Lágrimas:




De repente, se echó a llorar cogiéndose la cara con ambas manos, yo no sabía qué hacer para tranquilizarla. Susane era una de las chicas más maravillosas que había conocido pero, debía irme un tiempo a Alemania, ya que, había encontrado trabajo allí, aquí no encontraba nada y los sueldos son pésimos para todo lo que trabajo.

Susane levantó la mirada hacia mí, estaba muy triste, no había mantenido ninguna de sus relaciones a distancia mucho tiempo y estaba realmente preocupada por no poder seguir con esta mucho más. Pero algo curioso me cautivó, la lágrima que corría por su mejilla, era transparente, caía suavemente y consiguió tener toda mi atención. 

Cuando me dí cuenta, estaba delante de un enorme edificio y con una amplia cristalera, tendría, al menos, veinte pisos de alto. El sol me daba en la cara, pero hacía bastante frío; a mi alrededor pasaba mucha gente, así que, miré mi reloj y eran las nueve de la mañana, hora punta en Alemania. Me vi a mí mismo salir de aquel edificio, lo cual, me dejó perplejo, ¿cómo podía estar viendo esto?, ¿qué está pasando?

Una mujer rubia con ojos azules, con unos labios finos y una agradable sonrisa, se acercó justo donde estaba yo de pie, era la única que me veía, las personas que estaban a mi alrededor, traspasaban mi cuerpo esbelto.

- Ese eres tú - me dijo la mujer rubia. Su voz era suave y serena, parecía una mujer sabia -.

- No sé por qué estoy viendo esto, es mas, no sé por qué estoy ahí - le dije yo bastante nervioso -.

- Estás dentro de una lágrima que te permite ver un futuro cercano - me explicó girándose hacia mí - Soy Lérides, la Princesa de las Lágrimas Futuras, vengo a hacerte ver tu inminente futuro.

- ¿Y por qué he de ver mi futuro? No lo termino de entender...

- Verás, has tomado una decisión importante que hace que otra persona sufra terriblemente por tí y por tu futuro, en especial. Al hacer esto, provocas que la otra persona se sienta triste y llore, teniendo la suerte de encontrarte con la Lágrima del Futuro Inminente - lo explicaba con tal soltura que se me ocurrió una pregunta bastante obvia -.

- Le has dicho esto a otra gente, ¿verdad?

- Sí, y les ha cambiado la vida radicalmente. Como voy a cambiar la tuya hoy - me dijo dedicándome una sonrisa radiante y, a la vez, agradable -.

Me indicó que siguiera a mi "yo futuro" para ver qué era lo que me ocurría finalmente. Aquello parecía mucho más un sueño que una realidad, pero me pellizqué dos veces en el brazo y me dolió, así que, sigo algo confuso. Mi "yo futuro" seguía andando con su maletín de cuero marrón, su traje de color gris y con su corbata color azul celeste, esbelto, con el pelo negro y semblante serio, todo el rato mirándose el enorme rolex que tenía en la muñeca izquierda. Su trayecto final fue una pequeña casa apartada del centro, una casa de un color carne algo apagado y una puerta con cristalera de la que salía una joven a abrazarle; aquello me sorprendió, suponía que había ido por cosas de trabajo pero parecía que la chica no era solo una amiga, ya que, se besaron salvajemente antes de entrar dentro de la casa. La mujer vestía horriblemente, con un vestido casi roto y color rojo sangre con unas botas negras y altas hasta las rodillas que eran, mas bien, cutres; su pelo estaba deshecho y tenía ojeras, parecía que fuera una drogadicta o algo semejante. 

Me sorprendió que saliera después de un par de horas igual de bien vestido con su elegante traje y su semblante serio, parecía que sabía muy bien que aquello estaba mal pero había algo que le arrastraba a hacerlo. Volvió al edificio acristalado rápidamente y estuvo más de cinco horas seguidas sin salir, pero al fin, apareció por la puerta a las siete de la tarde, con su traje impecable y cambiando de dirección, cogió otra trayectoria llegando a un bar de poca monta cerca del centro pero en un callejón oscuro. Al entrar en aquel bar vimos a un montón de gente haciendo apuestas ilegales y a streepers restregándose en barras mientras los más atrevidos se acercaban para ponerles billetes en sus enormes pechos casi desnudos.

Aquello me sorprendió muchísimo, yo soy un hombre completamente íntegro que no me vendo a estas cosas y que no me dejo embaucar por un montón de billetes... por Dios, ¡soy abogado! ¿cómo puedo aparecer en un bar apostando ilegalmente? Además, en todo el tiempo que estuve en aquel bar vi cómo me mataba a mí mismo bebiendo sin parar y estando cada vez más y más borracho hasta perder el conocimiento. Le dije a Lérides que no quería ver más, que necesitaba tomar el aire y que me explicara qué era lo que estaba ocurriendo conmigo en un futuro inminente, ya que, había comprado el billete para el mes que viene.

