Un Tren Descarrilado:




La joven Dianna estaba en aquel tren que la llevaba todos los días hacia el otro lado de Estados Unidos, donde trabajaba en una tienda de muebles de lujo para gente rica, solía ir bien vestida para dar buena impresión: llevaba un vestido rojo con tirantes, que le llegaba más arriba de las rodillas con encajes negros en la parte del pecho; llevaba una chaqueta corta de color beis para combinar con el vestido; unos tacones altos del mismo color que la chaqueta; su bolso era bastante grande y era del mismo color que su vestido, el cual, lo tenía en el asiento de al lado, donde en todo el trayecto, no se había sentado nadie; llevaba su pelo castaño con mechones rubios recogido en una coleta, para que no le molestara a la hora de cobrar a los clientes y apuntar las ventas, era bastante incómodo que se le cayera el pelo hacia delante todo el rato; sus ojos verde claro, estaban maquillados con una sombra de color beis para combinar con los demás complementos; sus labios finos estaban pintados de un color rojo suave, no le gustaban mucho los tonos fuertes; sus delicadas manos estaban suaves, ya que, siempre se ponía la crema de aloe vera para que no se le secaran las manos, en las cuales, llevaba un anillo de compromiso, del que estaba muy orgullosa, era un diamante precioso.

Dianna tenía la cabeza apoyada en la ventanilla del tren, estaba muy cansada, así que, llevaba un rato con los ojos cerrados y dormía casi profundamente, ya que, estaba atenta a las paradas para no dormirse y acabar quedándose en el tren. Pero, se despertó de repente al notar un tambaleo y un chirrido bastante fuerte; se asomó a la ventana y vio que el tren iba a descarrilar y todo el mundo a su alrededor gritaba desesperado, así que, lo único que pudo hacer fue encorvarse en los dos asientos que ocupaba y esperar que no se diera cuenta de su propia muerte, que no sintiera el dolor. 

Lo único que se oía eran los gritos de dolor de la gente y los lloros de los niños que iban con sus padres. Dianna pudo ver en el suelo grandes charcos de sangre, incluso muertos, así que, intentó levantarse, aunque le dolía bastante la pierna derecha, ya que, al tambalearse el tren, se había dado un buen golpe contra ella en el suelo. Pero cuando miró por la ventanilla, se quedó perpleja y, a su vez, aterrada: aquel lugar no era Estados Unidos, ni parecía ser el planeta Tierra, aquello era algún otro lugar donde habrían ido por equivocación, un lugar en el que habían extrañas criaturas.

Se acercó un chico joven de unos veinticinco años, el cual, tenía algunas heridas en la cara, cortes en los brazos y tenía las manos sucias de sangre. Su pelo negro estaba enmarañado, sus profundos ojos marrones la miraron y le tendió la mano a Dianna para ayudarla a levantarse:

- ¿Estás bien? - le preguntó el joven, cuando Dianna consiguió ponerse en pie -.

- ¿Te parece que esté bien? - le preguntó ella despectivamente, aquella pregunta parecía bastante obvia de responder, se sobreentendía que nadie en aquel tren ahora descarrilado en ninguna parte estaba bien -.

- Soy médico, por eso lo pregunto - le contestó amablemente, a pesar de cómo le había hablado Dianna - Me llamo Jack.

- Yo Dianna - le dijo un poco avergonzada por cómo le había tratado - Siento lo de antes, es que no entiendo qué es lo que ha pasado y por qué hemos llegado a este lugar tan...

- ¿Extraño? - terminó la frase Jack - Yo también me lo he preguntado cuando me he levantado, pero lo primero ha sido ocuparme de algunos heridos. A otros ya no se les puede ayudar...

- ¿Cuántos muer... muert...? - de repente se echó a llorar, aquello era una auténtica catástrofe, ella lo único que quería era llegar a la tienda de muebles, y parecía llegar un par de horas tarde, su jefe la iba a matar -.

Jack la abrazó intentando tranquilizarla, se veía nerviosa, tenía un pequeño ataque de ansiedad y no le gustaba nada llegar tarde. Pero a lo que se iban a enfrentar era aún más aterrador de lo que se habían imaginado. Ambos se acercaron a la parte delantera del tren para ver si por alguna casualidad el conductor se había salvado, pero no caería esa suerte, ya que, se partió la cabeza con los cristales rotos de la ventanilla delantera. Decidieron salir fuera a investigar, aunque Jack reconoció que era algo arriesgado salir sin saber qué era aquel lugar exactamente y si podrían respirar ahí fuera. Pero vista la ventanilla delantera rota y el aire entrando en el tren sin haber provocado ningún daño respiratorio ni falta de oxígeno, decidieron salir los dos fuera.

