasta el pueblo de los Halcones - le señaló al enano -.

- ¿Se dirige a las Montañas Nevadas? - le preguntó algo preocupado -.

- Exacto, ¿has estado por allí alguna vez? - le preguntó con esperanzas, ya que, podría tener a un guía que pudiera ayudarla a llegar hasta allí -.

- He estado varias veces, es un lugar muy gélido y lleno de rufianes borrachos, no sé qué se le ha perdido a una jovencita tan guapa como usted en las Montañas Nevadas - dijo bajando la cabeza algo triste - ¿Sabe? No debería ir sola.

- ¿Podría ayudarme a llegar? - de repente, a Dariel se le iluminaron los ojos, era un rayito de esperanza - Bueno, si su princesa no le espera para casarse con un hombre tan apuesto - le dijo sonriendo, aunque ésta vez, la cara del enano estaba todavía más roja -.

- Por supuesto que la llevaré, pero hay que tener cuidado con los hombres lobo, los halcones, orcos, las zonas élficas negras... es un trayecto algo complicado para una dama, pero me gustaría acompañarla en esta travesía - decidió dedicándole la más grata sonrisa a la joven de cabellos dorados -.

Siguió su viaje con su nuevo compañero Gaerl, el cual, había ido a recoger su poni, el cual, había dejado en un claro del bosque para que comiera mientras él le cogía flores a la mujer con la que se quería casar. Durante el viaje estuvieron hablando de aquella mujer a la que quería conseguir, también hablando de la preocupación que su madre tendría por Dariel y las tradiciones a las que se enfrenta el pueblo élfico en cada generación.

Se hizo de noche, así que, tuvieron que internarse en una de las cuevas cercanas. Al día siguiente, llegarían hacia la mitad de camino del pueblo de Las Mil Cascadas, mientras debían enfrentarse a la fría noche que les esperaba en aquella cueva. Así como pensaban, al día siguiente, consiguieron llegar a mitad de camino y, pronto empezaron a oír los aullidos de los hombres lobo, merodeando a su alrededor, pero desde lejos, esperaban atacar cuando estuvieran más cerca, seguramente querrían avisar a los miembros de su manada. Gaerl estaba temblando, mirando por todas partes, al igual que Dariel, pero intentaba mirar hacia adelante para no tener que temblar innecesariamente.

- Tranquilízate, Gaerl. Sólo nos están observando, es normal cuando invades el territorio de otro - le dijo Dariel para tranquilizar a su compañero de viaje, pero parecía ser que sin éxito -.

- Pueden comernos... - susurraba continuamente Gaerl - Pueden... comernos...

Estuvo así sucesivamente, pero empezó a temblar mucho más cuando se enfrentaron a cuatro lobos, puestos justo enfrente de ellos casi llegando a la entrada del pueblo de Las Mil Cascadas, ya estaban en su territorio, así que, habría que negociar.

- ¿Quiénes sois? - le preguntó el lobo de cabellos de color canela, telepáticamente. Tenía una voz profunda y fría pero Dariel intentó ser lo más sincera posible, ya que, Gaerl no podía articular ni una sola palabra dados su tembleques tan continuos -.

- Este es mi compañero de viaje Gaerl, y yo soy Dariel, proveniente del pueblo élfico. Nos dirigimos a las Montañas Nevadas, solo queremos pasar por vuestro pueblo quedándonos un par de días, para llegar al pueblo de los Halcones - a lo que después añadió - No venimos a hacer daño a nadie, solamente es un viaje.

- ¿Por qué viajáis allí? - preguntó el lobo de pelaje negro, el más grande de todos -.

- Quiero encontrar a mi padre que reside en las Montañas Nevadas desde después de yo nacer. Es por algo personal, necesito verle, Gaerl solo me acompaña como guía.

- Interesante... - añadió otro, con una voz un poco más roca, parecía algo mayor que los demás - Eres muy joven para venir desde tan lejos... ¿cómo se llama tu padre?

- Elaniel, hijo de Melindra y Goldric Felsior. Todos provenimos del linaje Felsior, venimos del pueblo élfico. Creemos que ha traicionado a nuestro pueblo por desobedecer una ley.

- Ese hombre fue uno de los que pasó por aquí y masacró a varios de mis hermanos. Recordamos esa noche como si fuera ayer - le dijo subiendo el volumen a su voz, parecía realmente dolido - ¿Cómo sé que no vais a hacernos lo mismo, ya que, eres una Felsior?

- Siento mucho que masacrara a vuestra familia, pero nosotros no venimos a hacer daño a nadie, de verdad - le respondió con tristeza, tenía gran empatía con aquello que había hecho su padre con aquellos lobos - Sé que mi padre era uno de los guerreros más entrenados de todo mi pueblo y sé que no debería haberos causado tanto dolor, pero yo no soy como mi padre y yo no soy mi padre, a mí no me define, él no me ha criado. Desarrollé comportamientos de mi madre...

