Miedos Pasados:



Permanecía en mí misma, la única con la que podía confiar, hablando en susurros, gritando en sueños. Cada pesadilla era desgarradora, cada convulsión, un mar de temblores incontrolables. Trataba de pasar una situación difícil pero jamás había podido alzar la voz, revelarme, la cobardía me absorbía, me dejaba envuelta en mi propia soledad. Mis palabras no eran suficientes, mi amor no lo era todo y el montón de explicaciones que salían de mi boca, habían dejado de importar, siempre se esfumaban en el aire. Cerraba los ojos y trataba de pasar los baches sin mirar, aguantaba los gritos que me echaran sin rechistar por aquel miedo que se presentaba en cada situación del día.

Estaba completamente anulada, incluso para mí, era una desconocida, había dejado de saber quién era al mirarme al espejo, algo que siempre me costó hacer supongo que por vergüenza al no hacer nada por cambiar mi vida. Era una situación cómoda, el permanecer inmóvil ante las dificultades, el no opinar de ningún tema en especial, el no responder a ninguna pregunta para pasar desapercibida en un mundo totalmente desprovisto de comprensión, paz o cualquier índice de amor, prefería permanecer aislada e incomprendida antes que formar parte de cuerpos sin alma. Jamás fui tan desdichada, jamás me sentí tan poco identificada con mi alrededor, tan confusa, tan hueca... incluso, llegué a creer que yo también estaba vacía, que me habían adoctrinado para ser como los demás, había dejado de saber quién era en realidad.

El control de los demás hacía mí, se hacía cada vez más fuerte, más agobiante, más intenso... Tan solo me escondía tras el miedo, los temblores, las ganas constantes de vomitar sin saber cómo enfrentarme a la situación. Me faltaba energía, la autoestima hacía años que había desaparecido de mi vida y me preguntaba dónde se había metido mi dignidad, hacía bastante que la tierra parecía haberla absorbido sin posibilidad de retorno. Era como un fantasma, un perro asustado ante las amenazas, no entendía que quizá, era yo la que debía cambiar mi alrededor, no debía esperar a que los demás lo hiciesen porque no caería esa breva jamás. 

Mis sueños rotos, mis esperanzas vacías, mi memoria presente y mis heridas abiertas, formaban parte de un todo, de un alma con el corazón roto, con la mirada perdida y la necesidad de encontrarse a sí misma, de encontrar la forma de volver al redil, a renacer de entre mis propias cenizas, jadeando, arrastrándome por el suelo. Recordaba que en un pasado bastante lejano, tenía agallas, tenía opiniones, dignidad y autoestima, ¿qué había pasado con todo? Alguien lo había arrasado, alguien debió de disfrutar con ello, debió de entender que sin identidad no podría revelarme... Todo mi alrededor daba vueltas, no entendía nada, un fantasma me perseguía susurrándome al oído, gritándome sin miedo, tratando de encontrarme. La culpa empezó a ser mi amiga durante los primeros meses, después entendí que no fui yo la promotora de todo el dolor causado, de toda la muerte infligida...

Al principio, traté de escapar sin éxito. Jadeaba, luchaba por persistir tras los golpes, los gritos... pero, un poco más adelante, comencé a entenderme, a averiguar quién era esa persona escondida en lo más adentro de mi ser, tan solo tenía que preguntar, tenía que dejarla salir para encontrar el camino... Un abrazo hacia la libertad, la esperanza de convertir un alrededor frío y rudo en algo vistoso, colorido y lleno de flores, de comprensión y aire fresco, lo ansiaba tanto que terminó pasando lo que menos esperaba: Salí de mi burbuja, de mi protección absoluta, exploté tras curar mis heridas. La cobardía no quería soltarme las manos, no quería dejarme andar por mis propios pies, pensaba que caería antes de levantarme pero, pensé que podría estar equivocada, que podría no ser cierto y conseguir el camino hacia la libertad.


Un paso detrás de otro, personas que, cada vez, se quedaban más atrás, casi olvidadas... Verdades encima de la mesa, presentes en cada una de sus mentes, sentidas en mi corazón como palabras grabadas en sangre. Empecé a notar que la presión del pecho se relajaba, que el miedo empezaba a disiparse y ya podía respirar como nunca antes. Todo se debía a mi esfuerzo, a mi cabezonería por conseguir mis objetivos, por demandar mis derechos, por seguir con ambos pies en el suelo y persistir en mis deseos de mejorar y ser libre del control. La ansiedad se mantenía firme, pero no era tan constante, mi amor más preciado ya se acercaba, empezaba a verse nuestro futuro juntos, trataba de encontrar la luz y poder transformar nuestro pasado en nada más que un borrón y cuenta nueva, desapareciendo entre nuestros besos.

Último paso. Las puertas abiertas a algo nuevo, a algo mejor que me esperaba al otro lado de la ciudad, pudiendo ver mucho más de lo que pudiera imaginar, aumentando cada una de mis responsabilidades y pudiendo expandir cada una de mis pasiones. La ilusión empezaba a verse más cerca, quería cogerme de la mano tímidamente, la esperanza abría los ojos, mi autoestima seguía saludándome cada vez más cerca y, la dignidad ya me hablaba de otra manera, tan sutil, con una voz suave... Otro lugar, otros tiempos, miradas cómplices y sonrisas conexas, un amor simple y completo, unos abrazos increíbles y unos sueños incansables, aunque los recuerdos persistan, aunque quiera que el pasado marchite... a veces creo que, si no hubiese ocurrido, no estaría en este presente, no habría mirado al frente y sabido que este era mi lugar, mi momento y mi destino.

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