- En ese edificio es donde trabajarás, pero seguirás sin conseguir que te paguen un buen sueldo y que te valoren como a un buen abogado que eres. Acabas con tu novia y empiezas a acostarte con drogadictas que te dan drogas para dormir a cambio de sexo, vienes a hacer apuestas ilegales para ver si con dinero ganas algo de dignidad y parece ser que hasta vas a morir aquí sin volver a ver a la chica que está llorando delante de tí - me dijo cuando por fin, salimos de aquel bar que olía a muerto -.

- ¿En ese ser tan horrible me voy a convertir? ¿Cómo me podría suceder algo semejante? - le grité impotente y enfadado con mi "yo futuro" o mi realmente "yo", no sabía ni a quien me estaba refiriendo -.

- Me gustaría enseñarte alguna buena notícia pero he de enseñarte de qué forma vas a morir, podrás decidir si vienes a Alemania o te quedas en el lugar donde perteneces.

Me llevó unos diez años después de ver todas aquellas barbaridades, pero aquello no era nada comparado con lo que posteriormente pude ver. Estaba en la casa de aquella drogadicta acostado en el suelo casi inconsciente, completamente drogado y con un montón de gente a mi alrededor que parecía estar en el mismo estado que yo. Estaba claro que dejé el trabajo y me uní a la completa miseria, a la completa desolación y desesperación, llegué al lugar más hondo y oscuro al que puede llegar a verse una persona. Salió de aquella casa con su pelo castaño con algunas canas bastante enmarañado, los ojos verdes hinchados y con ojeras, la ropa algo rota, ya no llevaba ese traje tan elegante, caminaba con unas deportivas casi destrozadas y, cruzando la calle, sin mirar a ambos lados, le atropeyó un coche habiéndole abierto la cabeza al pegarse contra el bordillo de la calle. El conductor fue hacia él para ver qué le pasaba pidiéndole perdón a aquel cuerpo sin vida, diciéndole que estaba muy oscuro y que no le había visto pasar. 

Pero lo que más me tocó la moral fue que no me trataron con ningún tipo de respeto, las autoridades llegaron con coches patrulla e incluso una ambulancia para llevarse el cuerpo, al menos, y lo que oyó le dejó más impresionado de lo que podría haberse quedado:

- Es el típico drogado que no mira por dónde va, parecía que estuviera puesto o algo - le dijo el agente que inspeccionaba el cadáver al otro agente que estaba mirando su DNI - ¿Cómo se llamaba?

- Lucas Wall, ¿te acuerdas? - se giró hacia donde el antiguo "yo" había bajado la calle - Son los que van a aquella casa, a este le pille pinchándose en el capó de un coche cerca de mi casa, era un jodido drogadicto y vagabundo, no podía ni hablar, joder - le entró la risa, ya que, parecía que le habían visto varias veces colgado por la calle y sin tener ningún rumbo - Se acostaba con MIles, la que detenemos siempre por trafico de drogas.

- Así es como acaban todos, muertos. Pero es curiosos que, en vez de morir por la droga, muera por haberle atropellado un imbécil - le dijo su compañero levantándose y tomando notas en su bloc - ¿Sabes si tiene algún familiar, amigos...?

- Qué va, estaba completamente solo. No consta nadie en la ficha para llamada de emergencia, así que, otro tío que no le importaba a nadie al hoyo - terminaron allí firmando las fichas y llevándose el cadáver -.

Miré a Lérides y me miró con aquella cara perfecta y aquellos ojos penetrantes. Me cogió la cara con ambas manos y me dio un beso en la frente para que me tranquilizara pero, yo no podía dejar de llorar. Ella se apartó de mí, desapareció y me dejó allí de pie solo, con lágrimas en los ojos, las Lágrimas del Pasado que me llevaron a la habitación donde estaba delante de Susane, aquella chica de pelo castaño y rizado, aquellos ojos negros maquillados con una sombra violeta, aquella sonrisa tierna con dientes blancos, llevando un vestido color violeta y unas botas negras con algo de tacón, sentada en la cama. Me arrodillé y le quité las manos de la cara para poder verla y poder consolarla, le iba a dar la mejor notícia que podrían darle ese día:

- Oye... eh eh, tranquila - le cogí la barbilla y la subí para que me mirara a los ojos - No me voy a ir a Alemania, me quedaré contigo, ¿vale?

Sabía que aquella fue la decisión correcta, sabía que, aunque no tuviera aquí un buen sueldo, podría tener las cosas que siempre había deseado y estar con la persona que siempre había querido. Dio tal salto para abrazarme que ambos caímos al suelo entre risas de alegría, pero yo lloraba de verdad, me había impactado todo aquel viaje de apenas dos segundos, no había tardado mucho más:

- ¿Estás llorando? - me preguntó Susane sorprendida - ¿Qué pasa?

- Nada, he tenido un viaje bastante largo y movido, ¿sabes?

- ¿Un viaje?

- Un viaje que no olvidaré, no me precipitaré para tomar una decisión, la recapacitaré más, no quiero que sufras y me sabe mal haberte hecho sentir tan mal.

Sabía que aquello había sido una señal, que debía de tomar mejores decisiones y que siempre debía ver las consecuencias que tenían sus actos, no bastaba con decidir por él mismo, sino tener en cuenta los sentimientos de los demás. Ellos eran lo importante en su vida.



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