El Fantasma de Nueva Orleans:




En las más oscuras calles de Nueva Orleans se respiraba una soledad inmensa a aquellas horas pero las calles estaban iluminadas por altas farolas, siempre salía a cazar de noche, es algo innato en mi naturaleza. Buscaba a una joven guapa y tonta a la que poder encandilar y alimentarme, suelo levantarme bastante tarde pero hambriento. Suelo ir por los callejones caminando silenciosamente, las víctimas que elijo no pueden oírme, no pueden tocarme, su mirada humana me incomoda; todos somos animales pero ellos tienen sentimientos, me parece una cursilada.

Mi família era humana, eran gente bastante humilde e inocente, siempre se criaron en un ambiente bastante hogareño pero, mi padre era un casanova que se acostaba con todo lo que se movía, era muy joven y poco racional, así que, una cálida mañana de abril cuando se dignó a levantarse de la cama después de haberse bebido varias cervezas de más, llamó a la puerta una muchacha pelirroja, ojos marrones y penetrantes vestida con un vestido largo color magenta y unos tacones bastante altos, su cara era fina y blanquecina pero, sin pensar dos veces en el lugar donde se encontraba, un hogar donde había una madre y un hijo acabado de salir del vientre de su madre, le replicó cuando él abrió la puerta:

- ¡Me has dejado preñada! - mi padre la veía enfadada, tanto que cogió un vaso cercano a ella y lo estampó contra la pared contigua a donde se encontraba mi padre -.

Mi madre me contó que en aquella época no pudo hacer nada por arreglar aquello, su matrimonio ya estaba roto desde hacía unos años y no le venía de nuevo aquella desagradable notícia. El que salió del vientre de la mujer joven pelirroja y prematura como para tener un niño, fui yo. Al principio era un niño tranquilo que no quería problemas y más tarde, se volvió raro.

Mi verdadera madre me abandonó cuando yo tenía tan sólo 2 años, me dejó en la puerta de la casa de mi padre, y él decidió darme una casa y una família, pero saber que mi madre me había abandonado siendo tan pequeño me fue matando conforme iba creciendo. Fui a psicólogos y a gente que trataba con este tipo de traumas pero no fueron capaces de solucionarme nada, pero de todas formas, seguí con mis estudios hasta que cumplí los 25, el día que cambió mi vida por completo.

Una noche iba caminando por una calle solitaria de Nueva Orleans después de terminar mis clases en la Universidad. Estaba atareado pensando en mis próximos exámenes y con la música tan alta en mis oídos que no llegué a notar que había alguien detrás de mí que atentaba seriamente contra mi vida, alguien que quería alimentarse de mí, alguien que clavó lo que parecieron dos tornillos en mi cuello desnudo, algo que me hizo gritar tan fuerte que pensé que iba a quedarme afónico. Me levanté en la cama de mi habitación en la residencia de la Universidad con el torso desnudo y dos marcas en mi cuello, estaba un poco pálido y me sentía hambriento. Llegaba tarde a clase, así que, no había pensado mucho en ello.

Lo que ocurrió los días siguientes fue tan inhumano que llegué a cuestionarme si realmente continuaba siendo yo pero, la respuesta era clara: no. Empecé a alimentarme de gente muy cercana a mí y llegué a matarlos a todos, por sentir ese líquido espeso, rojo y sabroso en mi boca, por sentir el sabor de la sangre. Maté a toda mi família y a mi novia actual, pero desde hace unos 5 años que no pienso en ellos, porque no me importa.

De repente, encontré a mi presa: una chica esbelta, pelo rubio y largo, tez pálida y ojos castaños y verdaderamente atractiva, llevaba un vestido rosa muy llamativo. Caminaba por unos de mis callejones favoritos, por donde la gente más solía caer en mis garras, me acerqué a ella por detrás, el olor tan profunda de su sangre emanaba de su cuello como algo que quería poseerme y yo quería ser poseído por ello, cuando estuve a menos de un metro fui rápido y metí mis afilados colmillos en su cuerpo desnudo. Empezó a salir sangre caliente y espesa, me invadió el éxtasis y ya pude dejar de pensar en si había alguien más allí que pudiera oírme, aquello dejaba de ser importante. Tenía tanta hambre que la dejé seca y le rompí el cuello dejándola en el suelo. Me limpié los labios empapados con pañuelo de seda, era perfecto para esto.

La recogí del suelo y la llevé al sótano de mi casa, después de la comida, tenía que quemarlos para que los policías no sospecharan y sacaran pruebas que les llevaran hasta mí. Siempre me he llamado el  fantasma de Nueva Orleans, no existo, no me ven y hago lo que me place, siempre que sea de noche, el sol dejó de gustarme. Hago de las personas lo que quiero, las controlo, me alimento y de vez en cuando me meto en la cama con ellas y hago que se olviden de mí, es una forma de que no involucrarme con nadie.

Soy un lobo solitario que por las noches cierra todas las cortinas para que no entre la temible luz de la mañana que quema mi precioso cuerpo, que se mete en un ataúd de madera y aterciopelado por dentro y que sale de noche para alimentarse y saciar su sed.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Escritor Decepcionado:

TAG Series:

Aparición: