El Planeta de los Dragones:






El planeta Derion era un lugar repleto de frondosos bosques, hermosas cascadas, lugares escondidos, casas hechas de madera por la gente más noble de la ciudad y, por supuesto, lo que más abundaba allí eran los dragones. 

El planeta se llamaba Derion por el primer dragón que pisó aquel hermoso lugar. Tenía ya sus años cuando la gente del planeta Pheris se trasladó aquí a causa de una tormenta de hielo muy fuerte que llegó a congelar a millones de personas y arrasó a más de 5 ciudades. Todos vinimos con las naves espaciales más rápidas que pudimos conseguir de los militares, los cuales, murieron defendiendo a su pueblo. Aquí empezamos de nuevo, teniendo una nueva visión del espacio y en un lugar más tranquilo donde casi siempre salía el sol y hacia una temperatura de 20ºC.

Derion había tenido muchas crías con otro dragón, así que, todos los ciudadanos hemos podido tener uno para cada uno y les hemos domado desde bebés, una gran experiencia. La mía se llama Etheniel, es hembra, mide como 3 metros y medio de alto, tiene la piel rugosa de color castaño, sus alas son enormes y cuando llueve, suele tapar nuestra casa con ellas para que al menos, podamos salir a cuidar de nuestras plantas; sus ojos son de un profundo color verdoso y cuando te mira es como si quisiera decirte algo, es como si te hablara; su boca es muy grande con dientes completamente afilados y le encanta comer carne en grandes cantidades, ya que, tiene un estómago enorme; sus garras son tan grandes que podrían chafar a un hombre que midiera 1 metro 60. Y, por supuesto, le encanta volar por los alrededores de la casita donde vivo; le gustan los cacahuetes, es muy cariñosa y tranquila, menos el día en que vinieron los aldeanos del otro lado del planeta. 

En Derion había gente muy amigable pero los que viven más allá del bosque siempre nos han tenido rencor, ya que, se quedaron sin dragones, estaban en nuestra parte y lo único que hicimos fue repartirnoslos. Así que, se acercaron con sus motocicletas tipo Harley Davidson como dirían los que viven en la tierra, por las laderas hasta llegar al centro de la plaza, frenaron justo en frente de mí, a unos 10 centímetros. Eso puso nerviosa a Etheniel, así que, se acercó y se puso justo detrás de mí mirándolos fijamente con sus ojos penetrantes; le acaricié el hocico para que se tranquilizara pero, seguía respirando fuertemente, como si le costara:

- Mmm, tu eres el cuidador de dragones, ¿verdad? - su sonrisa era despreciable, y siguió poniéndose más cómodo en su moto y arreglándose su pesada chaqueta de cuero - Verás, tengo un problema.

- ¿Cuál es el problema? - le pregunté, aunque sabía que más tarde me arrepentiría de haberlo preguntado -.

- Tus dragones vienen por mi zona, así que, quiero que evites que lo hagan - me soltó con fanfarronería -.

- Los dragones suelen ir libres por donde les apetece, no se les puede obligar a no hacerlo - era algo bastante lógico pero, yo sabía perfectamente que se quejaban por pura envidia - Lo siento, me temo que no puedo hacer mucho más por ustedes.

Me giré, iba a irme, pero el Jefe de los Piratas, como se hacían llamar, apagó el motor de su motocicleta y sus compañeros hicieron lo mismo. Se acercaron a mí y estaban justamente detrás de mi espalda, estando el Jefe el primero, delante de los demás de su banda. Etheniel pasó por mi lado y se puso en frente de ellos y alargó todo su cuerpo, como dándoles a entender que aquí ellos no mandaban, les miró con enfado. El Jefe, con su cara de pocos amigos, con una barba blanca prominente y larga, ojos pequeños y negros, piel de un color violeta claro repleta de tatuajes, fornido y con unas manos bastante grandes, vestido todo de cuero, se asomó para verme detrás de Etheniel aún con la espalda hacia ellos:

- Emmm... perdona, ¿podrías quitar a tu bestia de en medio? Estamos hablando - Etheniel bajó la cabeza y puso su hocico delante de la cara del Jefe y empezó a respirar más rápido -.