- ¿Cómo sabemos que no mentís? - preguntó el último, aquel con cabellos blanquecinos -.

- En vosotros está la decisión. Os he dicho con toda sinceridad lo que venimos a hacer aquí y quiénes somos, si no nos creéis...

- Los elfos estáis entrenados para matar y defenderos, lo vimos con Elaniel Felsior. Fue tan sanguinario que apenas tuvimos fuerzas al día siguiente para levantarnos y proteger nuestra ciudad - prosiguió el lobo con negro pelaje - ¡Matádles!

Ante aquel grito, Gaerl empezó a temblar cada vez más ante aquellas bocas tan grandes y hambrientas ansiosas de sed de venganza. Dariel no podía dejar al enano solo, así que, se quedó junto a él a esperar que...

- ¡Quietos! - gritó el que parecía ser el líder de la manada, al ser el más grande y al haber acallado todos los aullidos y fuertes chirridos de dientes al tocarse - ¿Desde cuándo hemos sido tan poco hospitalarios con los extranjeros que tan solo vienen a pasar unos días? ¿Desde cuándo nos hemos vuelto tan reacios a tener visitas? ¡Os dije que vigilarais la ciudad, no que fuerais matando a la gente! - les gritó - ¡Largaos de aquí!

El hombre lobo se acercó a ellos, a la vez que los demás de su manada se iban con el rabo entre las piernas. Aquel lobo con pelaje blanco y profundos ojos azules se acercó a ellos y les miró con lo que pareció ser complacencia y se disculpó.

- Siento mucho el comportamiento de mis hermanos, se pusieron muy nerviosos con todo lo acontecido con Elaniel Felsior hace algunos años, pasó justo por aquí. Su paso por nuestro territorio nos provocó mucho dolor y perdimos a muchos de nuestros seres queridos, había venido muy bien preparado - le comentó, a lo que prosiguió para que Gaerl dejara ya de temblar, empezaba a ser insoportable oírle rechinar los dientes en cada momento - Podéis pasar, estad tranquilos. Estáis como en vuestra casa, os proporcionaré un lugar donde dormir y podréis hospedaros durante dos días aquí, después deberéis iros, no podré aguantar mucho más a mis hermanos, eres una Felsior.

El lobo nos dejó pasar al pueblo de las Mil Cascadas. Fue un hospedaje bastante rápido y algo incómodo, ya que, los lobos no dejaban de merodear por la pequeña cosa donde ambos estaban durmiendo. Dariel no podía creer que estuviera a tan poco camino de ver a su padre, tan solo quedaba el pueblo de los Halcones y por fin, el lugar donde su padre permanecía oculto.

Después de haberse hospedado en aquel pueblo repleto de hombres lobo temerosos de que fueran a matarles, se dirigieron al pueblo más próximo, en el que predominarían los Halcones, seres que suelen comerse a los muertos, que solían haber muchos por allí, ya que, eran transportados aquellos muertos en batalla y los halcones se aprovechaban de ello. La travesía por este pueblo fue algo tranquila, aunque bastante pestilente por los malos olores que desprendían los muertos, además de que era bastante desagradable ver cómo los halcones arrancaban los ojos a aquellos que anteriormente habían sido personas. 

Tan solo tuvieron que cruzar un puente largo para llegar a las Montañas Nevadas, en las cuales hacía bastante frío y ambos se tuvieron que abrigar con abrigos con plumas, aquellos que más calentaban. Aquellas montañas, aparte de frías eran preciosas y estaban repletas de nieve, ya que, normalmente hacían temperaturas mucho más bajas de cero grados; Gaerl seguía tiritando y rechinando los dientes, hasta que llegaron a la taberna en la que Therion dijo que había visto a su padre. Era el momento, así que, respiro hondo y... antes de abrir la puerta, salió un hombre alto, fuerte, con una armadura de color azulado, una espada y un arco, con cabellos dorados, tapando sus orejas puntiagudas, dejando a la vista que provenía del linaje Felsior, el linaje del pueblo élfico. Cuando salió apresuradamente ni la miró siquiera, la empujó hacia detrás y siguió su camino, pero Dariel fue detrás de él con Gaerl pisándole los talones.

- ¡Eh, eh, oiga! - le gritó Dariel a su padre - ¡Espere!

El elfo grande y fuerte se giró hacia ella, bajando la cabeza, con un signo de extrañeza al ver sus orejas puntiagudas sobresaliendo del mismo pelo que su padre.

- ¿Qué quieres, pequeña? - le preguntó con voz profunda y despreocupada. Aquello hizo que los ojos de Dariel se bañaran en lágrimas -.

- ¿Eso es todo? ¿Qué quieres, pequeña? - le preguntó con rabia burlándose de su forma de preguntarle aquello, cuando en sus ojos había visto que quizá había una posibilidad de que Dariel apareciera pero, era mejor disimular - Soy Dariel Felsior, ¿me recuerdas? Soy hija de Seriana Felsior y... Elaniel Felsior - le informó señalándolo con la mano -.