Aquel lugar parecía desolado, aunque a lo lejos, se oían extrañas voces que a Dianna le ponían los pelos de punta. Jack dio un rodeo alrededor del tren para ver cuáles eran los desperfectos de éste y cuáles serían las posibilidades objetivas de salir de allí con vida, ya que, tenían algunos alimentos pero no durarían ni dos días; tampoco tenían tranporte, visto que estaba destrozado, tanto por dentro como por fuera, con cristales rotos, el techo abollado y el último vagón siendo el más afectado, con todas las personas que iban en él muertas y esa parte del tren parecida a un acordeón. Jack bajó la mirada como dedicándoles unos minutos de respeto a las víctimas de aquel terrible incidente, pero el grito agudo de Dianna hizo que se despertara de sí mismo. Se acercó corriendo hacia ella para ver qué pasaba:

- ¿Qué ocurre? - le preguntó preocupado - He oído que gritabas mi nombre...

- Viene algo hacia aquí, no se ve exactamente lo que es, están un poco lejos - le dijo la joven algo intrigada - Parecen... seres, no sé, caminan algo raro.

- ¿Nos habrán visto? - le preguntó, viendo que había oscurecido más que en el momento en el que llegaron - Ha oscurecido bastante...

Jack pensó en hacerles luces con algunas linternas que el conductor tenía en la enorme guantera de la parte delantera del tren, ya que, ambos llegaron a pensar que se trataba de algún tipo de tribu que se había enterado de su llegada y querían ayudarles con aquel problema en el que se habían metido sin quererlo, pero se equivocaban. Jack cogió un par de linternas y se pusieron en la parte delantera del tren a hacerles luces para que les vieran e identificaran donde estaban; cada vez se acercaban más, hasta que los tuvieron encima no pensaron que debían irse de allí corriendo.

Dianna veía a esos seres que arrastraban sus putrefactos pies por el suelo, con caras llenas de tiras de carne podrida, algunos con ojos casi caídos, se movían con dificultad, parecían tremendamente hambrientos. Jack pensó que, a causa de que aquel planeta era tan solitario se fueron comiendo unos a otros, por eso tenían tantos desgarrones por sus cuerpos; al final, descubrieron que eran muertos vivientes, una horda bastante grande aproximándose hacia ellos, hacia las quince personas que habían sobrevivido y que ahora la palabra "sobrevivir" quedaba muy lejos. Jack cogió a Dianna del brazo arrastrándola dentro del tren, ya que, se quedó paralizada, vio que era poco probable que salieran de allí con vida; las puertas del tren no se cerraban y no había ningún tipo de material que pudieran utilizar para evitar que pasaran. 

Todas las personas que había en el tren empezaron a gritar al ver a los muertos vivientes acercarse a ellos y desgarrarles la carne como si de pollo se tratara. Dianna iba detrás de Jack para conseguir salir por el otro lado del tren, pero tropezó con el cadáver de una señora de ochenta años que estaba postrada en el suelo, y en ese momento cayó viéndose devorada por aquel ser muerto y putrefacto. Sintió los dientes metiéndose en su cuello, otros metiéndose en sus piernas, hasta que al final, fue devorada por tres de esos seres. Jack se quedó perplejo, pero tenía que moverse rápido, así que, empezó a correr hacia el final del tren consiguiendo salir por la ventana rota. Al salir, le estaban esperando dos muertos vivientes hambrientos y le cogían con deseo de comérselo, ya que, lo estiraban de ambas partes de su cuerpo y empezaron a comérselo con ansias. Sintió mordiscos por su estómago, que dejó de serlo y por su cara, quedándose sin sus preciosos ojos marrones.

En aquel descarrilado tren, la vida humana acabó siendo pasto para otra especie podrida y muerta viviente que conseguía alimento comiéndose a otros de su misma especie. La vida humana volvió a dejar de tener importancia en aquel planeta, pasó otra vez; la primera fue cuando a unos científicos que inspeccionaban el "nuevo planeta escondido", dejaron escapar un virus muy peligroso para los humanos. Uno de ellos se cayó de la nave espacial donde iban sus compañeros y pilló el virus convirtiéndolo en un podrido y dejando su vida en manos de una ansia incontrolada por comer carne humana; cuando sus compañeros volvieron a por él, se los acabó comiendo a todos y uno de ellos, al ver el peligro inminente hizo estallar la nave, después de recibir un mordisco de uno de sus compañeros de aquel viaje.

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