Yo sabía que aquello iba a acabar muy mal. Cuando levanté la vista, todos los pueblerinos de la zona del centro de Derion, con sus pieles de un color violeta claro y ojos pequeños y rasgados, lo cual, denotaba que eran criaturas pherisianas, aunque ahora hubieran creado un hogar junto a los dragones y otros planetas les hicieran llamar derionianos. Me puse delante de mi dragona e hice que se apartara un poco, al menos me hizo algo de caso, que nunca solía.

- Mire, nosotros no queremos ningún tipo de problema. Hemos estado viviendo con los dragones desde hace unos 5 años y no hemos tenido ningún tipo de queja; son amables, cariñosos, les encanta comer y protegernos, no sé qué problema tenéis con eso - les dije, ya dejándome de tonterías y mediando un poco entre sus intereses y el de los pherisianos, aunque mi dragona solo quisiera darles una patada y mandarlos dos pueblos más lejos -.

- Pues nosotros no somos tan perfectos y nos molestan - añadió, acercando su cara de pocos amigos a la mía, que ya empezaba a estar cabreado. No entendía cómo les podían molestar, gracias a nosotros se habían vuelto más dóciles y habían aprendido a vivir con nosotros - ¿Vas a apartarlos de las lagunas o no?

- Sabe que les encanta ir allí, se suelen refrescar con las cascadas cercanas - le dije con una incredulidad marcada en mi rostro. Así que decidí mirar más por los dragones que por ellos, este era el planeta de estos animales desde hacia siglos y no íbamos a permitir que los Piratas la moldearan a su gusto mandándoles lo que tenían o no tenían que hacer en su propia tierra - Así que, lo siento, ellos no se van a mover. Seguirán yendo a las cascadas, a las laderas, a las lagunas, a donde quieran y nadie va a poder impedirselo.

Al ver la cara de enfado de aquellos 4 hombres fornidos, mi mano tocó la lanza que tenía a mi costado, mi padre me enseñó a usarla desde que era un niño y, cuando murió en la tormenta de hielo me obligó a cogerla. Los dragones de los pueblerinos se acercaron aterrizando en el centro de la plaza al oír los silbidos de los pherisianos; nosotros teníamos muchas armas, pero ellos solo tenían sus motos. 

Pensábamos realmente que ellos no tenían ninguna posibilidad y, al venir todos los dragones de los pherisianos, menos aún. Pero, nos equivocamos rotundamente, también traían un regalo de la otra parte del planeta Derion, trajeron a sus Dragones Negros, ni siquiera sabíamos si la leyenda era cierta, pero confirmamos que sí lo era con nuestros propios ojos, ya que, aquellos dragones de piel completamente negra venían oscureciendo el sol y haciendo que las nubes se juntaran y provocaran una oscuridad tal que los pueblerinos tuvieron que encender las antorchas del pueblo. Los Dragones Negros aterrizaron y miraron con desprecio a los dragones de los pherisianos, parecía que se odiaban desde hacía mucho tiempo, ya que, según cuenta la leyenda, los Dragones Negros les quitaron las tierras a los nuestros, se enzarzaron en una pelea que duró días y perdieron, los oscuros ocuparon el lugar que ocupaban los nuestros y les desterraron. Y ahora estaban frente a nosotros queriendo iniciar otra gran batalla.

- Vamos a ver, esto no tiene por qué hacerse, no tiene por qué entrar en batalla nadie - les dije, para que recapacitaran, pero ellos seguían mirándonos fijamente - Siento que esto no haya sido como vosotros queríais pero tenéis que entender que a nuestros dragones no se les puede obligar a nada y que son libres, se sentirían amenazados. No queremos iniciar una guerra como esta ni nada por el estilo, vuestros 4 dragones son preciosos y no creo que debamos crear más distanciamientos de los que ya tienen con los nuestros - dije con total convicción, pero el Jefe miró hacia sus dragones y les dio la orden de que atacaran - Por favor... 