- Yo no soy Elaniel Felsior - le respondió evadiéndola. Se giró hacia otro lado, pero ella fue hábil y se puso delante de él otra vez. Su padre puso los ojos en blanco - En serio, no soy ese que dices que soy.

- Provienes del pueblo élfico, por tus orejas puntiagudas, tu pelo que es casi exactamente igual que el mío, tu espada que lleva el escudo de nuestro linaje y por la forma de tu arco, ¡¿es suficiente?! - le dijo ya bastante enfadada - He venido desde tan lejos a preguntarte por qué me abandonaste cuando era tan pequeña desobedeciendo una ley fundamental para nuestro pueblo: "El padre debe cuidar de sus hijos tanto como la madre para que desarrollen las habilidades que todo elfo debería aprender para su desarrollo personal y físico, su defensa y la defensa de su pueblo". ¿Te suena de algo?

- Vale, tienes razón - admitió bajando la cabeza - Soy Elaniel Felsior y te abandoné cuándo eras una niña, no estaba preparado para asumir tanta responsabilidad. Los elfos debemos desarrollar nuestras habilidades y crear una familia casi de forma obligatoria para que la especie prosiga el curso de la naturaleza, pero yo no podía seguir estando en un lugar donde no era yo, donde no me sentía yo mismo... Le dije a tu madre que se viniera conmigo pero no quiso, decía que aquél era nuestro hogar, pero yo nunca lo sentí como mío, así que, tuve que irme perdiéndolo todo a mi paso - respondió con contundencia dejando perpleja a Dariel, no esperaba que aquello tuviera tanto sentido, conocía las tradiciones élficas y en cierta manera, tenía razón - Te pido disculpas por el daño que os he causado a ti y a tu madre pero aquí me siento algo mejor que a cómo vivía en el pueblo.

- Quebrantaste la ley, así que, me han pedido que te lleve de vuelta - le reconoció agachando la cabeza - Les dije que sí para que me dejaran venir, pero estoy entre la espada y la pared.

- No puedo irme y ahora te estás dando cuenta de que si vuelvo van a encerrarme por no cuidar de mi hija como es debido, y tienen razón, pero no voy a dejar que me lleves allí - le respondió de manera contundente -.

Dariel tenía una gran decisión por tomar, ya que, si dejaba a su padre allí sabía que no le iba a volver a ver. Por otro lado, si lo llevara a la fuerza sería como si lo estuviera condenando a vivir una vida que no quería y a no sentirse como un padre, ya que, ella suponía que no debería ser agradable estar con una hija que nunca has criado y que es una desconocida para él, así que, finalmente decidió dejar a su padre en las Montañas de Nieve. Dariel le dio un abrazo, aunque él no se lo devolvió, no sentía que fuera parte de la vida de su hija, ni siquiera que fuese su padre, así que, ella no iba a reprochárselo. Volvió con Gaerl por donde habían venido, el enano estando algo triste por la escena que había presenciado, pero ilusionado por haber podido acompañar a alguien tan especial como era Dariel. Gaerl la llevó hasta el pueblo élfico y se quedó allí varios días, acompañándola en todo momento, pensaba en convertirse en un aliado de los elfos. 

Al llegar a su pueblo, Dariel fue embestida por un millón de abrazos y besos de todos sus familiares que la esperaban todos los días a las afueras de la ciudad para recibirla. Uno de los guardias que protegían la ciudad, miró detrás de ella y se fijó en que no venía nadie más con ellos.

- ¿Dónde está Elaniel? - preguntó algo enfadado -.

- No he conseguido encontrarle, cuando llegué a las Montañas de Nieve, me comunicaron que había partido justo esa mañana y que se había llevado todas sus cosas, por lo que, no iba a volver, así que... no había nada más que hacer - respondió Dariel respaldando a su padre, no quería que fueran a buscarle y que la humillaran en público en medio de la plaza por engañar a su pueblo - Lo siento mucho...

Uno de los guardias que a veces iba a las Montañas de Nieve a coger provisiones, llegó a la ciudad con la noticia de que era verdad que Elaniel Felsior había desaparecido de aquellas montañas. Dariel supuso que, al haberle encontrado se sintió en peligro y volvió a huir a algún lugar donde nuevamente no pudiera encontrarle ningún miembro de su linaje ni de su especie, ya que, no estaba de acuerdo con ninguna de las tradiciones que ellos realizaban. Dariel sabía que no le volvería a ver nunca más pero, su pregunta fue respondida y, muy en sus adentros podía ser la persona más feliz del mundo; sabía que su padre se había alejado otra vez pero, por fin sabía el motivo: no estaba preparado para tener tanta responsabilidad, tenía miedo de poder hacerlo mal y no le gustaban las prácticas de los elfos, aunque él fuera uno de ellos. Él no se sentía libre si vivía en el pueblo élfico, no se sentiría él mismo si admitiera que Dariel era su hija y era su deber protegerla. 

A veces, la vida no es justa para nadie...

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