Lo que sucedió a continuación, no podría explicarlo... Nuestros dragones empezaron a pelear en el aire contra los Dragones Negros, de forma muy violenta y, los Piratas sacaron sus hachas para pelear contra nosotros, así que los pueblerinos y yo nos pusimos manos a la obra pero, estaba realmente preocupado por Etheniel. El Jefe se enzañó conmigo, levantando su hacha para atacarme, yo respaldé y caí, pero pude para el golpe con mi lanza; me levanté provocándole un corte en la cara que le dejó medio atontado, le pegué una patada en la espalda y lo empujé hacia delante, haciéndole caer. Le puse la lanza en el cuello para que no se levantara, pero tenía que tomar un decisión: si le mataba no podría vivir con la culpa, y si no le mataba seguirían incordiándonos. Pero decidí rebanarle la cabeza cuando vi que el dragón de nuestro vecino Erhos cayó al suelo provocando un fuerte sonido y moviendo la tierra donde nos encontrábamos. La sangre le salió a borbotones, cogí su cabeza y la puse en medio de la plaza para que el resto de sus compañeros la viera. Los pherisianos consiguieron acabar con ellos y acabamos con todas las cabezas en medio de la plaza, más de 10 dragones malheridos, pero yo no podía encontrar a Etheniel, no sabía dónde se había metido.

Me metí en el bosque para buscarla y empecé a notar cómo se movía el suelo, parecía que aún no se hubiera terminado la pelea para algunos. Me quedé más aliviado cuando la vi allí forcejeando con uno de los Dragones Negros que quedaban, ya que, los otros se fueron hacia sus tierras al ver que sus amos habían caído. Nunca la había visto de aquella manera: le mordisqueaba el cuello con fuerza con aquellos dientes afilados y fuertes, pero lo que hizo que el contrincante cayera fue el fuerte arañazo que le dio en su estómago, que hizo que le saliera sangre a borbotones. Pero ella, aún no había terminado, le cogió del cuello con la boca y empezó a deshacerlo en pedazos, había sangre por todas partes, pero cuando me vio allí parado con los ojos abiertos como platos e incapaz de entender cómo había podido hacer aquella atrocidad, dejó que cayera de su boca al suelo provocando otro movimiento, se acercó a mí y se sentó a mi lado con la cabeza gacha.

- Pero, ¿que te ha pasado? Tu no eres así... - le dije acariciándole el lomo, era muy alta -.

- "Ellos nos arrebataron nuestras tierras y mataron a más de 1.000 de nuestra especie. Lo siento, no quería que vieras esto, pero no pude contenerme" - me dijo ella utilizando su mente. Allí me di cuenta de lo que podía hacer, la miré y ella continuó, quería explicar aquello - "Los dragones podemos hablar de forma mental, de hecho nos hablamos también entre nosotros, así que no te quedes tan empanado".

- Vaya,,, lo siento si me he quedado impresionado - le sonreí a aquella preciosa criatura que estaba postrada a mi lado - ¿Y por qué no nos habéis hablado antes?

- "Pensamos que quizá podríais asustaros, pero he visto que vosotros haríais lo que fuera por nosotros, así que, esta es vuestra recompensa, es un regalo" - restregó su cara contra la mía en señal de cariño - "Os hemos visto hoy luchando por creer en nosotros, por respetarnos y decidimos que queríamos compensaros por todo lo que habéis hecho por nosotros".

Subí a su lomo y fuímos volando a las cascadas a darnos un baño, era muy relajante aquel paisaje y también poder llegar a comprender a la criatura más hermosa que he tenido el gusto de conocer. Al fin y al cabo, la tormenta de hielo fue algo que nos hizo aprender y llegar a este preciso momento.

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